Escuadrón 207 - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 El incidente de la universidad
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2: El incidente de la universidad 2: El incidente de la universidad —Profesor Edgar… ¿yo ascendí?— La pregunta del desorientado estudiante llegó a oídos de su profesor.
Aunque Edgar hubiera querido responder y guiar a su joven estudiante en el mundo al que él mismo lo había hecho entrar, no pudo.
Un fuerte y dominante rugido surgió de la brecha.
Los tres voltearon y vieron cómo surgía de la brecha un prolhag más grande, aproximadamente del tamaño de un elefante, y más blindado que el resto.
La imponente aura y la forma en que el resto de prolhag se detuvieron a observarlo dejó ver su elevado estatus entre las bestias, posiblemente el alfa de esta manda de prolhag.
El gigante prolhag se quedó de pie un momento, mirando al trío de humanos frente a él.
Al instante siguiente, sus pelos plateados se erizaron y pequeñas chispas eléctricas aparecieron alrededor de su boca hasta formar pequeños rayos, que se extendieron por su pelaje iluminándolo con un brillo blanco.
Y como si esa acción fuera una interrupción, el resto de prolhag se lanzaron hacia el trío mientras sus pelajes se cargaban de electricidad.
Los instintos de Edgar hicieron que, en un instante, una lanza oscura de bordes plateados apareciera en su mano.
———— Al mismo tiempo que el profesor Edgar materializaba una lanza, la misteriosa Ascendida calentó sus brazos, haciéndolos brillar de la misma forma que un metal fundido.
Un instante después, desapareció en un estallido de velocidad.
Al segundo siguiente se desató el caos.
El aparente alfa de las bestias también se disparó a una velocidad tan alta que llegó a superar a sus compañeros en menos de un segundo, llegando al encuentro con la Ascendida; ese encuentro fue equivalente al choque de dos camiones a velocidad máxima.
Y de forma simultánea a esto, el profesor Edgar arrojó su lanza con una potencia parecida a la de una ballesta con un virote; la lanza impactó en la pata de una de las bestias, destrozándola e imposibilitándole continuar su carga.
Tras presenciar esto, Drake al fin pudo tomar conciencia de en qué situación se encontraba y lo mala que era, pensando fríamente.
Primero, porque la repentina aparición de la brecha no dio oportunidad de dar la alarma a las autoridades.
Eso significaba que los refuerzos ascendidos no llegarían tan pronto como se quisiera.
Segundo, solo el profesor Edgar y la ascendida pelirroja podían contener la situación de momento, porque él no tenía ningún conocimiento de combate y su único conocimiento sobre el maná no era tan confiable.
Y tercero, las malditas bestias no parecían tener un patrón que él pudiera usar para hacer algo siquiera.
Por lo que tenía, sorprendentemente, dos opciones actualmente: una lógica, pero con un resultado que no se podía saber; y la otra que no solo lo ponía en peligro a él, sino que también al profesor Edgar.
La primera opción era correr detrás del profesor y después escapar aprovechando su cobertura de lanzas.
Y la segunda era… aprender a usar maná aquí mismo y rezar para poder lanzar su maná fuera de su cuerpo.
Aunque le hubiera encantado tomar la primera opción, esta no tenía tantos puntos a favor.
El principal problema de esta opción eran las mismas bestias de las que buscaba escapar; ellas no poseían un aparente patrón de comportamiento que pudiera aprovechar.
Además, estaba el hecho de que aceptaría perder otra vez ante la brecha y cómo esta misma lo hizo sentir impotente y aterrado.
Drake sentía que no podría soportar sumar la carga de abandonar a sus salvadores a pesar de tener la oportunidad de hacer algo; aunque ese “algo” fuera minúsculo, él odiaba deberle algo a la gente.
Además, a favor de la segunda opción estaban los cambios que obtuvo tras ascender; ya que, tras todo el dolor, él podía ver, oler y sentir diferente a lo normal.
Algo invisible, intocable, algo que se movía junto al aire sin ser aire; el maná era esa diferencia.
La forma en la que el maná estaba en el medio ambiente era similar a una pieza que completaba un tablero que no parecía incompleto hasta que esa pieza apareció y dejó ver la única casilla que no era abarcada por el resto de piezas.
Esa fue una forma en la que se definía al maná y también la manera más fácil de manipularlo: tratándolo como parte de uno mismo o, mejor dicho, tratándolo como una extensión de tu instinto e imaginación.
Al pensar esto, Drake se levantó del suelo, bajo la mirada del profesor Edgar, y cerró los ojos.
—Entonces, al final elegí la segunda opción —pensó con una pizca de diversión.
