ENTRE NOSOTROS - Capítulo 18
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Capítulo 18: CAPÍTULO 18
La corrida por el pasillo era de vida o muerte para ambos
José no se separaba de la camilla mientras los médicos la empujaban con urgencia. Las luces del hospital pasaban rápidas sobre sus cabezas, como destellos fríos que no prometían nada bueno
La vida de Luís pendía de un hilo… Uno demasiado delgado
—¡Presión cayendo! —gritó uno de los médicos
—¡Preparen quirófano, ya! —gritó en respuesta
José sentía que el mundo se le desmoronaba bajo los pies. Corría al lado de la camilla, con el corazón golpeándole el pecho con violencia
—Luís… amor… mírame… —su voz temblaba sin control
Luis apenas estaba consciente
Sus párpados pesaban
Su respiración era débil
Cada segundo que pasaba… se le escapaba de las manos
La lucha dentro de su cuerpo era mucho más grande de lo que cualquiera podía ver
José estaba perdido
Porque si lo llegaba a perder… No sabía cómo iba a seguir respirando
—Señor, debe quedarse aquí —lo detuvo una enfermera cuando llegaron a las puertas del quirófano
—¡No! ¡Yo voy con él! —la voz de José se quebró por completo
Las puertas se abrieron
Y en el último segundo… Los dedos fríos de Luís se movieron apenas, buscando
Buscándolo a él
Había perdido demasiada sangre
Cuatro puñaladas o eran más, no sabía ya
Cuatro heridas que habían drenado su fuerza, su calor… su vida. Su pulso era débil. Inestable. Cada minuto que pasaba jugaba en su contra
Dentro del quirófano la batalla era brutal
Afuera… José sentía que también se estaba muriendo
Había llamado a todos los médicos de mayor rango, a cada especialista que estuviera disponible. No le importaba el costo, no le importaba el poder que tuviera que mover
Los quería ahí
Por Luís. Solo por él
Porque perderlo no era una opción porque no existía un mundo donde Luís no estuviera
Lo habían dejado en el pasillo, solo, con el eco de las puertas cerrándose frente a él
Y ahí… Sentado en el frío suelo del hospital, con las manos manchadas aún de sangre seca, José lloraba en silencio
Si perdía a Luís… Lo perdería todo
¿Para qué vivir sin su amor? No tenía sentido respirar si él no estaba. Se llevó las manos al rostro, intentando calmar la tormenta dentro de su pecho
—Tengo que ser fuerte… —se susurró a sí mismo, tragándose la angustia
Fuerte por él.Por Luís
Por ese amor que aún seguía latiendo, aunque fuera débil. Cerró los ojos y empezó a prometer
Prometió una casa pequeña… hermosa… llena de amor. Nada de lujos exagerados, solo un hogar cálido. Prometió mañanas tranquilas; risas con recuerdos lindos
Prometió bebés corriendo por los pasillos… hijos de los dos… pequeños con la sonrisa de Luís iluminándolo todo
Prometió darle el mundo, pero a la manera en que Luís lo quería. Simple. Verdadero. Eterno
—Te voy a dar todo lo que sueñes… pero quédate conmigo… —susurró con la voz rota
Y justo en ese instante… Una alarma comenzó a sonar dentro del quirófano
Tuvieron que sacarlo de la sala porque solo el eco de las alarmas dentro del quirófano lo ponían en nervios; quería meterse y salvarlo el mismo
Sentía que iba a morir si seguía escuchando el eco de su corazón en el monitor: débil y desprotegido
Pensando más mejor las cosas de su vida, desde que casó con María y llego a esto; Luis y toda su belleza
Nunca había sido de querer niños.
Nunca había soñado con esa vida.
Pero con Luís … Con él todo era diferente. Con él quería todo. En esta vida… Y en la otra
Cada minuto en ese maldito pasillo se sentía eterno, como si el tiempo se hubiera detenido solo para torturarlo. José se estaba ahogando en la sombra de sus propios pensamientos cuando una presencia cálida llegó a su lado
Sin decir mucho, se sentó junto a él, acompañándolo en silencio primero… porque a veces el dolor era demasiado grande para las palabras
Apoyó una mano firme en su hombro
—Ya verás que todo saldrá bien, amigo… —dijo con suavidad, intentando sostenerlo
Pero José ya estaba roto. Completamente roto.
