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Entre su amor y su obsesión - Capítulo 8

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8: Capítulo 8 8: Capítulo 8 —¡Forte!

La voz de Valentino retumbó en el estacionamiento como un disparo.

Luca acababa de subirse a su moto cuando lo oyó.

Bajó el casco con una sonrisa irritante.

—¿Te conozco?

¿Quieres un autógrafo?

Sabía perfectamente quién era.

Pero no iba a darle el gusto de admitirlo.

Ni mucho menos reconocer lo que implicaba que ese chico apareciera así, temblando de rabia, gritándole su apellido.

—Voy a matarte por lo que hiciste.

Valentino lo tomó de la chaqueta y lo arrancó de la moto con violencia.

Luca apenas tocó el suelo cuando, ¡CRACK!, le estampó un cabezazo directo a la nariz.

Val retrocedió tambaleando, sintiendo el chorro caliente de la sangre.

Se limpió con el antebrazo.

Y se lanzó sobre Luca.

La risa del pelinegro se mezcló con el sonido de los golpes.

Valentino no entendía cómo podía reír.

¿De qué carajo se ríe?

Lo tomó de la polera y recibió otro cabezazo que lo dejó aturdido.

Pero la rabia era más fuerte que el dolor.

Valentino le dio una, dos, tres combinaciones, cada golpe más desesperado que el anterior.

Luca no paraba de reír.

El sabor metálico de la sangre le resbalaba por la boca.

Detrás de Valentino, vio a su hermano acercarse con expresión horrorizada.

Perfecto.

Mejor aún si Fiore escucha esto.

Cuando Valentino se preparó para volver a golpear, Luca encogió su cuerpo, movió su cadera a un lado y metió una pierna, atrapando la de Val, y al momento en que adelantó su cabeza, Luca cerró la distancia tomando control de su cuello con una guillotina.

—¡FIORE!

—rugió Luca, apretando más—.

¡ADIVINA A QUIÉN ME FOLLÉ HOY!

Otro tirón al cuello.

Val se ahogó.

—¡TE DARÉ UNA PISTA!

¡PERDISTE A UN HERMANO POR ELLA!

¿¡QUIÉN ES!?

—Suelta al chico, Luca —advirtió Fiore acercándose.

—¿O qué?

—Luca apretó más, disfrutando el dolor ajeno—.

El bastardo empezó.

Yo sólo me defiendo.

¿O también vas a compartir mujer con él?

Valentino intentó respirar.

El agarre lo estaba mareando.

—Hazlo más fuerte, cornudo…

—escupió, negándose a suplicar.

Antes muerto.

—Si, cornudo, hazlo más fuerte —se oyó a su lado.

Derek.

Nadie había notado su presencia hasta ese instante.

El agarre de Luca aflojó.

No por compasión.

Sino porque Derek estaba detrás de él, presionando una navaja abierta en su cuello.

Un fino hilo de sangre corrió por su garganta.

—¿Otro fan?

—preguntó Luca sin moverse.

—Baja la navaja de mi hermano —ordenó Fiore, intentando hacer algo por él.

—¿Hermano?

—Luca soltó una carcajada rota, moviendo el cuello hacia adelante sólo para provocarlo.

Derek se movió con él para evitar cortarlo demasiado.

Este imbécil está loco, pensó Derek.

Admirablemente loco.

Un guardia apareció al fondo.

Derek guardó la navaja con un truco de manos tan rápido que parecía magia.

Valentino se limpió la sangre y ordenó: —Forte.

Vamos.

Al Cementerio.

Derek, no me sigas.

—¿Seguro que no quieres ayuda para calmar al ninja?

—Derek miró a Luca y le sonrió, pasando la lengua por sus dientes, a lo que este le devolvió la sonrisa tronándose los dedos.

—Ayúdame con el guardia.

Esto es entre él y yo.

—Perfecto, pero ven un segundo —dijo Derek.

Cuando Val se acercó, Derek lo abrazó como si nada.

Pero en realidad le sacó el revólver del pantalón y se lo guardó en su propia chaqueta.

Le susurró: —Me quedo con esto.

Contrólate.

Si no me llamas en 15 minutos, entro a buscarte.

—Gracias, hermano.

—¿Se van a besar también, par de maricas?

—interrumpió Luca, burlón.

Fiore lo miró por última vez, preocupado por su hermano, pero en vista de su negativa desistió y se fue con Leo, su mejor amigo que lo había estado esperando desde lejos.

Val y Luca avanzaban hombro con hombro, apretando la mandíbula, cargando una tensión que podía incendiar el campus entero.

Derek los vio alejarse y, justo cuando el guardia apareció desde el pasillo, él giró el cuello con un crack audible.

Hora de distraer.

—¡Paaaatrick, mi rey!

—canturreó Derek, pasándole un brazo por encima como si fueran hermanos de toda la vida, girándolo en dirección opuesta a la pelea—.

¿Qué te trae por acá, campeón?

Patrick —un hombre de cabello blanco, barriga suave y alma cansada— frunció el ceño, pero se dejó llevar de inmediato.

Derek siempre lograba desviar su atención…

y sacarle una risa.

—Derek, ¿qué demonios fue ese alboroto?

