Escuadrón 207 - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 La amante de la mecánica III
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10: La amante de la mecánica (III) 10: La amante de la mecánica (III) —Como sea, igual solo son unos días.
No te preocupes —dijo mamá, mirando los papeles que tenía entre las manos.
La abuela Yonah se quedó mirando a mamá por momentos, su ceño ligeramente fruncido.
Después solo tomó la taza de café que tenía enfrente y la llevó a sus labios.
Dejó la taza en la mesa y me miró por un segundo; después se volvió hacia mamá.
—Bien.
Dame el bolso de Thalia entonces —dijo sin ningún cariño.
Mamá, por primera vez desde que llegaron, sacó la vista de sus papeles y los dejó boca abajo sin mostrar el contenido.
Se levantó y se fue de la cocina.
La abuela susurró algo y después levantó los labios en una tierna sonrisa hacia ella.
—Entonces, pequeña, ¿cómo te está yendo en tu primer año de primaria?
—dijo con cariño.
La felicidad la invadió; al fin alguien le había preguntado sobre cómo estaba.
¡Tenía mucho que contar!
—¡Muy bien!
¡Me divierto mucho jugando!
—dijo, sonriendo de felicidad.
La abuela sonrió con ternura y le preguntó: —¿Qué juego te gusta más?
Empezó a reír, recordando ese juego.
—¡Atrapadas!
Aunque la maestra dice que es peligroso, con Felts no tenemos que preocuparnos, él es muy cuidadoso —dijo.
La alegría y emoción se notaron más fuertes cuando mencionó el nombre.
La abuela sonrió de forma diferente cuando lo notó.
Siguió escuchando sobre todo lo que hacía: cómo jugaba, cómo aprendía distintas cosas y cómo no entendía nada de matemáticas.
Su madre entró al poco rato y le dejó el bolso con su ropa a la abuela.
Acarició un poco su cabeza y se despidió.
Esa fue la última vez que Thalia vio a su madre y a su padre.
——— Cuando tenía siete años, Felts se cambió de escuela y no pudo verlo más.
Un año después, a los ocho, ella fue a una convención del maná y la magia, únicamente porque el lugar quedaba cerca.
——— Thalia caminó entre la multitud.
Algunas personas llevaban pequeñas máquinas o extraños componentes entre sus brazos; esas personas iban rumbo a diferentes puestos.
En muchos puestos se exhibían diferentes artilugios: una caja de metal que, si se frota por el cuerpo, permite cambiar el color de la piel; una pequeña nave de juguete que volaba alrededor de un puesto; una gigantesca espada que tenía la palanca de una moto junto al mango; una masa gris metálica que tenía escrito: Dale forma a tu imaginación.
$3 x cinco minutos de uso de Fodrick.
Se le quitará el turno si se crean figuras indebidas.
¿Qué son figuras indebidas?
Aún con esa duda, se acercó al puesto de la masa.
El porqué se debía a un recuerdo que compartió con Felts unas pocas semanas antes de que se fuera.
En una clase, un compañero preguntó sobre las habilidades mágicas de los ascendidos.
La maestra respondió primero y volvió a escribir, pero tras unos segundos dejó de hacerlo y decidió hacer la misma pregunta que le habían hecho, pero dirigida a toda la clase.
Así empezó una charla.
En un punto se habló sobre la habilidad más poderosa que podía tener un ascendido: ser maleable.
Por eso se acercó al puesto.
Cuando llegó, un chico le dio la bienvenida y le preguntó qué quería saber.
Thalia miró otras cosas del puesto; una pequeña variedad de cristales se exponían junto a pequeñas cápsulas que, según el texto, contenían pelotas que rebotaban mucho, pero Thalia solo veía borrones.
Preguntó por la masa mientras buscaba un billete de cinco; otro menor no tenía.
Cuando entregó el billete, el chico se rió con diversión y le dio el vuelto.
Después le preguntó: —¿Piensas usarlo aquí o te lo llevarás?
No sé qué podrías hacer en tres minutos llevándotelo, pero tienes la opción.
