Entre su amor y su obsesión - Capítulo 13
- Inicio
- Todas las novelas
- Entre su amor y su obsesión
- Capítulo 13 - 13 CAPÍTULO 13
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: CAPÍTULO 13 13: CAPÍTULO 13 Aquel mismo día, antes de que cayera la noche implacable del tormento de Luca, el sol se asomaba por las ventanas del departamento de Sher.
Val estaba profundamente dormido boca arriba, y Sher, que no había podido pegar un ojo en toda la noche, solo podía observarlo.
Parece un ángel, un hombre celestial.
Pensó acariciándole la mejilla lentamente.
Mi miedo es infundado.
Si, es ridículo.
No me ha dado más que su apoyo.
Su corazón me lo ha entregado con sus propias manos.
No ha hecho nada mal, nada por lo que lo pueda juzgar.
Entonces, ¿Por qué tengo este sentimiento tan extraño?
¿En verdad es mi culpa por creer que el hombre perfecto no puede existir?
¿Va tanto contra la naturaleza del ser humano tener el corazón lleno de bondad, sin un rincón de maldad?
¿Puede alguien no tener sombras?
¿Qué es lo que sé realmente de Valentino?
—Nada, nada y nada —susurró con un tono que hacía sentir la duda en su corazón.
—¿Para dónde?
—preguntó Val con los ojos aun cerrados.
Esta vez Sheryl no estaba de humor para reaccionar.
Se tiró boca arriba, pensando en si este era el momento correcto para hacer aquella pregunta.
Nunca hay un momento correcto, lo será el que tú quieres que sea.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Lo que quieras —contestó con voz ronca, aun medio dormido.
—¿Por qué nunca me hablas de tu pasado?
El silencio fue sepulcral.
Val se tomó la cabeza como si le fuera a explotar y abrió los ojos de golpe.
—Tú tampoco me hablas del tuyo.
—No me vengas con eso.
Tal vez no te he contado todo, pero cada vez te entrego un poco más de mi pasado.
En cambio, tu…
Te he visto con un chico a veces, un pelirrojo.
Cuando pregunté por él no me dijeron nada que me tranquilizara.
—No lo conocen —contestó cortante.
—Entonces, ¿tú si lo conoces?
¿Es verdad lo que dicen?
—No sé qué es lo que dicen —Cada vez contestaba más rápido.
Era algo imperceptible para los demás, pero no para Sher.
Es esto, esto es lo que escondes de mí.
Pensó, decidida a investigar.
—Creo que sabes muy bien que es lo que dicen.
Violencia, peleas, bandas criminales, actividades ilícitas, un estilo de vida extravagante, de mucho dinero.
Y también, una especie de…
¿secuestro?
Val se levantó de golpe y comenzó a vestirse con prisa.
—¿Qué haces?
—Preocupada de que se hubiera enojado con ella, fue hasta él para detenerlo.
—Debo hacer algo.
—¿Es por lo que dije?
—preguntó con voz quebrada.
Estaba expectante a cada expresión, cada tensión, cada mínimo cambio en él.
Estaba en alerta total.
Val miró su cara y se relajó.
Su respiración volvió a la normalidad, la tensión de sus hombros desapareció, y su rostro solo reflejaba lo débil que era ante ella.
Con gentileza, tomó en sus manos la cara de Sheryl, y le dio un tierno beso en la frente, lento y duradero.
Ese pequeño gesto, ese dulce contacto tan sacro, hizo que a ella por un segundo se le olvidara su nuevo descubrimiento.
—Solo debo ir a solucionar un problema.
Enojarme contigo es imposible.
Probablemente no nos veamos hasta el lunes.
—¡Pero es martes!
¿Te perderás tus clases, Val?
¿Qué pasará con tu asistencia?
Y el domingo esperaba que pudiéramos hacer algo con Kayce, los tres.
Pensé que sería una buena instancia para que pudieran llevarse mejor y- —Te lo compensaré, princesa.
