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Escuadrón 207 - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Lo que hace el maná
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5: Lo que hace el maná 5: Lo que hace el maná Desde su llamada con Joshua, Drake empezó sus entrenamientos de combate con Alice y las prácticas con armas de fuego con Joshua.

Joshua tenía una idea clara: él era horrible para el combate.

Joshua fue directo.

—Deberías plantearte tomar otra carrera— Alice, por su lado, aún no había empezado a entrenarlo en combate; primero quería enseñarle algunos ejercicios para mejorar su resistencia y condición física.

Aunque Drake no se quedó solo con eso: empezó a investigar y a recordar las sensaciones que tuvo al usar el maná.

El resultado fue claro: Su mejora en la comprensión del maná era un poco mejor; ahora podía recordar la sensación del maná durante… cincuenta segundos.

También empezó a investigar sobre diferentes técnicas y datos acerca del control del maná, y se dio cuenta de que, de todo lo que aprendió, podía usar… ninguno.

Lo único que podía hacer con su maná era potenciar su cuerpo cuando estaba quieto —lo cual era prácticamente lo mismo que nada—.

Aunque, por suerte, parecía que una parte de su entrenamiento con Alice tendría como objetivo usar el maná dentro de su estilo de pelea.

Al entender esto, se emocionó un poco —no lo negaría—, pero también le surgió una pequeña duda.

<< —¿Existen estilos de lucha exclusivos de los ascendidos?

—preguntó entre respiraciones.

Alice estaba haciendo estiramientos; se detuvo, empezó otro y respondió: —Claro que existen.

No son conocidos por la gente, por una regla no dicha entre los círculos de ascendidos: lo que está entre ascendidos se queda entre ascendidos —dijo tranquilamente.

Terminó su estiramiento y dio un salto que la llevó hasta la rama de un manzano, donde se sentó.

—Aunque una razón más simple —y entendible, si me preguntas— es que cada ascendido es único a su manera: ya sea por su elemento de maná, la forma en la que este se mueve por el cuerpo, la habilidad innata y la manera en que se usa; y, por supuesto, también la condición— Se detuvo un momento para tomar una manzana que tenía cerca, la limpió con su camisa y le dio un bocado.

Al morderla, soltó una pequeña sonrisa.

—Está tan buena… Hey, Drake, ¿no quieres una?— Drake solo negó con la cabeza.

—Bueno, tú te lo pierdes.

Continuando donde estaba: todos estos factores que te mencioné antes hacen que un ascendido sea único y, por lo tanto, su estilo de combate debe adaptarse a él.

Debe crearse para esa persona y solo para esa persona.

Cada estilo es único, y enseñar ese estilo muestra todo tu ser en resumen —dijo la pelirroja con un tono ligeramente divertido al final de su explicación.

Drake solo asintió.

Iba a hacer otra pregunta, pero Alice no lo dejó.

—Ya nos pasamos del tiempo de descanso —dijo, aún más divertida.

Drake se congeló en medio de abrir la boca.

>> Drake sintió el pequeño dolor fantasma de ese día al recordarlo.

Alice se tomaba su entrenamiento muy en serio.

Y ese mismo entrenamiento era al que se dirigía en este momento.

Para llegar al lugar que Alice eligió para entrenarlo, tenía que salir de la ciudad y dirigirse al Bosque de la Contienda, donde debía adentrarse durante unos diez minutos hasta llegar a dos árboles gemelos marcados: uno con una E y el otro con una M.

Una vez frente a los árboles gemelos, debía buscar tres piedras negras y, cuando las encontrara, levantar el suelo falso que había debajo de ellas.

Ese suelo cubría la entrada a una cueva, y debía entrar en ella.

Ese peculiar camino le tomó a Drake una hora y media.

Aunque era bastante raro, incluso Drake pensó la primera vez que fue que tal vez algo malo le pasaría ese día.

Al final no ocurrió nada malo; solo se llevó un infernal dolor corporal.

Cuando llegó al otro lado de la cueva, tras un par de minutos de caminar,fue recibido por la misma vista que la primera vez.

Una niebla gris rodeaba la mitad inferior de la entrada y, por encima de la niebla, a lo lejos, se alzaba un gigantesco reloj del tamaño de un edificio, inclinado casi al borde del derrumbe.

Ese reloj era una de las mejores obras hechas por el ser humano antes de que las brechas aparecieran: el Big Ben.

Y el lugar donde Drake se encontraba eran los restos de la antigua ciudad de Londres, que se hundió en la tierra por la batalla de dos rangos S del Primer Nivel.

Drake se adentró en la gruesa niebla gris y caminó durante unos minutos hasta que esta empezó a hacerse más fina, revelando edificios derrumbados, con raíces y árboles saliendo de ellos.

