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Escuadrón 207 - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 El dia mas tranquilo de trabajo
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6: El dia mas tranquilo de trabajo 6: El dia mas tranquilo de trabajo Drake se encontraba sentado detrás de la barra del bar donde trabajaba.

El día fue muy tranquilo, no apareció ni un alma durante su jornada; por eso decidió concentrarse en crear una cápsula de maná propia, para no sufrir el dolor de los golpes de Alice.

Aún recordando la forma en que Alice lo ayudó y guio a convertir el maná de la pelirroja en el suyo propio, intentó hacer lo mismo con el maná que está en el aire.

Estaba siendo un proceso de prueba y error, donde tenía que pararse cada cierto tiempo, ya que absorber el maná del ambiente hacía que estuviera sobrecargado de energía tras unos intentos.

Lo más complicado del proceso era tener que mantener la concentración mental para mover conscientemente cada gota de maná y evitar que se integrara con su torrente principal.

Ya después, moldearlo y comprimirlo para darle siquiera la clasificación de sexto nivel no era tan complicado; solo era dar una orden parecida a cerrar la mano con fuerza, solo que de forma simbólica.

Al menos a Drake eso le funcionaba.

Actualmente, él debería estar recién en el treinta por ciento de llegar al sexto nivel.

Era algo curioso, gracioso incluso, que alguien del segundo nivel luchara por alcanzar el sexto nivel.

Pero era algo que él se buscó al no intentar hacer ejercicio y meditaciones antes de ascender.

Drake intentó continuar la construcción de la píldora, pero el sonido de una campana sonando lo sacó de sus pensamientos.

Abrió los ojos y se levantó a fingir que secaba un vaso que llevaba seco desde que abrieron.

Que la campana sonara significaba que alguien entró al edificio.

El bar donde Drake trabaja, el bar Estrella Carmesí, alquila un lugar metido entre los barrios de las afueras y, al entrar, no se entra directo al bar, sino que a un pasillo donde a la derecha está la Estrella Carmesí y a la izquierda está el vendedor de antigüedades Ögtir.

Por lo que es mejor asegurar que lamentar.

Siguió su acto hasta que la persona que abrió la puerta al fin apareció en el bar.

Drake abrió los ojos un poco sorprendido.

A su vista llegó un cabello castaño, que llegaba hasta la mitad del cuello; ojos verdes que parecían analizar todo; vestía una camisa blanca y unos jeans azules.

La persona que entró al bar no era nada más que el profesor Edgar.

El mencionado también se sorprendió un poco al verlo, pero al segundo siguiente saludó.

—Joven Shark, ha pasado algún tiempo —dijo con su mezcla de tono entre respeto y amabilidad que lo caracterizaba.

Drake tardó un segundo en salir de su sorpresa y responder.

—Buenas noches, profesor… Eh, ¿quiere que le sirva algo?

—preguntó mientras dejaba el vaso extra seco en la mesa.

El profesor lo miró con un poco de confusión; después se rascó un poco la cicatriz.

—¿Beber?

Por ahora tendré que rechazar tu oferta.

Yo estoy aquí por otro motivo.

Ögtir, ¿lo conoces?

—dijo, al principio con disculpa, después con su tono característico.

Drake, la verdad, se imaginó la escena del amable profesor hablando con Ögtir; la escena era… curiosa.

El porqué es simple: Ögtir es la definición de un vikingo en la era moderna; con un metro noventa de altura y también lleno de músculos; tenía una poblada barba marrón y unas gruesas cejas que no dejaban ver sus ojos; una bien cuidada y pulida calva terminaba su apariencia.

Pero aquí venía el problema: la hora que era.

Drake miró el reloj de la pared; este marcaba que eran las once y media de la noche.

—Eh… sí lo conozco, pero creo que a esta hora estará durmiendo, profesor —dijo mientras señalaba el reloj.

Edgar volteó hacia el reloj, después volvió a mirar a Drake y alzó una ceja en una pregunta silenciosa.

—Entiendo tu duda.

Ögtir suele tomar una siesta desde las once de la noche hasta la una de la mañana, y de ahí queda hasta las seis de la mañana —explicó sin problemas.

—Además, la primera y única vez que alguien interrumpió su sueño, le abrió la puerta con un hachazo —dijo con una mezcla de gracia y miedo.

