Esposo, me has abandonado. Bien, me concentraré en criar a mi hijo - Capítulo 255
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Capítulo 255: Un nuevo ángulo
—Jasmine, usted debería estar durmiendo —comentó él mientras se acercaba a la zona de asientos.
—Keith, ninguno de nosotros puede dormir en esta situación —le respondí sin rodeos. Él apretó los labios, nervioso.
—¡Pero creo que lo tengo! Encontré un documento que coincide con los borradores —le dije con entusiasmo.
Su expresión cambió por completo. —¿¡Qué!? —dijo, desconcertado por esta revelación.
—¿Qué encontró? —me preguntó. Le mostré los documentos que coincidían con el borrador y luego le expliqué todos los números.
—Dios mío —dijo—. Este documento es de hace cinco años, ¿verdad? —confirmó mientras lo leía—. No recuerdo haber notado nada extraño en su momento, pero esto es bastante revelador.
—¿Podrá confirmar si de verdad faltan 3 millones de dólares? —le pregunté entonces.
—Ahora que por fin sé dónde buscar la discrepancia en las finanzas, conseguiré todos los recibos y facturas de los gastos varios y los sumaré para ver el importe real gastado. Sabremos con certeza si ha ocurrido algo y podremos compararlos con esto. Sumaré todos los gastos y veré a cuánto ascienden —me dijo.
—De acuerdo, le ayudaré con eso —me ofrecí.
Keith hizo una pausa mientras me miraba. —Jasmine, ha hecho un buen trabajo, pero necesita descansar. Se la ve muy agotada —me dijo con voz preocupada.
—Y usted también —repliqué. Él también tenía ojeras. Aunque lo odiaba, también estaba preocupada por él—. Usted también tiene que descansar.
—Descansaré en cuanto termine con esto —dijo él—. En cuanto a usted, descanse mientras yo me encargo de esto ahora mismo —me dijo.
—De acuerdo —acepté, y unos instantes después, salió de mi dormitorio.
Uno de los guardaespaldas que había fuera de mi habitación me dio un somnífero. Luego, a regañadientes, me metí entre las sábanas. En realidad no quería acostarme, pero supongo que no tenía más remedio. Tras esperar un rato a que la pastilla hiciera efecto, por fin logré cerrar los ojos.
Cuando me desperté varias horas después, me sentía más descansada, pero seguía cansada. Varias noches de insomnio no se iban a resolver de una sola vez. El sol brillaba a través de las ventanas de mi habitación; me di cuenta de que todavía era por la mañana. Miré la hora en mi móvil y vi que eran las 10 de la mañana. Me pregunté si Keith ya se habría ido a trabajar.
Salí de la habitación y les pregunté a los guardaespaldas dónde estaba Keith. Me dijeron que todavía estaba en la mansión, en su despacho. Me llevaron a su despacho.
—Jasmine, está aquí. ¿Ha descansado bien? —me preguntó.
—Sí —respondí mientras me acercaba a su escritorio—. ¿Ha encontrado algo? —le pregunté.
—Pues solicité todos los recibos de todos los gastos pagados de los 4 millones de dólares en gastos varios de este proyecto, y he estado sumándolo todo la mañana entera. Descubrí que, en realidad, las facturas y los recibos solo suman 1 millón —respondió él.
Abrí los ojos como platos.
—El borrador, de hecho, coincide con las cifras reales que he calculado. Se robaron 3 millones en este proyecto —concluyó.
—Oh, Dios mío, por fin —dije mientras una oleada de alivio me invadía. Por fin habíamos encontrado pruebas de que estaban robando los fondos de Acland. Después de casi dos semanas y media de inspeccionar documentos sin descanso, por fin habíamos encontrado algo y habíamos conseguido un gran avance en la investigación.
—Ahora me pregunto cuánto tiempo llevará pasando esto —se preguntó—. Solo he notado algo extraño hace poco.
—Mmm —dije en señal de acuerdo. Keith ya había sido nombrado Presidente hacía cinco años.
—Ahora —continuó Keith—, voy a revisar los documentos financieros recientes. Ya sospechaba que algo extraño estaba pasando. Ahora que sé dónde mirar específicamente, voy a comprobar los recibos y las facturas para ver si el importe gastado coincide y si el patrón se mantiene; así tendremos nuestra respuesta.
—¿Va a ir hoy a la Sede? —le pregunté con curiosidad.
—No, quiero terminar con esto ahora mismo para que podamos localizar al responsable —me dijo—. Quiero terminar de revisar todos los documentos.
Enarqué las cejas con sorpresa al mirar a Keith, que parecía tan cansado y agotado como yo.
—Creo que debería descansar ya —le dije.
—Lo sé, pero…
—Por favor… usted lo prometió —lo interrumpí con suavidad y me acerqué lentamente—. Puedo seguir revisando los documentos mientras usted descansa. Puedo hacerlo —le aseguré. Yo ya había encontrado la primera pista, podía continuar con el trabajo.
Sus ojos azules se suavizaron mientras escrutaban los míos. Se llevó una mano a la nuca y se la frotó con torpeza.
—Está bien —aceptó por fin.
—Bien —dije, contenta de que me hiciera caso. Quería parecer lo más atenta y preocupada posible.
Me mostró qué documentos estaba revisando, y así supe qué hacer.
—Hay algunas facturas y recibos que llegarán pronto, para que pueda verificar el presupuesto —me dijo.
Unos instantes después, unos guardaespaldas entraron en el despacho y entregaron los documentos que yo revisaría mientras él descansaba.
Esperaba que Keith saliera del despacho, pero en su lugar, lo vi caminar hasta la zona de asientos y tumbarse en un sofá. Hizo un gesto con la mano a los dos guardaespaldas que aún estaban en el despacho, y ellos fueron a situarse junto a la puerta.
—¿Qué hace? —le pregunté.
—Voy a descansar —me dijo.
—¿Aquí?
—Sí —respondió mientras cerraba los ojos.
Entrecerré los ojos, observándolo a él y después a los guardaespaldas junto a la puerta. Aquello me dijo todo lo que necesitaba saber. Confiaba en mí lo suficiente como para escucharme y descansar, pero no iba a dejarme a solas en su despacho.
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