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Esperaba que se diera cuenta, pero de nuevo, ahora que lo hizo... estoy cansado - Capítulo 144

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  3. Capítulo 144 - 144 ¿Cómo Max
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144: ¿Cómo Max?

144: ¿Cómo Max?

—Repite eso —dijo Lucian, con voz calmada pero con un trasfondo que provocaba escalofríos.

Sus ojos se clavaron en los de Víctor con una quietud que parecía casi inhumana.

No había ira ni odio, solo un inquietante vacío.

La sonrisa de suficiencia de Víctor vaciló por una fracción de segundo, mientras sus instintos le gritaban.

Algo en la mirada de Lucian no encajaba, era antinatural.

Había visto muchas caras en su profesión: ira, miedo, desafío…, ¿pero esto?

Esto era algo completamente diferente.

Las alarmas sonaron con fuerza en la cabeza de Víctor mientras se enderezaba ligeramente y tensaba el cuerpo.

Sus agudos ojos intentaron leer la expresión de Lucian, pero fue como mirar a un abismo.

Sin emoción.

Sin señales.

«Se dice que el mejor luchador es el que no pierde el control de sus emociones», pensó para sí Víctor, con la mente acelerada.

Pero esto no parece control… parece que no hay nada que controlar.

En blanco.

Vacío.

Víctor frunció el ceño a medida que su inquietud crecía.

Dio un pequeño paso atrás, entrecerrando los ojos mientras estudiaba los movimientos de Lucian.

Lucian comenzó a avanzar, cada paso deliberado, y sus zapatos chasqueaban suavemente contra el suelo del restaurante.

Víctor adoptó instintivamente una guardia de boxeo, con el cuerpo tranquilo y calculador, y alzó las manos para protegerse la cara.

Separó los pies ligeramente para mantener el equilibrio, distribuyendo el peso de manera uniforme mientras se preparaba para un ataque.

Pero incluso mientras adoptaba su guardia, sus ojos recorrieron la figura de Lucian, buscando aperturas.

Se le cortó la respiración al percatarse de algo.

—¿Por qué no encuentro ninguna apertura?

—susurró para sí, con voz apenas audible.

El pecho se le oprimió mientras su confianza flaqueaba.

«Es imposible que alguien como él esté ahí plantado sin un solo fallo…

¿verdad?».

Lucian no se detuvo.

Sus pasos seguían siendo firmes y medidos.

Parecía casi indiferente a la guardia de Víctor, como si no fuera más que algo sin importancia.

Los pensamientos de Lucian se arremolinaban mientras miraba fijamente a Víctor, y su tranquila fachada no delataba el torbellino de su interior.

«¿Qué acaba de pasar, Max?», se preguntó para sus adentros, con un tono más cortante de lo habitual.

«Pude golpear al protagonista.

¿Por qué no se detuvo el tiempo?».

Frunció el ceño ligeramente, sus dedos rozando su costado al recordar la nítida sensación de su vida pasada: el mundo paralizándose por completo cada vez que intentaba interferir con Víctor de forma significativa.

Pero ahora no había ninguna barrera invisible, ninguna congelación abrupta.

«En mi vida pasada, cada vez que tan solo pensaba en alterar la narrativa, el mundo oponía resistencia.

¿Pero ahora?

¿Ahora puedo golpearlo y no pasa nada?

¿Qué ha cambiado?».

La voz de Max resonó en su mente tras un momento de silencio contemplativo.

[Es por tu regresión, Anfitrión.

La segunda oportunidad ha creado cambios sutiles en las reglas del mundo.

Has ganado algo de margen de maniobra, pequeños cambios que te permiten actuar de formas que antes no podías.]
Lucian entrecerró los ojos y su mirada recorrió a Víctor, que había adoptado una confiada guardia de boxeo.

Sus movimientos eran fluidos y practicados, pero Lucian ya podía ver por dónde se filtraba la arrogancia en su postura.

La mirada de Lucian parpadeó, y el fuego en su pecho creció.

Sus manos temblaban ligeramente, no de miedo, sino por la rabia cruda y reprimida que se había ido acumulando desde el primer momento en que se cruzó con Víctor.

«¿Por qué no me dijiste esto antes?».

Su voz mental se redujo a un susurro, pero la furia tras las palabras era innegable.

«¿Es que no sabes cuánto odio a este tipo?».

«La forma en que manipula a la gente, usando sus sentimientos para retorcerlos para su propio beneficio…

para sus ganancias, sus planes…».

Su voz temblaba de asco.

«¡Y también intentó usar eso contra la gente que me importa!».

Hubo otro largo silencio.

Max no respondió de inmediato; el peso de las palabras de Lucian flotaba pesadamente en el aire.

Parecía que el mundo a su alrededor se había aquietado, como si hasta el propio tiempo contuviera la respiración.

Los ojos de Lucian permanecían fijos en Víctor, que ahora estaba de pie frente a él adoptando su guardia, como si se preparara para una batalla.

La mirada de Lucian era fría y calculadora, cada músculo de su cuerpo contraído con intención.

Su respiración era lenta y constante, pero por dentro su corazón estaba desbocado.

Sus dedos se crisparon con el deseo de atacar, de derribar por fin a ese hombre que había jugado con tantas vidas.

Tenía la mente despejada.

Ya nada podía detenerlo.

Max no respondió.

El silencio llenó la mente de Lucian.

El ambiente del restaurante se había vuelto tenso, y el murmullo de los curiosos llenaba el aire.

Las sillas chirriaron contra el suelo mientras algunas personas se levantaban para ver mejor, y sus susurros apagados contribuían a la atmósfera cargada.

La mandíbula de Víctor se tensó a medida que Lucian acortaba la distancia entre ellos.

El sonido de los pasos de Lucian —tac, tac, tac— parecía ensordecedor en medio del silencio.

—He dicho —repitió Lucian, con voz grave y firme—, repite eso.

No rompió el paso, con los ojos fijos e inquebrantables en Víctor.

Víctor exhaló bruscamente, y un destello de ira volvió a su rostro.

Su orgullo no le permitiría retroceder, sin importar la creciente inquietud que le arañaba el pecho.

—Solo pregunté si podía quedarme con ella —dijo, con su voz tranquila pero teñida de arrogancia.

Levantó ligeramente la barbilla, con una postura desafiante—.

¿No te habías rendido ya?

¿A qué viene tanto alboroto, chico?

Los pasos de Lucian no vacilaron.

La calma en su mirada se agudizó, volviéndose casi depredadora, como si estuviera diseccionando a Víctor con cada uno de sus movimientos.

Víctor apretó los puños.

Enderezó los hombros y estabilizó su postura, subiendo la guardia por instinto.

Los dedos se le crisparon levemente; su cuerpo se preparaba para lo que ahora comprendía que era inevitable.

El restaurante pareció contener la respiración, con el aire cargado de expectación.

Los curiosos susurraban entre ellos con nerviosismo, sin saber si intervenir o simplemente limitarse a observar cómo se desarrollaba la escena.

Jimmy se recostó en su silla, con los brazos cruzados, y observó el intercambio con silencioso interés.

Una sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios.

Garry, mientras tanto, se inclinó ligeramente hacia adelante, con los ojos muy abiertos por la expectación, como si estuviera viendo el clímax de una película de acción.

—
Gracias por leer…

Con amor de su apuesto autor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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