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Escuadrón 207 - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 Las dos caras de un par de monedas
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15: Las dos caras de un par de monedas 15: Las dos caras de un par de monedas Drake miró a Alice, que aún estaba balanceándose en el columpio.

Ella estuvo mirando al frente por unos segundos y después se volteó hacia él; sus ojos le dieron el visto bueno para seguir hablando.

Drake pensó por un segundo si lo que pensó sobre la condición de Thalia sería absurdo o no.

Al final decidió hacerlo igual.

—Cuando fui a buscar mis cosas en la ASAUK, me contaron que Thalia se encuentra en la última etapa de pruebas para saber su condición—empezó a jugar con sus dedos para distraerse un poco.

Alice mantuvo su mirada en él, sin aparente seriedad por el asunto; claro, sabía que no era así.

—Pero… tienen miedo, miedo de que, si llegaran a hacer esa última prueba, pueden romper su mente.

Eso me hizo sospechar aún más; se me hacía raro que nunca haya preguntado por su abuela y no mostrara reacción alguna por el estado en que terminó su casa; además de su calma a la hora de pelear, para una adolescente eso no es normal—dijo un poco rápido, tragó saliva.

Alice empezó a demostrar preocupación y comenzó a detener su balanceo.

—Eso me hizo pensar que Thalia podría tener un fuerte bloqueo en sus emociones o una indiferencia absurda—dijo con la preocupación clara.

A pesar del hecho de que la única razón por la que estaba en la casa de Thalia fue para reclutarla, al saber que ella perdió a su única familia y estaba prácticamente sola… no pudo evitar preocuparse, y más sabiendo su posible condición; pensar en cómo se sentirá la adolescente le hacía sentir una fantasmal presión en el pecho.

Alice ya se había detenido en su balanceo, mirándolo con cierto entendimiento y pena.

Alice apoyó los brazos en sus rodillas y dio un suspiro.

Después empezó a hablar.

—Eso es… una mierda, no se me ocurre nada mejor—dijo con cierta irritación.

Después sonrió un poco—.

Las condiciones son eso, algo que siempre nos quedará como un peso en los hombros, y tendremos que aprender a vivir con ello—dijo con cierta melancolía.

Alice miró hacia arriba, posiblemente pensando en algo, y ese algo mató su buen humor, por la pequeña mueca que hizo.

—Pero, en lo legal, tener una condición mental solo se toma como un medio para acortar una condena o retrasar un juicio.

En el caso de Thalia se está usando ahora para retrasar su juicio lo más que se pueda—dijo con frustración.

Drake asintió y después preguntó, sobre la duda más clara.

—Entiendo lo primero.

Pero ¿por qué se buscaría retrasar tanto este juicio?—preguntó con cierto desconcierto.

Alice soltó un largo suspiro de frustración y le respondió.

—De forma común, esto no se haría; la jefa del gremio se encargaría en persona de resolver el problema y evaluar a la persona que consiguió hacer algo.

Pero ahora la jefa se encuentra ocupada en una misión y solo quedaron—se detuvo, se formó una claramente falsa sonrisa y dijo con el odio y enojo claros—el mejor tipo de persona que puede haber: los trajeados que solo nos ven como números andantes—dijo con molestia.

Drake sintió que algo un poco más profundo salió de sus palabras, pero pudo entender su punto: solo extendían esto para que los trajeados no interactuaran con la situación.

Si se dejara llevar por los clichés y algunas noticias relacionadas con los empresarios que mueven mucha cantidad de dinero, diría que esos trajeados no solo buscarían llevar a Thalia tras las rejas, sino también hundirla hasta tal punto que no pueda levantarse más.

Eso lo llevó a hacerse la pregunta y decirla, de hecho.

—¿Qué tan bueno sería que la jefa de la milicia interviniera?—preguntó con cierto cuidado; se giró y miró a la pelirroja.

Alice no tardó ni un segundo en responder con firmeza.

—Sería lo mejor que nos podría pasar—dijo mientras se estiraba un poco—.

La jefa es el tipo de persona que juzga este tipo de actos no por los números, sino por la persona que los cometió.

