Escuadrón 207 - Capítulo 8
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8: La amante de la mecánica(I) 8: La amante de la mecánica(I) La lluvia empezó a caer de golpe en la ciudad.
Drake se encontraba en Cheese Armory practicando su uso de la pistola con las mismas pruebas que Joshua le daba, aunque no podía entrenar tanto como lo hacía con Joshua por el estado de sus manos.
Actualmente ya podía acertar todos los disparos en la práctica, el último de milagro porque esa porquería se movía muy rápido.
Pero era beneficioso para él aún tener la dificultad de acertar; significa que aún puede aprender y mejorar.
Y eso, para este tiempo, donde Axel está suelto y un buen tiempo va a estar lloviendo.
Que empezara a llover fue el peor golpe de mala suerte que pudieron tener.
Como el ambiente está cargado de maná, y el mismo se mueve como una especie de ente invisible, al momento que llueve el maná se aloca y se empieza a ondular sin descanso alguno; de esta forma, el rastro de maná que dejan los Ascendidos desaparece casi en ese mismo instante.
Aunque es posible rastrear a alguien gracias a ese instante.
El problema es que se tendrían que mover importantes recursos para hacer eso y, si la persona solo es Axel, alguien de rango y nivel bajo, cuya única acción que lo puso en el radar de búsqueda fue su inexplicable cambio de habilidad innata —cosa que se puede explicar como que simplemente la ocultó, ya ha pasado antes—, entonces, para la perspectiva de los que están arriba, sería desperdiciar recursos.
Drake entendió esa perspectiva, pero también lo frustró.
Su enojo y odio por Axel solo crecían de forma inexplicable, hasta él mismo se empezó a preocupar de que un efecto, que de alguna forma Axel pueda provocar, sea alterar las emociones.
Ante ese pensamiento, Drake disparó y falló.
Tal vez ya sea hora de ocuparme de algo; estar mucho tiempo en su cabeza podría provocar que hiciera alguna estupidez.
Drake salió del campo de tiro, dejó su arma con Cheese y pagó lo que debía.
Cuando salió de la armería, llovía a cántaros.
Drake suspiró y empezó a abrir su paraguas cuando su teléfono sonó: era un mensaje de Alice.
Sacó su teléfono y miró el contenido: <<Hey, ¿disfrutando de la recuperación?
Espero que sí, pero lamento decirte que la tendré que interrumpir.
Tengo un trabajo para ti>> Drake leyó el mensaje y después miró sus manos; aún seguían destrozadas, pero el vendaje especial hacía, literalmente, su magia, por lo que su curación iba bien.
Respondió el mensaje con un simple: <<¿Qué tengo que hacer?>> Drake ya había abierto su paraguas y ahora se dirigía a una tienda para comprar su cena, cuando Alice respondió con dos mensajes, uno común y el otro es un archivo.
El mensaje decía: <<Reclutar a alguien.
Yo tenía pensado llevarte a Anarquía en algún punto para investigar a cuatro personas y reclutar a las mismas.
Bueno, aparte de buscar a Axel, encontré a una de esas personas; el archivo que te envié tiene su información.
Te adelanto que no es una combatiente, así que aún estamos solo en la búsqueda de Axel>> Drake tuvo un presentimiento al leer el mensaje.
Abrió el archivo y lo primero que vio fue la cara de una niña de pelo castaño muy desordenado y largo; ojos azules, con muchas pecas inundando su cara.
<<Nombre: Thalia Apellido: Brown Edad: 16 Estatus: Ascendida del sexto nivel Rango: D No se conoce su elemento de maná Habilidad innata aparente: Aumento de inteligencia.
Condición: Desconocida Ubicación de su hogar>> Drake se dio cuenta de cuál era ese presentimiento: el de a cuántos crímenes cometió Alice para obtener esta información.
Cuando cerró el archivo, vio que Alice le mandó otro mensaje: <No respondiste mi pregunta> Drake dio una pequeña risa y respondió: <<Sí la disfruté.
