ÉTER:La orden de los shikanzei - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Donde la presión comienza a ceder
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20: Donde la presión comienza a ceder 20: Donde la presión comienza a ceder “La presión no siempre destruye de inmediato.
A veces espera.
Y cuando el mundo ya no puede sostenerla… entonces decide dónde romper.” La anomalía no explotó al día siguiente.
Ni al otro.
Eso fue lo inquietante.
Las Mareas seguían superpuestas en tres regiones del Reino del Alba.
Dinámica activa.
Estática contenida.
Sin alternancia.
Como contener la respiración demasiado tiempo.
En el Fénix Carmesí, Kaien reunió a un pequeño grupo al anochecer.
Renji.
Akio.
Mira.
Y junto a ellos: Selene Arkwright.
Dagan Holt.
—No es misión de combate —aclaró Kaien—.
Es reconocimiento y contención menor.
La región occidental muestra tensión creciente.
Selene asintió de inmediato.
Sus ojos ya analizaban el entorno incluso antes de partir.
Dagan flexionó los hombros con calma.
—Si algo sale, lo sostengo —dijo sin dramatismo.
—No intenten romper compresiones grandes —continuó Kaien—.
Observan.
Informan.
Se retiran.
Akio asintió.
—¿Y si ya comenzó la ruptura?
Kaien lo miró fijo.
—Entonces no sean héroes.
La región occidental parecía tranquila.
Demasiado.
Selene fue la primera en detenerse.
Extendió su Éter en pulsos finos sobre el suelo.
—Hay irregularidad bajo nosotros.
No es superficial.
Akio cerró los ojos un instante.
El aire no fluía.
Se resistía.
Renji sintió el fuego reaccionar.
Lo contuvo.
Dagan dio un paso al frente.
El suelo crujió.
No por peso.
Por presión invisible.
Un punto frente a ellos se hundió hacia adentro.
El aire colapsó en una esfera densa.
Y de esa implosión emergió una figura deformada.
No completamente corrupta.
No completamente estable.
Dagan reaccionó primero.
Se interpuso.
Su Éter reforzó su cuerpo mientras absorbía el impacto inicial de la criatura.
Retrocedió medio paso.
—No es fuerte… pero está comprimida —gruñó.
Renji lanzó un arco de fuego controlado.
No explosión.
Impacto medido.
La entidad vibró.
Akio avanzó.
Desenvainó.
Un corte limpio, dirigido al núcleo de tensión que percibía en el centro de la figura.
El filo atravesó.
La criatura no se partió.
Tembló.
—Está sostenida desde otro punto —dijo Mira.
Selene expandió una fina red de Éter sobre el terreno.
—El anclaje está más profundo.
Esto es una fuga, no el foco.
La criatura volvió a lanzarse.
Dagan la sostuvo otra vez, esta vez clavando los pies en el suelo.
Akio ajustó su respiración.
No buscó fuerza.
Buscó precisión.
Segundo corte.
Esta vez alineado con el flujo distorsionado.
La vibración cambió.
Renji dio un paso al frente.
Un impulso breve de llama comprimida, dirigido a la grieta creada por Akio.
La estructura cedió.
La figura implosionó sobre sí misma y desapareció.
Silencio.
Selene no relajó su postura.
—La presión sigue aquí.
Akio miró el horizonte.
—Esto fue una válvula.
Mira asintió.
—La acumulación está probando puntos débiles.
Dagan exhaló lentamente.
—Entonces la presa ya empezó a agrietarse.
Muy lejos de allí, en la región cubierta por niebla, la figura observó.
Uno de los puntos secundarios había cedido.
No del todo.
Pero lo suficiente para medir resistencia.
—Interesante.
Las Mareas giraban a su alrededor con precisión calculada.
No era caos.
Era experimento.
En la torre central, Shiryu Kaelith observó cómo las tres regiones superpuestas comenzaban a alinearse en un patrón más definido.
—Ya no es presión dispersa —dijo con calma—.
Es diseño.
Y en el Fénix Carmesí, Kaien escuchó el informe completo.
No interrumpió.
Cuando terminaron, solo dijo: —Entonces ya dejó de ser teoría.
El océano no había explotado.
Pero ya estaba empujando.
Y esta vez, lo hacía con intención.
“La primera grieta no destruye la presa.
Solo anuncia que la presión encontró un punto débil.
Y cuando el agua aprende dónde romper no vuelve a preguntar.”
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