Esposa por Engaño, Millonaria por Venganza - Capítulo 149
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Capítulo 149: Capítulo 149 Tras muros fríos
POV de Dominic
El aire nocturno me calaba el abrigo mientras estaba de pie afuera, el frío filtrándose en los pliegues de la tela.
El suave contacto de Serafina alivió parte del peso que me oprimía, pero aun así aparté sus manos con suavidad.
—Se está haciendo tarde. Deberías entrar y descansar un poco.
—Dominic…, ¿estás molesto conmigo? —Su voz tenía un deje de confusión. Cuando empecé a darme la vuelta, sus dedos atraparon mi manga y me detuvieron.
—No —dije rápidamente, aunque algo rígido en mi voz delató la vacilación que no pude disimular.
—¿Es porque olvidé que venías esta noche? ¿O porque no respondí a tu mensaje? —Su tono se suavizó, casi suplicante, aunque parecía no darse cuenta del efecto que causaba.
Algo en su cercanía hizo que la frialdad de mi interior se resquebrajara, solo un poco.
Me quedé en silencio. Siempre había mantenido la distancia con la gente, me había acostumbrado a las despedidas, a que me pasaran por alto, a desaparecer de la memoria.
Pero esa noche, mientras la esperaba, algo incómodo se había retorcido en mi pecho.
No fui capaz de llamarla, pero al mismo tiempo me aterrorizaba la idea de que no respondiera si lo hacía.
Estos sentimientos que antes no significaban nada ahora parecían sofocarme.
—Dominic…, lo siento. Por favor, no sigas enfadado conmigo, ¿vale?
Sus brazos se deslizaron alrededor de mi cintura desde atrás, abrazándome con delicadeza.
Bajó la voz, una mezcla de culpa y calidez. —Te prometo que la próxima vez te responderé el mensaje de inmediato y no olvidaré nada de lo que me digas… En realidad, a mí también me ha molestado algo esta noche. ¿Podrías… quedarte conmigo un ratito?
Me giré hacia ella y mi mano encontró su cintura para atraerla más cerca. Incliné un poco la cabeza, y mi aliento calentó la piel cerca de su sien.
Estar tan cerca hizo que algo revoloteara en mi pecho.
—…Dominic —susurró, sonando casi tímida al repetir mi nombre—. Entonces…, ¿te quedarás?
—Sí. Mi aliento se mezcló con el calor que irradiaba entre nosotros, casi como un beso en su mejilla, y la sentí estremecerse.
Ella retrocedió rápidamente, buscando a tientas sus llaves como si temiera lo que podría pasar si seguíamos tan cerca. Tomándome de la mano, me guio al interior.
Una vez dentro, encendió las luces, se quitó los zapatos de una patada y sacó un par de zapatillas de hombre nuevas del armario, dejándolas en el suelo frente a mí.
—Las he comprado solo para ti. Pruébatelas, a ver qué tal te quedan.
Miré las zapatillas y algo cálido y brillante parpadeó en mi pecho. —Me gustan —dije sin pensarlo dos veces.
Ella se rio, y sus ojos brillaron mientras me observaba.
Verla sonreír así hizo que algo se relajara en mi expresión. —¿Qué es tan gracioso?
—Me río… —dijo, con voz ligera y juguetona—, porque todo el mundo piensa que el heredero del Grupo Warrington es una persona fría y que da miedo.
—Pero solo yo sé… —Hizo una pausa y me miró a los ojos—. …que en realidad es increíblemente fácil de complacer y sorprendentemente dulce.
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