Escritos de un corazón roto - Capítulo 19
- Inicio
- Todas las novelas
- Escritos de un corazón roto
- Capítulo 19 - 19 Cuando él acomoda la historia yo me acomodo el alma
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: Cuando él acomoda la historia, yo me acomodo el alma 19: Cuando él acomoda la historia, yo me acomodo el alma Hay algo que pasa adentro mío cada vez que él intenta explicarse.
Como si sus palabras chocaran contra una versión mía que ya no existe.
Lo escucho hablar desde ese lugar donde él no hizo nada tan grave, desde ese rincón donde todo puede justificarse, donde los golpes se vuelven “impulsos”, los gritos se transforman en “calentura del momento”, y mi miedo… en exageración.
Y mientras lo oigo, algo en mí se rompe distinto.
No como aquella vez, no en mi cuerpo.
Se rompe en la parte que todavía quería creer que había algo para rescatar.
Porque yo sí me acuerdo.
Yo sí me veo en esa escena.
Yo sí veo sus manos.
Yo sí escucho mi voz diciéndole “No en la cabeza” como si tuviera ocho años y no veinte y tantos.
Yo sí siento el vacío, el desamparo, la forma en que mi cuerpo se achicó solo para sobrevivir.
Y él… él se repite un cuento donde nada fue tan terrible.
Un cuento donde yo lo provoqué.
Donde yo grité igual.
Donde yo soy “intensa”, “dramática”, “sensible”.
Y sé que lo hace porque no podría soportar mirarse de verdad.
Pero aun sabiendo eso, duele.
Duele porque esa versión suya no tiene espacio para la mía.
Porque para que él pueda dormir, yo tengo que callar.
Porque para que él no cargue culpa, yo tengo que cargar silencio.
Y yo ya no quiero.
Lo que más me sorprende es lo rápido que se recompone.
La velocidad con la que vuelve a ser “él”: el chico simpático, el gracioso, el que hace chistes, el que habla con todos como si nada lo rozara.
Y entonces la veo a ella, la otra chica.
Esa que él mira con esa suavidad que conmigo hace tiempo no tenía.
Esa a la que le contesta rápido.
A la que escucha.
A la que no interrumpe.
A la que acompaña hasta la puerta.
A la que pregunta si llegó bien.
A veces hasta le sonríe distinto.
Un brillo liviano, como si no cargara nada, como si no estuviera hecho de sombras.
Y lo más irónico es que ella lo ignora.
No porque lo odie, sino porque no lo ve.
No lo registra como algo importante.
No necesita agradarle.
No compite.
No espera nada.
Y él… él hace pequeños gestos para llamar su atención.
Es tan sutil que casi nadie lo nota.
Pero yo sí.
Porque yo lo amé.
Porque yo lo conozco.
Porque yo lo miré en todas sus versiones, incluso las que él niega.
Verlo así —tan amable, tan correcto, tan cuidadoso—me golpea en un lugar extraño.
No porque quiera que me trate como a ella.
Sino porque sé que puede.
Que siempre pudo.
Que nunca fue incapaz de ser tierno o respetuoso.
Que para mí eligió otra cara.
Que conmigo no le tembló la mano, pero para ella sí le tiembla la voz.
Y ahí entiendo algo que me parte: no se trata de que no sabía querer… sino de que no quiso quererme bien a mí.
Frente a su intento de justificarse, yo siento ganas de gritarle que no, que no fue un malentendido, que no fueron “golpecitos”, que no fue una discusión más.
Que yo me fui a dormir con miedo.
Que me llevé ese miedo días después.
Que todavía aparece cuando escucho un portazo fuerte.
Pero no lo digo.
No porque lo proteja.
Sino porque ya no tengo energía para educar a alguien que no quiere aprender.
Así que lo dejo hablar.
Dejo que invente su cuento.
Dejo que acomode la historia como más le convenga.
Y yo en silencio… me acomodo a mí.
Porque en algún momento entendí que no puedo obligar a nadie a hacerse cargo.
Que no puedo esperar que alguien vea el daño que hizo si necesita ser ciego para sobrevivir.
Él elige la negación.
Yo elijo la verdad.
Él elige justificarse.
Yo elijo soltar.
Él elige mostrarse feliz delante de ella.
Yo elijo no romperme otra vez por eso.
Y aunque duela, aunque queme, aunque pique el orgullo y la memoria, en el fondo sé que esta vez elijo bien.
Porque no estoy luchando por volver con él.
Estoy luchando por volver conmigo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com