Ah, por cierto, el tiempo empieza a contar desde el momento en que pones tus manos en Fodrick —dijo con alegría.
—¿Me lo puedo llevar?
—preguntó con cierto desconcierto.
—Sip —dijo el chico.
—Entonces me lo llevo —dijo mientras extendía las manos hacia la masa, pero el chico la detuvo.
—Un momento, antes tengo que hacer algo —dijo, y arrancó un pedacito de la masa.
La moldeó, extendiéndola hasta darle un parecido a un pañuelo, y lo puso en el hombro de Thalia.
—Aclaro: esto no cuenta en el tiempo.
Bien, ya dije lo que por contrato tenía que decir, así que… ¡oye!
—se dio la vuelta y detuvo su llamado, mirando hacia la parte de atrás del puesto.
Thalia, por curiosidad, se puso de puntas y miró detrás del mostrador… Se quedó maravillada.
En la parte trasera de la tienda había un lobo y una pantera translúcidos, sus colores una mezcla de blancos y negros, peleando por un pedazo de carne.
Cosa un poco rara, ya que se veía que estómago no tenían.
Pero lo que maravilló a Thalia no fueron las bestias que luchaban, sino la joven al lado de ellas, que miraba al par con ternura.
Si se pudiera definirla en una palabra sería: hermosa.
Tenía el pelo negro y sus ojos se definían como dos piedras preciosas cuyo tono violeta dejaba ver su hermosa forma.
Su altura era muy similar a la de la abuela Yonah, un metro sesenta y cuatro, si no recordaba mal.
Para rematar, muchas mariposas translúcidas de tonos blancos y negros volaban a su alrededor.
Salió de su apreciación por un susurro del chico.
Después le silbó y la chica se giró hacia ellos; el chico la señaló a ella.
La chica pelinegra se acercó hacia Thalia, pasó el mostrador y quedó frente a ella.
Se puso en cuclillas, quedando cara a cara.
Le sonrió con ternura y le preguntó: —¿Cuál es la cosa que más te gusta de la naturaleza?
—dijo con una voz llena de calma y cierta curiosidad, muy parecida a la que tenía Thalia por las cosas nuevas.
Thalia pensó un momento y recordó el amor de su abuela por ciertas cosas.
—Los lirios y las mariposas —dijo.
La chica puso su codo en su propia rodilla y apoyó la cabeza en su mano.
La miró con curiosidad un momento y después levantó la comisura de sus labios en una tierna sonrisa.
Una de las mariposas que la rodeaban se posó en el hombro de Thalia, el mismo donde el chico había puesto el pañuelo de masa.
Después de unos segundos, la chica mostró un lirio translúcido en su mano; su tallo era blanco y sus hojas negras.
Soltó una pequeña risa y se puso de pie.
—Disfruta de Fodrick, pequeña —dijo mientras le desacomodaba un poco el pelo.
Thalia se sintió relajada ante su tacto.
La mujer en sí transmitía una gran calma y tranquilidad; parecía que solo su presencia relajaba ambientes pesados.
Asintió, dio un pequeño “gracias” y tomó la masa.
Se alejó del puesto mientras, de fondo, escuchaba algunas palabras del chico hacia la chica: —No deberías consentir tanto a tus creaciones, Elena —dijo con cierto reproche.
——— Thalia aprovechó al máximo esos tres minutos e hizo un montón de cosas.
Cuando lo devolvió, preguntó qué habilidad mágica usaron.
El chico se rió y le dijo: —No es una habilidad, es mecánica mágica.
Aunque es muy difícil de aprender, cuando lo haces puedes crear cosas tan increíbles como esta —dijo con una sonrisa.
Tal vez fue desde ese momento, o desde que la abuela alabó la mecánica, que Thalia empezó a poner más atención.
Un día, a los once años, Thalia le hizo una pregunta a su abuela.
——— —¿Qué sería lo que más te gustaría que creara usando la mecánica mágica?
—preguntó mientras dibujaba algo en el cuaderno.
