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Entre su amor y su obsesión - Capítulo 5

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5: Capítulo 5 5: Capítulo 5 —Necesito verla, Kayce.

Dime dónde está.

Kayce lo observó fijamente.

Él estaba inquieto, casi al borde de temblar, y no había ni una pizca del humor que le conocía.

—¿Para qué necesitas verla?

—preguntó con un suspiro cansado—.

Estuvieron todo el fin de semana juntos, ¿no?

Val se congeló.

—Así que te lo dijo —murmuró, y su tono no supo si era alivio o miedo—.

¿Qué más te dijo?

—Ni lo intentes, Casanova —Kayce entrecerró los ojos—.

Lo que hablemos ella y yo se queda entre nosotras.

Pero ya que estamos…

—lo señaló con un dedo inquisitivo—.

¿Qué planeas hacer para conquistarla?

Val abrió la boca, luego la cerró.

Kayce levantó una ceja, divertida.

—Y otra cosa: ¿por qué dejaste el mohicano?

Es raro verte con el pelo normal.

Él parpadeó varias veces.

Había esperado muchas cosas: que lo acusara, que lo insultara, que lo ignorara.

Pero no esto.

¿Habrán hablado de mis sentimientos…?

¿O esta mujer lo dedujo sola?

Y lo peor: Todo lo que diga ahora, Sheryl lo sabrá.

Y quizá eso no es tan malo.

—¿Qué te hace pensarlo?

—preguntó finalmente, intentando sonar neutral—.

Lo de…

conquistarla, digo.

Y deja el mohicano fuera de esto.

Kayce sonrió como si le hablara a un niño torpe.

—¿Acaso importa?

Entre tú y él…

prefiero que seas tú.

Necesitas esforzarte más, eso sí.

Y gracias a Dios dejaste ese look punky.

Te veías un poco…

rarito, sin ofender.

—Oh, vete a la mierda —replicó, pero no pudo evitar sonreír por primera vez ese día—.

Espera.

¿Te contó sobre él?

¿Conoces al ex?

La sonrisa de Kayce desapareció.

Se volvió seria, demasiado seria.

Acercó su silla a la de Valentino hasta que sus rodillas casi se tocaban.

Luego, con naturalidad ensayada, apoyó la cabeza en su hombro, como si fuera una amiga cariñosa.

Valentino lo entendió al instante: Alguien los estaba mirando.

Kayce habló sin mover casi los labios: —Finge que estás en el teléfono.

No mires a la derecha.

Memoriza las caras del tipo de pelo largo…

y del de chaqueta de cuero.

Valentino obedeció, bajando la mirada al celular apagado.

—El de pelo largo —susurró Kayce— es Fiore.

El hermano de Luca Forte.

Luca, como sabrás, es el ex de Sher.

Val sintió el corazón caerle al estómago.

—El de la chaqueta…

se llama Leo —continuó ella—.

Era el baterista de la banda.

Val apenas movió los labios: —¿…banda?

—Cállate y escucha —Kayce fingió sonreír para que pareciera una conversación casual—.

El ex de Sher era el vocalista.

Yo…

los vi tocar varias veces.

Mi hermana era fan.

Y un día, después de un concierto, cancelaron todo.

Tres fechas.

Nunca más volvieron a tocar.

Hizo una pausa.

—Nadie sabe por qué.

Nadie excepto ellos.

Y…

—Sher —completó Valentino, la garganta cerrada.

Kayce asintió apenas.

—Exacto.

¿Entiendes el nivel del problema?

Esos tipos no son buena gente.

Nada buena.

Esos conciertos eran…

olvídalo.

Levántate.

Vámonos de aquí.

Val se puso de pie de inmediato, rodeándole los hombros como un acto reflejo.

No sabía si la protegía a ella o si se sostenía a sí mismo.

Miró de reojo a los dos hombres cuando pasaron junto a ellos.

Altos.

Fuertes.

