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Escuadrón 207 - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 La Primera brecha
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23: La Primera brecha 23: La Primera brecha Drake tomó el objeto mágico que Marcus le dio: una pequeña caja metálica con un círculo gris en su centro; runas grises le daban sus encantamientos por los costados.

Dicha caja era lo que los grupos independientes les daban a los cargueros asignados para facilitar la movilidad.

La movió un poco entre sus manos, probando el peso y pensando en qué compartimento debería ir.

Al final terminó colocándola en uno de los bolsillos interiores de la gabardina.

Drake se estiró un poco, listo para lo que se venía, listo para el asalto.

Miró cómo Marcus se colocaba las manoplas y volteó a ver al grupo, su tétrica sonrisa de oreja a oreja presente.

—¿Listos?

Porque si no lo están… recen salir vivos —dijo con una exagerada y teatral voz tétrica.

Los que conformaban el grupo original solo se rieron o le dijeron a Marcus que no molestara a los nuevos.

Mientras tanto, los nuevos no tuvieron reacción alguna ante su acto.

Marcus se rió por la falta de reacción y luego dio un suspiro nervioso; juntó sus manos y tronó sus dedos.

La imponente y robusta figura de Marcus dio un paso al frente, como si se tratara de un grupo de hormigas exploradoras siguiendo al jefe; todo el grupo siguió su ejemplo, dando un paso hacia el domo.

Los pasos se empezaron a aumentar; cada vez más, el grupo se acercó al domo.

Drake no pudo evitar recordar la última vez que estuvo tan cerca de un domo y de una brecha: esa vez casi muere, en esa misma vez consiguió su ascensión, la misma vez… en que su objetivo se hizo tan claro como el agua de un manantial.

Su mirada se mantuvo en el domo transparente; lo analizó y buscó cualquier señal de una grieta.

Eso lo mantuvo firme a pesar de que sabía que no pasaría nada.

Marcus y el resto siguieron el paso y atravesaron el muro translúcido como si nada.

Drake mantuvo el ritmo a pesar del pequeño frío y las dudas que le recorrieron al estar tan cerca.

Al atravesar la barrera volvió a sentir una sensación; esta vez pudo describirla mejor, sentirla mejor: una sensación etérea y ominosa… pero, en contradicción, familiar y atrayente.

Drake no supo si las últimas sensaciones venían del mana, por la ascensión o por algo más; lo que sí supo fue que no debía dejarse calmar por esas sensaciones.

A donde iría al cruzar la brecha, muy probablemente, sería un lugar donde su único objetivo sería matar o aprender, tal vez incluso ambas cosas.

Otra cosa que supo fue que ya se encontraba frente a la brecha dimensional: su interior; la más pura oscuridad que la humanidad jamás llegó a pensar.

Alrededor de la grieta se sentía… vacío, prácticamente no se sentía nada, no había sonido, no había frío, no había calor, no se sentía el viento correr.

Drake no pudo evitar pensar en que, tal vez, esta sea la capa más cercana a la versión más pura y estéril de la realidad.

Quitando el pensamiento de su mente, dio un suspiro y luego extendió la mano; la sensación de su mano se fue desvaneciendo mientras más la acercaba —Drake tuvo que contener el instinto de alejarse de un salto— y eventualmente su mano «tocó» la brecha.

Al momento en que su palma tocó… la nada, Drake sintió una sensación fugaz; tan rápido que ni pudo reconocerla.

Y algo que le costó reconocer fue el hecho de que ya no se encontraba en el bosque ni frente a la brecha.

De hecho, ya no se encontraba en la Tierra o en cualquier lugar con materia visible.

Oscuridad, una profunda e infinita oscuridad era lo único que veía; su mano que antes había estado extendida frente a él desapareció; el peso de la mochila y Forhax también se desvaneció; podía sentir que veía, podía sentir que escuchaba, podía sentir que pensaba, podía sentir que sentía… pero no podía sentir su cuerpo, no podía sentir sus ojos, no podía sentir el latir de su corazón, no podía sentir nada de su cuerpo.

No de la forma común, sino de una forma que solo se podría describir como: vacío, nada, inexistente.

Podía pensar, podía imaginar y podía recordar, pero no sentía su cerebro.

Esto… ¿es lo que se siente pensar sin un cerebro?

Lo único que era claro es que su mana estaba igual que antes.

No aumentó, no disminuyó ni se alteró; solo permaneció.