Levantó el rostro, empapado en lágrimas, con los ojos rojos y vacíos
—No sé qué será de mí si lo pierdo… —su voz salió temblorosa, casi quebrándose—. Prefiero morir, Marcos… sin él la vida no me sirve de nada… no la quiero… no…
Y volvió a llorar. No era un llanto silencioso
Era el llanto de alguien que estaba viendo cómo su mundo se desmoronaba segundo a segundo
Marcos lo atrajo hacia él en un abrazo firme, dejándolo desahogarse contra su hombro
Porque sabía… Que si esa puerta se abría con malas noticias… Nada volvería a ser igual para José
La familia era lo primero. Y Luís … Luís era su todo
El tiempo en ese pasillo pareció estirarse como una eternidad cruel. Cada segundo era un golpe directo al pecho de José, que apenas podía respirar mientras sus ojos no se apartaban de la puerta del quirófano
Hasta que se abrió
El doctor de cirugía apareció
Y en ese instante… La vida de José pendía de un hilo demasiado delgado
José dio un paso al frente, casi tropezando consigo mismo
—¿Cómo está?… ¿Dígame, por favor…? —su voz salió rota, suplicante, como si estuviera a punto de caer de rodillas.
El doctor lo miró con seriedad
—Bueno… él es fuerte, señor Sánchez, pero…
Se detuvo
Y el corazón de José se desbocó violentamente dentro de su pecho. Por un segundo horrible… El mundo se quedó sin sonido
—…logramos salvarlo
El aire volvió de golpe a los pulmones de José
—Ahora está en terapia intensiva —continuó el médico—. Veremos cómo evoluciona en el transcurso de los días. Por ahora es mejor dejarlo sin visitas hasta nueva orden
José se quedó completamente mudo
Sus labios se entreabrieron… Pero ninguna palabra salió
Fue Marcos quien habló por él, con un suspiro de alivio
—Gracias, doctor… de verdad se lo agradecemos. Esperamos que siga mejorando
El médico asintió y se retiró por el pasillo
José seguía inmóvil
Temblando
—L-lo… lo… está… —su voz se quebró
No podía creerlo
Luis… Estaba vivo
Y en ese momento, por primera vez desde que todo comenzó, las piernas de José finalmente cedieron, cayendo sentado mientras se llevaba las manos al rostro, llorando…
Pero esta vez… De puro, desesperado alivio
—Sí, José … está bien… ahora lleva… —Marcos calló al ver que la policía se acercaba
Como ocurre en todos los casos de heridas graves sin explicación, los médicos habían hecho el reporte… y ahora estaban allí
El ambiente volvió a tensarse
—Buenas noches… ¿familiares del señor Mendieta? —preguntó el agente con tono profesional
José ni lo pensó
—Sí… soy su pareja — le valía todo lo demás
El hombre asintió levemente
—Soy el detective Patricio y mi compañero, el agente Will —se presentó con formalidad
Carlos dio un paso al frente, manteniendo la calma
—Mucho gusto, señores. Será mejor que hablemos en una oficina… esto es muy delicado
Will miró a su compañero y luego asintió
—Sí, por favor. Será lo mejor
Carlos les indicó el camino, mientras José se quedaba un segundo atrás… Con la mirada clavada en la puerta de cuidados intensivos
Su mundo entero… Estaba del otro lado de esa puerta
Una vez en la oficina de José, lo primero que hizo fue arreglarse un poco
Su ropa aún tenía manchas de sangre… y su pulso seguía desbocado
Respiró hondo
Debía mantenerse firme
Cuando por fin estuvo listo, comenzó a dar su declaración
—Bueno, señor Sánchez … díganos, ¿qué relación tiene con el señor Mendieta? —preguntó el detective, observándolo con atención
Pero José apenas lo escuchaba
En su mente solo estaba Luís … En una cama… rodeado de máquinas… luchando por su vida
Tragó saliva
—Bueno… él era el esposo de mi cuñada, Diana Loor —dijo al fin
El detective entrecerró los ojos
—Bien… pero usted dijo que él es su pareja —hizo una pausa—. ¿Puede explicarnos eso? Si él era el esposo de su cuñada…
El aire se volvió pesado
José se pasó la mano por el rostro antes de responder
—Nosotros empezamos una relación hace medio año… —su voz salió más baja—. Por eso es mi pareja. Él ya estaba divorciado de su esposa… —titubeó apenas—. Bueno… yo también hice lo mismo
El silencio que siguió… No prometía nada bueno
—Dígame algo, señor… ¿hace cuánto su esposa, la señora Loor, tenía planeado esto? —preguntó el oficial con la mirada fija en él
La duda en su voz era evidente
José sintió un nudo en la garganta
—No tengo ni idea… —respondió, forzando calma—. Yo había dejado de vivir con ella hace unos cuatro meses… y me gustaría decir que ella lo tomó bien… —hizo una breve pausa— pero no es así
Mentía. Y lo sabía
El detective asintió lentamente, como si guardara cada palabra
—¿Sabe algo de su cuñada, la señorita Diana Loor? No hemos sabido de ella y la estamos buscando
El ambiente se tensó aún más
Algo… olía mal
José frunció levemente el ceño, fingiendo sorpresa
—No… la verdad no hemos hablado con ella para nada… —lo miró—. ¿Cree que ella…?
