Evolución de los monstruos mascotas - Capítulo 134
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134: Capítulo 134: Día Uno 134: Capítulo 134: Día Uno Editor: Nyoi-Bo Studio Mucha gente ya esperaba frente a sus televisiones, celulares y computadoras a que comenzara la transmisión del evento.
Puntos rojos aparecieron en la pantalla, completamente negra, haciéndose cada vez más iluminada, hasta formar finalmente líneas de llamas rojas.
Las llamas se hicieron palabras: “Bosque de la Montaña Dayang”.
La narración comenzó por encima del sonido de los helicópteros: —Bienvenidos todos a esta presentación especial.
El grupo de tiernos entrenadores cadetes están a punto de participar en el primer día de la competencia en el Bosque de la Montaña Dayang…
La audiencia frente a la pantalla estaba anonadada, el estilo del programa les resultaba familiar.
¿Se suponía que era un documental?
—En el primer día nuestros energéticos cadetes se levantaron de la cama… El sonido se fue haciendo gradualmente más débil y, del fondo, surgió una voz potente.
—Atención todos los candidatos, atención todos los candidatos.
Al igual que cuando la gente corre a buscar refugio cuando hay una tormenta, desde el punto más alto de la cámara, la audiencia podía ver las puertas que se abrían una tras otra, dejando pasar a los cadetes.
Después de esto, el sonido de la transmisión se disipó y comenzó a sonar un tambor para incitar la emoción de los espectadores.
Un pilar de luz brilló sobre el bosque, como una lámpara de calle guiando a los cadetes por el recorrido.
Ya fuera sobre sus Familiares o llevándolos, los cadetes iban formando una larga fila que atravesaba el lugar y mostraba la variedad de talentos.
Pero en definitiva, el que se llevaba el show era un Familiar solitario que volaba por el cielo nocturno, junto al helicóptero.
Las luces develaron que se trataba de un Buitre Volcánico, y sobre su lomo estaba un adolescente patético, que gritó algo inaudible a cámara, lo que provocó que el camarógrafo lo enfocara desde diferentes ángulos.
Luego del buitre, se mostró la imagen de tres veloces familiares saliendo del bosque.
Al mismo tiempo, lejos, en una villa de las afueras de Chang’an, una robusta grulla con una sola pierna y cresta roja saltaba sobre su único pie, casi perdiendo el balance en el proceso.
Hizo algunos sonidos inentendibles mientras movía las alas, como si hablara con el anciano a su lado.
Se la veía emocionada y apuntaba hacia alguien en la pantalla del televisor.
El viejo rió y asintió con la cabeza.
Le dio a la grulla un plato con calamar de color rojo fuego.
—Rápido, come rápido.
Entre más comas, más fuerte te vas a poner para seguir los pasos de tu maestro.
La grulla de una sola pata estaba conflictuada: ya estaba llena, pero el plato de comida se veía delicioso.
Luego de dudarlo por un buen rato, cerró los ojos con determinación, ¡y engulló la comida!
…
Este era el primer día de Gao Peng en la montaña.
El sol se estaba poniendo y el cielo era de un hermoso color naranja.
Estaba en un bosque, lejos de la civilización.
No se parecía en nada a los valles que servían para entrenar.
Al mirar a su alrededor, encontró infinidad de plantas medicinales.
Al principio, debido a su constante deseo de obtener dinero, estuvo recogiendo cada una de las hierbas para guardarlas en su mochila.
Luego de que la mochila se llenó, empezó a ponerlas en la dimensión espacial de Boba.
Pero al final, se dio cuenta de que no había forma de cargar con todo y se vio obligado a deshacerse de las que valían menos.
¡Este bosque es realmente un tesoro esperando a ser descubierto!
Pensó.
Y no era sólo en esa área particular, prácticamente cada pedazo tenía cosas invaluables.
Entre menos actividad humana hubiera en un lugar, mayores eran las probabilidades de descubrir algo extraordinario.
En cuanto a los pilares que había mencionado el hombre calvo, Gao Peng no había visto ninguno todavía.
