Evolución de los monstruos mascotas - Capítulo 101
- Inicio
- Todas las novelas
- Evolución de los monstruos mascotas
- Capítulo 101 - 101 Capítulo 101 La Responsabilidad Del Ciudadano
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
101: Capítulo 101: La Responsabilidad Del Ciudadano 101: Capítulo 101: La Responsabilidad Del Ciudadano Editor: Nyoi-Bo Studio —Tienen 18 años.
No vayan por ahí buscando pelea —dijo Gao Peng, intentando persuadirlos sinceramente.
—Relájate, sabemos cómo controlarnos.
Sólo romperemos unos cuantos huesos —dijo el joven.
Traía una chaqueta roja y masticaba chicle mientras se reía con frialdad.
—Hermano mayor, el monstruo encapuchado detrás de él parece Familiar —exclamó alguien de pronto.
—Parece familiar mi c*lo, claramente es el orgulloso monstruo que vimos antes.
¡Pero no hay problema!
Tenemos cuatro Familiares enteros después de todo —respondió el joven de chaqueta roja.
Se veía aterrador, pero el joven dedujo que podía ser una lanza de cera cubierta de plata, ya que habían visto varios monstruos de ese tipo.
SIn embargo, no tenían las habilidades de Gao Peng y tampoco eran entrenadores con experiencia que podían determinar el nivel de un monstruo con detalle.
—Hermano mayor, tiene dos Familiares.
A primera vista parece como uno de esos legendarios de arma doble.
Los que tienen arma doble suelen ser increíbles.
—Te dije que vieras menos animé.
No existe tal cosa, ¡sólo significa que tiene dos Familiares!
El de chaqueta roja sonaba enojado.
—¡Ve, Furioso Kong Negro!
Un fuerte Furioso Kong Negro caminó lenta y silenciosamente desde atrás.
Otro Furioso Kong Negro.
Recordó que su compañero Han Lanyu también había empezado con uno de esos.
No sabía si era exquisito; quizás todos estos jóvenes pensaban que el Furioso Kong Negro era poderoso sólo porque lo parecía.
Entonces, el Familiar extrajo una vara de metal de 10 pies de su espalda.
¡Habían comprado equipo para sus Familiares!
Gao Peng estaba sorprendido.
Era la primera vez que veía a alguien con un equipo como ese.
No era que no pudieran llevarlo, sino que, para la mayoría de los Familiares, el arma más letal que tenían era alguna parte de su cuerpo.
Eran como el acero.
El Furioso Kong Negro se levantó y comenzó a agitar la vara con sus gruesos brazos y la balanceaba con ferocidad.
Sin importar cuán valiente fuera esta gente, no se atreverían a matar a nadie en la ciudad.
Aunque el mundo actual era aterrador, aún conservaba leyes básicas.
De otra forma, la sociedad habría colapsado hacía tiempo.
Aunque era difícil, la Alianza daba lo mejor de sí para mantener la estabilidad del mundo humano.
Gao Peng también estaba de acuerdo con la paz mundial, pues sólo con eso podría descansar tranquilo después de un largo día en el colegio.
Sólo entonces iría al café de abajo para disfrutar de una bebida caliente durante toda la tarde y podría ver shows y jugar juegos si estaba de buen humor.
En palabras simples, disfrutar de la vida, puesto que, después de todo, los humanos son animales sociales.
—Tontín, enseña a estos monitos una lección —ordenó Gao Peng.
No se refería a que mataría a la familia entera de este tipo sólo porque alguien lo había insultado.
La clave era mostrar que no eran una amenaza para él.
El Furioso Kong negro saltó, levantó la vara en su mano y la batió contra Tontín en solamente una caída.
Tontín levantó el brazo derecho, recibiendo de lleno el golpe de la vara, casi como si lo hubieran practicado.
No se movió ni un centímetro.
El Kong rechinó los dientes, furioso, y puso todas sus fuerzas en la vara.
Pero esta no cedió.
Era como una mosca tratando de mover un árbol.
Al momento siguiente, el Furioso Kong Negro pareció flotar.
Tontín lo sostuvo del cuello y levitó por los aires; la diferencia de tamaño entre los dos monstruos de tipo mono era como la que hay entre un adulto y un niño.
El Furioso Kong Negro siguió luchando, pero ni con toda su fuerza pudo alcanzar a Tontín.
