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Entre su amor y su obsesión - Capítulo 1

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1: Capítulo 1 1: Capítulo 1 ¿Cuántas noches más tendré que pagar por un error?, pensó Sheryl mientras se incorporaba, sudor frío en la nuca.

El calendario junto a la cama marcaba la fecha: su primer día de universidad.

También el octavo mes sin Luca.

El octavo mes sin perdón.

La última historia que vivió junto a Luca le seguía pesando en el corazón.

A veces sentía como si siguiera ahí, en aquel día.

Recordó el camarín apenas entreabierto, risas ajenas, una figura sentada sobre él.

Recordó el olor a vodka.

Recordó la rabia.

Y la foto.

La maldita foto.

Soy una tonta, pensó, como todas las mañanas desde entonces.

Me burlé sintiéndome una ganadora, como si hubiera acabado con él.

¿Qué clase de ser humano hace eso?, se recriminaba cada día.

La culpa le pesaba en el corazón.

Se vistió con lo que encontró, recogió su bolso y condujo hacia la universidad.

El calor del verano ya comenzaba a aplastarla cuando encendió un cigarro en el semáforo.

Una moto negra se detuvo a su lado.

Larga falda a cuadros roja, camisa blanca, casco oscuro.

¿Chico?

¿Chica?

No importa, su estilo es innegable.

Siguieron la misma ruta y, al llegar al campus, Sheryl reconoció otra moto a su lado.

Una que conocía demasiado bien.

Su estómago cayó.

—Luca…

dios mío, Luca —susurró.

Allí estaba él, apoyado en la pared, fumando.

El mismo gesto que había aprendido de ella.

Cuando la vio, tiró el cigarro al suelo y se dio la vuelta.

—Luca, por favor.

Al menos convivamos bien aquí…

—pidió.

—Vete a la mierda —respondió sin mirarla.

Su voz más firme que nunca—.

No vuelvas a hablarme.

Sheryl sintió el impulso de seguirlo, pero una risa a su espalda la retuvo.

Se giró con el ánimo ya por los suelos.

—¿De qué mierda te ríes?

—espetó.

Era el motociclista.

Hombre, al final.

Y guapo, extravagante.

Sheryl bajó la mirada: el costado de su vestido estaba rasgado, mostrando más piel de la que hubiera querido.

—Bonitos calzones —dijo el desconocido con mirada lasciva.

Ella apretó los dientes, pero decidió no dejarse fastidiar y le sonrió.

—Bonita falda, ¿no encontraste ropa para hombres?

¿O le robaste el closet a tu novia?

—Ohh, no tengo novia, pero si quieres puedo abrir audiciones —Contestó con descaro.

Sheryl levantó las manos, exasperada, y se marchó antes de perder el control.

Imbécil.

El desconocido dio el primer round por concluido.

Un grupo de chicas que habían presenciado todo la siguieron al baño para prestarle ayuda.

Sheryl no lo había notado hasta que cerró la puerta.

—¿Querida?

Tu vestido…

—dijo una rubia encantadora—.

Kayce puede arreglarlo.

La pelinegra bajita y hermosa sacó aguja e hilo como una cirujana, con una sonrisa de oreja a oreja.

—Gracias chicas, no sé qué decir.

Sali muy rápido esta mañana y al parecer me descuidé demasiado —Les dijo agradecida por su buena voluntad.

—Linda, no quiero ser entrometida, pero te vi conversando con el punky antes.

El chico de la falda —Dijo Kayce mientras trabajaba.

—Oh, sí.

No lo conozco, es mi primer año aquí y ya se ha puesto a joderme la mañana, pero se ve bastante excéntrico, ¿no?

Por cierto, soy Sheryl.

—Sher, te recomiendo que no te acerques mucho a él.

Estamos en el mismo año de la misma carrera, sé lo que te digo, ese tipo solo trae problemas.

Además, es muy descortés, hasta agresivo.

No es conveniente que te vean con él.

Me refiero a los profesores, sobre todo el decano.

Ten cuidado, linda.

No soy una persona prejuiciosa, pero no creo que estas chicas lo digan con malicia.

Además, no es como que haya dejado una buena primera impresión.

Después de agradecimientos y números intercambiados, corrió a su primera clase: Introducción a la Literatura, la que más había esperado.

Pero su mente no estaba allí.

Luca seguía clavado en su cabeza.

Y la culpa, más aún.

Sabía que vendría a esta Universidad, pero seguirlo hasta aquí no significa que querrá escucharme.

Es demasiado codicioso de mi parte esperar su perdón, pensó.

Su autorreflexión se terminó cuando vio que alguien se sentaba a su lado.

—Mi mente ruge palabras de amor, pero las curvas de tu cuerpo me hacen arder como el sol —recitó una voz demasiado conocida, mientras depositaba una margarita en su pupitre.