Miradas de hielo.

Val, por primera vez en mucho tiempo, dudó si podría ganar una pelea.

Casi lo decidió en voz alta: no.

Estaban llegando a la salida cuando Kayce se detuvo en seco.

La puerta estaba bloqueada.

No por estudiantes.

No por profesores.

Por seis hombres, todos mayores que ellos, todos con la misma expresión: muerte aburrida.

El brazo de Valentino se tensó automáticamente alrededor del hombro de Kayce.

Ella lo sintió.

Estaba rígido como un cable eléctrico a punto de chasparrear.

—¿Quiénes son?

—susurró ella sin mover los labios.

—Mis mejores amigos —respondió con sarcasmo seco.

Luego sacó su celular y se lo puso en la mano.

—Toma.

La clave es 980539.

Llama a Derek y dile que pasó algo, y que me busque en el cementerio.

—¿Qué cementerio?

—El cementerio del campus.

Tercer piso, sala 22C.

Siempre está ahí.

Donde él vaya, tú lo sigues.

Y NO te le despegues.

Corre, tonta.

No tenemos tiempo.

Kayce no preguntó nada más.

Corrió hacia las escaleras mientras buscaba el contacto de Derek con manos que temblaban tanto que casi tiró el celular.

Valentino, detrás, dio un paso hacia los seis hombres.

Uno lo señaló con la cabeza.

Y Valentino corrió.

Todos los demás corrieron detrás de él.

Kayce, al mirar atrás, vio la escena por apenas un segundo: Valentino, el chico extravagante, el problema con piernas largas, corriendo para alejar el peligro de ella.

Eso…

no se lo esperaba.

Pero no tuvo tiempo para procesarlo.

Porque uno de los seis se detuvo, la vio, y comenzó a subir tras ella a zancadas.

—¡No tengo nada que ver con esto!

—gritó Kayce subiendo las escaleras de dos en dos.

—¡Dame el teléfono y no te pasará nada!

—rugió él desde abajo.

¿Por qué todos miran y nadie hace nada?

¿Qué clase de universidad es esta?

Kayce nunca había tenido miedo real en la vida.

Hasta ese minuto.

—¡Me encantaría darte el maldito teléfono!

¡Lo juro por Dios!

¡Pero Sheryl y ese me matarán!

¡Nunca debí venir aquí!

Subió al tercer piso jadeando.

Buscó la sala 22C con desesperación.

Cuando la vio, se lanzó dentro.

Y chocó contra un cuerpo enorme.

—¡Epa!

—rió Derek, atrapándola por los hombros—.

Si es la muñeca.

¿Ahora sí quieres venir a la fiesta?

Kayce apenas tuvo tiempo de inhalar.

El perseguidor entró detrás, jadeante.

—Dámela, Derek.

Esto no tiene nada que ver contigo.

Derek ni lo miró.

Empujó a Kayce detrás de uno de los suyos, quien inmediatamente la resguardó.

—Bueno…

—Derek ladeó la cabeza—.

Eso lo decide la muñeca.

¿Qué dices?

¿Tiene que ver esto conmigo?

—¡S-sí!

¡Claro que sí!

—balbuceó Kayce, señalando hacia la escalera—.

¡Su grupo nos emboscó!

¡Están persiguiendo a Valentino!

El gesto de Derek cambió por completo.

La sonrisa se borró.

Los ojos se afilaron.

Sacó una navaja de la chaqueta sin dejar de caminar hacia el sujeto.

—¿Por las buenas o por las malas?

—preguntó con voz suave.

El tipo dudó.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

Se hizo a un lado.

Y Derek pasó sin mirarlo más.

—Vamos —ordenó a su grupo, y todos comenzaron a correr hacia las escaleras.

Kayce iba detrás, apenas pudiendo respirar.

—¡Dijo que estaría en…!

—En el cementerio, lo sé —respondió Derek, sin detenerse—.

Otra vez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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