Esto llevó a Drake a preguntarse: ¿podré explorar el vacío?

¿Podré explorarme a mí mismo?

La idea en su «mente» lo llevó a dar órdenes y percibió cómo su «consciencia» se movía hacia un punto imposible; hacia adentro de su «pecho» pero a la vez se movía a lo profundo de la oscuridad, alejándose y acercándose de su «cuerpo» a la vez.

La curiosidad empezó a picarle cada vez con más fuerza, las posibilidades endulzaron su juicio y la idea de buscar permanecer en este espacio se hizo mayor.

¿Por qué no quedarse aquí?

Podía jugar y experimentar con el mana cuanto quisiera y desease… este lugar es prácticamente un patio de juegos, infinito y vasto.

La oscuridad del patio le daría la relajación suficiente para pensar en cada posibilidad, cada técnica y movimiento nuevo.

El patio perfecto, el lugar perfecto para pasar la eternidad… ¿húmedo?

Una nueva sensación chocó con Drake, algo distinto; fresco y frío, algunas partes se pegaban a… sus pies.

La sensación fantasma de sus pies.

¿Sentía que algo húmedo los chocaba?

Espera… ¿sensación fantasma?

¿Por qué fantasma?

¿Qué es esa luz?

Y como Drake «dijo» en su «mente», una luz apareció frente a él; primero fue un punto casi imperceptible, luego se volvió un punto, luego un gran y difuso rombo.

Después pudo ver algo aparte de la luz: personas de espaldas a él, una en especial le llamó la atención.

Una mochila gris al lado de un hacha con runas amarillas; llevaba puesta una gabardina marrón claro con capucha… muy similares a un recuerdo de él, el cuyo nombre era ¿cuál era su nombre?

Un detalle en esa persona de espaldas a él le hizo preguntar: ¿qué estaba haciendo con la mano extendida como un tonto?

Parecía estar por agarrar la cabeza de una mujer de pelo rubio pálido.

Rubio pálido… me suena, un momento ¿por qué está tan cer—?

Drake sintió que chocó contra algo inamovible, su perspectiva se tornó caótica; se sentía como una cámara tras recibir un golpe, el lente aún grabando sus movimientos de arriba a abajo.

Su cuerpo se tambaleó un poco, su mano chocó con el cuero cabelludo de Paola.

La chica de tez pálida se giró con molestia, su expresión arrugada por la ira.

—¡Oye!

¿¡Qué te pasa!?

¿¡Quieres terminar con un agujero en la garganta!?

—gritó con rabia clara en su voz.

Drake no le dio la mínima atención, su mente aún trataba de procesar lo ocurrido, y su cuerpo trataba de realizar todas y cada una de las acciones que la mente hizo en el vacío.

Una muestra clara fue cómo sus pupilas se movían de un lado a otro y su rostro mostraba una mueca atontada.

Eventualmente Paola se dio la vuelta para seguir protestando, pero su hermano se interpuso y detuvo todo el intercambio.

Paola lo miró con furia y lo demostró al chistar, se dio la vuelta y le dijo al resto que se metieran en sus asuntos.

Felts se giró y miró al aún atontado Drake; el joven tapó la nariz de Drake con su mano: un olor metálico y muy potente invadió el olfato del carguero.

Drake dio un pequeño saltito, ya en sus capacidades mentales comunes.

Drake miró alrededor para ubicarse en la zona.

El otro lado de la brecha… no fue algo espectacular comparado con los webtoons; solo era una cueva de piedra verdosa, musgo fosforescente salía de ligeras grietas en la piedra.

En el suelo, una cristalina agua se ondulaba por la repentina aparición del grupo, pudiendo llegarles a los talones a Drake.

El grupo de asalto se había parado; todos tenían una expresión de desconcierto o alerta en sus caras, Marcus mantenía la mirada al frente pero una de sus manos pellizcaba el costado del muslo.

Uno de los miembros, Michael, se adelantó y quedó a la derecha de Marcus; mana transparente y etéreo se concentró en sus ojos como minúsculas llamas.

Fue en eso que sintió una ondulación en el agua.

Felts se acercó un poco a Drake —o Vals, como se presentó— y le susurró.

—Por tu reacción, supongo que no lo sabes.

Así que lo explicaré rápido; lo que presenciamos al cruzar es llamado efecto de retraso Clinton —empezó a explicar Felts con algo de nerviosismo y estremeciéndose por el frío.

Drake pensó en pararlo, porque desde que mencionó el nombre supo de qué se trataba.

