Evolución de los monstruos mascotas - Capítulo 172
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172: Capítulo 172: Aquí, Ella Es Libre 172: Capítulo 172: Aquí, Ella Es Libre Editor: Nyoi-Bo Studio —¿Es ilimitada la duración del efecto de las escamas?
—siguió preguntando Gao Peng.
—Por supuesto que no.
Las escamas pueden repeler a los monstruos porque desprenden el aroma de Su Excelencia, el Rey Carpa Roja.
Después de usarse por algún tiempo, el olor naturalmente se debilita —explicó el anciano con toda naturalidad.
Luego, añadió: —No tenemos que darle muchos monstruos como tributo; una escama se puede usar por un año.
Gao Peng asintió.
Este Rey Carpa Roja era bastante inteligente.
Sabía cómo obtener regalos.
Y con esto, no tenía la necesidad de cansarse todos los días buscando comida.
Los humanos simplemente subirían a ofrecérsela.
Todo lo que tenía que hacer a cambio era darles escamas que ya no necesitaba.
A estas alturas, Gao Peng podía comprender más o menos por qué el Gobierno de la Alianza no publicaría tales noticias.
No haría ningún bien a la reputación del gobierno si se supiera ampliamente que no eran capaces proteger a sus ciudadanos, incluso bajo la alianza, y que además recurrían a adorar a los monstruos para estar protegidos.
Pero para mantener la seguridad de una ciudad base, necesitarían un Familiar o un monstruo que al menos fuera nivel Lord.
Como humano, Gao Peng no pudo evitar quedarse en silencio.
En los lugares donde había estado antes, Yuzhou y Chang’an, tenían a los mejores Entrenadores de Monstruos humanos para proteger el lugar.
Por lo tanto, no había necesidad de temer que hubiesen invasiones por parte de los monstruos de los bosques circundantes Pero en esta pequeña ciudad base, eso no era posible.
—Jefe, estamos aquí.
El viejo marinero atracó lentamente el barco a lo largo de la orilla del río.
Las aguas del río subían y retrocedían suavemente por la orilla.
En la superficie turbia del agua, se podía ver una tortuga verde de caparazón blando.
Al ver el barco, no pareció asustarse.
En cambio, se acercó con curiosidad para olerlo.
Entonces, como si oliera algo espantoso, entrecerró sus diminutos ojos, retiró su cabeza de tortuga, se giró y se sumergió hacia la profundidad del río.
—¿Estás familiarizado con este lugar?
—le preguntó Gao Peng a Tontín.
Tontín debería recordar el área circundante si había vivido allí antes.
Tontín se inclinó y salió de la cabina del barco.
Con cada paso en la cubierta hacía un sonido crujiente.
Tontín miró a su alrededor, luego saltó de la cubierta y aterrizó en la orilla del río.
Al pisar el suelo mojado, sus huesos de color blanco plateado se hundieron profundamente en el lodo.
Tontín se agachó y recogió el barro con sus dos manos.
El barro húmedo se filtró lentamente a través de sus dedos.
Las llamas del alma de Tontín parpadeaban en las cuencas de sus ojos.
En ese momento, sintió como si hubiera regresado a un año atrás, cuando todavía estaba jugando y haciendo un alboroto a lo largo de esa orilla del río tan familiar.
Una gran red había caído desde arriba.
Sus afilados ganchos se habían enganchado firmemente en su pelaje.
Al ser el más fuerte, Tontín se había convertido en una preciada presa a los ojos de los cazadores, que intentaban atraparlo a toda costa.
Tontín aulló de rabia, advirtiéndole a su familia que abandonara la orilla del río y huyera a la profundidad de los densos bosques.
Tontín presenció con sus propios ojos cómo su hija de tres meses era llevada por su madre para esconderse en los bosques.
Quién sabe si ella aún lo recordaba.
Tontín se levantó lentamente, sacando sus huesos gruesos y fuertes del barro.
Con cada paso, una gran cantidad de barro arenoso quedaba en sus pies.
Paso a paso, Tontín caminó con determinación hacia el bosque.
Gao Peng le pagó al marinero y acordaron una hora para que él los recogiera de nuevo.
Luego, el resto de sus Familiares se bajaron en la orilla.
Después de aproximadamente 10 minutos de caminata, Tontín se detuvo debajo de un árbol grande y grueso.
Este era un bosque de árboles gruesos.