—preguntó, preocupado—.

Vi estudiantes corriendo, gritos…

creo que alguien sangraba.

—Bah, nada grave —mintió Derek con una risita—.

Ya sabes cómo es esta facultad: mucho ruido, cero talento.

Una confusión entre dos idiotas.

Ya está solucionado.

Patrick suspiró con peso.

Derek aprovechó para apretarle el hombro.

—Oye, hablando de cosas importantes…

—dijo con tono pícaro—.

¿Qué tal si te das una vuelta por el asilo de enfrente?

La abuela de los gatos no para de preguntarme por ti.

¡Yo que tú me pongo guapo, tigre!

Patrick soltó una carcajada nostálgica.

—¿Estás loco?

Si mi esposa me viera…

—Patrick…

tu esposa murió hace 15 años —dijo Derek, suavizando el tono por primera vez—.

Y lo sabes.

No puedes vivir para un fantasma, viejo.

El guardia bajó la mirada.

Esa herida seguía abierta, supurando.

—Fue la única mujer con la que estuve —respondió con tristeza tranquila—.

La única que quise.

No tengo interés en nadie más.

Además, mis hijos jamás lo permitirían.

Derek cerró los puños detrás de su espalda al oír eso.

Los hijos, siempre los hijos.

Esos parásitos que solo lo visitaban cuando necesitaban plata.

—Patrick, tus hijos son unos…

—se contuvo, apretando los dientes—.

No importa.

No hablemos de ellos.

Mira, ¿qué tal si mejor te invito algo de comer?

Estás muy delgado, hombre, así no intimidas ni a un gato.

Se te ven los huesos.

Patrick rió, con una mezcla de vergüenza y cariño.

—Eres un buen muchacho, Derek.

—Lo soy —respondió él con falsa modestia—.

Y por eso mismo, no te voy a dejar morir triste y amargado sin haber probado otra vez una lasaña decente.

Vamos, Patrick.

Te acompaño un rato.

Y mientras empujaba al guardia hacia otra dirección, Derek miró de reojo el camino por donde habían desaparecido Val y Luca.

Quince minutos.

Ni uno más.

El aire húmedo y frío los recibió apenas bajaron las escaleras.

Ambos comenzaron a estirar las manos, los hombros, el cuello.

Crac.

Crac.

Crac.

Luca, por primera vez, preguntó: —Entonces…

¿me vas a decir por qué carajo estamos peleando?

Pensé que tú eras amigo de ella.

No sé con qué derecho vienes a— —La golpeaste —cortó Val.

No hubo silencio.

Hubo vacío.

Valentino se lanzó como un toro, lo empujó con tal fuerza que Luca cayó de espaldas al suelo.

El primer golpe cayó tan rápido que Luca no alcanzó a reaccionar.

El segundo le partió el labio.

El tercero le nubló la vista.

—¡LA GOLPEASTE!

—Valentino gritaba cada palabra como si fuera fuego—.

¡A ELLA!

¡NADIE LA TOCA!

¿ME OÍSTE?

¡NADIE!

¡ELLA TIENE QUIEN LA DEFIENDA!

¡ELLA ME TIENE A MÍ!

Luca intentó bloquearse, pero Valentino estaba desatado.

Sus nudillos de estaban llenos de sangre —suya, de Luca, de ambos— y aun así siguió golpeando hasta que el cuerpo se le quedó sin aire.

Luca, tambaleante, aún tuvo fuerza para soltar: —Si me quisieras matar…

hubieras traído el arma.

Valentino quedó inmóvil, respirando como un toro furioso.

Miró sus manos temblorosas.

Miró a Luca, que estaba casi desmayado.

Derek tenía razón.

Para.

Ahora.

Se apartó, rodando sobre el piso húmedo.

Ambos quedaron mirando el techo, jadeando.

Luca habló primero, con la voz hecha mierda: —No la golpeé.

Si no lo hice aquella vez…

mucho menos ahora.

Tuvimos sexo en el baño de discapacitados y me fui.

De eso…

ya deben ser cinco horas.

No sé qué mierda le pasó después.

No puedo hablarle.

Hazlo tú.

Y me cuentas.

Valentino escupió sangre en el suelo.

—No voy a contarte nada.

No me hables como si fuéramos algo.

Somos dos extraños que se odian.

Luca rió.

Le dolió.

Se sostuvo la costilla.

—¿Ella no te contó lo que hizo?

¿La seguirás mirando igual después de eso?

Ven, siéntate, rubia, te cuento…

Val no lo dejó terminar.

Le estampó otro puñetazo que lo dejó viendo negro.

—Ella me lo contará cuando esté lista.

No necesito escuchar nada de ti.

Me das asco, Forte.

Y voy a hacer que te olvide.

Cueste lo que cueste.

Luca se limpió la sangre con la manga, sonriendo.

—Ella me ama, idiota.

Con una palabra, una sola, puedo tenerla de vuelta.

Y tú te irás con el resto de imbéciles que hacen fila por ella.

Despídete.

De.

Ella.

Val.

Valentino se detuvo en el escalón.

Volvió la cabeza, viendo como Luca lo miraba con una sonrisa.

—Ya lo veremos, Forte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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