Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Entre su amor y su obsesión - Capítulo 39

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Entre su amor y su obsesión
  4. Capítulo 39 - 39 CAPÍTULO 39
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

39: CAPÍTULO 39 39: CAPÍTULO 39 Valentino llevaba el trote metido en los huesos.

No corría para llegar a ningún lado.

Corría para gastar la rabia que no tenía nombre, para cansar al cuerpo antes de que la cabeza volviera a ese punto exacto donde Sheryl ya no estaba mirándolo igual.

La zona del taller donde solían quedarse con Derek se le hacía cómoda.

Conocida.

Calles apagadas.

Faroles viejos.

El tipo de lugar donde nadie escucha nada… y donde a veces eso es peligroso.

Llevaba audífonos.

La música sonaba fuerte.

Demasiado fuerte para lo que vino después.

Primero fue una sensación.

No un sonido.

Un tirón interno, como si algo hubiera gritado dentro de él antes que en el mundo.

Frenó en seco.

Se quitó uno de los audífonos.

El silencio cayó pesado.

Entonces lo escuchó.

Un llanto.

No humano.

Un llanto animal, desgarrado, irregular, como si cada sonido costara más que el anterior.

No era constante.

Era intermitente.

Y eso lo hizo peor.

Sintió un frío subirle por la espalda.

—No… —murmuró, sin saber a quién se lo decía.

El llanto volvió.

Más bajo.

Más lejos.

Como si se estuviera apagando.

El cuerpo no le pidió permiso.

Salió corriendo.

Corrió siguiendo ese sonido que parecía deshacerse en el aire.

Dos cuadras.

Tal vez tres.

Cada gemido más pequeño, más lento, más resignado.

Llegó jadeando a una casa que no reconoció.

Reja alta.

Pintura descascarada.

Una luz encendida atrás.

Saltó la reja sin calcular.

Cayó mal, raspándose la mano, pero no lo sintió.

Rodeó la casa.

Y ahí, en el patio trasero, bajo una ampolleta amarilla que colgaba torcida como un testigo cansado, el mundo se partió.

Un perro.

Tirado de costado, respirando mal, el hocico manchado de sangre, los ojos abiertos sin entender nada.

Y más allá, un hombre en el suelo, y encima de él, Luca.

No gritando.

No insultando.

Golpeando.

Con una violencia muda, mecánica, como si no quedara nada que decir.

—¡FORTE!

—gritó Val.

Corrió y lo tomó del brazo con toda la fuerza que tenía.

Luca giró con un reflejo salvaje.

El puño subió., Hasta que Luca lo reconoció.

El golpe se detuvo en el aire.

—¿Qué…?

—balbuceó—.

¿Qué haces tú acá?

No hubo respuesta.

Luca se soltó de golpe y cayó de rodillas junto al perro.

Sus manos temblaban tanto que apenas podían tocarlo.

—Delgado… —susurró—.

Mírame, enano… mírame… El perro respondió con un sonido mínimo, casi un hilo.

Valentino reaccionó.

Miró al hombre en el suelo.

Sangrado.

Vivo.

Aturdido.

Antes de que pudiera gritar, Val sacó la navaja.

Un regalo de su querido amigo.

La hoja brilló bajo la luz amarilla.

La apoyó con firmeza contra su cuello.

—Ni un sonido —dijo Val, con una calma que no parecía suya—.

Ni uno.

El hombre entendió.

El cuerpo se tensó.

Luca levantó la cabeza.

Sus ojos estaban fuera de lugar.

—Si se muere —dijo, mirando al tipo—, yo voy a ser el que te mate.

El hombre dejó de moverse.

Val mantuvo la presión justa.

No más.

No menos.

Con la otra mano, marcó el número.

—Derek —dijo apenas atendieron—.

Ven.

Ahora.

Te mando la dirección.

No explicó nada más.

No hizo falta.

Derek llegó corriendo.

Saltó la reja sin preguntar.

Fue donde escuchó ruido y se detuvo en seco.

La escena se le clavó en los ojos.

Luca arrodillado con un perro en brazos.

Valentino agachado, firme, con la navaja apoyada en el cuello de un hombre cubierto de sangre, la boca tapada con un paño improvisado.

Derek no levantó la voz.

—Dámelo —dijo, señalando al perro.

Luca dudó.

Miró a Delgado.

Miró a Derek.

Y entendió que no estaba para ponerse exigente.

Se lo entregó.

Derek lo tomó con cuidado y salió del patio a toda velocidad.

Val no soltó al hombre.

No se movió.

No parpadeó.

Cassian seguía ahí.

Como si algo lo hubiera retenido.

Apenas vio a Derek, bajó del auto y abrió la puerta trasera sin preguntar.

Derek acomodó al perro.

—Por favor, llévalo a una veterinaria.

A la que sea.

Yo me hago cargo de todo.

Te llamo después.

Cassian lo miró.

—¿En qué me estás metiendo, Derek?

Derek negó con la cabeza.

—Mientras menos sepas, mejor.