Al fin y al cabo, él estuvo presente el día que eso pasó: se fue a sacar la basura y terminó viendo todo.

—Tema aparte, ¿quiere quedarse aquí por mientras?

—preguntó mientras se ponía a preparar un vaso de cerveza.

El profesor se sentó en el banco frente a la barra, donde Drake le pasó el vaso de cerveza.

—Invito yo —dijo simplemente, apoyándose en la barra.

El profesor agradeció, tomó el vaso y dio unos pequeños sorbos para luego dejarlo sobre la mesa.

—Me sorprendió bastante verte aquí —dijo con una pequeña sonrisa.

Drake se rascó la parte posterior de la cabeza.

—La verdad es que yo también me sorprendí.

Llevo cuatro años trabajando aquí y nunca me había cruzado con un conocido de la escuela o universidad —dijo tomando uno de los maníes y llevándoselo a la boca.

Edgar lo miró un poco sorprendido, después se rió un poco avergonzado.

—Perdón, en serio.

Tuve un recuerdo del pasado; yo, la verdad, solo tuve un trabajo: el ser profesor —dijo un poco avergonzado.

Drake se sorprendió un poco por la reacción del profesor, pero también encontró algo que no le cuadraba.

—Profesor, ¿usted no fue explorador?

—preguntó.

La verdad es que todos los puntos apuntaban a que el profesor fue, en algún punto, un explorador; no solo la evidente falta de brazo, sino también la forma en la que miraba a todo.

El profesor podía hablar y actuar de forma respetuosa y amable con el resto, pero miraba a todos y a todo de forma analítica; su mirada Drake solo podía describirla como la de alguien que luchó en muchas batallas y pudo regresar victorioso, pero cargando un peso consigo.

Drake podía reconocer parte de esa mirada, porque es prácticamente la misma que Elena tenía tras misiones que fueron “bien”, según ella.

El profesor lo miró un momento, tomó un trago y dio un suspiro amargo.

—Sí, fui un explorador alguna vez.

Pero la verdad es que yo no lo veo como un trabajo, lo veía… —dijo con un tono algo apagado.

Se pausó por un segundo mirando el vaso de cerveza en su mano.

Su mirada demostraba un poco de tristeza y después sus labios se curvaron hacia arriba, formando una melancólica sonrisa.

—…como mi meta de vida, como lo que completaría mi existencia.

Lo hizo, de hecho, durante un tiempo.

Pero después perdí a compañeros, a personas que tenían sueños, esperanzas y ambiciones; también tomé decisiones que… —se detuvo, dejó el vaso en la barra y llevó su única mano a la manga colgante del lado opuesto—, que… mataron una parte de mí.

Después de unos segundos de silencio, el profesor cambió su sonrisa, ahora un poco más feliz y calmada.

—Pero también me dio lo que más amo en esta vida: Alice.

Conocí a su madre durante mi tiempo como explorador —dijo con la nostalgia escapando por su voz.

Drake solo escuchó en silencio; cada palabra que salía de la boca del profesor él la entendía… en cierta medida, por las cosas que vivió Elena.

El profesor, al mencionar lo último, mejoró un poco su humor y dijo ya con una sonrisa más feliz: —¡Pero no quiero arruinar el ambiente!

Entonces, ¿qué tal le fue hoy, joven Shark?

Drake asintió y se puso a hacer memoria.

—Pues, sin contar la mañana, un poco aburrido; la verdad solo entrené con Alice y practiqué más las técnicas de maná; limpié mi departamento y leí algunas cosas; ya de ahí en más vine a trabajar y aquí estamos —dijo mientras trataba de recordar si hizo algo más.

La verdad es que mencionó lo de limpiar solo para agregar algo; lo único que hizo fue abrir las ventanas y sacar todo el polvo que se acumuló.

Los platos y cubiertos siempre estaban limpios porque solo usa un plato y cocina siempre en la misma olla.

Ese departamento está hecho como para cinco personas; era el departamento donde vivió con Elena y, a su vez, fue donde Elena vivió con mamá y papá, a quienes Drake nunca conoció.

Decidió dejar ese punto de pensamiento de lado; no quería ser el que arruinara el ambiente.

Drake aprovechó un hecho para cambiar el tema: tenía preguntas sobre el maná y Edgar era profesor, así que bueno, una clase entre tragos no vendría mal.

