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Escuadrón 207 - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 El primer cambio
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1: El primer cambio 1: El primer cambio La conferencia dada por el profesor Edgar era, como casi todas sus clases, entretenida e interesante.

Pero la verdad era que Drake no podía concentrarse debido al día que era hoy.

Hoy, un 15 de agosto, hace 6 años, su hermana mayor había desaparecido.

…

Bueno, había sido declarada muerta en cumplimiento del servicio.

Pero él sabía que la muy bastarda no dejaría que unos simples monstruos cósmicos le quitaran la oportunidad de molestar a su hermano menor.

Ese pensamiento hizo que los labios de Drake se curvaran en una pequeña sonrisa.

Eso demostró la mejora en su estado de ánimo.

Por lo que, respetando las infernales lecciones de su hermana sobre el respeto y la educación, volvió su atención a la conferencia del profesor Edgar.

Leyó el título escrito en la pantalla y…

La mejora de su estado de ánimo se fue al demonio.

—De todos los malditos días que pudieron mandar la orden de dar la misma conferencia que todos los años, tenía que ser hoy—.

Susurró, irritado, y su mirada leía y releía el maldito título: “Las brechas: el conector para todos los cambios del último siglo”.

Las malditas brechas, una especie de portales que conectan el planeta con otros lugares y planetas en el universo desde tiempos antiguos; solo que las situaciones donde se generan son todo menos convenientes.

Tormentas eléctricas, terremotos, erupciones de volcanes, el choque de un meteorito con la Tierra o cualquier otro fenómeno que provocara que grandes cantidades de energía se acumularan, cambiaran y se movieran.

Esas condiciones extremas hicieron que durante gran parte de la historia humana las brechas fueran solo mitos o leyendas.

Pero eso cambió: hace un siglo las brechas empezaron a aparecer de forma aleatoria por la Tierra, sin ninguna razón aparente.

Este suceso provocó que el mundo fuera un caos durante un par de años.

Pero después del caos llegó la aceptación; después de la aceptación llegó el análisis, y después del análisis llegó la experimentación.

Esa experimentación hizo que el mundo tuviera un gran avance, haciendo que lo que antes era ficción ahora fuera realidad.

Pero con la aparición oficial de las puertas, el mundo también se volvió aún más peligroso.

Los lugares que creímos dominar se volvieron inhabitables o intransitables debido a lo que salió de las brechas.

Una especie de domo transparente que roba toda la energía que se encuentre dentro de su perímetro, también provocando efectos como dolores de cabeza, debilitamiento o pérdida temporal de algún sentido.

Y también salía el peligro más evidente y próximo, los llamados: Monstruos.

Bestias animales o humanoides que atacaban a todo lo que no formara parte de su hábitat.

Esos monstruos tomaron parte del planeta con sus capacidades superiores al resto.

Fuera de las brechas nuestras armas podían afectarlos, pero si usábamos las mejores armas, las consecuencias para el resto eran mayores al daño hecho.

…

Y eso era lo que Drake estaba seguro de que vendría en la conferencia.

Porque siempre era lo mismo: las mismas palabras, las mismas estructuras en la construcción de los conceptos, los mismos ejemplos.

Año a año…

todo era lo mismo.

Y año a año, él también repetía las mismas quejas e insultos hacia los monstruos y hacia las brechas.

En especial hacia la maldita brecha que tomó Moscú y provocó la desaparición de su hermana, Elena.

¿Es notorio qué tan mala es su opinión sobre las brechas?

Pero lo que él opine sobre las brechas no cambiará el hecho de que, si le llegaran a preguntar algo sobre las mismas, él daría la respuesta más completa que pudiera.

Al fin y al cabo, él quería ser investigador del cosmos, y la única manera de acceder al cosmos…

son las brechas.

La manera más fácil y accesible para él también.

Y también es la manera más probable de encontrar a su hermana.

Por lo que Drake, aunque lo odie, siempre prestó un mínimo de atención a todo lo referido a las brechas.

Y esta vez no sería diferente.

Así, de mala gana, prestó atención a lo que decía el profesor Edgar.

Y durante las siguientes dos horas escuchó la conferencia.

Se abordó exactamente lo que él resumió en su mente.