No te preocupes por la asistencia.
Tampoco me escribas, yo te escribiré, ¿de acuerdo?
Piensa en lo que te dije anoche.
—¡Espera!
¡No huyas!
Val se paró en seco.
—No estoy huyendo de ti, Sher.
Estoy huyendo de lo que pasaría si te lo cuento ahora.
Retomó con prisa y cerró de un portazo.
Sher tomó su teléfono y comenzó a agitarlo contra su pierna.
¿Será esto buena idea?
Tal vez me estaría metiendo en terreno peligroso…
pero el nunca dijo que no podría investigarlo.
Se decidió y marcó a su amiga.
Como siempre contestó de inmediato.
—¡Hola, guapa!
¿Cómo va todo?
Recién salí de la ducha, ¿quieres ir por un café antes de clases?
—preguntó Kayce con energía para un mes completo.
—Nos vemos en la Universidad en media hora, date prisa —Le cortó sin darle oportunidad de negarse.
Se dio una ducha rápida, tomó el polerón que Val le había dejado y un pantalón holgado y manejó a toda velocidad.
Espero cinco minutos en la entrada de la Universidad a su amiga hasta que llegó emocionada, llena de energía y con dos cafés en la mano.
Sher le dio la última calada a su tabaco y le hizo una señal con la cabeza para que la siguiera a caminar por el patio del Campus.
—Wow, okay.
Vamos por partes querida.
Primero, toma tu café, está como te gusta, con doble azúcar.
Segundo, ¿a qué debo la capucha?
¿Nos estamos escondiendo de alguien?
Tercero, ¿te gusta este pantalón?
Lo compre en cincuenta por ciento de descuento.
Te compré uno en negro para que nos vistamos a juego en mi cumpleaños, me muero por vértelo puesto, y como es tiro bajo tengo pensado el top perfecto para ti, vamos a verlo después de clases, te invito un helado de frutilla.
Cuarto, ¿Qué es lo que está pasando?
¿Por qué me llamaste tan de repente?
Sheryl la tomó de la mano y la llevó con prisa a esconderse tras de un árbol.
Detrás de ellas estaba el incipiente bosque que rodeaba la Universidad.
—Entonces sí nos estamos escondiendo —susurró Kayce apoyada en la espalda de su amiga para ver que sucedía.
—¿Ves a ese tipo?
El moreno con pelo rapado y chaqueta de cuero.
¡Es Leo, el baterista!
Sher, no me digas que espiaremos a estos tipos.
Pensó con su curiosidad en aumento.
—No quiero que me vea.
—Bien, bien.
Lo comprendo.
Pero sigo sin entender la emergencia.
—Val está raro.
Me está escondiendo algo.
Se quedó a dormir anoche y…
no pasó nada de lo que imaginas, todo lo contrario de hecho, pero ese no es el punto en este momento.
—¡¿Cómo que no?!
¿Qué fue lo que te dijo?
¿En serio no hicieron cositas, picarones?
—Eres la única a la que le he escuchado esa palabra, me encanta cuando dices “picarones”.
Tienes una jerga que…
no, espera, ¡no me distraigas Kay!
Necesito contarte esto.
Mira, no es que tenga alguna queja de él, es solo que…
no sé cómo explicarlo.
—Claro que no tienes quejas, ese tipo es demasiado bueno para ser real- —¡AHÍ!
¡ESO ES, KAY!
¡ES DEMASIADO BUENO PARA SER REAL!
—Bien, bien.
Pues, si quieres bajar del pedestal a una persona, lo único que debes hacer es preguntarle sobre su pasado.
Todos tenemos sombras, guapa.
—¡ESO!
¡ESO ES!
¡ES EXACTAMENTE LO QUE PENSÉ!
¡SABÍA QUE DIRÍAS ESO!
—Muy bien, basta.
Estás tan exaltada que alejaste a todos los animales a 10 kilómetros a la redonda.