—Profesor, tengo una duda respecto a una técnica de maná —dijo simplemente.

El profesor alzó una ceja mientras daba un sorbo, uno de los que le quedaban al vaso.

—Es sobre la técnica de la cápsula de maná.

Alice me explicó la teoría y me ayudó un poco a imitar el proceso, pero quisiera saber si existe algún consejo que pueda darme —dijo mientras empezaba a preparar un vaso más para él.

Uno cada tanto no haría problema.

El profesor dejó su vaso y puso su mano en su barbilla, pensando un momento.

Después le dijo a Drake: —Si lo que te cuesta es condensar el maná, entonces solo busca cualquier pensamiento que relaciones con la presión y utilízalo como base para compactar tu maná.

Si, por otro lado, es sobre llevar el maná y evitar que sea absorbido por tu torrente, entonces… El profesor extendió el brazo y cerró su mano formando un puño; después extendió dos dedos.

En el siguiente segundo se formó una esfera de luz plateada en la punta de sus dedos.

La sensación que transmitía era familiar a la que transmitía el maná del profesor, pero también diferente, más etérea, acompañada de una extraña sensación de familiaridad cuando lo miraba, como si estuviera mirando el aire.

Drake abrió los ojos con sorpresa cuando entendió lo que estaba viendo.

El profesor sonrió y dijo: —Entonces haz el menor recorrido posible.

Por ejemplo, inyecta el maná en la muñeca y compáctalo en el centro de la palma; así no debería haber problema con lo rápido que lo inyectas.

Puede que sí con la cantidad, pero la velocidad debería compensar —dijo simplemente.

Drake se sintió como un idiota… era tan simple, pero tan antinatural a la vez.

Ya que, por la relación biológica que tiene el maná con el cuerpo, uno pensaría que el lugar donde se creaba la pastilla era el centro del pecho o un lugar céntrico del cuerpo, para realizar una distribución del maná de forma rápida y eficiente; además de que no se podía mover la pastilla una vez creada… Pero nunca se mencionó que no podía ejecutar la orden de comprimir y mover a la vez.

Entonces solo tendría que crear la pastilla y dedicar un tiempo a trasladarla por su cuerpo hasta el punto que deseara.

Drake llevó su mano a su barbilla mientras empezaba a sonreír de forma extraña, porque más ideas empezaron a llegar a su cabeza.

Más de una pastilla en el cuerpo, utilizar el maná de la pastilla para que cumpla múltiples funciones; reforzar su cuerpo, dar golpes con un impacto doble… usar la pastilla para atacar el torrente principal de la persona.

Muchas ideas invadieron su mente, pero un pensamiento paró todo.

El pensamiento de la sensación familiar que sintió del aire le dio el golpe de realidad.

Si él pudo sentirlo, ¿entonces por qué no otros?

Esa desventaja dejó ver más problemas.

Para luchadores con cierta experiencia o monstruos cuyos instintos sean mejores al promedio, sus ideas no servirían; ellos ya sabrían cómo contrarrestar ese tipo de ataque.

También tendría que siempre estar derivando atención a la creación constante de pastillas de maná, y eso podría ponerlo en peligro dependiendo de la situación.

Además de que no sabía si era posible crear más de una pastilla, y cuántas aguantaría su cuerpo si fuera posible.

Pero esas desventajas no significaban que fueran inútiles; eran herramientas que, llegado el momento, podría utilizar, tal vez incluso mejorarlas.

Drake hizo desaparecer su extraña sonrisa y la reemplazó por una genuina de gratitud.

—Gracias, prof— No pudo terminar porque: ¡BANG!

El fuerte sonido de un disparo provino de la otra habitación, la casa y tienda de Ögtir.

Antes de que Drake pudiera reaccionar, el profesor salió corriendo a una velocidad inhumana.

Drake tardó un segundo en reaccionar y también empezó a correr… hacia la parte trasera para encontrar su teléfono y llamar a la policía.

Era la acción más lógica; al fin y al cabo, el profesor Edgar fue personalmente y, sabiendo qué tan rápido puede crear un arma de oscuridad, no debía preocuparse.

Llegó a los pocos segundos al lugar donde los empleados guardaban sus cosas y empezó a buscar su mochila.

¡BANG!

¡BANG!