Si llegas a ser una persona que hizo eso con una mala intención—colocó uno de los dedos sobre su cuello e hizo el gesto de cortarse—dejará que parte de la ira de los trajeados caiga sobre esa persona.

Si lo llegas a hacer por una razón que ella no considera mala… te da trabajo—dijo mientras movía sus piernas.

Drake solo pudo pestañear, sin entender.

¿Dar trabajo?

¿Solo porque le gustó una razón?

¡Ojalá fuera así siempre!

No todo puede ser tan bueno.

Alice continuó hablando.

—Aunque la visita al psicólogo y la ayuda pública se vuelven obligatorias; si no lo haces, se te descuentan puntos y dinero—dijo con cierto miedo por lo último.

Drake solo pudo pensar que Alice parecía tener miedo a perder dinero… o que la cantidad que se quitaba era gigante; si ese era el caso, entonces era lógico que a uno le diera crometofobia.

Ambos jóvenes se mantuvieron sentados en los columpios, en silencio, pensándolo todo.

Estuvieron unos minutos así, con el aire frío llegando cada poco, hasta que Drake suspiró y se levantó.

Alice lo miró desconcertada.

—¿Vamos?—dijo, extendiéndole la mano.

Alice la tomó y se levantó del columpio.

Cuando estuvo de pie se soltaron y empezaron a caminar, con la idea y el malestar por la situación de la adolescente aún en sus mentes.

——— Pasaron unos minutos caminando por la ciudad; en ese tiempo el efecto de los vendajes empezó a regresar, por lo que cada cierto tiempo Drake bostezaba.

Para evitar que se durmiera, Alice solía hacerle pequeños juegos o bromas para mantenerlo despierto.

Llegado un punto, pasaron por una tienda, de la cual salía al mismo tiempo un chico de no más de catorce años, con ojeras.

El chico pasó al lado de Drake y Alice, dio un par de pasos y se tambaleó; dio otro par de pasos y casi se cayó, pero se agarró.

Alice sintió que algo pasó y volteó hacia el chico.

Drake, por consecuencia, también se volteó y vio bien al chico: pelo negro, ojos marrones, labios finos y secos.

Por un instinto, activó su percepción de maná; el chico era mundano, por lo que no sintió nada y terminó soltando un pequeño suspiro.

Vio el detalle de las ojeras y cómo parecía estar muy débil.

—Malos hábitos de sueño—pensó y quiso seguir, pero un recuerdo de una experiencia previa lo hizo detenerse; se maldijo a sí mismo en su mente.

—No es mi problema—pensó, queriendo convencerse de seguir su camino.

No pudo.

Dio un paso adelante, a la vez que el chico terminó por tropezar y caer, y caminó hacia él.

El mocoso parecía poner todo su esfuerzo en ponerse de pie.

Drake llegó a su lado; el chico levantó su mirada para verlo.

Drake no dijo palabra alguna y le extendió la mano.

El adolescente mostró duda en su rostro; alzó la mano, pero después la retrocedió un momento.

Al final, la tomó y Drake lo ayudó a levantarse.

El chico era más bajo que Drake, de un metro y sesenta y dos.

—Gracias—dijo simplemente y se dio la vuelta para irse.

Drake no se lo permitió.

—Hey, chico—lo llamó; el chico se tensó un poco, pero igual se volteó—.

¿Problemas con el sueño?—preguntó con una ceja levantada.

El chico lo miró un momento con cierta cautela; a los pocos segundos su mirada empezó a dudar, se encogió de hombros y dijo, con cierta duda: —S-sí.

Evito dormir; esa c-cosa siempre me mira cuando duermo—dijo, el miedo empezando a surgir en su voz.

Drake empezó a ponerse alerta y sintió que Alice también.

—¿Esa cosa?

¿Qué es esa cosa?—preguntó tratando de sonar lo más tranquilizador que podía.

El chico tragó saliva y miró hacia otro lado.

—N-no lo sé.