Pude terminar mi cápsula de maná al fin y moverla a mi pecho; ahora tenía pensado probar algunas ideas que se me ocurrieron respecto a la relación de mi maná y su elemento>> Drake llegó a la tienda, cerró el paraguas y entró.
——— Drake bajó del autobús con la capucha del impermeable gris puesta sobre su cabeza, su mochila apretada contra su pecho.
Tras tres días del encargo de Alice, Drake fue a la dirección de Thalia.
Durante esos tres días hizo su propia investigación de la niña…
es raro decir niña a alguien que solo le sacó cinco años…
bueno, no importa; durante lo que investigó se dio cuenta de que Thalia es fanática de la mecánica mágica y era alguien que interactuaba bastante en los foros del mismo tema.
Además de que interactuaba más con personas que tenían la misma cantidad de pasión que ella por el tema o con personas muy conocedoras.
Aunque hace unos meses ella dejó de interactuar y aparecer en línea.
Es por ese dato que Drake se dedicó gran parte de su tiempo a buscar todo lo que pudo en ese campo.
No durmió casi nada, pero al menos le podrá sacar algo de charla a la pequeña sin dar a entender que la conocía en línea…
y yo me pregunté cuántos crímenes cometió Alice, ahora yo estoy cometiendo acoso.
Bueno, tema aparte, ya llegó frente a la casa de Thalia.
La fachada era la de una casa común, para el lado oeste de la ciudad, de una sola planta; paredes de ladrillo rojas; un techo hecho de tejas negras y una pequeña chimenea exterior en la parte más alta y cercana a la calle; un porche de ladrillo y madera, repleto de plantas colocadas en el suelo o en pequeñas mesas de madera.
Algo curioso es que frente al porche también había algunas plantas marchitas puestas en fila; había pequeños agujeros en la fila, como si hubieran arrancado algunas plantas.
Drake vio el detalle y caminó hacia el porche en refugio de la lluvia.
Al llegar bajo su protección, Drake se quitó la capucha del impermeable, dejó su mochila en el suelo y tocó la puerta un par de veces.
Esperó un par de segundos y una voz femenina salió de uno de los planteros.
—Vete —dijo simplemente; su tono mostraba cansancio.
Drake no tuvo reacción ante las palabras de la chica.
Volteó directamente al plantero.
—Hola, mucho gusto, señorita Thalia.
Me presento, soy Drake Shark —dijo con una amable sonrisa y tono respetuoso.
Drake estaba haciendo su mejor esfuerzo por imitar a Edgar.
—Ya lo— la chica dio un bostezo largo— lo dije antes.
Vete —dijo, intentando sonar enojada, pero su cansancio no la dejó.
Drake solo le dio una sonrisa al plantero.
—Bueno, me iré.
Pero antes quería comunicarle que soy un mensajero en nombre de una integrante del gremio de la Milicia: Alice Hellnoir.
Ella tiene una propuesta para ti —Drake se quedó un momento parado.
—Muéstrame una prueba entonces —dijo ya un poco más despierta.
Drake mantuvo su sonrisa.
Se dirigió hacia la mochila; la abrió y rebuscó un poco entre las cosas; al final sacó unos papeles y se los mostró al plantero.
Fue dejando los papeles un par de minutos y después los cambió por el siguiente.
Cuando pasó casi diez minutos, Thalia al fin habló: —¿P-por…
q-qué?
—dijo incrédula; su aparente falta de sueño ya había desaparecido.
Drake tuvo que contener una sonrisa de triunfo.
—¿Por qué?
Simple.
Usted ha dado ideas interesantes sobre algunas armas que utiliza actualmente la Milicia; además, la señorita Alice se ha dado cuenta de que usted está intentando llevar a la realidad algunas de esas ideas —dijo mientras guarda los documentos; hacerlos salir sale caro.
Por el altavoz se escucharon unos ruidos de cosas moviéndose y el de un cuerpo cayéndose al suelo.
Parecía que la noticia fue muy repentina.
—¡¿Cómo supiste eso?!
—preguntó con la guardia ya más alta.
Drake cerró la mochila y volteó a mirar, esta vez a la puerta, aunque sabía que no había nadie ahí.