Incluso el perro del guardia se fue.
Y ese perro no se mueve por nada.
Tirémonos en el pasto un momento.
Toca tierra o te dará un infarto.
Las chicas se tumbaron mirando a los árboles.
La brisa era ligera, moviendo sutilmente sus ramas en un vaivén de paz.
Sher tomó un puñado de pasto y lo frotó entre sus manos.
No sabía cómo, pero se sentía más calmada que nunca.
—Cuando despertamos le pregunté sobre su pasado.
No solo me evadió, se fue.
Encontré un punto Kayce, uno que le duele.
Al principio se tensó cuando comencé a hablarle del pelirrojo con el que lo veo a veces, pero cuando dije la palabra “secuestro”…
A Kayce se le fue el aire.
Sher miró de inmediato como dejaba de respirar y juntaba sus manos en su estómago, mirando al cielo tan rígida como una tabla.
—Secuestro —Volvió a decir observando las reacciones de su amiga—.
Tú lo sabes…
—¡NO!
¿POR QUÉ IRÍA A SABER ESO?
ES DECIR, ¿QUÉ HAY QUE SABER?
Ta-tampoco es como que haya algo que contar, y si lo hubiera- —Suéltalo Kay —dijo en tono amenazante.
—¿Qué qui-quieres que suelte?
—¡KAYCE!
—Sher se sentó y la miró con los brazos cruzados.
Desde ayer me está ocultando algo, no pasa de un día más.
—¡BIEN!
TÚ GANAS SHERYL —Explotó levantando las manos en señal de rendición—.
Pero que quede clarísimo que mi lealtad siempre está contigo, tú sabes que es así.
Yo solo…
yo solo…
¡ugh, odio esta sensación de traición!
Sher no dijo nada, solo la observaba, paciente, con esa mirada que Kayce conocía bien: habla o te arranco la lengua con pinzas.
Kay tragó saliva.
—Val me pidió que no te contara —soltó al fin, sentándose frente a su amiga con manos nerviosas—.
¡Pero yo le dije!
Le advertí que si tú me preguntabas sobre el tema yo no iba a mentir.
Y tú me preguntaste así que, técnicamente, estoy cumpliendo mi palabra…
con ambas partes…
Sher la miró fija, sin parpadear.
Kayce suspiró derrotada.
—Bien, muy bien.
Pero debes escuchar todo, ¿sí?
No quiero que empieces a sacar conclusiones a medias.
Y tampoco quiero que seas la Sher escritora ahora, necesito a la Sher humana que no crea novelas en su cabeza, ¿está bien?
Sher no se inmutó.
Estoy jodida, sentenció Kay.
—Valentino…
sí estuvo involucrado en un caso de secuestro.
NO LO HIZO, SHER —Se apresuró a aclarar—.
ÉL NO LO HIZO.
Pero el hermano de la chica desaparecida, Marlon, jura que sí…
o que al menos sabe más de lo que dice.
Casualmente yo…
estuve cuando Marlon lo persiguió por media Universidad.
Fue el día que me pediste que distrajera a Val.
Por lo que sé, esto lleva mucho tiempo pasando, creo que Marlon no puede aceptarlo.
Con respecto a Derek…
al pelirrojo que mencionas…
Val me mandó a buscarlo mientras corría de todos ellos…
todo el grupo de Marlon esta contra Val.
Los rumores que dicen sobre De-…
el pelirrojo, son en parte ciertos.
Es decir, hubo algunas armas involucradas, y Val si se metió con bandas de la ciudad en busca de la chica.
Pero no creas que el pelirrojo es la mala influencia, la verdad es que en esa situación me pareció todo lo contrario…
en todo caso sigue siendo un imbécil.
Sher no habló, solo apretó más fuerte el pasto en su mano.
Kayce inspiró profundo, como buscando valor, y continuó: —Te preguntarás, ¿por qué el hermano cree que la culpa fue de Val?