Solo veo sus ojos blancos moviéndose por mi vista; a veces tiene forma de persona, a veces de un gato o algún animal—la voz del adolescente se rompió un poco; el miedo ya empezó a hacerse evidente.

Pequeñas lágrimas se formaron en sus ojos.

—Otras veces n-no… no tiene una forma… y siempre está en lo más oscuro de mi habitación—el chico empezó a intentar limpiar sus lágrimas con sus manos.

Drake escuchó en silencio; dejó que el chico descargara su miedo.

Sabía que soltar algo que tenías guardado siempre era mejor que cualquier otra opción… lo sabía muy bien.

Su cara se amargó un poco por el último pensamiento.

Pasaron un par de minutos y el chico paró de llorar e intentó secar dichas lágrimas.

Fue en ese momento cuando Drake dijo con una calma que solo alguien que puede comprender lo mismo que estás pasando puede mostrar.

—¿Cuántas noches llevas viéndolo?—preguntó mientras el chico lo miraba.

—Casi… c-cuatro… cuatro días—el adolescente tembló un poco.

Drake asintió con comprensión.

Pensó qué decir… y se rió mentalmente; si a él le hubieran dicho lo mismo —en el tiempo donde sufrió lo mismo que el chico— de lo que pensó, sinceramente, lo hubiera mandado al demonio.

Para evitar que pase lo mismo, hizo otra pregunta.

—¿Se lo llegaste a contar a alguien?

Aparte de mí y ella—preguntó con calma.

A lo último se señaló con el dedo y después a Alice.

Alice, que hasta entonces solo se dedicó a escuchar con las manos en la espalda, le dedicó una pequeña sonrisa de tranquilidad al chico.

El adolescente, que durante toda la charla tenía una pequeña tensión en él, se relajó al fin.

Al ver qué tan rápido y cuánto se relajó, Drake no pudo evitar preguntarse: —¿Cuánto lleva reteniendo su problema?— El chico dudó un segundo y después dijo, con un poco de vergüenza: —A-a nadie… esta es la primera vez— Drake asintió, comprensivo, y esta vez sí dijo lo que pensó.

—Entiendo… la parálisis del sueño es—se detuvo; dudó si era correcto usar esa palabra en esta situación.

Miró a su capitana por un segundo y después dijo—.

Es simplemente una mierda— Tanto Alice como el adolescente lo miraron un poco sorprendidos.

Drake continuó.

—No poder moverse, pero sí pensar, te da el mayor terror que el ser humano tiene: el miedo de no tener el control—se detuvo un momento y después tragó saliva; en serio era difícil hablar de este tema.

—Al momento de enfrentarlo… te seré honesto, no podemos hacer nada—el chico se volvió a tensar un poco.

Alice solo lo miró.

Drake alzó un dedo—.

Pero… lo que sí podemos hacer es evitar que esa situación comience en primer lugar—se detuvo a propósito y dejó que el chico procesara lo que dijo.

El chico mostró muchas emociones en pocos momentos: miedo, enojo, desconfianza y… una pequeña necesidad de escuchar.

El chico lo miró y Drake volvió a hablar.

—Si quieres, puedo enseñarte.

Enseñarte a evitar que ocurra—dudó un segundo, después apoyó su palma contra su pecho—.

De alguien que también lo sufrió—quitó su mano de su pecho y señaló al chico—.

A otro— El chico se quedó en silencio por algunos segundos; lágrimas volvieron a salir, pero no las detuvo.

El adolescente bajó los hombros, tembloroso, y dio un pequeño asentimiento.

——— Algunas pocas horas después, vieron cómo el adolescente, que les dijo que se llama Ethan, entró en su edificio de apartamentos.

Alice mantuvo su mirada en el edificio unos segundos tras que Ethan entrara… la verdad es que no sabía cómo empezar a hablar después de lo que pasó.

Drake tampoco parecía de humor para hablar; estaba totalmente callado, mirando a lo lejos y sin ninguna emoción aparente en su rostro.

Pensó y pensó en qué decir o hacer… pero nada se le ocurrió.

No creía que nada pudiera mejorarle un poco el ánimo a Drake.

