Escritos de un corazón roto - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 El principio de un fin
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2: El principio de un fin 2: El principio de un fin Siempre te dije que me encantaría escribir una historia sobre nosotros.
Una historia real, de cómo nos conocimos, de cómo poco a poco te fui amando sin darme cuenta.
Nunca imaginé que iba a terminar escribiendo sobre el final.
Jamás pensé que este sería el capítulo que iba a inaugurar la historia: el capítulo donde cuento cómo se rompe algo que quise sostener con todo lo que tenía.
Tal vez con el tiempo pueda escribir sobre lo lindo, sobre lo que aprendí, sobre los momentos que sí valieron la pena.
Pero hoy… hoy solo puedo escribir desde este dolor que me está consumiendo lentamente.
Sé que tu partida es “lo mejor” para vos, aunque para mí sea lo más difícil que tuve que aceptar.
El otro día vi 500 días con ella y me pasó algo que no esperaba: me vi reflejada en Tom.
Idealizándote.
Creyendo que eras alguien que desde el principio me dijiste que no eras.
Me aferré a la idea de que vos eras el indicado porque necesitaba que lo fueras.
Quise ayudarte, quise que cambiaras, quise que te dejaras querer…pero no se puede ayudar a alguien que no quiere ser ayudado.
Ahora estoy en ese proceso extraño de olvidarte y perdonarte a la vez.
Olvidarte para no quedarme atrapada en diez minutos de amor y semanas de silencio.
Y perdonarte porque no estabas listo, porque no sabías qué querías, porque no era tu momento… aunque me duela que no lo dijeras antes de dejarme enamorarme así de vos.
Me duele tenerte cerca.
Me duele compartir una cama con vos sin que haya un “buenas noches, te amo mucho”.
Me duele que estés a un metro y no poder abrazarte.
Me duele la costumbre que se volvió distancia.
Me duele la rutina vacía de dos personas que ya no se miran igual.
Y ahí viene la pregunta que me está matando: ¿Cuándo se empezó a desmoronar todo?
Es una pregunta que me genera ansiedad, insomnio y dudas.
Dudas que me acompañan a la madrugada.
Ansiedad que me despierta antes de que suene cualquier alarma.
Insomnio que me mantiene repasando cada señal que no vi.
Pienso que si hubiera entendido esas señales, tal vez nada se habría roto así.
Cierro los ojos y ahí estás.
Con ese brillo en tus ojos marrones que ya no encuentro.
Con esa sonrisa que me derretía.
Con ese amor que parecía tan real… pero que ahora ya no sé en qué momento dejó de existir.
Si pudiera volver atrás, no te respondería ese primer mensaje.
O lo hubiera dejado en algo de una noche, algo que no dejara consecuencias.
Pero no lo hicimos.
Fuimos egoístas, orgullosos.
Y cuando yo dejé el orgullo, vos ya habías dejado de elegirme.
Hoy te extraño, te amo y te odio… todo al mismo tiempo.
Te odio porque me obligaste a soltar sin querer hacerlo.
Te extraño porque todo me recuerda a vos.
Y te amo porque no sé cómo apagar algo que fue tan intenso.
Pero lo cierto es que no podemos volver atrás.
No podemos retroceder al día en que empezó a salir todo mal.
Ni al día que nos conocimos.
Aunque quisiera, aunque duela, aunque me queme esta pregunta adentro: ¿En qué momento te perdí?
¿O en qué momento te perdiste vos mismo?
Este es el comienzo de mi historia sin vos.
De mi duelo.
De mi forma de soltar lo que ya no vuelve.
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