Escritos de un corazón roto - Capítulo 20
- Inicio
- Todas las novelas
- Escritos de un corazón roto
- Capítulo 20 - 20 El dolor de verte bien
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: El dolor de verte bien 20: El dolor de verte bien Hay algo raro que me pasa cuando te miro ahora.
No sé si es tristeza, celos, nostalgia o una mezcla podrida de todo junto…pero duele.
No porque te vea mal.
Duele porque te veo bien.
Y es una sensación tan contradictoria que me deja sin aire, como si cada parte de mí tuviera una opinión distinta de lo que siento.
Hay un lado mío —uno que no me gusta mostrar— que se siente orgulloso.
Te juro que sí.
Ese lado mira cómo caminás más liviana, cómo ya no bajás la cabeza para hablarme, cómo te reís de cosas que no tienen nada que ver conmigo… Y siente alivio.
Como si por fin hubieras salido a respirar después de tanto ahogo.
Pero hay otro lado… uno más oscuro, más egoísta, más humano incluso…que se quiebra cada vez que te ve sonreír sin mí.
Porque antes tu sonrisa me incluía, aunque yo no la valorara.
Antes tu energía se movía alrededor mío, y aunque yo no lo admitiera, me sostenía.
Ahora ya no.
Ahora sos un planeta que volvió a su propio eje, y yo apenas soy un satélite apagado flotando alrededor sin que nadie lo note.
Y eso…eso me duele más de lo que debería.
Te veo hablar con los demás con esa calma nueva.
Te veo caminar por la casa sin ese miedo, sin esa tensión, sin ese “qué va a decir él”.
Te veo segura, firme, marcada por algo que te hizo más fuerte de lo que imaginé.
Y me pregunto cuándo fue que dejé de ser parte de tu luz para convertirme en la sombra que tuviste que atravesar.
Porque eso es lo que siento: que vos creciste desde el dolor que te causé.
Que te reconstruiste desde mis ruinas.
Que te volviste nueva justo en el punto donde yo me quedé viejo.
Y lo peor es que no puedo decir nada.
No tengo derecho.
No tengo permiso para reclamar lo que rompí.
Entonces me quedo callado.
Mirándote.
Apenas respirando.
Veo cómo te arreglás el pelo frente al espejo sin buscar mi aprobación.
Cómo contás un chiste sin mirarme para ver mi reacción.
Cómo te servís un vaso de agua sin preguntarme si quiero uno también.
Te veo hablar con otro que te hace reír como yo nunca pude.
Te veo pasarme por al lado sin ya mirarme, pero el olor de tu perfume invade mi nariz y me dan ganas de tomarte la mano; que me veas y abrazarte…pero soy un cobarde que se esconde.
Es tan simple.
Tan cotidiano.
Tan insignificante.
Pero a mí me perfora.
Porque cada gesto tuyo que ya no me tiene en cuenta es un recordatorio de que yo mismo me borré del lugar que vos me habías dado.
Y sí… sé que está bien que estés bien.
Sé que es lo sano.
Sé que es lo justo.
Pero no te voy a mentir: hay días en los que verte así me pega más fuerte que el silencio de aquella noche.
Porque ese silencio lo podía negar.
Lo podía maquillar.
Lo podía justificar.
Pero esto…esto no.
Esto es la consecuencia viviente.
Es tu libertad caminando por la casa como si el mundo hubiera vuelto a abrirse.
Es tu piel sin miedo.
Es tu voz sin temblar.
Es tu energía sin pedirme permiso para existir.
Y yo, desde acá, mirando todo sin poder tocarlo, sin poder opinar, sin poder reclamar nada… solo puedo repetir en mi cabeza una frase que nunca voy a decir en voz alta: No sabía que me iba a doler tanto verte sanar
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com