Ambas estaban en la mesa: Thalia haciendo cosas en su cuaderno y su abuela tomando su clásico café de las mañanas y leyendo un libro.
Cerró el libro y se cruzó de brazos; un “mmm” constante se escuchó de ella.
—Tal vez un robot.
Un par de manos extra no viene mal a la hora de hacer las tareas del hogar —dijo mientras miraba a su nieta.
Thalia volteó hacia otro lado, un poco avergonzada.
La verdad es que su punto fuerte no eran las tareas del hogar; la cosa llegó a tal punto que la abuela Yonah ya no le dejaba hacer mucho.
Una vez, lavando los platos, terminó mandando el plato favorito de la abuela al techo.
En otra ocasión, cuidando una planta, esta terminó brillando de una forma para nada radioactiva y acabó en el techo.
——— Desde ese entonces en adelante empezó a poner gran parte de su atención en la mecánica mágica… más de la que hubiera debido.
Ella se centró tanto en el robot que empezó a pasar menos tiempo con la abuela y más en su proyecto personal.
Cuando llegó a los catorce, ella ascendió y se dio cuenta de que podía hacer cosas que nunca pensó hacer sola.
Así se centró en esos proyectos, tanto que decidió no ir a la evaluación de ascendidos.
La primera cosa que hizo fue construir un sótano en el cual trabajar.
Sus proyectos empezaron a ocupar mucho lugar en la casa y la abuela Yonah parecía empezar a molestarse un poco.
Durante la construcción del sótano fue cuando descubrió cuál era su habilidad innata.
Gracias a esa misma habilidad consiguió reforzar el sótano y parte de la casa.
Aunque fue por esto último que el rumor de que también era una ascendida empezó a circular.
El lado de la ciudad donde vivía, el lado oeste, era un lugar peculiar, ya que, comparado con el resto, la zona parecía mucho más antigua.
Y lo era: en su arquitectura y creencias.
La mayoría de las personas de la zona pertenecían a la tercera edad; personas que nacieron o incluso vivieron en las primeras décadas tras la aparición de las brechas.
Ese grupo se caracterizaba por ser, en cierta medida, conservador con el maná, la magia y los ascendidos.
Su abuela también lo era con los ascendidos, más por el peligro que suponía si llegaban a descontrolarse.
Entonces, para evitarle molestias a la abuela, se fue a registrar como ascendida.
Estuvo en las oficinas de la ASAUK por unos minutos; se registró y, cuando iba volviendo, una brecha apareció en medio de una calle, lejos de las oficinas.
Con la muy posible evolución de la brecha, las personas estaban en más peligro que nunca.
Aunque en un principio quería huir, la realización de que no llegaría a tiempo la golpeó.
Así que se quedó junto a otros cinco ascendidos.
Aunque no hizo mucho en combate, sí ayudó a que las armas de los ascendidos no se rompieran.
Todo duró no más de diez minutos, en los cuales se agotó todo su maná de tanto usar su habilidad.
Al final, los refuerzos de la ASAUK llegaron y se encargaron del monstruo más fuerte que, según uno de los ascendidos con los que compartió la batalla, se llamaba “ancla”.
Y Thalia se desconcertó con lo que pasó después.
Se le dio una clasificación de soporte y se le aumentó el rango a D.
Cuando preguntó por eso, el encargado le dijo: ——— —Te aumentamos el rango en función de tu contribución en el apoyo del equipo; por eso tu clasificación de soporte.
Igual no dejes que se te suba a la cabeza tu aumento rápido de rango.
Comparado con esa mujer, Janeht, lo tuyo no es tan impresionante —dijo con cierta admiración.
A Thalia le dio un poco de curiosidad y preguntó: —¿Qué tan rápido fue el aumento de rango de Janeht?
El hombre mostró una sonrisa nerviosa, tal vez incluso incrédula.
—Veinte minutos —dijo con incredulidad.
Thalia calculó todo el tiempo ocurrido y se dio cuenta de que Janeht le ganó por casi diez minutos, pero el encargado no terminó de hablar.
—Veinte minutos le tomó pasar del rango E al rango C —dijo.