Dudó un poco, pero terminó haciendo algo que no le mejoraría el ánimo, pero le haría saber que ella estaba ahí.

Movió su maná y tocó la cápsula de Drake, como una ligera caricia.

Drake lo notó porque la miró por un momento y después sonrió.

—Vamos.

Ya llevamos mucho tiempo fuera—dijo simplemente.

Alice no le quitaría la razón; ya eran la una de la mañana a este punto.

Empezaron a caminar, Drake delante, ella a unos pasos detrás.

El camino fue en silencio absoluto; solo el sonido del viento y algunos autos lejanos llegaban cada tanto a ellos.

Pasaron unos minutos así, hasta que Drake disminuyó la velocidad y dijo: —Fue unas semanas después… de que mi hermana se fuera a una misión… que empecé a tener pesadillas—dijo con cierta tristeza y melancolía.

Alice sintió cómo un poco del maná de Drake tocaba su cápsula, como si buscara algo en lo que apoyarse—.

Cuando no las tenía, sufría la parálisis— Drake suspiró; Alice vio y sintió, gracias al maná, cómo sufrió un pequeño temblor.

—Pasó el tiempo; un mes… luego otro… luego otro par—su voz empezó a quebrarse—.

Luego llegó el medio año… y tuve—su voz se quebró por completo.

Drake tembló con evidencia; cerró su puño con mucha fuerza, tanto que Alice se preocupó de que llegara a herir más sus manos.

Drake dio un fuerte trago de saliva.

—M-mi hermana fue declarada muerta… cuando la noticia me llegó… todo empeoró.

Las pesadillas eran más recurrentes, la parálisis llegaba a durar hasta casi las ocho de la mañana— Drake detuvo su andar.

Alice se paró a su lado; dudó un segundo, después llevó, tambaleante, su mano hacia el hombro del chico, a la vez que movió su maná para que acariciara más la cápsula de Drake.

Drake miró al suelo por unos segundos; después dijo con desquite: —Eso ya lo superé.

Ahora lo que busco es encontrar a mi hermana—se detuvo y dijo, con una voz que solo se usa cuando dices algo que no quieres admitir, pero sabes que es verdad—.

Aunque sea sus restos— Volteó a mirarla; los ojos de Drake tenían lágrimas un poco acumuladas, y le dijo sonriendo un poco: —Por eso me uní a tu equipo.

Para conseguir la aprobación y asaltar la brecha de Moscú— Dijo con decisión.

Alice no pudo evitar sentirse un poco identificada con su meta de asalto.

——— Al mismo tiempo, ajeno a lo ocurrido con Alice y Drake, en una de las oficinas de la ASAUK, en una de las tantas salas de reuniones del edificio.

Joshua tenía que contener su ira y las ganas de golpear al hombre que se encontraba del otro lado de la mesa.

Un hombre de casi cincuenta años; calvo, con solo los costados de la cabeza con pelo; sus avaros ojos naranjas recorrían las palabras de una de las tantas leyes que utilizaba para intentar mandar a juicio a la joven ascendida Brown.

A la par que hablaba, se le marcaba la papada y sus grandes cachetes se movían arriba y abajo.

El hombre era claramente alguien de mucho peso… literal y político.

Su nombre era Albert Greed, uno de los mayores ejecutivos del gremio asociado: la Milicia, o como es conocido por los propios miembros del gremio, uno de los “trajeados”.

El señor Albert ya llevaba casi cuatro horas discutiendo con los trabajadores encargados del marco legal de la joven ascendida Brown.

Él solo se encontraba en esa oficina por cumplir su rol falso de recepcionista y guardaespaldas de las personas con algo de interés de la asociación.

Joshua solo podía aguantar por el bien de todos.

El incesante ir y venir de gritos, leyes, uso de vacíos legales y más gritos estaban llevando su paciencia al límite que un ascendido podía soportar; ni quería pensar cómo se encontraban los trabajadores mundanos que se sentaron delante de él, quienes eran a quienes iba dirigida toda la avalancha.

—¡Además!—gritó Albert, con el enojo claro en su grasosa cara—.