Cuando Drake cerró sus ojos, se centró en sus recuerdos y empezó a comparar las sensaciones que sentía con las que sentía en ese momento para encontrar la diferencia.
Pasó un segundo y Drake lo encontró: la pequeña, efímera incluso, sensación de algo recorriendo lugares que solo recorrería la sangre.
Se concentró en ese algo y empezó a sentirlo, moverlo por su cuerpo, deformarlo hasta que tomara la forma de algún órgano, cambiar su temperatura y la intensidad de la pequeña sensación de hormigueo que lo acompañaba.
Drake se dio cuenta de que el maná era ese algo.
Sabiendo y entendiendo esa información, Drake abrió los ojos, vislumbrando el caos a su alrededor.
Las bestias aún se encontraban en movimiento, esquivando el bombardeo de diferentes armas arrojables del profesor Edgar.
A lo lejos, la ascendida pelirroja se enfrascó en una batalla de acometidas contra el alfa.
Y cerca de él, una de las bestias heridas trataba de alejarse de la zona donde fue impactada por un kunai oscuro.
Drake, más por resentido que por otra cosa, lo eligió como su blanco de experimentos.
Extendió el brazo a la vez que daba una orden a su maná.
Cuando se extendió por completo desde su hombro, emanó una luz azul; pequeñas chispas eléctricas salían de sus poros y un hormigueo empezaba a formarse en la misma zona.
En ese mismo instante dio la más importante y simple orden: moverse a la máxima velocidad que pudiera.
Al instante siguiente, la luz azul se movió por todo su brazo y, cuando llegó a la punta de sus dedos, un rayo salió despedido de su cuerpo.
El profesor Edgar, quien mientras tanto se encargaba de alejar a todas las bestias, en el instante en que el rayo de electricidad salió de su brazo le dedicó una pequeña mirada de reojo; su mirada reflejó su clara sorpresa.
El rayo tardó menos de un instante en recorrer la distancia entre Drake y una de las orejas de la bestia; el rayo prácticamente carbonizó la mitad de la oreja y después continuó.
Impactó con el suelo en el medio instante después.
Drake se quedó mudo por las sensaciones que sentía y también por la mirada e intención asesina proveniente de la bestia y de siete de sus compatriotas.
No hizo falta decir que las ocho bestias se lanzaron contra él en ese mismo instante.
De forma simultánea, Drake se lanzó hacia la derecha y el profesor los bombardeó con una lluvia de oscuras flechas.
En el segundo de seguridad que tuvo, Drake pensó una opción para seguir atacando a las bestias.
Ya que la única razón por la cual su ataque “impactó” en la bestia fue debido a que estaba débil y más concentrada en evitar las armas oscuras, además de que tuvo tiempo para dar las órdenes específicas y la potencia con la que se ejecutarían.
Ahora, sin embargo, no contaba con tanto tiempo.
Y hablando de tiempo, aún tenía que definir qué podría sustituir el arrojar energía.
Drake miró a su alrededor en busca de cualquier cosa que lo ayudara; lo único que, aunque fuera poco, podría ser útil serían los pequeños fragmentos de escombros esparcidos por el suelo.
Ya que las armas o proyectiles que el profesor creaba desaparecían a los pocos segundos, eso significaba que mantenerlos costaba maná, y Drake no era tan bastardo como para pedirle que le diera un arma habiendo deducido esto.
Y hablando del profesor, Edgar le arrojó una cuerda oscura, envolviendo a Drake por la cintura, y en esa fracción de segundo tiró con una fuerza sobrehumana.
Al segundo siguiente, dos seres se impactaron contra el suelo con la potencia de un camión; claramente eran la ascendida pelirroja y el monstruo alfa.
Cuando cayó al lado del profesor, este mismo le dedicó una mirada desaprobatoria y algo decepcionada.
—Entiendo que ascender puede generar que uno no sienta la sinfonía entre la mente y el cuerpo —dijo con un tono algo enojado.
El profesor no pudo continuar debido a uno de los monstruos que se abalanzó sobre él, para que al segundo siguiente fuera empalado por un par de lanzas que salieron de la sombra del profesor.
Y como si nada hubiera pasado, Edgar continuó: —Pero en serio creí que los segundos que te di serían suficientes para que te estabilizaras y te fueras— Nuevamente, más monstruos se lanzaron contra ellos, pero esta vez fue Drake quien atacó.
Los monstruos recibieron una lluvia de piedras recubiertas de electricidad, haciendo que se llevaran buenas heridas y deteniendo su avance.
Drake miró al profesor.
