ÉTER:La orden de los shikanzei - Capítulo 3
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3: La Senda de los Dignos 3: La Senda de los Dignos “No se mide la fuerza por el poder que posees, sino por la claridad de tu juicio y la firmeza de tu voluntad.” ⸻ El Bosque de Kanzan estaba cubierto por la niebla matutina.
Cientos de aspirantes avanzaban con cautela entre árboles torcidos y raíces traicioneras, enfrentando la prueba final que decidiría quiénes eran dignos de convertirse en cadetes de la Orden de los Shikanzei.
Akio caminaba entre Renji y Mira, atentos a cada crujido de ramas y cada sombra que se movía.
La tensión era palpable: todos sentían que un paso en falso podía significar la eliminación.
⸻ La prueba consistía en atravesar un territorio lleno de obstáculos naturales, desde acantilados inestables hasta ríos turbulentos, y llegar al claro central al otro lado del bosque.
No era fuerza lo que importaba, sino control emocional, juicio y cooperación.
Renji, impulsivo, tropezó varias veces intentando liderar con audacia.
Mira dudaba en cada salto, calculando demasiado y perdiendo tiempo.
Akio se mantenía calmado, observando cada movimiento, guiando a sus compañeros con precisión y estrategia.
Aunque no dominaban el Éter, mostraban potencial y capacidad de reacción bajo presión.
⸻ Tras horas de pruebas físicas y de ingenio, los aspirantes comenzaron a llegar al claro central.
Allí, los instructores, encabezados por Takeru, aguardaban en silencio, evaluando cada llegada.
“Todos los que llegaron hasta aquí demostraron voluntad y juicio,” —dijo Takeru con voz firme—.
“Pero solo algunos serán admitidos como cadetes.
No todos los que sobrevivan pasarán.
La Orden exige más que resistencia: exige dignidad para portar el Juramento.” ⸻ Los 400 aspirantes se alinearon, conteniendo la respiración mientras Takeru comenzó a leer los nombres de los seleccionados.
El aire se llenó de tensión y susurros.
—Akimoto Akio.
—Mira Sazaki.
—Renji Arata.
Y muchos otros nombres resonaron por el claro, mientras los descalificados bajaban la cabeza y se retiraban en silencio.
El grupo aprobado, ahora reducido a un centenar, fue escoltado hacia una sala central del cuartel, un amplio salón iluminado por antorchas azules, con paredes cubiertas de símbolos del Éter y retratos de los antiguos Shikanzei.
⸻ Takeru se adelantó y declaró: —Bienvenidos.
Los que hoy han sido aprobados comenzarán su entrenamiento formal en la Orden de Éter.
Aquí aprenderán a manifestar y controlar la energía que todos poseen, para proteger los reinos de Calamidades y de usuarios corruptos.
—Recuerden: la Orden no busca héroes.
Busca juramentos.
El Éter es solo una herramienta; lo que define a un Shikanzei es su capacidad de sostener su palabra incluso ante la muerte.
Los cadetes aceptados miraron alrededor, asombrados por la magnitud de la sala y los símbolos que representaban siglos de vigilancia y protección.
Akio respiró hondo, consciente de que su verdadera prueba recién comenzaba.
“El Éter está dentro de todos, pero solo quienes se entrenen y dominen su juicio podrán usarlo.
La senda hacia la Llama empieza hoy.” ⸻ Los cadetes fueron guiados hacia sus asignaciones dentro de la Orden, donde conocerían a sus instructores, compañeros y la estructura jerárquica que los guiaría en su entrenamiento.
Mientras caminaban, Akio no podía dejar de pensar: el mundo necesitaba protección, y ahora dependía de ellos aprender a usar la energía que llevarían dentro para cumplir con ese deber.
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