Los árboles eran bastante comunes, excepto algunos que no tenían la copa hacia arriba, sino que se inclinaban en dirección al Big Ben.

Esto se debía a que, en el puente cercano al gigantesco reloj, se encontraba una de las únicas fuentes de luz de la zona y la razón por la cual la vida crecía de forma tan rápida: el brazo cercenado de uno de los dos rangos S.

Aquello dejó estupefacto a Drake cuando Alice se lo contó.

Saber que existían seres con tal capacidad en el mundo le dio mucho en qué pensar ese día.

Y aún hoy, a Drake le resultaba difícil de creer; incluso la propia Alice soltaba uno que otro comentario sobre el tema.

Hablando de la pelirroja, esta se encontraba sentada en la base de un manzano, rodeada de un pasto verde y cuidadosamente mantenido.

La chica vestía igual que todos los días que entrenaban; una camisa blanca que le quedaba algo grande; pantalones deportivos negros que le llegaban hasta la mitad de la pantorrilla; medias negras que cubrían el sobrante de la pierna; tenía el pelo atado en un moño que dejaba algo de pelo suelto.

Alice tenía los ojos cerrados, sus lentas y calmadas respiraciones dejan ver que estaba meditando.

Drake se acercó un poco a la chica para dejar su mochila en la base del árbol.

Alice, como de costumbre, sonrió y abrió uno de sus ojos.

—Hola, Drake, ¿preparado?— dijo con tono feliz.

Drake asintió, un poco resignado por el dolor que le esperaba.

—Bien, calienta primero— dijo mientras se levantaba de un salto y lo acompañaba a hacer estiramientos.

Estuvieron unos segundos en silencio, haciendo cada uno sus estiramientos, hasta que Alice lo miró durante unos segundos y habló.

—Oye— llamó la atención de Drake; él se la dio—.

—¿Tienes planes para después de esto?

Drake se desconcertó un segundo, pensó y le respondió otro segundo después.

—No.

La verdad es que me ocupo recién a las siete, que es cuando practico con armas de fuego— Ya le había comentado a Alice su intención de ser el carguero del equipo; ella se desconcertó al principio, después se rió y le dijo que estaba bien.

Además, mencionó por encima que para cumplir ese rol él quería aprender el uso de armas de fuego, en caso de que sus habilidades de pelea no se desarrollaran lo suficiente para el examen.

Cuando lo escuchó, ella se quedó en silencio unos momentos y sus ojos empezaron a mostrar un brillo analítico que solo había visto en el profesor Edgar cuando evaluaba los informes.

Después de eso soltó una risa parecida a cuando se te ocurría una gran idea.

Eso fue en el pasado.

Ahora Alice cambió de estiramiento.

—Quédate cuando terminemos el ejercicio, te enseñaré a controlar mejor tu maná— dijo de golpe.

Drake se sorprendió; tan solo pasó una semana desde que empezaron a entrenar y ya empezarían con el maná.

Su sorpresa debió filtrarse en su cara, ya que Alice alzó una ceja y sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa.

—¿Qué?, ¿esperabas que estuviéramos siempre en estiramientos y ejercicio?— dijo en un tono algo bromista.

Drake intentó decir algo, pero se calló; al fin y al cabo necesitaba aprender más.

—Igual, seguiremos con estiramientos y ejercicios, pero agregaremos el inyectar maná constantemente en el cuerpo para amplificar los efectos del entrenamiento y del descanso— continuó la pelirroja.

Alice detuvo su estiramiento y empezó a acercarse a Drake con intenciones sospechosas.

Drake dio un involuntario paso atrás.

Aunque de poco sirvió, ya que Alice se impulsó hacia él con una velocidad imposible para un humano y le conectó un rápido golpe en el pecho.

El aire de los pulmones de Drake desapareció en un segundo.

Cayó de rodillas, respirando pesadamente.

A Alice no pareció importarle y dijo: —Lo haremos hasta que puedas soportar un golpe mío con toda la fuerza humana que poseo— dijo como si fuera nada.

¿Esa es solo su fuerza humana?

Vete al demonio.

—¿Era necesario el golpe?— preguntó entre pesados respiros.

Alice solo sonrió con falsa inocencia y le extendió la mano con la que lo golpeó.

—Muy necesario— dijo finalmente.

—Vete al demonio— dijo y aceptó la ayuda de Alice.

Al momento de estar de pie, tuvo que levantar la mirada para ver a la pelirroja a los ojos.

Alice era un poco más alta que él, unos seis o siete centímetros más o menos.

Alice habló aún sin soltar su mano.

—Lección de maná, número uno— dijo de repente mientras levantaba la mano con la que sostenía la de Drake.

Ambas manos estaban a la vista de los dos jóvenes.