Sheryl no pudo evitar mirarlo con incredulidad.

¿Quién se cree que es?

—¿Qué haces aquí?

¿No tienes clases?

¿No tienes vida?

—Tengo prioridades —respondió el chico de la falda…

Valentino, según supo unos segundos después—.

Y hoy, mi prioridad es el arte.

—Claro.

No creo que tengas la capacidad para disfrutar de la literatura clásica.

En todo caso ve a sentarte a otro lado, me distraes.

Sheryl no entendía que le pasaba a ese sujeto, pero comenzaba a irritarla.

Si lo ignoro se cansará y se irá, solo está desesperado por atención, pensó.

—Oh, te sorprenderías de mis capacidades —dijo inclinándose un poco—.

Aunque para escribir bien…

—señaló el cuaderno de Sher— te falta una tilde.

Las bonitas pueden darse ciertos gustos, pero no tanto.

—¿Con que las bonitas, eh?

—Shhh, el profesor está hablando —Contestó sacando una libreta de dibujo.

¿Este tipo va en serio?

¿Me acaba de callar?, se preguntaba Sheryl con exasperación, pero decidida a no perderse la clase, optó por olvidarse de su existencia.

O eso pretendía.

No podía evitar mirar al llamativo chico a su lado, no cuando todos también lo observaban.

Llevaba un peinado extravagante, con pequeñas puntas formadas por su pelo ¿Siempre fue así de rubio?

Es casi blanco, pensó.

Sus pestañas eran largas, muy definidas, y sus ojos eran de un gris que le pareció muy extraño, ¿o acaso son verdes?

Valentino sabía que ella lo estaba escudriñando, y cada vez más divertido, mantuvo su aspecto de concentración para molestarla otro poco, pero ella se lo estaba poniendo muy difícil.

¿Sus labios son rosados?

No, debe ser maquillaje, ¿verdad?, se preguntaba aun impresionada, y con absoluta normalidad rozó los labios con sus dedos, buscando pruebas de algún tipo de labial.

Valentino alejó su cabeza con sorpresa y la miró molesto.

—Sin tocar.

—¿Ah, sí?

¿Ahora resulta que tú pones límites?

—¿Y tú no?

¿Dejas que cualquiera te toque así de fácil?

—Ouch, y yo que pensé que teníamos algo especial.

¿Tu mente no rugía palabras de amor?

—Bueno, eso depende.

¿Quieres que así sea?

Antes de que Sheryl pudiera contestar sintió una mano en su hombro.

El profesor.

—¡Fuera los dos!

No es su clase, señor Valentino.

Y usted, señorita, este no es lugar para coqueteos.

—¡Sí, señor!

—dijo Val alegremente—.

Vamos, mi amor, aquí no nos quieren.

Sheryl ni alcanzó a procesar cuando ya estaba afuera.

—¿En serio fumas aquí?

—lo increpó viendo cómo llevaba un cigarro a los labios.

—¿Te impresiona?

Porque si te impresiona, puedo fumar dos —se burló—.

Soy Valentino.

Para ti, Val.

—Soy Sher.

Para ti, Sheryl.

No busco sexo ni relaciones, y tú no pareces el tipo de persona con la que eso funcionaría.

Val se llevó su mano a los labios y la besó.

—Oh, Sher…

deja de pensar que todo gira en torno a follar.

¿No puedo querer ser tu amigo?

Sería un excelente amigo, de hecho.

Era tan ridículo, tan encantador, tan insistente…

que Sheryl terminó riendo.

—Bien, bien.

Vamos afuera, pero no fumes eso, te daré de mi tabaco, es más sano.

Si te veo de nuevo con un cigarro te quedarás sin amiga.

Él se quedó paralizado cuando ella se colgó de su brazo.

El contacto lo tensó…

pero no lo rechazó.

Con ella no le dolía.

Raro.

Peligroso.

Adictivo.

Dejó que lo guiara hacia los alrededores del campus mientras conversaban, y el calor de su piel contra su brazo se sentía mejor a cada segundo.

Con ella no puedo ocultar mi sonrisa.

—Entonces, ¿en verdad eres mi vecino?

No puedo creerlo, ¿Cómo es que nunca te vi?

Es decir, mírate, eres imposible de ignorar.

—Lo tomaré como un cumplido.

Por cierto, tu cabello al sol se ve hermoso.

Son como hilos de oro.

Pero oro blanco.

—No cambies el tema —Exigió ella.

Se sentaron en una banca con una hermosa vista al estanque de la Universidad.

Los árboles se movían con el viento, dándoles ocasionalmente una sombra fugaz, y las hojas del cerezo caían con decisión casi voluntaria, provocando entre ellos una sensación de paz y conexión.

—Está bien, está bien.

