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Esposo, me has abandonado. Bien, me concentraré en criar a mi hijo - Capítulo 249

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Capítulo 249: Cuerdas e ideas

—¡No! —dije al darme cuenta de lo que hacía, pero ya era demasiado tarde. Me puso la cinta sobre la boca.

Mi Tío se puso de pie y el guardaespaldas que estaba cerca sostenía una cámara.

—Toma tantas como puedas —le ordenó mi Tío.

El guardaespaldas empezó a tomarme fotos con la cámara. Mis ojos parpadearon por la conmoción ante el intenso flash de la luz. Empecé a forcejear, intentando liberarme de nuevo, pero la cuerda estaba demasiado apretada. Tampoco podía gritar por culpa de la cinta que me tapaba la boca.

El guardaespaldas tomó varias fotos y luego paró.

—Déjame verlas —dijo mi Tío mientras se acercaba al guardaespaldas. Mis ojos parpadeaban rápidamente mientras intentaba recuperarme de la ceguera provocada por el intenso flash de la cámara. Mi Tío miró entonces la cámara.

—Han quedado bien, buen trabajo, Tony —dijo con crueldad, apartando la vista de la cámara para mirarme—. Estoy seguro de que a tu mamá le encantarán cuando las vea.

Mis ojos se abrieron de par en par por la impresión. ¿Iba a enviárselas a mi mamá?

La sonrisa de mi Tío se ensanchó al verme forcejear.

—Anthony, está a punto de descubrir cuánto le importa en realidad a su padre —me dijo—. En las próximas semanas su vida dependerá de ello. Si su padre elige bien, puede que se vaya a casa; si no lo hace…, bueno, más le vale que no se equivoque.

—¡Mmmhhmm! —intenté gritar con la cinta todavía pegada sobre mi boca.

—¿Qué? No lo oigo, tiene que hablar más alto —dijo mi Tío como si le sorprendiera que no pudiera hablar. «¡Es tan mezquino y malvado!», pensé.

—Quítale las ataduras —le dijo entonces al guardaespaldas mientras empezaba a alejarse.

—Se quedará aquí hasta que aprenda a comportarse si no tiene cuidado. Marco también lo aprendió; él conoce muy bien esta habitación.

Tumbado en el suelo, vi cómo mi Tío salía de la habitación y cerraba la puerta tras de sí.

El guardaespaldas me quitó la cinta y me soltó la cuerda. El hombre empezó a alejarse en dirección a la puerta.

—¡Espera! —dije y me levanté, pero me sentí mareado y extraño por haber estado atado, así que no podía correr bien.

Aun así, intenté correr y abalanzarme hacia la puerta, pero el hombre ya había salido y me la cerró en la cara.

—¡Sáquenme de aquí! —grité, golpeando la puerta. Continué haciéndolo con la esperanza de que se abriera. Al golpearla, me di cuenta de que en la parte de abajo había una pequeña abertura, como una gatera o la ranura del correo, pero muy delgada. ¿Para qué serviría? Me arrodillé e intenté meter la mano, pero el brazo no me cabía.

Volví a golpear la puerta, impotente.

Después de un rato, comprendí que nadie iba a venir a por mí y que golpear la puerta no serviría de nada.

Me aparté de la puerta para mirar la habitación oscura y vacía, a excepción de una pequeña colchoneta y el retrete de la esquina.

El Tío había dicho que a Marco lo habían traído aquí muchas veces. «¿Así que aquí era donde lo castigaban a él también?», me pregunté.

Levanté la vista hacia la única ventana de la habitación, que daba al exterior de la mansión. Estaba demasiado alta. No podría subir.

Me senté en la colchoneta al cabo de un momento, pensando en lo que mi Tío acababa de hacer. Iba a enviarles esas fotos a mi mamá y a mi papá. Recordé la otra vez que me había dicho que él

Miré la cuerda y la cinta que estaban junto a la colchoneta, las que el guardaespaldas había dejado.

Al cabo de un rato, a medida que la habitación se oscurecía más y más, vi un pequeño interruptor cerca de la puerta. Fui hasta él y encendí la luz, que era tan amarilla y tenue que apenas iluminaba nada. Volví a la colchoneta. Me sonaron las tripas y me miré el estómago, hambriento. Estaba seguro de que a estas horas estaría cenando con Marco. «¿Me iré a la cama sin comer?», me pregunté con inquietud.

Después de lo que parecieron horas, oí unos pasos. Miré hacia la puerta y vi la silueta de unos pies bajo ella.

—¡Por favor! ¡Sáquenme de aquí! —supliqué, corriendo hacia la puerta.

Entonces vi cómo empujaban una bandeja por la delgada abertura de la parte inferior de la puerta. Era mi cena: un poco de pan y sopa, y la bandeja estaba cubierta con un plástico. Los pies se alejaron de la puerta y oí cómo los pasos se perdían a lo lejos.

¿De verdad el Tío iba a obligarme a pasar la noche en esta habitación asquerosa? Volví a mirar la bandeja y me gruñó el estómago. Quise quejarme y aporrear la puerta para que el Tío me sacara, pero sabía que no lo iba a hacer.

Simplemente cogí la bandeja, me senté en la colchoneta y comí en silencio. Cuando terminé, me tumbé de nuevo en la colchoneta y me quedé mirando el techo de hormigón gris.

Entonces miré la cuerda que había junto a la colchoneta y, por puro aburrimiento, la cogí y empecé a jugar con ella.

El Tío dijo que mi liberación dependía de mi padre. Odiaba admitirlo, pero no creo que mi padre me salvara. No creo que le importara tanto.

Después de lo que parecieron varias horas más, al final me quedé dormido. Sin lavarme los dientes.

A la mañana siguiente, cuando me desperté, ya había una bandeja con el desayuno esperándome. Comí y luego, para mantenerme ocupado, me moví por la habitación, jugando con la cuerda.

La hacía girar mientras caminaba de un lado a otro por la habitación. Entonces, me di cuenta de que había algo en la ventana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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