Dos disparos más resonaron y Drake al fin encontró su teléfono; marcó el número de la policía.

¡BANG!

Un disparo y unos pitidos del celular después, al fin contestaron.

Drake no dejó ni que hablaran cuando dio su ubicación y explicó la situación.

En el proceso se dio el quinto disparo.

Cuando cortó la llamada, pasos rápidos se escucharon yendo hacia él, pero no se tensó por la voz que escuchó.

Era la voz del profesor.

—¿¡Estás bien!?

—preguntó con preocupación.

—Sí, todo bien, no se preocupe demasiado, profesor —dijo con calma, a la vez que apagaba la pantalla, y el profesor habló de nuevo.

Los pasos llegaron a la puerta.

—Me alegro de que estés bien, Drake— La calma de Drake se fue al demonio por dos detalles.

El primer detalle: el profesor lo llamó por su nombre, y el profesor nunca llama por su nombre a alguien.

El segundo detalle: en el reflejo apareció el profesor, pero su camisa era amarilla en vez de blanca.

Drake no dudó en darse la vuelta con brusquedad y, en ese mismo movimiento, tirar el celular a la cabeza del sujeto.

El teléfono voló entre la distancia que los separaba más rápido de lo que pudo reaccionar el falso profesor e impactó de lleno en su cara.

Drake no dudó y se impulsó en un tacle directo, a la vez que analizó al falso Edgar.

El sujeto, en apariencia, era igual a Edgar, solo con los detalles de la ropa y la presencia de sus dos brazos.

En la mano derecha sostenía un revólver; su hombro izquierdo tenía una sangrante herida, sin el arma que la causó a la vista, y poseía algunos golpes visibles.

Eso fue lo que pudo analizar.

Impactó contra el cuerpo del sujeto; este no parecía esperar su rápida reacción debido a lo baja que estaba su guardia, y lo sacó de la habitación corriendo hasta impactar contra la pared.

Cuando impactaron, Drake dio un pequeño paso atrás; al hacerlo dejó su lado derecho del cuerpo un poco inclinado hacia atrás.

Drake puso a trabajar su mente, todas y cada una de las posibilidades que se le ocurrían pasando por su cabeza.

La opción más lógica era huir, pero el problema es que el sujeto aún tenía el arma en la mano y los revólveres tenían comúnmente seis balas; hasta ahora el sujeto disparó cinco.

Si llegara a correr, le daría la espalda, y él no corría tan rápido como para no permitirle apuntar y disparar.

Además, está el hecho mismo de que el sujeto esté aquí; significa que superó al profesor por un factor.

Ögtir posiblemente fue herido por uno o ambos disparos iniciales, y el profesor debió ayudarlo, dándole de esa forma la chance al sujeto de copiar su apariencia y escapar.

Eso significaba que estaba solo y con un gran peligro si buscaba escapar.

Eso dejó una opción: no dejar que el sujeto usara el arma y, si es posible, quitársela.

Aunque no quisiera, tenía que hacerlo.

Empezó a recordar una secuencia de repetidos eventos que vive con dolor cada día: el golpe que Alice le da imprevisto una vez en cada entrenamiento.

Drake empezó a recordar cada detalle que pudo de lo poco que veía antes de que la pelirroja lo golpeara: la forma en la que su cuerpo se posicionaba de forma natural, cómo uno de sus pies iba un paso atrás de donde estaba parada y su torso giraba un poco en consecuencia; cómo su brazo se flexionaba y cómo, al final, giraba el torso y extendía el brazo de forma simultánea, soltando el golpe.

Drake actualmente cumplía con el primer requisito, no tan bien como debería, pero algo es algo: el paso atrás y el giro del cuerpo.

El problema con esto es que el brazo que soltaría el golpe sería su derecha… Drake es zurdo.

Pero de igual forma debía intentarlo; era la única opción que tenía.

Drake cerró su mano formando un puño, a la vez que flexionó el brazo.

Al instante siguiente coordinó su giro del torso y la extensión de su brazo.

Pero en el instante en que lo hizo, su instinto gritó la mayor llamada de peligro que Drake había escuchado.

Y fue también en ese mismo instante cuando un hecho que no pensó lo golpeó como un camión invisible: si ese sujeto pudo tomar la apariencia del profesor, ¿no significaba que era un ascendido?