Bueno, ahí es donde se complica el asunto.
Tu chico fue el último en hablar con la hermana.
Pero Sher —bajó la voz casi en un susurro—.
Val si la buscó…
la buscó durante un año entero.
Solo.
Sin pedir ayuda.
Metiéndose en lugares horribles probablemente.
Fue ahí donde tantos rumores sobre él comenzaron a rondar.
No porque fuera parte de ellos, sino porque estaba desesperado por encontrar alguna pista…
y respecto a lo que dicen sobre Derek, pues…
no tengo idea.
Además de lo de las armas, claro.
De hecho, tiene una navaja bastante llamativa.
El mango es negro con unas vendas rodeándolo, y extrañamente el lleva las manos vendadas, y también me pareció ver un cristal incrustado en el mango, pero no lo sé.
Sher cerró los ojos calmando su respiración.
Kayce se acercó un poco y le puso la mano en la rodilla para reconfortarla —Querida, si no te lo dije antes fue porque él me pidió que le diera la oportunidad de contártelo él mismo.
Creo que, y esta es solo mi opinión, piensa que si te enteras de esto podrías alejarte de él.
Sabe que tienes mucho encima, dudo que haya querido sumarte esto también.
Hubo un largo silencio entre las amigas.
Solo se oían las ramas balancearse con sus pájaros cantores.
Sheryl abrió los ojos y la miró con una calma que la inquietó.
—No estoy enojada contigo, Kay.
—¿No?
—Kayce entrecerró los ojos desconfiada—.
¿En serio?
¿Ni un poquito?
¿Ni una pizca microscópica?
—No.
Pero estás en deuda.
Kayce tragó saliva.
—Oh no.
No Sheryl, no.
Contigo todo menos eso.
No Sheryl, no.
—Tú, mi querida COMPLICE DE VALENTINO, me vas a ayudar a averiguar todo.
No quiero versiones a medias, no quiero teorías.
No seguiré repitiendo mis errores.
Quiero la verdad completa, Kayce.
Y tú, si, tú, vas a expiar tus pecados si no quieres estar sola en el infierno mientras tu amiga disfruta con los ángeles el cielo.
Kayce abrió la boca, ofendida.
—¡Pero si ni siquiera hice nada malo!
—Entonces, ¿Por qué tenías tanto miedo de decírmelo?
—Yo…
pero es que…
bien.
Coméntame entonces, Sherlock, ¿a quién investigamos primero?
—Ohh yo ya sé a quién.
Kayce siguió la mirada de su amiga hasta un par de sujetos que se encontraban algo camuflados, alejados de los demás.
Kayce entrecerró sus ojos y vio que uno era Leo, ese chico de cabeza rapada.
Estaba hablando con alguien, un sujeto alto que se encontraba apoyado en un árbol, un pelirrojo.
—OH NO —exclamó dramáticamente, como si le hubieran contado la peor noticia de su vida.
Sher vio como Leo le recibía algo a Derek, algo que no pudo divisar.
Algo tan disimulado y pequeño solo podría ser…
droga.
JAJA.
JAJAJA.
TE TENGO.
—Oh si, mi querido Watson.
Pero tranquilo, empezaremos con Leo.
Se fue para allá, alcancémoslo.
Caminaron rápido por los senderos del campus, esquivando estudiantes, bancas y miradas curiosas.
Leo había tomado el camino hacia las canchas techadas, donde solían reunirse los que querían fumar o negociar “cosas” lejos del profesorado.
Kayce intentaba seguirle el ritmo, pero iba más ocupada de mirar hacia todos lados que del camino en sí.
—¿Podemos hablar de que vamos directo hacia dos delincuentes?
—susurró apretándole el brazo—.
¿Sabes lo difícil que es correr con estos zapatos?
¡Son nuevos, Sher, por Dios!
—Calla —contestó ella sin detenerse.
—¿Calla?