Empezó una noche cuando llegué tarde al departamento.

Hace unos meses, no sé si lo recuerdas, tuviste la música a todo volumen a las 3 de la mañana.

A nadie le importó mucho, después de todo, era la noche de año nuevo.

—¡Hey, si lo recuerdo!

Fue una noche extraña.

En la mañana cuando salí había un idiota junto a mi puerta durmiendo.

Supuse que era algún vecino que llegó demasiado borracho para recordar cuál era su departamento.

Nunca supe quien fue, estaba completamente de negro y llevaba la capucha puesta, no tenía como reconocerlo.

—Bueno, aquí está el idiota reportándose.

Y antes de que te asustes, no, no soy un acosador obsesionado.

Esa noche digamos que no me encontraba en mi mejor momento, y cuando llegué escuché música muy, muy buena sonando de una vecina.

Tus canciones me trajeron muchos recuerdos, y me puse a escucharlas junto a tu puerta.

Me quedé dormido al rato.

La verdad es que no quería entrar a mi departamento y ver…

cosas que dejé sin hacer.

Desde ese entonces quise hablar contigo, sobre todo cuando te vi por primera vez.

Eres una mujer hermosa, seguro ya sabes eso.

Pero coincidimos solo un par de veces, y cuando lo hacíamos no tenías cara de buenos amigos.

—Entonces, ¿querías seducirme, eh?

Tengo un fan, quién lo diría —Dijo en tono burlón.

Aunque la situación le tomaba por sorpresa, le gustaba que hubiera una “conexión previa”.

Si bien nunca lo había antes, sentía que el ya conocía una buena parte de su vida—.

¿Es extraño que ahora sienta como si ya nos conociéramos de toda la vida?

—Es gracioso que lo digas, porque es exactamente lo que sentí la primera vez que te vi.

Somos almas gemelas, ¿no crees?

—Le preguntó pasando un brazo sobre ella juguetonamente—.

Siempre quise casarme en abril, tenemos un mes si te decides ahora.

Sheryl no pudo evitar reír.

Le era difícil saber cuándo bromeaba y cuando hablaba en serio.

Siempre está sonriente, con ese tono tan coqueto.

Con esos labios…

y sus ojos son tan…

es guapísimo, eso no lo puedo negar.

—Eres guapo, pero cuando te dije que no buscaba nada lo dije en serio.

—Y aun así viniste conmigo, ¿no crees que confías muy rápido en la gente?

Las chicas como tú deberían tener más cuidado, nunca sabes el tipo de gente con el que te puedes topar, sobre todo en este lugar.

—¿A qué debo tanta preocupación?

¿Quieres que me vaya?

—Al contrario, me gustaría que te quedes.

El año empezó muy aburrido para mí, y tengo la sensación de que tú lo harás más divertido.

—Bueno, eso depende…

Val, en serio, solo quiero un amigo.

—Uff, me la pones difícil —dijo él llevándose una mano al corazón—.

Muy bien.

Intentaré ser tu amigo.

Intentaré.

Sheryl rio y le dio un beso en la mejilla.

Se quedaron conversando durante horas.

Y así, sin planearlo, pasaron el primer mes juntos.

Dobles clases, cafés, paseos, tonterías, risas.

Vecinos, compañeros, casi cómplices.

La conexión que formaron era de una naturaleza extraña para ambos.

Si bien Valentino seguía coqueteándole de vez en cuando, esto no era motivo de incomodidad, al contrario, la comodidad que sentían junto al otro era imperturbable, o al menos lo era hasta aquel día.

Segundo mes.

Sheryl reía con Valentino frente a su aula cuando miró hacia atrás.

Luca.

Apenas a unos metros.

Mirándolos.

Destruyéndola con los ojos.

Y cuando sus miradas se cruzaron, él se marchó.

—No es lo que crees…

—susurró ella, temblando.

—¿Qué?

Sher, estás pálida.

¿Ataque de pánico?

—¡Luca, espera!

—gritó.

Pero Valentino la atrapó por la cintura antes de que avanzara.

—Sher, no.

No en este estado —dijo con un tono paternal—.

Primero respira.

Después, si él quiere escucharte, te escuchará.

Pero no así.

No cuando te estás rompiendo.

—¡No, Val!

¡Él tiene que saber!

¡Lo está malinterpretando!

—Se resistió como pudo, pero de nada sirvió.

—Se lo explicarás si él te lo pide.

Primero cálmate, por favor, no estás pensando.

Vamos a enfriarnos un poco, princesa.

Prometo que después serás libre de hacer lo que te plazca.

Sheryl sintió el corazón perforarle el pecho.

Las manos de Valentino temblaban ligeramente sobre ella.

Y por primera vez…

El sintió celos.

Crudos.

Inevitables.

Peligrosos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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