—Puedo ser de ayuda, profesor… aunque sea tirando piedras— Se calló un segundo, tomando más piedras, y después dijo casi en un susurro.
—Además, ya me salvaron muchas veces tú y esa chica; sería grosero si no devolviera el favor— ——— Ante las palabras de su alumno, Edgar quiso reprenderlo por lo incoherentes que fueron sus palabras.
Pero al final no podía negar un punto importante: desde que empezó a tirar puñados de piedras, las bestias han tenido que esquivar más, cansarse más por consecuencia, y eso era una gran ayuda.
Pero él sabía que quien necesitaba que su enemigo gastara más energía no era él.
Miró de reojo a las luces rojas que estaban en constante choque con la electricidad azul y dio un pequeño suspiro mientras volvía a mirar al joven Shark.
—Bien, te quedas, pero quiero que estés dentro de mi visión y que concentres todos tus ataques hacia el prolhag alfa, ¿entendido?— ——— Cuando escuchó las palabras del profesor, no dudó en dar un rápido asentimiento y girarse en dirección al combate entre… —¡¡Alice, prepárate!!— gritó el profesor de repente.
El combate entre los que recién se enteró que se llamaban Alice y el prolhag alfa.
Ellos se encontraban en un choque constante; Alice siempre trataba de rodear o engañar al prolhag y poder conectar un buen golpe en una de las pocas partes no blindadas; el prolhag, por otro lado, cargaba como un toro hacia la pelirroja y llegaba a hacer algunos giros o movimientos con una agilidad comparable a la felina.
Drake se encontró con la tarea de bombardear al prolhag en medio de su salvaje y, sobre todo, rápido combate; sin tener que dañar a Alice, cosa difícil, ya que ella en un solo movimiento parecía aparecer en cinco lugares diferentes.
Pero algo le hizo poner más atención en la pelea: fue una sensación, la sensación de ser observado por un momento.
Alice le demostró sin ninguna palabra que podía centrarse en él un momento y, viendo lo rápido que se movía, posiblemente también poder reaccionar en base a lo que hiciera.
Drake sabía que lo mejor que podían hacer era deshacerse lo más rápido posible del prolhag.
——— Alice, desde que inició el combate contra la brecha, buscó mantener y extender el combate tanto como pudo, para que llegaran los refuerzos ascendidos.
Pero su plan se fue al caño cuando se dio cuenta de que un chico pelinegro estaba siendo afectado por la absorción del portal y, para que todo fuera de mal a peor, el prolhag que había herido se encontraba acercándose con intenciones no muy buenas.
En ese momento lo único que pudo pensar, en medio de su repentino pánico, fue: —¡No!
¡No!
¡No!— Pero afortunadamente, una conocida lanza oscura atravesó y borró la cabeza del prolhag.
Eso la alivió mucho; si papá se encontraba aquí, significaba que el chico estaba seguro.
Por lo que se prometió matar un par de prolhag en nombre del pobre chico.
Al final, ella odiaba que la gente sufriera.
¡Lo odiaba!
¡Muchísimo!
Y eso intentó: hirió a una parte antes de sentir que fue golpeada por un camión.
Ese supuesto camión era el prolhag alfa, quien se ganó su más profundo odio debido a que la estrelló contra una máquina dispensadora y terminó bañándola en múltiples jugos y refrescos; deliciosas frituras también.
Pero lo que la enojó y la aterró, en cierta medida, fue que su ropa estaba manchada mires donde mires, además de que sin querer terminó carbonizando sus mangas.
Eso significaba algo terrible… papá se enojaría con ella.
Se detuvo un segundo a propósito para saber qué tan grande sería su regaño—los daños que había sufrido; en lo segundo estaba prácticamente sin ningún daño, pero en lo primero… que Dios se apiade de ella.
Eh… ¡me estoy desviando!
Cuando salió de la máquina iba a volver a la batalla de inmediato para que las bestias no avanzaran; definitivamente no porque no quería que su papá viera su estado, definitivamente no.
Pero su mala suerte la llamó de nuevo y su papá la llamó antes de que pudiera escapar—protegerlo.
Cuando miró en su dirección, casi le da un ataque de pánico al ver el estado del pelinegro.
Estaba cubierto por el maná de papá; eso era malo.
¡Muy malo!
¡Su estado era mucho peor de lo que pensó al principio!
Antes de que empezara a culparse, con una razón totalmente justa por el estado del chico, su papá le dijo que sacara el cristal de maná del cadáver del prolhag.
Si ya de por sí había roto su ropa, no haberse dado cuenta del estado del pelinegro—que creía que se llamaba Shark, por una mención de su papá hace algunos meses, un nombre raro si le preguntaban—y sumar no obedecer una orden de papá a la lista del regaño no era algo que quería.