Como si quisiera confirmar el hecho, el pelinegro sintió cómo el maná del aire se movía en una sola dirección.

Por la periferia de su ojo vio cómo el brazo izquierdo del sujeto se cubría de etéreas llamas multicolor.

Al siguiente instante, el brazo del sujeto salió disparado a una velocidad, aunque humana, suficiente para que Drake no pudiera reaccionar; y tampoco hubiera podido, porque el golpe fue dirigido a una abertura en su débil defensa.

Drake recibió un golpe un poco más fuerte que los que Alice le daba día a día; pero una sensación invisible, parecida a la de ser empujado, apareció… dentro de su cuerpo.

Al segundo siguiente, los pies del pelinegro se despegaron del suelo y salió volando como un muñeco de trapo.

Chocó contra la pared con tanta fuerza que pensó que un hueso se podría romper; al final no pasó, en cambio rebotó y chocó contra el suelo, donde rodó un par de veces hasta detenerse.

Y cuando se detuvo, Drake no sabía dónde era arriba o abajo.

Pasó un segundo hasta que recuperó el sentido de orientación y, cuando lo hizo, escuchó lentos y firmes pasos dirigirse hacia él.

Levantó la mirada justo para ver cómo el sujeto con la apariencia del profesor Edgar era rodeado por las mismas llamas multicolor.

Cuando se disiparon, quien estaba frente a él era distinto: un corto cabello negro, algo despeinado; ojos violetas que parecían contener muchas emociones; su complexión flaca, como la de alguien que no ha hecho ejercicio en mucho tiempo.

Drake conocía esa cara, claro que la conocía, pues era su cara.

Pero en lugar de asustarse o desesperar, Drake vertió todo en una esperanza: que el profesor haya sentido el cambio del maná del aire o que haya escuchado su choque contra la pared.

Y por esa sola esperanza sonrió burlonamente al sujeto.

Su esperanza dio frutos.

Una lanza oscura con bordes plateados atravesó la pared tras hacer un sonido un segundo antes.

Pero ese mismo sonido fue lo que provocó que el sujeto cambiara de forma y esquivara la lanza, echando la cabeza hacia atrás, provocando que Drake tuviera un segundo sin su total atención.

Y ese segundo fue el que Drake usó para levantar ambos brazos, abrir sus palmas y verter todo el maná que pudo, dando órdenes específicas para expulsarlo de su cuerpo en una sola dirección.

Al instante siguiente… ¡BANG!

¡¡¡BOOM!!!

¡Drake disparó una gigantesca lluvia de rayos sobre el cambiaformas!

Y eso terminó provocando que la pared que separaba la parte de atrás del bar fuera evaporada; la que separaba el pasillo del exterior corrió un destino similar.

Al llegar al asfalto, el calor provocado por los rayos derritió unos cuantos metros a la redonda y, cuando pasó otro segundo, la energía se reunió y se separó en una explosión.

Esto Drake no lo supo.

Lo que sí supo el pelinegro fue que el pasillo donde se encontraba llegó a temperaturas extremas, con llamas y humo por todos lados; y que se encontraba pagando las consecuencias de soltar tanto maná de una sola vez.

Se encontraba mareado y empezando a sentir náuseas; sus brazos, aunque podía moverlos, no podía sentirlos; sus manos tenían la carne expuesta y quemada.

Pero lo peor era la vista de sí mismo parado frente a él.

El bastardo cambiaformas seguía vivo.

Con muchas partes de su cuerpo quemadas y sangrando en otras; lo que debía ser su mano ahora era una grotesca mezcla entre carne carbonizada, sangre y metal fundido; sus ojos, antes violetas como originalmente eran, ahora se mostraban en un imposible tono bermellón.

Ambos solo se miraron fijamente, hasta que el cambiaformas dijo: —Para ser su último legado, es decepcionante.

Lo mejor hubiera sido embarazar a tu hermana y forzarla a tener el bebé; eso hubiera tenido más valor que tú —dijo con una mezcla de disgusto, enojo y una oscura perversión.

Cualquier pregunta que Drake hubiera tenido se fue al caño cuando fue reemplazada por una ira irracional.

El hombre cambiaformas dio una sonrisa burlona, la misma que le dio Drake antes, y se dio la vuelta para desaparecer entre el humo y las llamas del estrecho pasillo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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