——— Después de la conferencia, la sed atacó a Drake.

Este decidió comprar una bebida de una máquina.

Cuando la bebida llegó a su mano, una notificación llegó a su celular.

Mientras sacaba el celular, pensó qué podría ser: tal vez uno de sus amigos o un familiar; también podría ser una notificación de la lotería anunciando su triunfo y la cantidad que ganó.

Ese último pensamiento le sacó una pequeña risa.

Al mirar lo que era…

Era una notificación del clima.

Qué decepción.

Pero antes de que siquiera pudiera bloquear su celular, una sensación extraña, inexplicable, atravesó todo su cuerpo.

Y la sensación del celular en su mano desapareció.

Una leve vibración en su mano fue todo lo que sintió, y cuando miró su celular…

Estaba apagado; en un segundo pasó de estar completamente cargado a estar sin batería.

Otra cosa extraña fue que el celular le pesaba más de lo que debería.

Su ceño se frunció ante la sensación creciente de un dolor de cabeza…

¿¡Dolor de cabeza!?

Entendiendo la situación, Drake levantó la cabeza y vio que, a diez metros de donde estaba parado, una pared translúcida se alzaba, y detrás de esa pared había personas que miraban hacia él.

Drake escuchó un sonido detrás de él.

Al voltear vio a un chico tirado en el suelo; los ojos del chico estaban vacíos, desprovistos de cualquier señal de vida.

Y a menos de un metro del chico, una forma oscura, vacía, sin ningún rasgo aparente más que el parecido a…

Una grieta.

Una grieta formada en la misma realidad.

O mejor dicho, una brecha.

La misma brecha que había aparecido tan cerca de un pobre chico, que robó la energía de su cuerpo, toda la energía de su cuerpo: la energía que permitía que funcionaran sus órganos y la misma energía que emitía su cerebro.

El chico ni sintió cuando murió, porque fue instantáneo.

Esa misma brecha apareció en el centro de la universidad.

Una universidad llena de tecnología, llena de energía.

¡CRACK!

Un sonido parecido al de un vidrio agrietándose se escuchó a su lado.

El problema era que lo que se rompió no era un vidrio: era la realidad; el espacio mismo se estaba agrietando.

Drake sintió el más grande y primitivo miedo surgir dentro de él, debido a que la grieta se encontraba muy cerca de él.

Sin dudarlo ni un instante, Drake se tiró al suelo en dirección contraria al lugar donde el espacio se agrietó, porque si una de esas grietas lo llegaba a tocar, moriría —si tuviera suerte, claro está—.

Si no tuviera suerte, es posible que se convirtiera en una masa de carne consciente o que su cuerpo se viera modificado a tal nivel que ni siquiera pareciera humano.

Drake miró a su alrededor y vio el lugar de origen de la grieta: la pared translúcida.

Después, detrás de la brecha se formó otra grieta; otra pared translúcida, a la derecha igual y a la izquierda lo mismo.

Un domo, un domo translúcido lleno de grietas, rodeó a la brecha.

Y también se encontraba llenándose: más y más grietas aparecían de las paredes, resquebrajando más la realidad mientras más se dirigían a un solo lugar.

La brecha.

Drake se encontraba dentro del domo, haciéndose lo más pequeño posible.

Cada vez más débil, pero sin posibilidad de escapar sin correr el riesgo de morir o de sufrir un destino mucho peor.

Drake no mentiría: estaba aterrado y en absoluto pánico.

Pero también, de una forma que ni él mismo se explicaba, estaba frustrado.

Frustrado por no poder hacer nada para salvarse, frustrado por tener que ver cómo las grietas se dirigían hacia la brecha, sabiendo que cuando llegaran a ella, esta evolucionaría y dejaría pasar a lo que sea que estuviera del otro lado.

Los segundos pasaron.

Más y más grietas aparecían.

Hasta que todas llegaron a la brecha.

Cuando las grietas tocaron la brecha, un sonido parecido a un chirrido salió de ella con tanta potencia que tapó cada sonido que entraba en el domo.

El sonido de las lejanas sirenas de alguna fuerza, el no tan lejano ruido del vidrio rompiéndose en miles de pedazos, fueron opacados por el chirrido.