En un segundo apareció al lado de papá y arrancó el cristal del cadáver del prolhag.
Después tuvo que romper una de sus puntas y verter el líquido interior en la boca del chico.
Durante todo el proceso se disculpó hasta por respirar cerca de Shark; tranquilamente le estaba quitando aire vital para su supervivencia.
Y ella casi soltó un chillido de asombro al ver cómo él empezó el proceso de Ascensión solo un par de segundos después.
Aunque le hubiera encantado bombardear a preguntas a Shark sobre qué habilidades creía que tenía y cosas por el estilo, el maldito prolhag alfa decidió ordenar a su maná que fueran con todo.
Eso le hizo recordar todo el enojo y odio que acumuló por la bestia.
No dudó en calentar sus brazos y salir disparada contra el alfa; chocaron de nuevo, y de nuevo ese choque dolió como el infierno… ¿mencioné que el primer choque dolió como el infierno?
¿Verdad?
Igual, ella estaba segura de que al prolhag también le dolió como el infierno, ya que ella era una de las pocas mujeres que podía llamarse una mujer de acero, debido a su habilidad innata… … ¡Espera!
¿¡Y si la habilidad innata de Shark es poder leer mentes y él sabe todo lo que estuve pensando este tiempo!?
¡Pon la mente en blanco, Alice!
¡Pon la mente en blanco!
… ¿Sabes qué?
Mejor no.
No quería sufrir heridas innecesarias por un estúpido pensamiento.
Y rechazar esa idea fue lo que le permitió darse cuenta de la dirección del ataque del alfa, esquivando el zarpazo con un salto hacia atrás.
Al estar a unos metros del prolhag, Alice miró alrededor.
La situación actual era un poco desalentadora: Shark se estaba empezando a cansar por la cantidad desproporcionada de maná que utilizaba para tirar las piedras; papá estaba siendo asaltado por casi trece prolhag y los servicios de emergencia junto a los ascendidos no daban indicios de aparecer.
Y aunque Alice quisiera terminar todo ahora mismo… no podía.
Ella podía moverse mucho más rápido que el prolhag; lo que no podía hacer era dañar de forma tan significativa a la bestia en las zonas no blindadas, ni hablar de las blindadas.
Le faltaba más fuerza, más poder para poder atravesarlo.
Pero eso era un problema: ella no tenía una forma de aumentar su fuerza sin llegar a quedar inútil después de un único golpe.
Lo que la limitaba era su propio poder: el calor.
Si Alice llegaba a calentar más su cuerpo, este empezaría a sufrir las consecuencias de la elevada temperatura.
Su única opción era darlo todo en un solo golpe.
Para hacer eso debía potenciar su calor y, para potenciarlo, debía extender su maná a las únicas dos zonas donde lo había hecho antes: su sangre, que al calentarse llevaba más rápido a sus órganos a cocinarse mientras funcionaban; y su oxígeno, el cual al calentarse no solo duplicaría el daño a sus pulmones, a la vez que dañaría su propio cerebro.
Pero la consecuencia de hacer eso sería quedar indefensa durante unos momentos.
Además, no podría hacerlo de golpe… ¿qué haría Shark si de repente se desploma?
Lo miro un momento, analizando si su aviso saldría a tiempo.
Pero si continuaba pensando se quedaría sin tiempo…
¡Ah, al demonio con todo!
—¡Oye, Shark!— Grito mientras empezaba a mover su maná en la dirección que quería.
Shark le dedicó una mirada, esperando que continuara, sin cesar su lanzamiento de piedras eléctricas.
—¡Cuando impacte al alfa, cúbreme con todo!
¡Cinco segundos como máximo!— Grito mientras el calor empezó a hacer que su sangre hirviera y el aire que tenía en sus pulmones empezó a desaparecer; comenzó a convertirse en el combustible que necesitaría.
En el mismo segundo, sus brazos brillaron con más intensidad y ella desapareció en un estallido de velocidad.
La propia Alice tuvo un pequeño problema para ubicar a qué lugar se movía.
——— Tras las palabras de Alice, ella desapareció como un borrón y lo siguiente que supo es que un intenso calor salió de…
el Prolhag, o mejor dicho, del puño rojo que sobresalía del cráneo: el puño de Alice.
La bestia alfa, el más fuerte de esa manada de monstruos infernales, había muerto así como así.
Pero no tuvo tiempo de procesar lo ocurrido porque la bestia cayó sobre Alice, quien empezó a dar una gran bocanada de aire.
Puede que el alfa esté muerto, pero el incidente aún no había terminado.
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