—El maná no es único de cada ser, es lo que hace único a cada ser.

¿Por qué?

Simple: porque el maná es algo cambiante, se adapta a cada “ser”; se adapta a ti, se adapta a mí y— dijo con una calma digna de una maestra.

Alice alzó su mano libre y señaló a… la nada.

Ante esto, Drake arqueó una ceja.

Alice soltó una pequeña risa.

—El aire— dijo mientras colocaba su mano libre en el hombro de Drake.

—El aire es algo vital para los seres vivos, estando constantemente en movimiento por los mismos; para el maná eso es suficiente para considerarlo un “ser”— —Y si tú robas el maná del aire, lo conviertes en tuyo sin integrarlo al torrente principal y lo apartas un poco, tendrás maná de un nivel inferior al tuyo que podrás usar y no romperte una extremidad por dar un golpe— dijo, a la vez que una sensación de calidez invadió a Drake.

Los puntos donde comenzaban eran su hombro y su mano.

—También sirve con las personas, pero eso no lo hagas; entre ascendidos, hacer eso se considera el peor insulto —dijo con apuro, como para evitar que pensara en algo que no debía.

—Pero ya a otro tema: las técnicas que te mencioné antes son, para el aire, la técnica de la cápsula de maná y, para las personas, la técnica de aspiración de maná— ——— A las siete de la tarde del mismo día, Drake fue a la armería que le mencionó Joshua: Cheese Armory.

Cuando entró, saludó al dueño, Cheese, y pidió una hora en el patio de tiro.

Llegó a dicho patio y vio a Joshua ya disparando a sus objetivos con una pistola.

Aún con los auriculares puestos, Joshua se volteó hacia él como si fuera un cyborg.

—Buenas noches, Ascendido Drake —dijo con su característico tono serio.

—Buenas noches, señor Joshua, ¿empezamos?

—dijo con amabilidad y un poco de entusiasmo.

Joshua pareció notar eso y decidió empezar una conversación.

—¿Pasó algo hoy?

—preguntó formalmente.

—Sí, la verdad es que sí.

Aprendí algunas técnicas relacionadas con el maná y puedo utilizar una al menos —dijo con emoción.

El señor Joshua respondió con un “mmm” mientras abría un agujero en la cabeza de uno de los hologramas.

Tras un momento, Joshua dijo: —Bien, haremos lo mismo que siempre: diez objetivos y diez balas.

Cambias de arma si aciertas todo —dijo mientras cambiaba los parámetros en el panel de control.

Drake asintió y se colocó el equipo necesario, tomó su pistola y se colocó en su lugar asignado.

Plantó los pies; levantó los brazos hasta que la mira de la pistola se alineara con sus ojos; cerró uno de ellos, enfocándose; quitó el seguro y puso duros los brazos.

Unos pequeños ruidos salieron de unos parlantes y, a los pocos segundos, tres figuras holográficas salieron de la nada, moviéndose hacia el costado contrario.

Al instante que salieron: ¡BANG!

¡BANG!

¡BANG!

El primer tiro impactó en el pecho del holograma; el segundo disparo golpeó la pierna del segundo holograma, y el tercer tiro agujereó la cabeza del último.

En ese momento, el calentamiento terminó.

Y Drake también terminó su preparativo.

Pequeñas chispas anaranjadas salieron de su cuerpo y la sensación del maná recorriendo su cuerpo y mente lo invadió.

Ese era el maná de Alice, una pequeña parte que creó con una cápsula de maná, que ella le permitió usar.

Claramente, la técnica que Drake podía usar era la de aspiración de maná.

Joshua no reaccionó en lo absoluto.

De golpe, siete figuras aparecieron y se movieron a la derecha a una gran velocidad.

Siete sonidos de disparos salieron en sucesión.

De los siete disparos, seis impactaron en su objetivo; el último, sin embargo, lo rozó y no contó como acierto.

Drake suspiró mientras sacaba torpemente el cargador e iba a buscar otro.

Una hora después, los resultados no cambiaron.

Pero lo que sí cambió fue la sensación al disparar.

Al momento de disparar, Drake perdía la concentración por cerrar los ojos, por lo que el retroceso hacía que moviera la mano un poco de más al momento de disparar una segunda vez.

Pero cuando usó el maná de Alice, Drake sintió que, comparado con antes, ahora él no lo hacía tan seguido, y eso se obligó a grabarlo en su memoria y reflejos.

Al final pudo hacerlo; sin maná consiguió llegar a la misma marca que hizo con el maná.

Joshua lo felicitó por primera vez.

—Bien hecho, pero pudiste hacerlo mejor.

Cambia de carrera —dijo serio como siempre.

Lo felicitó a su modo, claro.

Igual debía agradecerle a Alice por el maná.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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