¡Esa mocosa no es más que una ladrona que ocupó la tecnología creada y patentada por la Milicia!—Se detuvo para tomar aire y después gritó, más fuerte que antes—.

¿¡Saben cuántos dígitos perderíamos si esa información se filtrara!?— Joshua, al escuchar lo último, sintió cómo sus venas se hinchaban de rabia.

Tuvo que poner sus manos detrás de su espalda y tomar su muñeca derecha para contenerse y no soltar un golpe hacia Albert.

Aún le costaba creer que en todo lo que ese hombre pensaba era en el dinero, el poder y el control a niveles absurdos.

Una de las pobres trabajadoras a las que les tocó lidiar con Albert explotó en rabia.

—¡A ver, codiciosa bola de grasa!—gritó de enojo, levantándose de golpe y golpeando las manos sobre la mesa.

Todos en la sala la miraron con cierta sorpresa—.

¡No estamos hablando de dinero en esta reunión, sino de una persona!

¡PERSONA!

¡Alguien con un nombre: Thalia Brown!— Aunque a Joshua le encantaría poder seguir viendo el festival de insultos, incluso si le dejaran unirse a insultar a Greed, su trabajo y tapadera lo obligaban a intervenir.

Se acercó hacia la señorita, cuyo nombre era Alana, y la tomó de los hombros.

Tuvo que quitar y contener cualquier indicio de enojo en su voz y dejó solo su profesionalismo.

—Señorita Alana, por favor, necesito que se calme—dijo mientras forzaba a la chica a volver a sentarse—.

Le recuerdo, no solo a usted sino a todos los miembros presentes de esta reunión, que solo se aceptó la organización de la misma mientras todo se mantuviera dentro de estas cuatro paredes— Después tomó un poco de aire y continuó con la misma seriedad y calma que siempre practicaba.

—La única razón por la cual los temas más importantes se mantuvieron en esta habitación fue gracias a la duración de esta misma reunión—se detuvo y miró directamente hacia Albert—.

Se extendió tanto el tiempo acordado que llegamos al horario de cierre de este edificio, y lo pasamos, aclaro— Dijo, y quitó las manos de los hombros de la señorita Alana.

Pero no se detuvo ahí y continuó hablando.

—También quiero aclarar que eso no quita el hecho de que ambos, la señorita Alana y el señor Albert—Joshua sintió que se le revolvía el estómago al decir “señor Albert”—cometieron el mismo error, el señor Albert más veces que la señorita Alana.

Por lo que sugiero que esta reunión sea pospuesta para un día próximo.

La extensión de esta reunión pudo afectar la condición y el razonamiento de los presentes por el cansancio— Dijo mientras quitaba su mirada de Greed y se la daba a todos los presentes.

Todos, los nueve hombres y las seis mujeres, se miraron y después, uno a uno, dieron su aceptación.

Incluso Albert lo hizo.

Justo cuando Joshua iba a dar por terminada la reunión… Clap.

Clap.

Lentos e imponentes aplausos se escucharon.

Joshua y el resto de los ascendidos se tensaron; no habían escuchado a nadie acercarse ni abrir la puerta.

Joshua no dudó en llevar su mano hacia su arma e inyectarle maná.

Se iba a dar la vuelta y apuntar, cuando unas incrédulas y aterradas palabras salieron de la boca de Albert.

—Fa-Fa-Falki Archer…—dijo mientras temblaba como gelatina.

Esto Joshua no lo vio.

Cuando escuchó el nombre, se paralizó a medio giro.

Una mezcla de miedo y un profundo respeto le llegó al interior del alma.

El nombre de Falki Archer era uno que, para alguien de su trabajo en el gobierno, era imposible no conocer.

Una de las más poderosas e importantes exploradoras independientes del pasado; alguien cuyas acciones, en el mandato de un gremio, lo llevó de ser un gremio creado por mera propaganda política a ser uno de los gremios más temidos y poderosos.

La rango S del primer nivel y la jefa del Gremio de la Milicia: Falki Archer.