Esto se debía seguramente a que no se había aventurado lo suficiente dentro del lugar, era un sitio desconocido para él y no era la clase de gente que entraba así como si nada.
Eligió explorar las afueras antes de dar el siguiente paso.
Después de un día de recorrido, no había encontrado ni un monstruo nivel Líder.
Vio muchos Elite, pero eran todos relativamente inteligentes, así que en el momento en que percibían las auras de monstruos Líder que tenían Tontín y Da Zi, salían despavoridos.
Ninguno quería condenarse a muerte atacando a Gao Peng.
Estos monstruos eran demasiado astutos.
Según las historias, los monstruos atacaban sin pensarlo dos veces ¿por qué estos no?
Al ver que estaba oscureciendo, Gao Peng decidió encontrar un lugar donde pasar la noche.
Recordó una cueva que había visto en el camino y cuando había entrado para revisarla estaba vacía.
Montado en el cuello de Tontín, encontró la cueva de vuelta en menos de diez minutos.
Una densa cortina de enredaderas cubrían la mitad de la entrada.
El chico ordenó a su Familiar que entrara, pero éste de pronto se detuvo y soltó un grave y amenazador gruñido.
Da ZI, que había estado echado tranquilamente a su lado, de pronto se puso alerta.
Las dos antenas se le empezaron a mover y le brillaron los ojos.
Sin previo aviso, entró directo en la cueva con sus miles de patas.
—¡Espera!
Gao Peng trató de detenerlo, pero era demasiado tarde.
—¡Roar!
Un grave rugido salió de dentro de la cueva.
Un oso, pensó Gao Peng.
El sonido de los osos era fácilmente reconocible: grave, poderoso y muy distintivo.
Sonidos de batalla vinieron desde la cueva, acompañados de los furiosos rugidos del oso.
Gao Peng no perdió ni un segundo, saltó del lomo de Tontín y lo mandó a asistir a Da Zi.
Luego de que entraran, los sonidos del oso se volvieron aún más irritados.
FInalmente, dio un par de gemidos y se quedó en completo silencio.
—Muerto —dijo la voz de Tontín en su cabeza.
Gao Peng empujó las enredaderas y entró a la cueva, que no era muy profunda, pero tenía forma de botella, con un interior mucho más angosto que la entrada.
Había una figura ensangrentada en el medio del lugar.
Nombre del monstruo: Oso del Viento Negro.
Nivel: 16.
Grado: Excelencia.
Condición: Muerto.
La palabra en gris de la última fila dejaba claro que había dado el último suspiro.
En el cuerpo del oso había una herida letal: un hoyo enorme en la cabeza.
Parecía como si la hubieran azotado contra un objeto pesado, pues una gran cantidad de fluido cerebral salía de la herida.
La cueva estaba impregnada de un olor nauseabundo, mezclado con el olor metálico de la sangre.
Gao Peng frunció el ceño y le pidió a Da Zi que arrancara las garras de del oso antes de sacar el cuerpo de la cueva.
Aunque sus familiares generalmente comían alimentos cocinados, eso no significaba que no podían consumir carne fresca.
Al oler la sangre, sus Familiares cambiaron los ánimos.
De los dos, el de Da Zi fue el más evidente.
No dejaba de mover las antenas ni de moverse por la cueva.
Conforme estaba más expuesto a las batallas, Gao Peng notaba que su ciempiés había cambiado un poco su personalidad y era mucho más agresivo.
Recordó lo que el profesor Zhang había dicho, que esa clase de ciempiés era muy feroz.
Aunque Da Zi ya había evolucionado, su naturaleza feroz seguía siendo evidente.
Gao Peng sintió que algo no andaba bien con el temperamento de Da Zi, pues ni siquiera había dado la orden de atacar y el bicho ya estaba en eso.
Lo llamó con voz firme: —Da Zi, ¡ven para acá!
Fue tímidamente hacia donde lo llamaban y miró a su amo de forma un poco triste y perdida.
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