Drake fue aturdido y forzado a cerrar los ojos por el dolor desde el primer segundo que se desató el chirrido.

Cuando abrió los ojos, vio que la brecha había cambiado.

En lugar de la fractura en la realidad que emitía un vacío negro como su único interior, ahora no había vacío.

En su lugar había un paisaje de una selva oscura, únicamente iluminada por una tenue luz.

Oscuras hojas de plantas desconocidas reflejaban la luz de lo que aparentemente era una luna.

Pero lo que más destacaba de la brecha no era ese extraño paisaje, sino la figura que estaba fuera de ella.

Una bestia cuadrúpeda de tamaño similar a un tigre.

Su pelaje plateado la hacía destacar del oscuro entorno que tenía detrás; placas de hueso amarillento cubrían diversas partes de su cuerpo.

En el centro de la placa que cubría parte de su cabeza, dos pequeños puntos rojos —sus ojos— observaban su entorno con una mezcla de cautela y curiosidad.

Hasta que sus ojos se posaron en el debilitado Drake.

La forma en la que miraba cambió: más primitiva, más instintiva.

Lo miraba de la misma forma en la que se mira a una presa.

Y quién lo culparía: Drake se encontraba tan débil por la absorción de energía que cada acción requería un esfuerzo consciente.

Respirar, pestañear, asimilar y procesar cada información visual o auditiva que le llegaba, todo requería un esfuerzo mental que cada vez perdía más.

Cada vez pensaba más lento.

Y cada vez menos información podía asimilar.

Ya que no recuerda cuándo fue que la bestia abrió su grotesca boca, revelando filas de afilados colmillos y una pequeña nube de vapor junto con oscuros hilos de saliva.

Tampoco recuerda la forma en la que su cuerpo se tensó, con su cabeza subiendo lentamente, con su boca abriéndose cada vez más, como anunciando algo.

Estaba rugiendo, anunciando el comienzo de su caza.

Pero Drake no captó el sonido.

Tampoco captó el sonido de pasos detrás de él, ni la sensación parecida a chocar con una onda de agua.

Lo que sí captó fue cómo la bestia bajó abruptamente la cabeza, mirando algo detrás de él, y cómo su pelaje plateado se erizaba.

En el instante siguiente, dos “cosas” rojas pasaron a su lado a una velocidad que un humano no debería poder alcanzar, al menos uno “común”.

Pero que esas cosas rojas vinieran detrás de él lo alivió.

Eso significaba —al menos lo que su debilitada mente podía pensar— que un Ascendido había llegado y estaba dispuesto a afrontar la brecha él solo.

Y como si el destino quisiera confirmar su suposición: ¡¡BOOM!!

¡CRACK!

Los dos objetos rojos impactaron contra la bestia plateada, destrozándola y aplastando parte de su cuerpo contra el concreto.

Al instante siguiente, el concreto también fue destrozado, generando grietas tan grandes que llegaron hasta Drake.

Pequeños fragmentos de concreto se suspendieron en el aire para después ser expulsados en todas direcciones, acompañados de una caliente nube de polvo.

Drake tuvo que cerrar los ojos y utilizar toda la fuerza mental que le quedaba, dejando de respirar e incluso de escuchar, para mantener su conciencia.

Unos instantes de lucha interna después, pudo abrir los ojos.

Su agitada respiración dejó claro que también podía respirar de nuevo.

También podía escuchar, apenas, pero podía.

Eso mismo hizo que girara la cabeza a un lado y viera el cuerpo de la bestia plateada tendido en el suelo, cubierto de sangre.

La bestia aún respiraba.

Estaba moribunda, y con la suficiente conciencia para poner toda su intención asesina sobre Drake.

Una intención que no era la de un cazador, sino la de alguien que no aceptaba fracasar.

Alguien que se llevaría a otros consigo en la caída.

Alguien que mataría a otro para no morir solo.

La bestia se retorció, usando sus últimas fuerzas para acercarse a él.

Drake pensó, de la forma más honesta que pudo, que ese era su fin.

No tenía fuerzas para moverse; de milagro podía respirar.

Y el par de luces rojas aún se encontraba dentro de la nube de polvo.

Los lejanos rugidos y sonidos daban la respuesta: había más de esas bestias.