Pero pensó que tal vez mencionaban algo que él no sabía; Clinton fue solo un mundano al fin y al cabo, así que no experimentó lo que es pasar por la brecha.

Dejó que el chico hablara.

—El retraso de Clinton es, en resumen, algo que puede pasarle a cualquier ascendido y hace que el cuerpo del ascendido viaje por la brecha más rápido que el mana, y el mana se queda con la consciencia —explicó Felts.

Asintiendo con la cabeza, Drake volvió a centrar su atención en el resto del grupo; Marcus y Michael intercambiaron bajas palabras en el frente, el resto mantuvo la mirada al frente; solo Vals y Felts quedaron atrás.

Al final Michael volvió a su puesto en la formación, Marcus tomó un poco de aire y luego dijo al grupo sin mirarlos: —Prepárense.

Enemigo a trescientos metros delante de nosotros —ordenó con más seriedad.

Al escuchar esas palabras, Michael se acercó a ellos junto a otro hombre que, si recordaba bien, se llamaba Cole.

Paola se mantuvo frente a los cuatro.

El grupo empezó su caminata hacia adelante; el suave chapoteo del agua apareció con cada paso del grupo de diez.

El ambiente húmedo hacía que el calor empezara a ser asfixiante; Drake solo pudo agradecer no haber traído algo para taparse la cara.

Todo el grupo mantuvo el silencio hasta que un nuevo ruido se escuchó: una respiración, fuerte, grave y cansada, casi pareciendo la de alguien que se quedó sin aire e intentaba recuperarlo.

La tensión aumentó en el grupo; cada paso los acercaba más a la respiración.

Drake sentía cómo un ligero miedo crecía en él; la idea de los monstruos humanoides aún carcomía su mente.

La idea de tener que matar a algo parecido a un humano también se mantenía como una espina en su mente.

Eventualmente la respiración se hizo muy clara, por consiguiente, cercana, muy cercana.

Una ligera curva en la cueva fue lo único que separaba al grupo de la bestia; unos pasos más y se encontraría de frente con lo que sea que estuviera del otro lado.

Pero Marcus alzó el brazo con el puño apretado; el grupo detuvo su andar.

El capitán de asalto se agachó y tomó algo del piso inundado de la cueva.

Sacando lentamente la mano del agua, Marcus dejó que las gotas cayeran de su mano; la minúscula distancia hacía que no se produjera ningún ruido.

Pasó un momento, Marcus se enderezó y jugueteó con el objeto —una piedra—, luego estiró el brazo hacia atrás y lanzó la piedra contra la pared de la curva.

La piedra impactó y explotó en minúsculos pedazos; el eco del impacto resonó por toda la cueva; el eco se alejó mucho más de lo que podían ver, la cueva demostró con eso ser más grande de lo que podían creer.

La respiración se alteró por el sonido; el grupo de asalto se quedó en total silencio.

Un chapoteo del agua provino del otro lado de la curva, un paso de la criatura.

Otro paso se escuchó, mucho más cerca que antes; tanto que el grupo reconoció un hecho: la criatura era grande.

Por consiguiente, la vanguardia tomó sus armas; en los costados dos hombres prepararon sus lanzas; en el medio, detrás de Marcus, una mujer de pelo corto y rubio desenvainó un par de sables y un hombre alto de piel morena tomó su garrote con ambas manos.

Otro paso resonó en la verdosa cueva; esta vez fue claro: la bestia ya se encontraba en la curva.

Marcus suspiró, su mana apareció en forma de una flameante aura azul en sus manos.

En la pared de la curva, una mano tomó una saliente en la piedra; dicha mano poseía cuatro dedos y una tez azulada pálida con claras garras negras.

Poco a poco la bestia se asomó con lentitud.

Michael manifestó mana en sus manos y lo condensó en una esfera brillante de tonalidad celeste, casi parecía agua de caricatura.

Al fin la bestia asomó por completo su cuerpo: de piel escamosa y una altura de cuatro metros; su complexión notaba una gran cantidad de grasa corporal; su rostro parecido al de un sapo mostró una desconocida sustancia amarilla en su boca de tres líneas dentudas, parecida a la parte de arriba de un triángulo.

En su espalda había lo que parecía dos jorobas llenas de algún líquido amarillento.

Nada más el cuerpo de la bestia —que Drake reconoció como un naga de cueva— quedó a la vista, Michael disparó su mana en forma de un chorro a presión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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