—Pues gracias a tu seudónimo en los alrededores de Anarquía: Metal Master.
Fue bastante curioso que, de repente, alguien empezara a juntar las piezas clave de distintas armas de la Milicia y, además, algunas piezas extras que coinciden de forma muy casual con las ideas que una usuaria de Internet dio hace solo unos meses —dijo sonriendo.
De repente se volteó hacia el plantero y dijo, aún sonriendo, con un tono más de reprimenda: —Aquí vino su error, joven Thalia.
El modelo de las armas base que utiliza la Milicia es público, pero las modificaciones mágicas empleadas no.
Solo alguien lo suficientemente inteligente y conocedor del tema de la mecánica mágica podría descifrar alguna de las ideas que se ocultaron— Se calló un segundo, dejando que la chica pensara lo que le dijo, y continuó.
—Eso quiere decir que si en algún momento llega a salir al ojo público, las preguntas empezarán y todo lo que hizo saldrá a la luz.
Puedo asegurarle que eso le será más que un simple problema.
Pero lo que propuso la señorita Alice soluciona en cierta medida esos problemas futuros: únase a la Milicia y la señorita la protegerá; a cambio, ella quiere que usted mantenga y mejore el equipo del escuadrón que ella quiere formar —Drake miró al plantero y mantuvo un rostro calmado.
Por dentro, sin embargo, se puso un poco nervioso.
Él nunca fue alguien tan bueno con las palabras, ya que siempre se metía en libros y nunca llegó a hablar con tanta gente; de su familia, solo Elena y…
ya no tenía sentido abrir esa herida otra vez.
El silencio se instaló en el porche, la lluvia de la tarde aún cayendo.
—Si yo…
en el caso hipotético…
de que acepte —dijo con algo de cautela.
Drake sintió que sus emociones se empezaban a cruzar—.
¿Podría unirme al escuadrón de asalto?
Drake se quedó sin hablar, no supo qué responder.
De todos los escenarios que imaginó…
este no fue uno.
¡Nunca se le cruzó la idea siquiera!
—Eh…
bueno…
eso es algo que debería discutir con la señorita.
Si no es mucho problema, ¿puede comentarme el porqué?
—Su sonrisa pasó a una nerviosa, con cierto miedo de meter la pata.
Durante unos segundos solo se escuchó el sonido de la lluvia chocar contra el suelo.
—No te lo diré —dijo un poco ¿emocionada?
Pero después continuó—.
Te lo mostraré.
Dame un momento y te abriré la puerta—.
Lo que salió del plantero después fue el sonido de un portazo.
Drake no supo qué pensar de esta situación, pero igual se quedó parado frente a la puerta.
Durante el transcurso de un par de minutos, Drake escuchó diferentes ruidos dentro del hogar: el agua cayendo sobre un balde; el de una escoba quitando mugre; el estruendo de platos siendo movidos sin mucho cuidado; una puerta siendo abierta con mucha prisa, etc.
De repente, veloces y apurados pasos se acercaron a la puerta.
Con un fuerte tirón se abrió la puerta y a la vista llegó la imagen de la misma chica de la foto que vio…
pero diferente.
Su cabello era anormalmente largo, llegaba sin problemas a las rodillas, y únicamente estaba ordenado porque aún se encontraba húmedo, como si recién saliera de la ducha; sus ojos mostraban un gran cansancio y estaban rodeados por unas oscuras y vastas ojeras.
Pero lo que levantó un poco de preocupación en Drake fue su estado físico.
La niña estaba sin duda desnutrida; las manos que sostenían la puerta eran prácticamente huesos con una fina capa de piel que no los dejaba visibles.
Además, Drake pudo jurar que vio un pequeño temblor en su pierna, como si estuviera poniendo todo de sí para mantenerse de pie.
Drake se dio cuenta de otro detalle: su ropa era bastante grande para ella y la cantidad de capas que tenía encima no solo tapaba todo su cuerpo, sino que hacía que el calor que estaría sintiendo fuera elevado.
