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Estoy cargado de Habilidades Pasivas - Capítulo 64

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  3. Capítulo 64 - 64 Visitantes en la noche de lluvia
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64: Visitantes en la noche de lluvia 64: Visitantes en la noche de lluvia Gordos gansos patrullaban el lago mientras soplaba el viento y la llovizna caía, creando una neblina brumosa en la que dos hombres caminaban de noche.

—Oye, Kong, ¿no c’ees que deberíamo’ ‘tar en la cama con unas pivitas?

—E’te tiempo, e’te tiempo, le da sueño a uno, tío…

Dos hombres con capas negras caminaban junto al Lago Ganso.

Uno con la capucha puesta y otro sin ella.

Shao Yi llevaba la capucha ajustada alrededor de la cara mientras tomaba otro trago de licor de su calabaza y luego se agarraba el estómago al eructar.

¡Buuurp!

Feng Kong echó un vistazo al tiempo.

La noche lluviosa bloqueaba el amanecer, pero, aun así, la primera luz no tardaría en llegar.

—En momentos como este es cuando la gente tiene la guardia más baja.

Se concentró y saltó a lo lejos.

—No bebas antes de matar —le aconsejó a su compañero—.

Afectará a tu juicio.

Shao Yi detuvo lo que estaba haciendo con las manos, pero mantuvo la velocidad y le siguió el ritmo.

—Oh, relájate.

No pa’a na’.

—E’to no e’ p’oblema.

Te iba a decí que te pusieras la capucha.

La lluvia te va a molestá’ la vista, ¿sabes?

E’o te va a molestá’ pa’ matar.

Feng Kong se limpió el agua fría de la lluvia de la cara y dijo: —La lluvia es fría.

Me mantiene despierto.

Shao Yi le dio una palmada a su calabaza y arqueó una ceja.

—Ya ves.

Pa’a gu’tos, los colores…

—A mí me gu’ta bebé’, a ti te gu’ta la lluvia.

Los dos tenemo’ lo que queremo’.

Genial, ¿no?

Las comisuras de la boca de Feng Kong se crisparon.

Se quedó en silencio un buen rato antes de decir: —No hay p’oblema con beb…

beber.

¿Podrías al menos hablar como una persona normal?

¡Puaj!

Al notar que su forma de hablar se estaba viendo afectada por la de su compañero, Feng Kong decidió callarse sin más.

—Je, je…

—Shao Yi se estaba divirtiendo—.

¿No te gu’ta lo que oyes?

—Sí.

—Pues a mí tampoco me gu’ta tu cara de estirado, que pa’eces un santo o argo.

Feng Kong se detuvo, con aspecto muy molesto.

—¿Qué?

¡Vamos!

—exclamó Shao Yi, exasperado.

—¿Sabes lo que estás diciendo?

—el tono de voz de Feng Kong se desplomó, haciéndolo sonar como un emisario de algún infierno helado.

—Lo sé.

¡Que deberíamo’ volverno’ a dormir!

—…

Feng Kong respiró hondo.

Su compañero debía de estar muy borracho.

«Olvídalo.

No tiene sentido ser mezquino con él», pensó.

«Todavía hay asuntos que atender».

Alzó el vuelo de nuevo.

Shao Yi se echó la capucha un poco hacia atrás con mano temblorosa.

Aunque la lluvia no le había empapado la cara, sí que estaba empapada en un sudor frío.

«Joder, ¿qué acabo de decir?

¿Es que quiero morir?

»¡Ese tipo es Feng Kong, el de las Manos Sangrientas!

»Menos mal que he conseguido quitarle importancia.

Probablemente Kong no me matará después de esto».

El tono bajo y gélido de su compañero tras su desliz le había devuelto la sobriedad al instante, y simplemente había decidido seguirle el juego y hacerse el tonto al darse cuenta de que había metido la pata.

De lo contrario, las consecuencias habrían sido desastrosas.

Shao Yi se secó todo el sudor frío de la cara y compuso su expresión, siguiendo inmediatamente a su compañero.

La lluvia seguía cayendo y parecía haberse vuelto aún más intensa.

Los gansos del lago se acurrucaron juntos mientras se reunían alrededor de la valla de jade, intentando resguardarse de la lluvia.

Bueno…

Un buen intento, eso sí.

…

La velocidad a la que los dos se movían por el sinuoso sendero disminuyó considerablemente.

—E’ por aquí, ¿verda’?

Shao Yi miró a su alrededor y, a decir verdad, había pasado bastante tiempo desde la última vez que había ido al Patio Exterior.

De hecho, había pasado tanto tiempo que casi había olvidado el camino.

Por suerte, el lugar apenas había cambiado.

De lo contrario, no habría sido capaz de orientarse más o menos.

Entonces vio a alguien en el bosque y se sorprendió bastante.

—¿Son los discípulos del Patio Exterior tan t’abajadores?

¿Lloviendo y siguen t’abajando?

—Bueno, en mis tiempos me quedé en esa casa común durante un año.

Había tanta gente allí y entrenar era impo’ible, así que tuve que salir…

—El Patio Interior es un buen lugá’, tengo mi propio lugá’, y chicas…

Shao Yi rememoraba mientras seguía bebiendo, totalmente ajeno al hecho de que Feng Kong estaba cada vez más molesto.

Tomó un trago y entró en un recinto vacío.

El recinto estaba cubierto por una formación, y solo el agua de lluvia podía entrar.

También había un enorme campo antes de esa barrera, el cual era inmenso y en él cabían muchas personas para entrenar.