Cassian entendió.

Se subió.

El auto arrancó con un rugido contenido.

____________________________________________________________________ Cuando Derek volvió, ya sabía.

No necesitó preguntar.

Miró al hombre.

Miró la sangre.

Miró a Luca.

—Entren —ordenó.

No fue una sugerencia.

Valentino obedeció de inmediato.

Luca vaciló un segundo… pero el odio pudo más.

Adentro, el aire era espeso.

Derek cerró la puerta.

—Habla —dijo, mirando a Luca.

—Este imbécil siempre lo maltrató —empezó—.

Siempre.

Nunca pude probarlo.

Nunca lo vi pegarle… pero no le importaba si comía, si tomaba agua, si se enfermaba.

Yo lo cuidaba cuando él se iba.

Siempre.

Val escuchaba sin interrumpir.

—Esta semana volvió —continuó Luca—.

Y Delgado estaba mejor.

Pensé… —tragó saliva— pensé que todo estaría bien.

Bajé la guardia.

—No pude salvarlo antes —susurró Luca—.

Tenía advertencias.

Dos.

A la tercera me iba preso.

Por eso lo cuidé desde las sombras.

Y ahora… —miró sus manos—, no sé quien lo cuidará si no estoy.

Silencio.

Val preguntó: —¿Hubo algo que ocasionara su reacción repentina?

—Esta borracho —dijo luego—.

Quiso acercarse.

No sé para qué.

Delgado se defendió.

Lo mordió.

Y él… —cerró los ojos— enloqueció.

Lo pateó.

Lo lanzó contra la pared.

La voz se le quebró del todo.

—Bajé corriendo.

Intentó justificarse.

Como si eso sirviera.

A medida que hablaba, la rabia volvía a subirle por el pecho.

Hasta que terminó pateando al hombre en el suelo.

Ni Derek ni Valentino lo detuvieron.

Se miraron.

Sabían lo que venía.

—Al sótano —dijo Derek.

Bajaron.

El hombre fue sentado.

Atado.

Temblando.

Derek miró a Luca.

—Si te quedas —dijo—, miras.

Pero no intervienes.

No importa lo que veas, no te entrometas.

Sabemos lo que hacemos.

Luca asintió.

Se quedó en una esquina sombría.

Observando.

Jamás imaginó lo que vería esa noche.

Valentino se sentó frente al hombre.

La silla al revés.

Los brazos apoyados en el respaldo.

Sonreía.

Derek caminaba alrededor.

La navaja giraba entre sus dedos.

El silencio era insoportable.

El rubio habló primero.

—Hay dos formas en que esto puede terminar —dijo, tranquilo—.

Tu vivo, o muerto.

¿Cuál opción te parece mejor?

¿La número uno, o la número dos?

El hombre intentó hablar.

Val ladeó la cabeza.

—¿Eso fue la uno… o la dos?

—preguntó—.

Creo que la uno.

Sonrió aliviado, con la esperanza de que saldría ileso.

Derek se agachó junto al hombre.

Muy cerca.

—Yo escuché otra cosa —dijo—.

Me pareció oír la dos.

La navaja se alzó hacia su corazón.

Quedó a un centímetro, pero el amague fue suficiente.

El cuerpo reaccionó antes que la mente.

Val soltó una risa breve.

—¿Viste eso?

—le dijo a Derek—.

Se acaba de mear.

Derek respondió, divertido, sin apartar la vista del hombre que intentaba gritar con todas sus fuerzas: —Que tipo más patético, hombre.

Valentino no podía borrar la sonrisa de su cara.

—¿Crees que podamos hacerlo de nuevo?

—Uhhh, no lo sé, apostemos.

Derek vio la sonrisa de Val, y sabía que tenían para rato.

—Apuesto todo a que no —le dijo divertido a Derek.

—Tendré que esforzarme entonces.

Se levantó y se paró junto a Valentino, dándole la espalda.

Después de un segundo, se voltea rápido y lanza la navaja.

La oreja del hombre comenzó a sangrar.

Un roce.

Lloró desesperado.

—Chilla como un cerdo —soltó Valentino entre risas—.

Espera.

¿Mear por los ojos también cuenta?

Derek fingió estar pensativo.

Se volvió a agachar frente a él.

—No lo sé.

¿Qué dices tú?

¿Eso cuenta?

—el hombre asintió—.

Entonces… ¿te measte por los ojos?

Volvió a asentir.

No podía parar su llanto.

—¿Escuchaste eso?

Es un completo imbécil.

No sé Angelito, creo que este es demasiado estúpido para entender.

Luca no sabía que le podía más, la preocupación por Delgado o ver esta faceta de ellos.

Nunca imagino estar en esa posición.

Angelito, pensó.

De angelito no tiene ni un pelo.

El juego siguió, y el angelito habló: —Estoy anonadado, hermano.

No sabía que uno podía mear por los ojos.

Derek le sonrió al tipo.

Se pasó la lengua por los dientes.

—¿Ah, no?