Thalia no debía medir más de un metro cincuenta, por lo que tuvo que levantar un poco la cabeza para verlo.
Al intercambiar miradas, Thalia mostró un poco de nerviosismo cuando empezó a hacerse a un lado.
—Pase —dijo simplemente, tratando de ocultar su pequeño nerviosismo.
Drake dio un paso adentro de la propiedad y fue ahí cuando su mirada empezó a captar detalles.
Primero: la fuerte mezcla de químicos y aromatizantes generó un olor muy invasivo.
Segundo: la temperatura era muy baja; el problema es que estaban recién a 15 de septiembre, cuando aún es verano.
Eso significaba que la casa no se había abierto durante bastante tiempo y que las bajas temperaturas de invierno y otoño se habían mantenido.
Drake miró en la dirección de donde provenía el sonido del agua cayendo sobre metal, en una de las esquinas de la casa; vio la chimenea de la cual caían chorros de agua, los cuales caían en una olla de hierro; el suelo alrededor de la chimenea se mostraba oscurecido por una humedad residual tras ser recién secada.
No pudo mirar más cuando Thalia llamó su atención.
La pequeña se tambaleó…
no se tropezó con sus pies ni con el suelo, se tambaleó sin razón aparente.
Drake entendió al instante lo que pasó: Thalia se empezó a quedar sin fuerzas.
Se movió con rapidez y tomó a Thalia para evitar que se desestabilizara.
Thalia miró a Drake y dijo, con el cansancio empezando a notarse en su voz: —Lo siento.
Dame un minuto y te mostraré a “Caro” —dijo apurada.
Drake mandó el reclutamiento al demonio.
Miró alrededor y vio la sala de estar un poco más alta al frente, donde un sillón con polvo mal quitado se encontraba.
Drake llevó a Thalia al sillón, aun con sus protestas.
La sentó y le dijo: —Sé que esto es importante para ti, pero para mí es más importante que la persona que quiero reclutar siga con vida —dijo sin dejarle oportunidad de seguir protestando.
Al ver cómo se calló, continuó—.
Entonces quédate aquí, yo veré si tienes algo que comer.
Se dirigió a la cocina, que estaba a la izquierda de la entrada, y miró cómo los platos aún se encontraban húmedos.
Unos platos destacaban por estar secos y separados del resto.
No pudo ver más porque abrió la heladera y sintió cómo el olor a podrido llegó a sus fosas nasales.
En el interior de la heladera no había casi nada; lo único que había eran verduras podridas y algunos tarros de comida prehecha.
Drake se quedó viendo esto unos segundos y después se puso a buscar las verduras en mejor estado.
Sacó las pocas que encontró y las tiró en uno de los platos que sacó.
Buscó un poco por la cocina en busca de lo necesario: un cuchillo, una tabla, una olla que llenó con agua, unos condimentos y un paquete de arroz que no estaba vencido.
Cuando tuvo todo listo, comprobó si había gas y, al saber que sí, empezó: puso la olla al fuego y le agregó un poco de sal; empezó a quitar las partes podridas de las verduras y a separarlas: dos papas chicas, unas hojas de lechuga, media zanahoria y un diente de ajo; empezó a cortar en finas tiras la lechuga y la zanahoria; a las papas las mandó al agua cuando esta empezó a hervir.
Tras unos minutos de espera, sacó las papas y les quitó la piel en caliente; después aplastó las dos papas y les echó unos pocos condimentos; cambió el agua de la olla por una nueva y la mandó al fuego otra vez; cuando hirvió, puso el arroz y esperó unos minutos a que estuviera listo; cuando estuvo listo, coló el agua.
Tomó dos platos: en uno puso el puré de papa, al cual también le echó un poco de aceite que encontró al final; en el otro, el arroz y las escasas verduras.
Tomó un tenedor y llevó los platos hacia la mesa.
Fue a buscar a Thalia y la llevó al comedor, donde la sentó y miró cómo baba salía de la comisura de su labio al ver la comida.
Mientras veía comer a Thalia, pensó en lo que tendría que decirle a Alice.
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