Y la bestia moribunda ya se encontraba a muy poca distancia de su cabeza.

Drake, al conectar todos esos puntos —cosa que le costó casi treinta segundos—, formuló un lento pensamiento con resignación.

—Entonces… no… p-po…podré… verte… E-Ele… n-na…— La última energía que le quedaba para respirar o mantener su conciencia ya se estaba agotando.

La bestia abrió sus fauces.

Un solo cierre de esas fauces y todo terminaría.

Ya pudiendo sentir el calor del aliento de la bestia, esperó el fin.

…

Pasó un segundo… luego otro… y no pasó nada.

Porque justo cuando la bestia iba a dar su último aliento para acercarse y cerrar la boca… Su cabeza fue destrozada, borrada por un borrón oscuro.

Y casi al mismo tiempo, una mano lo levantó del suelo.

Su cabeza, que durante toda esa catástrofe había permanecido mayormente apoyada en el suelo, al fin se movió por la inercia del movimiento hecho por su supuesto salvador.

A su visión llegó la imagen de su salvador.

Cabello castaño que casi llegaba a la mitad del cuello; una tez clara, algo quemada; una gran cicatriz que iba desde la comisura derecha de los labios hasta la sien del mismo lado.

Y las dos cosas más destacables: unos analíticos ojos verdes y la falta del brazo izquierdo.

Acompañando la vista, dos sensaciones lo invadieron.

Una era el rechazo de su cuerpo a algo que lo invadía.

Ese algo era lo mismo que le permitía sentir ese rechazo: energía.

Una energía externa lo invadió de golpe.

Esa energía provocó que las funciones que antes hacía de milagro ahora se realizaran con esfuerzo, permitiéndole pensar mejor.

Y eso le permitió reconocer a su salvador.

Era el profesor Edgar.

Eso lo dejó más que sorprendido, por todo lo que significaba.

Si él fue el encargado de eliminar a la bestia y quien le estaba dando energía, significaba que era un Ascendido.

Uno de los seres capaces de manipular la energía que apareció junto a las brechas: el maná.

Y casi para confirmar su suposición, un aura parecida al humo salió del cuerpo del profesor, envolviendo a Drake.

Lo que siguió fue un instante de oscuridad, para después desaparecer.

Al mirarse, vio que la misma aura lo rodeaba: oscura, no como el vacío de la brecha, sino como una sombra; y en los bordes era plateada.

Era algo increíble de ver.

Y de sentir también.

Era mágico.

Pero venía cargado de una información desalentadora y desconcertante.

Significaba que la sensación de estar con más energía era una ilusión.

Su energía aún estaba siendo drenada por la brecha, y lo único que el maná del profesor estaba haciendo era hacer circular su energía de forma más rápida, dando una mejora temporal a su estado.

Aunque eso significaba que su energía saldría más rápido de su cuerpo, inexplicablemente seguía igual, o tal vez incluso peor que antes: como gotas de agua saliendo por pequeñas grietas de una taza.

¿Esa fue la función del recubrimiento que hizo el profesor?

Si lo era, significaba que el profesor Edgar tenía un control increíble sobre el maná.

Pero, a pesar de ese increíble control, a los ojos de Drake, la cara de Edgar no expresaba nada bueno.

Le hablaba, pero Drake no podía oírlo, ni a él ni a nada en realidad.

No sabía cuándo fue que dejó de escuchar, y cada pocos segundos el profesor desviaba la mirada hacia el cadáver de la bestia.

Su expresión mostraba apuro por algo que Drake no podía entender.

——— Edgar no negaría lo obvio en esa situación: estaba desesperado.

No solo por el estado del alumno Shark, que iba más allá de lo crítico, sino por un detalle que había olvidado al momento de suministrar maná a su alumno.

La falta de su brazo.

La urgencia de la situación lo hizo pasar por alto un detalle crucial: no se había preparado para canalizar maná.

Y si dejaba de tocar su espalda por un solo segundo, el maná que le suministraba desaparecería, y la poca energía que le quedaba sería absorbida por la brecha.

Ya era un milagro que pudiera hacer tanto con la energía restante.

Además, no podía moverse de donde estaba por el riesgo de llamar la atención de un Prolhag.

