Esposa por Engaño, Millonaria por Venganza - Capítulo 169
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Capítulo 169: Capítulo 169 Falsa Partida
—Tienes que irte. Ahora. Aunque quisiera protegerte, mi familia no se echará atrás. Toby sigue con mi madre, piensa en lo que eso significa. Yo me encargaré de todos los preparativos.
Julián se movió con rápida eficacia mientras metía las pertenencias de Bianca en las maletas, con un tono que no admitía réplica.
Bianca tenía muchas cosas, pero él solo cogió lo importante: ropa, documentos y lo más esencial de lo que no podía prescindir.
Durante todo el trayecto, Bianca no dejaba de secarse las lágrimas, suplicándole una y otra vez. Pero Julián permaneció en silencio, con la mandíbula apretada. Su decisión era definitiva: tenía que irse.
Cuando llegaron al aeropuerto, Julián le compró un billete a un país cercano que no requería visado.
—Mantén un perfil bajo por ahora. Arreglaré lo de tu visado y te matricularé en algún sitio. Podrás estudiar en el extranjero, y Toby se reunirá contigo cuando las cosas se calmen.
—¿Y si huyo y no puedo volver nunca? ¿Qué pasará entonces?
A pesar de su miedo, la mente de Bianca seguía funcionando con claridad. Ya había hablado con un abogado.
Las acusaciones de Caleb aún no se habían extendido mucho y, como la que lo empezó todo, se enfrentaría como mucho a un año. Con el abogado adecuado y algo de dinero para la indemnización, podría incluso conseguir la libertad condicional.
Pero eso significaba que la familia Everett tenía que interceder por ella.
Y la única forma de asegurarse su apoyo era revelar su matrimonio con Julián.
—Primero arreglaré este desastre en casa y luego iré a buscarte —dijo Julián con una voz que por fin se suavizó.
Atrajo a Bianca hacia él, abrazándola como siempre lo había hecho, con todas las tiernas promesas que solía hacerle.
Esta vez, sin embargo, Bianca no le creyó. Sus dedos se clavaron en los hombros de él.
—Julián…, te estás apresurando a deshacerte de mí… porque tienes miedo de que Serafina nos descubra, ¿verdad?
Su suave pregunta hizo que la compostura de Julián se resquebrajara por un momento.
—¡Deja de decir locuras! —la empujó hacia atrás, con el rostro ensombrecido—. Eres mi esposa. ¿Serafina y yo? Fue un negocio, nada más. Lo sabes.
—Todo lo que estoy haciendo ahora es para mantenernos a salvo.
—¿De verdad? —La sonrisa de Bianca era frágil, y las lágrimas amenazaban con desbordarse mientras lo miraba con ojos heridos.
Julián le acarició el rostro con suavidad. —Prométeme que no harás más estupideces. Mantente a salvo, no llames la atención y espérame. Lo que te dije hace diez años sigue en pie. Pasaré mi vida contigo… siempre.
Diez años atrás, cuando Julián conoció a Bianca, había jurado que ella sería la única. Pero ahora, hasta su propia voz carecía de la firme convicción que tuvo una vez.
Bianca se quedó en silencio. Se fundió en su abrazo hasta que llegó la hora de embarcar. Bajo la atenta mirada de Julián, desapareció por el control de seguridad.
Julián no se fue del aeropuerto hasta que vio su avión rodar por la pista.
Pero Bianca había regresado, deslizándose por la terminal vestida de civil, con una gorra de béisbol y una mascarilla que ocultaban su identidad. Cogió el primer taxi que encontró y se desvaneció en la ciudad.
A la mañana siguiente, Julián se presentó en la Mansión Everett.
Había pasado toda la noche sacando a Bianca de la ciudad y apenas había dormido antes de volver a casa a toda prisa.
Miriam, que había estado cuidando a Eleanor, tampoco había dormido mucho. Después de enterarse de la última jugarreta de Bianca, se había pasado horas mirando al techo.
Comprendió que mientras Bianca siguiera en escena, la familia Everett nunca conocería la paz.
Puede que Serafina no fuera perfecta, pero seguía siendo su nuera. El ataque público de Bianca a Serafina fue una bofetada para toda su familia, ¡y para el propio Julián!
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