Toda la sala quedó en silencio por el shock de tan repentina aparición de esta gran ascendida.

Para algunos de la sala, probablemente, sería más respetuoso decir que una auténtica semidiosa descendió en este lugar.

La impresión por su presencia repentina no les dio chance a sus cerebros de registrar la apariencia de la mujer.

Cuando Joshua recuperó el sentido, la señorita Falki ya había cruzado toda la sala con paso calmado y se colocó detrás de Albert, mirando hacia la ventana y dándole la espalda a toda la sala.

Lo único visible en ese momento era su largo cabello turquesa oscuro, su tono claro de piel y el traje de negocios negro que vestía.

Pasó un segundo en silencio, después la señora Falki soltó una pequeña risa y dijo con respeto: —Fueron grandes palabras, ascendido Lanek.

Me encantaría poder tener esa habilidad y calma para controlar discusiones acaloradas, si soy honesta— Tras un segundo, dijo con cierta emoción y felicidad: —Aunque no tienen que preocuparse por organizar otra reunión; ya solucioné el problema— Albert palideció al escucharla y sus ojos mostraron una gigantesca ira.

—Hace algunas horas llegué al edificio.

Perdón por no pasar a saludar, pero estoy corta de tiempo, y terminé yendo directamente hacia la chica del momento, la jovencita Thalia Brown— Algunos en la sala seguían incrédulos; otros solo suspiraron de alivio y se relajaron en sus asientos.

Joshua volvió a su postura común, guardó su arma y se giró para mirar directamente a la señorita Falki.

—Hablé con ella un poco… y llegué a un veredicto— Joshua solo pudo tragar saliva.

—La joven Brown se unirá a las filas de la Milicia y hará una serie de tareas para pagar la cuota común— Dijo como una afirmación absoluta.

Uno de los hombres de la sala, aunque con nerviosismo extremo, levantó su temblorosa mano.

—Se-señorita Falki, perdone la duda, pero ¿no sería mucho para solo una adolescente?

Según tengo entendido, la “cuota común” de la Milicia son diecisiete millones— La señorita Falki empezó a tararear por unos segundos, después dijo simplemente: —Para una adolescente que haya ascendido, sí sería mucho.

Para alguien que construyó un robot de categoría militar y replicó la tecnología mágica de mi gremio en cuestión de meses, no, no es mucha cantidad— Algunas bocas se abrieron de incredulidad.

Pero la señorita Falki no había terminado.

—Eso me recuerda… ¿alguno podría hacerme un favor?— Por un segundo nadie habló ni se movió.

Al final, Alana fue quien levantó la mano.

—¿Podrías contactar con el ascendido independiente de rango E, Drake Shark?

La joven Thalia quiere tener una charla con él— Alana asintió y confirmó que sería hecho.

Una pequeña risa salió de la señorita Falki.

—Gracias, corazón— Alana se sorprendió por la forma en que fue llamada.

—Bueno, con esto resuelto, les pido por favor a todos los no ascendidos, menos Albert, que salgan de la sala— Los mundanos sintieron una ola de calma; estar cerca de una semidiosa podía hacer que la mente se volviera loca por cosas que ella misma se inventa.

La jefa de la Milicia dio el motivo de su pedido.

—Tengo un tema importante del que hablar con todos los ascendidos aquí presentes— Dijo, dándose la vuelta y mostrando una amable sonrisa.

Joshua y los otros hombres también la vieron muy hermosa.

Tras unos segundos, los no ascendidos se retiraron a sus casas.

En la sala quedaron los ascendidos y Albert.

La señorita Falki sacó sus manos detrás de su espalda, las extendió un poco y aplaudió.

En ese mismo instante, una gigantesca y extraña presión los invadió de golpe.

Una necesidad casi biológica de arrodillarse ante algo… ante alguien.

Uno de sus compañeros terminó arrodillándose.

Joshua resistió usando toda su fuerza de voluntad.

La sonrisa del hermoso rostro de Falki Archer desapareció, reemplazada por una expresión seria.

—Bien.

Ahora ya podemos hablar de lo que importa—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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