Mira, te lo mostraré.

Quédate atento a esto.

Fue a recoger su navaja.

Se quedó observando la espalda del hombre.

Luego le dijo a su amigo: —Prepárate, aquí va.

La verdad, no sé si lo lograré, mi pulso no anda bien hoy.

Valentino le respondió en tono casual: —Claro, la lesión.

Como pude olvidarlo.

Mejor pulso tiene alguien con parkinson.

Terminarás dándole en la cabeza.

El hombre lloró con desesperación.

Sus ojos reflejaban terror puro, y por un momento, Luca dudo sobre lo que estaba presenciando.

—¿Qué te parece si lo descubrimos?

—Casi al instante, volvió a lanzar su navaja.

Rozó al hombre, quien chillaba hasta quedarse sin voz.

Valentino la vio pasar junto a él.

No pestañeo.

El hombre comenzó a saltar en la silla, y terminó por caerse.

Los amigos se destornillaron de la risa.

Val se acercó a él y gritó: —¡CUIDADO!

¡BALLENA ENCALLADA!

—Le dio una patada en el estómago.

El hombre gimió de dolor.

Derek volvió a buscar su navaja y se sentó junto a él en el piso.

Pasó los dedos por el arma, comprobando el filo.

Val agregó, con tono casi conversado: —A mí los tipos que golpean animales me generan una cosa… —dijo tronándose las manos—.

¿Sabes que le haría a un tipo de esos?

Derek fingió emoción y le golpeo el brazo juguetón al hombre.

—No, no sabemos.

Cuéntanos, a mi amigo le encantará escucharlo.

—Comenzaría sacándole las uñas, una por una.

Manos y pies.

Pero ¿sabes qué?

Lo mantendría vivo.

Sería una buena liana para practicar con la navaja, estoy un poco oxidado, perdí la precisión al lanzar.

—¿Así la lanzarás?

—Derek volvió a tirarla.

Cayó a un lado de la cara del hombre.

Valentino sacó su navaja, peligroso.

—Pensaba en algo más como esto —La navaja cayó con fuerza en su pie—.

¡Míralo!

Se retuerce como un gusano.

—Yo creo en las segundas oportunidades.

Y tú amigo mío, ¿crees en las segundas oportunidades?

—El hombre asintió—.

Si yo fuera ese tipo, me iría lejos, muy muy lejos.

Jamás miraría atrás, nunca volvería.

La violencia está en aumento, podrían lloverle navajazos, ¿no crees?

El hombre asentía frenético.

Lloraba.

No entendía nada.

Solo quería salir de ahí.

—¿Te gustaría eso?

—añadió Derek fingiendo preocupación—.

¿Escuchaste eso, hermano?

Le gustaría eso.

Vamos, perdónalo.

Es tan obediente como un perro, Val le sacó su navaja del pie y se inclinó sobre sus piernas.

—Tienes razón, es como un perro.

Oh, pero espera un momento —continuó dramático y se dirigió a él—.

¿Qué hiciste tú con ese animal?

¿Qué hiciste con tu perro?

Creo que fue algo como esto.

Con fuerza, le clavó la navaja en el otro pie.

El hombre se dio cabezazos de dolor.

—Entonces escucha bien —dijo sacándole su billetera del pantalón—.

Tu vida está en nuestras manos.

Unos amigos vendrán y te llevarán lejos, aunque no te aseguramos trato VIP.

Pero una cosa si podemos asegurarte.

Derek cerró el círculo.

—Si vuelves —remató—.

Nuestros amigos serán los primeros en enterarse, y te traerán con nosotros.

Te dimos una oportunidad, y esa es la única que habrá.

Y si dices algo contra este tipo, que tan amablemente cuidó de tu perro, tu destino, como ves, puede ser peor que la muerte.

Silencio.

El tipo entendió.

No por lo que le hicieron.

Por lo que podían hacerle.

Cuando la gente de Derek llegó y todo terminó, Luca seguía en la esquina.

Pálido.

Impactado.

No por el hombre.

Por ellos.

Había escuchado historias con Leo y Fiore.

Rumores.

Chismes de bar sobre el pelirrojo y su amigo callado.

Ahora sabía que eran reales.

Y que había cruzado una línea de la que no se vuelve.

Valentino se levantó.

Guardó la navaja.

—No vuelve —dijo, seguro.

Derek asintió.

—No vuelve.

Luca tragó saliva.

—Estoy… —empezó—.

Estoy en deuda.

Derek lo miró.

—No hablemos de eso ahora.

Valentino le dio una palmada en el hombro.

Firme.

—Sobra decir que ni una palabra de esto.

A nadie.

Nunca.

Luca lo miró solemne.

—Nunca.

—Esto aun no se acaba —agregó Derek—.

Alguien debió haber visto algo.

Es imposible que los vecinos no hayan escuchado los llantos del perro.

Debemos prepararnos.

El silencio se instaló en el lugar.

Pesado.

Devastador.

La realidad nunca es bien recibida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo