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Escuadrón 207 - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 Los días antes de Anarquia III
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22: Los días antes de Anarquia (III) 22: Los días antes de Anarquia (III) Tras el hundimiento de la vieja Londres hace ya setenta años, el gobierno se vio forzado a erigir titánicos pilares de tierra como base para el terreno de la nueva ciudad de Londres.

En la teoría quedaba bien, pero en la práctica ocurrió otra cosa; el miedo por la semana del cataclismo hizo que las personas se negaran a volver al mismo territorio donde antes estuvo la antigua Londres.

Por miedo a perder la ciudad más reconocida del mundo, el Reino Unido e Inglaterra reconstruyeron la nueva Londres en otro sitio.

Más al norte de la antigua ubicación, la nueva Londres se erigió.

La antigua ubicación de Londres se abandonó y empezaron las discusiones sobre qué hacer con ese territorio, pero antes de que se pudiera hacer nada la naturaleza realizó sus propios planes.

Debido a las grandes cantidades de mana residual que quedaron tras la batalla de los dos rangos S y al brazo cercenado de uno de esos rangos S; un gigante y denso bosque creció y abarcó todo el lugar donde antes se ubicó la antigua Londres.

Ese bosque a día de hoy es conocido como el Bosque de la Contienda.

Un lugar que pasó a ser uno de los lugares turísticos más grandes del planeta.

Por esa misma fama turística fue que algunos buscaron vender diversos productos sobre o de ese bosque.

Una de esas personas es Colín.

Colín miró su pequeño puesto de regalías con algo de nostalgia; una pequeña mesa plegable con un mantel blanco cubriéndola; con algunos objetos hechos de la madera del bosque encima, esculturas, cubiertos, adornos.

No eran ni los más sofisticados ni los más bonitos, pero se notaba su origen casero y hecho a mano pura.

Colín suspiró al ver su pequeño puesto, no pudo evitar sonreír al recordar su comienzo junto a su amigo, el jorobado, le decían.

Ambos amigos, ambos recién jubilados, poniendo un puesto al lado del camino y haciendo torpes intentos de realizar una figura creíble.

En esos momentos no vendían casi nada, pero no negó que se reían como nunca con los pocos que se detenían a ver sus “obras”.

Pero el tiempo los alcanzó y el Jorobado se quedó atrás.

Colín no negaría que se deprimió un poco y lloró un montón por la pérdida de su amigo.

Pero el recuerdo de él lo hizo volver a levantarse y seguir con este entretenimiento de viejos jubilados.

Al final se encontró casi todos los días a las nueve de la mañana alzando el pequeño puesto de venta.

Aparte de hacer y vender cosas de madera, también espera a las personas que más hicieron reír al Jorobado para darle un objeto suyo.

Como el Jorobado no tenía a ningún familiar, este pasaba todo su tiempo con amigos; y es por eso que le pidió que le diera un objeto suyo a ciertas personas…

o que lo vendiera y dejara de aferrarse a un tipo del pasado.

Aparte el Jorobado también era alguien que creía en recordar pero no aferrarse.

Es por eso que Colín puso una caja con sus cosas al lado del asiento donde se sienta por horas.

Si llegara a pasar mucho tiempo, Colín tomaría la dolorosa decisión de poner la caja en la mesa y vender su contenido al precio que el comprador quisiera.

Pero de momento no haría nada y la mantendría ahí, escondida pero si alguien preguntara él la mostraría, y saludaría a las personas con una sonrisa.

Al fin y al cabo sonreír cuesta lo mismo que criticar.

Y eso mismo fue lo que hizo cuando vio a alguien ponerse frente a su puesto.

Ese alguien es un peculiar chico; sin duda era joven, puede que de dieciocho o algo menor; de camiseta negra, pantalón gris y zapatillas deportivas rojas, algo oscuras.

Pero lo que sin duda llamó más la atención a Colín fue su pelo; negro en un poco más de la corona y blanco en el resto del pelo, algún minúsculo mechón en negro.

El joven se encontraba mirando una de las esculturas, un cuervo sin pintar aún.

Luego se giró y miró al viejo vendedor, y Colín solo pudo pestañear para comprobar si no estaba alucinando, los ojos del chico se veían de distinto color: uno rojo y el otro violeta.

El joven de apariencia extravagante alzó una mano y señaló a algo al lado de Colín.

—¿Qué hay en la caja?

—preguntó con una calma fría y, en contradicción, algo infantil.

Colín tuvo que darse un momento por la repentina aparición.

Después tosió falsamente y miró a donde el joven señaló.

El jubilado no pudo evitar sentir una presión en el pecho al ver cómo el joven señaló a la caja con las cosas del Jorobado.

Aún manteniendo un poco la sonrisa, cumplió lo que se prometió, y alzó la caja al mostrador.

—¿Esto?

Son cosas viejas de un antiguo amigo —explicó mientras abrió la caja y mostró el contenido—.

Las vendo por petición suya…

no era el tipo que quería que le lloraran —dijo con algo de nostalgia.

El joven se quedó en silencio.

Luego asintió y se disculpó.

Ante eso Colín alzó ambas manos y las movió un poco.

—No te preocupes, es el curso natural de las cosas.

Además…

tuve a los que me importaban para afrontar el duelo —intentó consolar como pudo, Colín no era bueno para este tipo de cosas.

El chico volvió a asentir; Colín se dio cuenta de que su mirada cambió a una más pensativa y comprensiva.

Por las dudas para no querer abrir una herida y perder un posible cliente; no mencionó nada y continuó mostrando el contenido de la caja.

Tras unos minutos en los cuales Colín solo mostró y explicó los objetos.

Tuvo que sacar el último.

—Y este…

es lo más preciado para ese amigo —dijo mientras sacó una prenda de ropa y una tela negra.

Extendió la prenda y reveló una simple gabardina de tono marrón claro, su material es tela.

—Esta gabardina la hizo mi amigo por mano propia; buscaba algo cómodo y que le sirviera para todo.

Así que esta cosa está llena de bolsillos y tiene capucha con un bolsillo interno, por alguna razón —expuso con cariño a la prenda.

Las manos de Colín fueron estirando la prenda, quitando las pocas arrugas que podían formarse.

El joven de cabello extravagante miró la prenda por unos momentos, luego extendió la mano y tocó una de las mangas; comprobó algo al frotar dos de sus dedos en la gabardina.

Después llevó su mano hacia sus bolsillos.

—¿Cuánto por la gabardina y la tela?

—cuestionó sacando algunos billetes sueltos.

Colín suspiró y volvió a sentarse, ambas manos sobre su barriga.

—Lo que quieras, mientras me pagues —dijo sin más.

El chico paró en seco y miró al viejo.

La sorpresa y dudas claras en su rostro, Colín emitió una minúscula risita y luego acarició un poco su barba canosa.

—Sé que parece feo.

Pero fue su petición, mi amigo era alguien a quien no le gustaba estancarse y estancar a los demás.

Me dio la condición de vender sus cosas por el precio que quisiera el cliente —explicó, la melancolía escapando de su voz.

El chico se quedó en silencio y después tragó claramente, sus manos volvieron a sus bolsillos y sacó más billetes.

Acomodó todos en un fajo y se lo dio a Colín.

El viejo Colín tomó el fajo en silencio y lo contó, sin razón alguna aparte de la curiosidad.

Al terminar, el número fue claro: 120 libras redondas, algo menos de lo que el Jorobado gastó en crear solo la gabardina.

Colín asintió y dejó que el chico tomara la prenda.

El joven de pelo blanqui-negro se colocó la gabardina, le quedaba algo larga, las puntas casi llegando a sus talones; las mangas le quedaban holgadas.

Más parecía una túnica en el cuerpo de ese joven.

Pero el chico no se quejó.

El joven empezó a arremangarse y fue en ese momento donde Colín se dio cuenta de los oscuros y opacos vendajes en el antebrazo del joven.

Vendajes mágicos.

Colín no pudo evitar preguntarse en su mente.

—¿Cómo se habrá hecho esa herida?

¿Será un ascendido?

—se preguntó.

Mientras tanto, el joven consiguió de alguna forma acortar el tamaño de la gabardina doblando algunas partes.

Usó la tela negra para sostener lo modificado y ocultó el nudo dándole la vuelta; pareciendo la tela una faja.

El joven miró su apariencia por un momento y luego le extendió la mano a Colín, este la tomó en respeto.

—Señor, le aseguro que la cuidaré como si fuera mi vida —prometió el joven con voz decidida.

Colín solo pudo asentir, en el silencio no pudo evitar agradecer al joven.

De paso rezó por el bienestar del recuerdo del Jorobado.

El joven emprendió camino otra vez a una parte del bosque.

Desapareció al cabo de unos minutos.

Colín lo vio partir.

——— Caminó en silencio, escuchando cada sonido que el bosque emitía, Drake no pudo evitar sentir paz por el ambiente.

En el bosque de la Contienda, o cualquier lugar con mucho mana en realidad, el cambio de temperatura es más drástico y se siente más.

Ahora, en las últimas horas del verano, el frío empezó a ir en aumento y el viento movió la temperatura hacia la ciudad.

Fue por eso que terminó comprando esa gabardina, sabía que le quedaba muy grande, pero el frío le ganó…

la historia de la gabardina también.

No negaría el hecho de que sí hay bastantes bolsillos y compartimientos en la prenda.

Pero se lamentó el tener que prescindir de los compartimientos más accesibles al hacer los dobleces y ajustar con la tela.

No era como si llevara mucho, solo un par de cuchillos que tomó de su casa y Forhax, que dejó más adentro del bosque.

Drake se encontraba en el bosque: no para entrar en Anarquía, no para entrenar con Alice, sino que estaba en el bosque para probarse.

Drake creía que necesitaba probar el peligro otra vez, para saber si necesitará crear otra artimaña para Anarquía, y para eso decidió…

asaltar su primera brecha.

Hace un par de días se abrió una brecha en los límites del bosque, antes de que la ASAUK pudiera mandar gente o a algún gremio para contenerla; algunos ascendidos independientes tomaron la responsabilidad del asalto de la brecha y mandaron una solicitud para llenar espacios en el equipo.

Drake leyó ese anuncio y le estuvo siguiendo la pista hasta ayer por la noche, donde mandó su solicitud para ser el carguero del asalto.

Por eso estaba aquí, su solicitud fue aceptada.

Le dieron las condiciones de que debía traer armas y comida propia, solo para su propio consumo, Drake las trajo claramente; solo que más temprano en la mañana.

El día de hoy tenía pensado asaltar esa brecha y, dependiendo de cómo saliera de ahí, pensaría en si ir a Anarquía este mismo día o no…

pero primero que todo salir vivo del asalto.

Drake tomó un pequeño desvío hacia unas hojas, las removió y reveló una mochila metida en un agujero; su mochila con Forhax asomando del interior.

Tomando la mochila la dejó en suelo, la abrió y sacó a Forhax junto a una funda de hacha que improvisó durante el entrenamiento con Alice.

Le costó un poco encontrar el movimiento para sacar el hacha sin romper la funda.

Pero lo consiguió, solo le faltó atarlo a un arnés —que también improvisó— y eso terminó en esta cosa que de milagro podía llamarse funda y arnés.

Pero peor es nada.

Drake se llevó el hacha a la espalda y ató el arnés, dejando la tira de cuero pasarle por el pecho y la cabeza del hacha quedando en su hombro.

Con esto hecho colocó algunas cosas en los bolsillos, se puso la mochila y emprendió rumbo al lugar acordado.

Apuró el paso por si llegaba tarde, ya se acercaban las tres de la tarde.

Caminó por un par de minutos hasta que a lo lejos vio a un grupo de gente reunida.

Drake se detuvo un momento y se colocó la capucha.

Luego continuó caminando.

Al entrar en la zona fue recibido por las miradas de algunos de los integrantes, algunas miradas eran de curiosidad, otras de burla y la última de análisis.

Diez miradas de diez personas distintas.

Drake solo ignoró las miradas, menos una; la de la persona con una tableta y bolígrafo en mano.

