Escritos de un corazón roto - Capítulo 3
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3: Miedo 3: Miedo Nunca pensé que alguna vez iba a escribir sobre el miedo.
Es raro.
Siempre escribí sobre decepción, amor, finales, heridas… pero nunca sobre esto.
Creo que jamás lo había hecho porque nunca me animé a mirarlo de frente.
Y sin embargo acá estoy, escribiendo porque la cabeza me gira tan rápido que siento que si no lo dejo salir me va a dar un ACV.
Y escribo porque tengo miedo.
Mucho miedo.
¿Miedo a qué?
A volver a salir lastimada.
A darte otra vez mi corazón y que lo rompas.
A dejarte pasar cada uno de mis muros, llegar hasta mi alma… y que justo ahí, donde más duele, claves el golpe.
¿Se puede apuñalar el alma?
Sí.
Claro que sí.
Ya lo hicieron.
La persona que me dio la vida lo hizo cinco veces.
Y ahora ese miedo —y esa desconfianza— me están comiendo viva.
No puedo dejar de pensar en todo.
En cada cosa que me dijiste.
En cómo me sentí.
En cómo estamos ahora.
Sé que estás intentando cambiar, pero la desconfianza me mata… y el miedo directamente me paraliza.
Mi cabeza me grita que no confíe, que vas a lastimarme otra vez.
Y mi corazón, ilógico, tonto, enamorado, quiere saltar a tus brazos como si nada importara y comerse tus besos sin pensar en las consecuencias.
Llámame bipolar si querés.
Es que así me siento.
Quiero gritarte, pero también quiero llorar.
Quiero acercarme, pero también salir corriendo.
El problema es que no me vas a entender… y voy a quedar como la loca que siempre “busca pelea”.
Quiero confiar, de verdad.
Solo que no sé si es lo ideal.
No sé si me vas a volver a destrozar ni si algún día vas a decir algo que me rompa en mil pedazos otra vez.
Ese es mi gran miedo: tu poder.
Porque lo tenés.
Como Thanos chasqueando los dedos y haciendo desaparecer todo… solo que vos no usás magia: usás palabras.
Palabras que me marcan tan profundo que por las noches no me dejan dormir.
Podés decir cuatro palabras y desatar un terremoto dentro mío.
Hacer que mis ojos lloren sin freno, hasta que volvés a pedirme perdón y, de a poquito, la tormenta se calma.
Tenés un poder enorme sobre mí… y justamente ese es mi miedo.
Que si decidís irte, te lleves hasta el último beso que te di.
Hasta las ganas de levantarme de la cama.
A veces le digo al viento “volvé”, por si te llega en una brisa distraída.
Le pido al cielo que me deje de amarte… pero en la luna siempre aparece el reflejo de nuestro primer beso.
Y es ahí, cuando todo está oscuro, cuando el miedo se acuesta a mi lado y me susurra bajito que ya te estás yendo.
Que te querés ir.
Pero que no te llevás mi miedo.
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