Escritos de un corazón roto - Capítulo 17
- Inicio
- Todas las novelas
- Escritos de un corazón roto
- Capítulo 17 - 17 Esa alarma en mi alma que me atormenta
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: Esa alarma en mi alma que me atormenta 17: Esa alarma en mi alma que me atormenta Me desperté con el corazón golpeándome contra las costillas.
Como si hubiera corrido kilómetros dentro de un sueño que no me dejó escaparme de nada.
Abrí los ojos y la habitación estaba igual que siempre, pero yo no.
Sentía las manos dormidas, como si todavía cargaran el peso de algo que no tendría que haber pasado nunca.
Me quedé quieto, escuchando.
Queriendo convencerme de que el silencio era real.
Pero en mi cabeza la alarma seguía sonando, clavándose como un pitido eléctrico que no se apaga aunque apriete todos los botones.
No sé qué hora era.
No sé si dormí diez minutos o tres horas.
Solo sé que pensé en vos.
Y eso me jodió más que el sueño.
Porque no te quiero ver.
Pero tampoco puedo dejar de verte.
Me levanté de la cama con la respiración entrecortada, como si hubiese estado peleando conmigo mismo.
Caminé hasta el baño.
Me miré al espejo.
Y no me reconocí.
Había algo en mis ojos… algo que no estaba antes.
Un brillo opaco, como si estuviera mirando a través de mí, no a mí.
Me lavé la cara.
No alcanzó.
Me agarré de la bacha, fuerte, con los nudillos blancos, tratando de que el agua fría se llevara la imagen que me apareció de golpe: vos, llorando.
Vos, diciendo que no querías vivir así.
Vos, pidiendo que pare.
Y yo no paré.
Me dije a mí mismo que fue un impulso.
Que estaba desbordado.
Que no quise.
Que no soy así.
Pero el sueño no me dejó mentirme.
No del todo.
Porque en el sueño yo corría, sí…pero corría de mí mismo.
Y cuando desperté, esa sensación no se fue.
Me puse la remera como quien se pone un escudo.
Me até las zapatillas casi sin mirar.
Caminé por la casa evitando todo lo que podía recordarte.
El sillón.
La mesa.
La puerta de mi habitación.
Pero lo que más evité fue mirar mis manos.
Porque en el sueño eran ajenas, y acá, despierto, siguen pareciendo de otro.
Y lo peor es que no sé qué hacer con esto.
No sé cómo hablarte.
No sé cómo sostener tu mirada sin sentir que estoy entrando a un lugar en el que ya no tengo derecho a estar.
Quisiera pedirte perdón, pero no puedo.
Porque si lo digo en voz alta, si lo digo de verdad, tengo que admitir cosas que todavía no sé cómo enfrentar.
Entonces hago lo que siempre hago.
Me encierro en mí mismo.
Me hago el frío.
El duro.
El que no siente.
Pero estoy sintiendo.
Y es peor que cualquier golpe, cualquier grito, cualquier pelea.
Porque por más que quiera escapar, la alarma sigue sonando.
Y sé que no está avisando que te perdí.
Está avisando algo más jodido: que me perdí yo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com