—Tsk, niño rico, ¡eh!

—En mis tiempos, yo…

—¡Cállate!

—lo interrumpió Feng Kong—.

El objetivo está justo delante y, ¿aún quieres seguir parloteando?

¿Has olvidado lo que te enseñé?

Gulp…

Shao Yi se rascó la cabeza, avergonzado.

Abrió la boca para responder a la pregunta, pero se calló al instante.

Tomó otro trago para armarse de valor y añadió: —Kong, déjame encargarme de e’te, y tú quédate atrás y mira.

Pa’ empezar, no hace farta que hagas e’to, así que…

Feng Kong le lanzó una mirada, lo que provocó que Shao Yi se callara de inmediato y fingiera cerrarse la boca con una cremallera.

—Ponte en marcha.

—Ten cuidado con cómo lo haces.

Acaba con él de un solo golpe.

Shao Yi asintió y la calabaza de su mano desapareció.

Blandió dos espadas cortas, que sostenía con agarre inverso, y ocultó las hojas en sus mangas antes de acercarse al lugar.

Levantó la mano.

Luego, llamó a la puerta.

…

La piel que tenía delante era tan tersa y tenía un brillo tan agradable.

Aunque Xu Xiaoshou no podía ver la cara con claridad, ya no le importaba.

Extendió la mano y estaba a punto de tocar aquella piel…

¡Toc, toc, toc!

Cuando unos golpes apresurados sonaron en la puerta principal.

«¡Oh, maldita sea!».

El cuerpo terso desapareció ante sus ojos, y se abalanzó sobre él en un intento de atraparlo.

¡Crac!

Se oyó un ruido en la cama, y de alguna manera perdió el equilibrio, como si hubiera dado un paso en falso, y luego cayó pesadamente al suelo.

Abrió los ojos de golpe, con el corazón todavía acelerado.

Sus ojos estaban llenos de disgusto.

«¡Solo un paso más!».

¡Toc, toc, toc!

Se oyeron de nuevo los golpes.

Entonces miró a la puerta, sintiéndose muy, muy molesto.

«¿Pero quién coño es tan jodidamente desconsiderado?», pensó.

«¿Qué hacen apareciendo a estas horas?

»Capullo.

¿No puedes dejarme dormir?

»¿Por qué quieres impedirme dormir?».

Se puso los zapatos y caminó lentamente hacia el salón.

Usó su fuente espiritual como paraguas para protegerse de la lluvia.

Acababa de lavarse no hacía mucho, pero todo ese ruido lo había despertado poco después de acostarse.

No podía permitirse empaparse.

Se frotó los ojos somnolientos y no tardó en cruzar el recinto.

Puso una mano en el pomo.

El viento sopló y pareció despertarlo.

Se detuvo.

«¡Un momento!

»¿Pero quién coño está tan enfermo como para venir a buscarme a estas horas?».

Empezó a sospechar.

Apenas tenía amigos en el Patio Exterior, y el día anterior solo había ido a la biblioteca con Báculo por la tarde.

Eso significaba que no había ninguna razón para que alguien viniera a buscarlo.

Incluso se había preparado para tomarse unos días libres.

«¿La gente del Báculo buscándome a estas horas?».

Sintió que el giro de los acontecimientos era bastante ridículo.

Por ello, se concentró y extendió su Sentido a través de la barrera para comprobar qué ocurría fuera.

Afuera había un hombre con una capa negra y el rostro oculto bajo la capucha.

A pesar de la oscuridad de la noche, pudo distinguir con claridad la expresión del hombre.

El hombre tenía un aspecto corriente y parecía comportarse de forma muy cortés, ya que no seguía aporreando la puerta.

¿Eh?

¿Otro justo detrás de él?

«Mierda, ¿este tipo es idiota o qué?

Está lloviendo, y ya lleva algo con capucha, ¿y aun así se descubre la cara y se queda de pie con los brazos cruzados sobre el pecho?

»¿A qué viene tanta pose?

»¿Quién coño se va a molestar en mirarte por la noche?».

Sintió que algo no cuadraba, pero no era capaz de determinar qué era exactamente lo que estaba mal.

Y lo que es más importante, no conocía a ninguno de los dos y se preguntaba por qué estaban allí para empezar.

Además, se preguntaba por qué habían aparecido a esas horas.

El sonido de la lluvia parecía haberse vuelto más fuerte que antes.

Su mano permanecía apoyada en el pomo, pero ni abrió la puerta ni la retiró.

Su ritmo cardíaco se aceleró un poco mientras echaba un vistazo al cielo nocturno.

«Una noche lluviosa…

»¿Alguien ha venido a matarme?».

Sintió un escalofrío, pero la idea le pareció bastante ridícula.

Debía de haber leído demasiadas novelas.

¿Por qué iba a venir alguien a matarlo sin una buena razón?

Creía que su vida social era bastante decente y que nunca se había ganado ningún enemigo.

Los tres eran pacientes.

Los tres estaban en silencio.

Ninguno de los tres se movió.

Sintió que el hombre de fuera de la puerta seguía esperando cortésmente.

De repente, la noche volvió a quedarse en silencio.

Había una puerta de madera y tres figuras de pie a su alrededor.

La lluvia, en cambio, era ruidosa.

Resonaba a lo largo y a lo ancho junto con los golpes en la puerta, y a través del ruido se oía una canción familiar:
«Cerdito, cerdito, déjame entrar…

»Toc, toc, toc».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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