Un hombre de piel bronceada; pelo azabache corto; ojos marrones con pupilas horizontales; de complexión robusta y musculosa; en su cintura cuelgan un par de manoplas plateadas.

Acercándose al hombre, este lo miró con curiosidad por un momento.

Después tosió y le extendió la mano a Drake.

—Un gusto.

Tú debes ser el postulante a carguero —se presentó con una sonrisa de oreja a oreja.

Drake tuvo que contener el temblor al ver su expresión.

Pero de igual forma estrechó la mano del hombre.

—El gusto es mío señor…

y sí soy el carguero —se presentó con algo de nervios, pero luego su tono cambió a uno más serio—.

¿Qué debo firmar?

—preguntó sin más.

El hombre robusto aligeró un poco su sonrisa y se rio por lo bajo.

Sus manos movieron las hojas hasta llegar a la última, le extendió a Drake la tableta y el bolígrafo.

Drake tomó el par de objetos y se dedicó un momento a leer los términos.

Eran los mismos de siempre en realidad: se niega las denuncias de familiares por la muerte del sujeto, mantener la información como estrategias de combate y capacidades individuales en secreto.

Pero hubo uno en el que Drake sintió frío recorrer su espalda.

Un término que no hablaba de condiciones sino del contenido, de lo que habría en el interior de la brecha…

bestias…

humanoides.

La mano de Drake tembló un poco al releer el punto.

Pero luego cerró con fuerza la boca y se forzó a firmar.

Él había decidido hacer esto, así que lo haría y lo iba a superar.

Le devolvió los objetos al hombre robusto, este revisó un par de cosas y luego bajó los objetos.

Tomó un poco de aire y…

—¡Bien todos!

¡Hagan un círculo!

¡Discutiremos los detalles de este equipo!

—llamó con la sonrisa de oreja a oreja y con emoción.

Drake tuvo que taparse los oídos, pudo ver que otras dos personas hicieron lo mismo.

A los pocos segundos todos terminaron en un círculo.

El hombre robusto se llevó una mano al pecho y empezó a hablar.

—Bien todos, me presento para los nuevos: soy Marcus.

Ascendido de rango D del sexto nivel y capitán de este equipo —se presentó Marcus con emoción.

Luego señaló a la brecha detrás del círculo de personas.

—Como verán claramente, asaltaremos esa brecha de rango D.

Es débil así que no habrá problema, pero de igual forma tomaremos precauciones; yo actuaré como la punta de vanguardia del grupo —explicó con algo de seriedad, pero sin quitar su emoción.

Tras eso empezó a nombrar a cada miembro y su rol en el grupo, basándose en los documentos de la ASAUK.

De los once presentes, contándolo a él mismo, sintió más curiosidad por tres.

El propio Marcus, ya que más parecía un luchador de cuerpo a cuerpo como Alice que un luchador de bloqueo —o comúnmente llamado tanques— pero su seguridad al actuar y hablar le hicieron creer que tenía algo que no estaba contando al grupo.

Los otros que llamaron su atención son unos gemelos; un chico de la edad y altura de Thalia llamado Felts, que por alguna razón tenía muchas capas de ropa encima y de igual forma tiembla; y una chica un poco más alta que su gemelo llamada Paola, vestía ropas ligeras y tenía un par de dagas en el costado de la cadera.

Por la presentación que dieron; Felts es de rango D del quinto nivel y cuenta con habilidades curativas; Paola posee el mismo rango y nivel que su gemelo pero con la diferencia que ella es atacante de corta y larga distancia.

Ambos de por sí atraían mucho la atención por su apariencia; piel pálida; ojos color miel y cabellos rubio pálido, casi parecía blanco.

Pero sus presentaciones también atrajeron atención positiva del grupo, un sanador siempre es bienvenido a cualquier equipo y alguien que podía estar en la cercanía del combate o apoyando a lo lejos sin duda es útil.

Pero el tiempo eventualmente también le llegó a Drake, debía presentarse.

Cuando Marcus lo mencionó como el carguero, Drake tomó un poco de aire y abrió la boca.

—Mucho gusto a todos.

Me llamo Vals Nether—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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