Thalia se quedó sin aliento.
Pero no pudo pensar más, porque la abuela Yonah llegó y Thalia supo que le esperaba una larga charla y regañada después.
——— Un año después, cuando tenía quince, la abuela empezó a parecer más débil, y Thalia no creía poder terminar el robot a tiempo.
Empezó a buscar formas de hacer más fácil su trabajo, por lo que empezó a navegar en grupos de mecánica mágica.
A los pocos meses consiguió un contacto con la ciudad de Anarquía, por lo que empezó a hacer encargos con la mayor discreción que pudo.
Fue a finales de enero cuando pasó… eso… Fue… impactante, por decir algo.
Ella salió del sótano tras algún tiempo de estar trabajando; sintió una extraña sensación, por lo que fue a buscar a la abuela.
Entró al cuarto de su abuela y la vio acostada en la cama, como solía estar, pero se acercó igual… Le tocó la cara y sintió… frío.
Fue en ese momento cuando el miedo empezó a llegarle… comprobó su pulso… nada… su respiración… no existía.
Thalia dio pasos tambaleantes hacia atrás.
En ese tiempo pensó: No… Ella no puede estar… No, ella no lo está, ¿verdad?
Su respiración empezó a acelerarse y su maná empezó a hacerse visible; se distorsionó y Thalia… empezó a reír un poco.
No.
No.
Ella no está muerta.
Solo está durmiendo, jajaja.
Jajaja.
Se alejó del cuerpo a paso lento y, con un pequeño susurro, dijo: —Te dejaré dormir, abuela.
Ese día y los tres siguientes no tuvo fuerzas para hacer nada.
En ese tiempo le pareció extraño; ahora, sin embargo, sabía que era solo el hecho de que estaba conteniendo la realidad de que la abuela murió.
Al cuarto día decidió empezar a investigar sobre las armas mágicas, solo para distraerse.
Y salió, por única vez en meses, a comprar el café favorito de su abuela en grandes cantidades.
Desde ese momento solo se dedicó al trabajo de modificar el robot que crearía para su abuela.
De esta forma nació Caro.
Todo fue el mismo ciclo: trabajar, hacer café, trabajar, comer algo, trabajar, trabajar y trabajar.
Si no se terminaba desmayando, así llegó septiembre.
Donde, buscando por la red, se enteró de la chica que superó la evaluación del rango A: Alice Hellnoir.
Tiempo después llamaron a la puerta.
Cuando miró por las cámaras se desconcertó por unos momentos.
La persona que había llamado a su puerta era un chico de pelo negro y ojos violetas; su apariencia le hizo recordar a la persona que conoció hace años: Elena.
Por eso, y por la mención de Alice Hellnoir, lo dejó pasar, pero su falta de fuerzas mandó al demonio su equilibrio.
Drake la ayudó y le hizo de comer.
Y fue por su parecido con Elena, y por cómo se preocupó, que ella se abrió y habló con él durante mucho tiempo sobre Caro.
Lo único en lo que le mintió fue sobre su abuela; en esos momentos aún creía lo de la enfermedad.
Pero tras sentir el olor pútrido e ir a ver, cuando el chico, Drake, llamó a alguien por su apellido, se sintió como una llave que abrió una caja.
Ella recordó lo que le pasó a su abuela y todo desde que nació.
Pero también sintió un gran miedo por la pregunta de quién era aquel con quien Drake hablaba.
Así que, siguiendo sus instintos, se soltó de las escaleras y se dejó caer, mientras Drake terminaba de subir y recién se daba cuenta de que algo iba mal.
Thalia cayó con fuerza contra el suelo, pero se levantó y empezó a activar los procesos de Caro.
Mientras que arriba se empezaron a oír ruidos de destrucción: las paredes, la mesa, algún cristal o cerámica; todo parecía estarse rompiendo por la pelea de Drake contra quien fuera que estuviera arriba.
Tembló un poco y Thalia al fin activó a Caro.
Su torso metálico se abrió, dejando ver un pequeño compartimiento, lo justo para que ella entrara.
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