—Todo es posible, señor. Su esposa se volvió loca y, bueno…
El teléfono del detective vibró
Este respondió de inmediato, dándose la vuelta unos pasos
—¿Sí? … Ajá… —su expresión cambió—. Entiendo… manténganla ahí
Cuando colgó… La atmósfera en la oficina se volvió helada
El detective miró directo a José
—Señor Sánchez … creo que será mejor que nos acompañe
Algo… Ya se había descubierto
El detective los miró con detenimiento, acomodándose antes de hablar
Había algo en su expresión… algo que no prometía nada bueno
—¿Encontramos a la señorita Diana? —dijo el detective con cautela
El silencio que siguió fue pesado
—¿Dónde… está? —la voz de José salió más tensa de lo que quería admitir
El detective respiró hondo
—La encontraron muerta en las afueras de la casa… —hizo una breve pausa—. Para ser precisos… en el jardín
El mundo de José pareció inclinarse
—¿Cómo…? —susurró, sin aire, Marcos abrió los ojos con incredulidad y luego miró a José, completamente atónito, cómplices de una oculta verdad
—¿Esa loca mató a su propia hermana…? Dios… ¿qué clase de mujer es esa? —su voz estaba cargada de horror —¿Con quién estuviste casado, José?
La pregunta cayó como un disparo. Pero el detective no había terminado
Sus ojos se afilaron ligeramente
—Señor Sánchez … —dijo con voz grave— necesitamos que nos acompañe a la escena
Porque esto… recién comenzaba
—La verdad… no sé… pobre Diana… —murmuró José
Pero había algo extraño en su rostro… demasiado fresco.
Demasiado controlado para alguien en medio de una tragedia
El detective lo observó unos segundos antes de continuar
—Tenía múltiples puñaladas… —dijo con cautela—. Eso le provocó un desangrado masivo y, bueno…
No terminó la frase
No hacía falta
El silencio se volvió incómodo
—Le mantendremos informado del caso. Con permiso —añadió finalmente
Los agentes salieron de la oficina
Ya en el pasillo, caminaron unos metros en silencio. La tensión se podía cortar con un cuchillo
—No… no sé —murmuró el agente—. Hay algo que no cuadra en esto
El detective asintió lentamente
—Pienso lo mismo. Pero ella se volvió completamente inestable… —frunció el ceño—. Y en el interrogatorio solo repite que “lo tenía del cuello” y nada más
Miró a su compañero
—Es raro — demasiado raro. Porque en ese caso… alguien estaba mintiendo
—José Sánchez … casado y con un amante… —murmuró el agente mientras caminaban—. Es raro. Hay algo que no me cuadra… ¿usted no lo cree?
—Sí, señor —respondió el compañero en voz baja
El detective suspiró
—Debemos ser cuidadosos. Ese tipo no es cualquiera… tiene hilos muy filosos y de alta cobertura
Había dicho más de lo que debía
Ambos intercambiaron una mirada. Salieron del hospital con más dudas que respuestas
Mientras tanto, en la oficina… Carlos cerró la puerta con seguro y el silencio cambió de tono
—Ya está… ¿ahora qué? —preguntó
José dejó de fingir
Su expresión se endureció por completo
—Debemos hacer lo que dije. Habla con tu padre… ya sabes cuánto me estima
No era una petición. Era una orden disfrazada
Marcos lo miró con atención, evaluándolo
—Lo haré… —asintió—. Ahora debemos ponernos en contacto con esa persona… y después veremos cómo movemos el resto
José sonrió apenas. Una sonrisa fría
Marcos no era solo un rostro bonito Y José … No estaba tan desesperado como había aparentado
—Vamos a ver qué dicen… —murmuró José con la mirada oscura—. Sé que tienen dudas y debemos dar el contraataque
Sus dedos golpeaban suavemente el escritorio. Estaba pensando demasiado
Eso nunca era buena señal
—Lo sé, los vi dudar —respondió Marcos mientras tomaba su abrigo—. Pero eso es lo de menos… ahora voy a buscar a papá y él nos sacará de esto, cariño… nos vemos
Sin esperar respuesta, Marcos salió de la oficina
Sus pasos firmes resonaron por el pasillo
Iba directo a ver al hombre más poderoso de la aquel País
Marcos era hijo único y cuando conoció a José… Todo cambió
Aquel día, cuando José salvó la vida de su esposa, la deuda quedó escrita en piedra
Una deuda eterna y su padre… El alcalde
Próximo candidato a la Presidencia
Un hombre que movía el mundo con una sola llamada
Mientras tanto…
José se quedó solo. Por primera vez en horas, la máscara cayó
Sus ojos se clavaron en el vacío. Pero su mente… Estaba con Luís
En esa cama
Luchando
José apretó los puños
—Todo estará bien, amor… —susurró con la voz quebrada—. No sabes cuánto te amo… lucha, mi vida… lucha…
Su respiración tembló
Porque por primera vez en mucho tiempo… Pero José Antonio Sánchez tenía miedo de verdad, por primera vez desde empezó a tejer su telaraña como cruz y cárcel para acorralar a Luís
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