¡Me estoy jugando la vida por ti y me dices “calla”!
—Reclamó indignada—.
Mínimo dame tu polerón para camuflarme, o déjame marcar al 911 para que nos salven cuando terminemos con la cara hecha pedazos.
Sheryl no respondió.
Ya lo había visto.
Leo caminaba despreocupado hacia los pasillos traseros del edificio de música.
Sher aceleró.
—Hey —llamó ella.
Leo se detuvo.
Su cuerpo entero se tensó como si lo hubieran apuñalado con un recuerdo de mil estacas.
Giró apenas la cabeza.
—Sher…
—Su voz no fue hostil.
Fue…
dolida.
Incomoda.
Culpable.
Kayce se paró junto a ella cruzándose de brazos con una mezcla de sospecha y superioridad moral.
Lo miraba de arriba abajo, atenta a cualquier movimiento o palabra fuera de lugar.
—Hola, Leo —saludó Sheryl con un tono neutro, pero suficientemente frío para que él supiera que no venía a rememorar viejos recuerdos.
Él se pasó la mano por la nuca rapada, evitando su mirada por unos segundos, hasta que al fin la sostuvo.
—Te…
te ves bien.
Ha pasado tiempo —Intentó una sonrisa nerviosa, pero la seriedad de Sheryl la apagó de golpe.
—No estamos aquí para eso —cortó Sher de inmediato.
Leo asintió, como si lo esperara.
Kayce seguía observándolo con desdén.
Que su amiga lo tratará con desprecio era suficiente para que ella lo odiara a muerte.
—¿Y tú eres el famoso baterista?
—preguntó con un tono venenoso—.
Wow.
Pensé que tendrías más pinta de…
no sé…
alguien que no compra drogas en el patio de la universidad.
Pero bueno, que más se puede esperar de una banda de rock, supongo que es apenas lo normal.
Leo frunció el ceño.
—NO TE ATREVAS —lo interrumpió Kayce señalándolo como maestra regañona—.
Sheryl lo vio.
Yo lo vi.
El pelirrojo te pasó algo.
Eso no era un Tic Tac, campeón.
Leo miró a Sher buscando contención, pero encontró cero misericordia.
Ella cruzó los brazos.
—Habla —ordenó.
Leo respiró hondo.
Luego se giró y la miró de frente, con ese brillo que Sher siempre adoraba de cuando eran adolescentes, ese brillo que decía quiero ser mejor…
pero no sé cómo.
—¿Qué quieres saber?
—Todo —contestó Sheryl—.
Lo que sabes de Valentino.
De Derek.
De lo que pasó con la hermana de Marlon.
Y de lo que te dije aquella vez, Leo, aún lo recuerdo: “si algún día veo que te estás destruyendo otra vez, no te apoyes en ellos, apóyate en mí”.
Estoy aquí Leo…
siempre he estado aquí, desde tus borracheras y sobredosis hasta tus penas de amor…
yo jamás te quite mi apoyo.
Pero si eso continua, dependerá de tu respuesta.
Leo tragó saliva.
—Está bien —dijo por fin—.
Pero no aquí.
Kayce retrocedió un paso, pero Sheryl la detuvo.
—¿Dónde entonces?
—En el edificio de música.
Sala 04.
Está siempre cerrada, pero yo tengo llave —Sonrió apenas, con pena—.
Antes de ir…
Sher, yo no sé qué esperas, pero…
pero muchas cosas pasaron desde que…
tú sabes.
Ya no soy aquel chico…
nadie lo es.
No esperes que esto sea bonito.
Kayce tomó el brazo de Sher y murmuró en su oído: —Este hombre va a llorar.
Lo presiento.
Va a llorar y nosotras vamos a quedar atrapadas en un rincón escuchando confesiones como si fuéramos el Papa.
—Pues mejor —susurró Sher—.
Hoy quiero respuestas, Kay.
Y caminaron hacia la sala 04.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com