Era graciosísimo.
Fácilmente, logró sacar la vara de la mano del Kong y la lanzó lo más lejos posible, ésta cayó al suelo y se dobló un poco antes de rodar hasta una esquina del callejón.
Tontín extendió la mano y le dio un par de golpecitos en la cabeza a su enemigo, como un padre que alecciona a su hijo travieso.
El Furioso Kong Negro ardía de ira y quería morder a Tontín.
Pero Tontín se veía muy tranquilo, tanto, que le dio una cachetada al Kong.
El mundo se calló.
¡Pa!
Otra cachetada.
La cara del Furioso Kong Negro se hinchó de inmediato, tanto, que parecía un panecillo.
Estaba estupefacto.
Tontín volvió a darle palmaditas, esta vez no se resistió, sino que lo miró con miedo y los ojos se le llenaron de lágrimas.
Tontín asintió con satisfacción.
Bajó al Kong al suelo, tenía la cola entre las patas y no se atrevió a hacer ni el más mínimo sonido antes de dar media vuelta y salir corriendo.
Una vez al lado de su dueño, comenzó a temblar como un niño al que acaban de agredir.
El chico de chaqueta roja parecía anonadado.
¿Un gorila de siete pies como tú escondiéndose atrás de mí?
¿Qué es esto?
¿No se supone que debes protegerme?, pensó.
Los otros tres Familiares no dieron un paso al frente pues, si el más fuerte entre ellos había sido aplastado de esa forma sin siquiera defenderse, no había manera que encontraran el coraje para ir directo a su muerte.
El joven de chaqueta roja de pronto sintió que se le aflojaban las rodillas.
Dejó escapar una carcajada vacía.
Como dice el dicho: “los grandes hombres saben cuándo rendirse y cuándo no”.
No era vergonzoso mostrarse débil en ese momento.
Mientras se preparaba para hablar, vio que Gao Peng se acercaba con Tontín y a Da Zi.
¿Le rompería los huesos o lo golpearía?
Pero Gao Peng no era tan infantil, arreglaría las cosas para evitar más problemas en el futuro o no tomaría acción alguna.
Odiaba esas cosas de las cuales era difícil deshacerse.
El joven de chaqueta roja miró a la nada por un momento.
Reflexionó sobre cómo Gao Peng lo había perdonado y los pensamientos iban y venían en su cabeza como pasto salvaje.
El color de la cara le cambiaba de blanco a verde; al final, mostró una amarga sonrisa, quizás su oponente nunca lo trató como algo importante, era sólo su unilateral y no correspondido amor.
Era como si hubiera descifrado algo.
Se dio la vuelta para consolar a su Furioso Kong Negro.
—No llores, te compraré brocheta asada en un rato.
El Kong de pronto parecía distraído y miró con cautela a su dueño.
Normalmente, cuando fallaba en completar alguna tarea, no lo dejaba cenar.
¿Habría tomado mal sus medicinas?
El joven de chaqueta roja finalmente se daba cuenta de algo: los celos y la ira eran completamente inútiles.
Esas emociones sólo le hacían perder el tiempo y la diferencia entre él y su enemigo era que este último era sumamente sabio.
Lo único que podía hacer era entrenar a su Familiar con una agenda rigurosa para que se volviera cada vez más fuerte.
Sólo entonces podría pararse frente a él de manera digna.
—Jefe, déjeme divertirme en el bar esta noche —pidió el chico.
—Ustedes adelántense.
Yo tengo algo que hacer, así que no iré—dijo, sacudiendo la cabeza mientras sonreía.
…
—Gao Peng, tengo un gran trabajo del gobierno para ti, ¿quieres venir?
Te darán 500 créditos, más un cristal esencial de tipo eléctrico nivel líder —dijo el Director Chen desde el otro lado de la línea.
Conocía los intereses del chico; si había algo en el mundo que lo cegaba era el dinero.
Gao Peng se quedó con la mirada en blanco: 500 créditos alianza que, pasados a dólares, eran cinco millones.
Esa no era una suma menor y, además, se le agregaba el cristal esencial.
Su precio en el mercado era, al menos, de unos cuantos millones de dólares alianza.
—Director Chen, soy un miembro de la sociedad.
Poder servir al gobierno es la responsabilidad de cualquier ciudadano —dijo, con cara seria.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com