Esas malditas bestias, con sus aptitudes impredecibles, eran de las más peligrosas de su rango.

Eso añadía otra preocupación más a su mente.

Ella estaba luchando contra casi veinte Prolhag, siendo solo un rango superior.

Y hablando de la mencionada, ella apareció… Fue lanzada y se estrelló contra la máquina expendedora detrás de él.

Edgar volteó hacia ella y vio cómo salía de entre los restos de la máquina.

Un único hilo de sangre salía de su nariz; ese era el único daño importante que tenía.

El resto eran simples raspones que ni siquiera lograron hacerla sangrar.

Ella lo miró por un momento y después dirigió la mirada al joven Shark en su brazo.

Edgar se dio cuenta de que podía tener la solución a su problema.

Rápidamente volteó su atención hacia el Prolhag muerto a su lado y lo vio.

—Al fin se formó— pensó.

Se giró hacia ella para decirle: —Espera un momento— dijo con rapidez.

Ella se detuvo en seco y lo miró.

Edgar continuó: —¿Puedes hacerme un favor?

——— Drake vio cómo el profesor le decía unas palabras a la chica, a quien reconoció como la dueña de las dos luces rojas que lucharon contra las bestias.

Esas luces eran sus brazos, que brillaban como metal llevado a una temperatura extrema.

La chica tenía una apariencia bastante… acorde a su aparente habilidad.

Su cabello caía como una cascada carmesí hasta su espalda; mechones sueltos tapaban parte de su rostro.

Sus ojos eran dos orbes amarillos que brillaban de forma antinatural.

Sus ojos, que hasta hace unos momentos reflejaban exasperación y apuro, cambiaron a una notoria preocupación.

Por un segundo lo miró y después se convirtió en un borrón al moverse a una altísima velocidad, apareciendo al lado del cadáver de la bestia.

Con rapidez introdujo su mano en la parte expuesta del cuello de la bestia; de allí sacó un pequeño cristal azul, translúcido.

En su interior se encontraba un extraño líquido transparente.

La chica se acercó a Drake y a Edgar con el cristal en la mano, y la preocupación era más que palpable en su rostro.

Se agachó junto a Drake y tomó su rostro, obligándolo a mirar hacia arriba.

Con la otra mano le apretó las mejillas, forzando a abrir su boca.

A los pocos segundos, su vista captó el cristal azul.

La única diferencia era que una de sus esquinas estaba rota.

La chica vertió el contenido del cristal en su boca.

Era frío y sin sabor, pero con la peculiaridad de hacerlo sentir como si pequeñas chispas eléctricas explotaran dentro de su boca.

Aunque Drake quería negarse a tragar, no podía resistirse, ni siquiera podía pensar en otra forma de salir con vida.

Así que se resignó… y tragó el líquido incoloro.

Pasó un segundo.

Luego otro.

Nada pasó.

—¿Qué demonios?

¿No pasó nada?— Como si ese pensamiento llamara a la mala suerte, unos intensos dolores lo invadieron.

Era el infierno.

Drake podía sentir cómo su cuerpo se calentaba, mientras sus músculos y huesos se rompían y se reconstruían en un instante.

Sus órganos comenzaron a funcionar con una eficiencia inhumana, y sintió cómo algo nuevo se formaba e integraba a sus venas.

Una energía sobrenatural empezó a reemplazar el dolor.

También dio paso a una nueva sensación: una parte inexplicable de él estaba siendo consumida por esa extraña energía… y eso la potenciaba.

Al tercer segundo de haber consumido el líquido, Drake se sentó de golpe y soltó un grito de dolor.

Después comenzó a respirar a una velocidad vertiginosa.

Rápidamente, Edgar apoyó su mano sobre el hombro de Drake y le dijo: —Tranquilo, chico.

El dolor ya se fue.

Lo que estás sintiendo ahora es algo fantasmal; no existe en realidad— Las palabras del preocupado profesor parecieron tranquilizar, de alguna manera, a su alumno.

Edgar, al ver cómo su respiración agitada se calmaba un poco, iba a continuar hablando, pero Drake no se lo permitió.

Entre intentos de controlar su respiración, Drake dijo: —Profesor Edgar… ¿yo ascendí?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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