Cada tronco grueso de árbol parecía haber emergido del suelo como una serpiente gigante, girando hacia afuera y cubriendo el cielo.
El denso dosel bloqueaba la luz del sol, lo que hacía que el bosque tuviera una luz tenue.
Había marcas familiares en la rama del árbol.
Tontín subió y luego pasó suavemente un dedo por la marca que había sido dejada atrás.
Tontín se sentía ansioso, y saltó de la rama del árbol con inquietud.
—Está bien, quizás se han mudado a otra parte.
Gao Peng lo consoló.
—Busca de nuevo cuidadosamente, ¿Tal vez puedas encontrar algún rastro que hayan dejado?
Tontín asintió.
Esta marca probablemente la habían dejado hacía unos meses.
En este bosque, en un período de unos pocos meses podría borrarse cualquier marca dejada por un monstruo.
Pero Tontín era, después de todo, un Simio del Río Rojo.
Y al ser uno, estaba muy familiarizado con sus hábitos.
Después de recibir las palabras de consuelo de su maestro, Tontín ya no se sentía obstaculizado.
Se levantó de nuevo y siguió buscando los rastros dejados por su familia.
El grupo de Simios del Río Rojo podría haber dejado su ubicación original, pero seguirían viviendo a lo largo del área del Río de Arena Roja.
Tontín estaba muy seguro de esto, porque solo esta área era compatible con los alimentos y ambientes que eran cómodos para ellos.
Mientras buscaban, se encontraron con un grupo de Simios del Río Rojo.
Tontín los miró con detenimiento durante media hora, antes de irse,lamentándose.
Esta no era su familia, porque no había una sola cara familiar entre ellos.
A menos que su familia haya sido totalmente erradicada, todavía debía encontrar al menos algunas caras conocidas, sin importar a dónde fuera el grupo.
Como si no sintiera fatiga alguna, Tontín continuó caminando por los bosques.
Delante de ellos vinieron los sonidos de Simios del Río Rojo.
Tontín inmediatamente se puso alerta y se acercó rápidamente.
Más adelante había un acantilado que no era demasiado alto, de unos cuarenta metros de altura.
Debajo del acantilado crecía un pedazo de denso bosque.
Un gran número de vides caían desde la cima del acantilado.
Había unos pocos Simios del Río Rojo jugando entre las ramas de los árboles.
Tontín se congeló de repente.
Se quedó mirando tontamente al grupo de Simios del Río Rojo.
Gao Peng nunca había visto a Tontín tan emocional antes.
En su pecho, el Corazón de Hilos de Sangre latía frenéticamente, hinchándose y encogiéndose repetidamente.
Los hilos de sangre estaban dibujados entre sus huesos, envolviéndolos fuertemente.
Gao Peng se preguntó si los huesos de Tontín se separarían del estrés que le causaba la emoción.
—¿Quieres ir a encontrarte con ellos?
Tontín sintió la necesidad de ir, pero luego bajó la cabeza y miró su cuerpo esquelético.
Se quedó en silencio.
—Ve a echar un vistazo; después de todo, son tu familia.
¿No dijiste que alguna vez fuiste el rey de tu tribu?
—le animó Gao Peng a Tontín.
Tontín agitó las manos frenéticamente.
—¡No ir!
¡No ir!
Su voz sonaba aterrada, y no importaba cómo Gao Peng intentara persuadirlo.
Desde dentro de las cuencas de sus ojos, la luz azul clara parecía salir, como si estuviera llorando.
Esta era la primera vez que Gao Peng había visto llorar a Tontín.
Nunca pensó que un esqueleto podría derramar lágrimas también.
Tontín agarró la corteza del árbol con sus dos manos, escondiéndose detrás del gran árbol.
Con cuidado, asomó la cabeza y observó secretamente a la pequeña simia dentro del grupo.
Tontín estaba aturdido.
Ella estaba feliz y eso era suficiente.
Papá era inútil.
Lo atraparon cuando tenías sólo tres meses, y no podía estar allí para protegerte.
Pero… Papá todavía te ama.
La cara de Tontín ya no tenía carne, por lo que ya no podía sonreír.
En cambio, su boca se abrió mientras miraba tontamente a la distancia, pareciendo un tonto.
Gao Peng no molestó a Tontín; le permitió disfrutar tranquilamente de esta hermosa experiencia.
Finalmente, Tontín soltó el árbol a regañadientes.
Se agachó, escondiéndose cuidadosamente detrás del árbol para que no fuera descubierto.
—¿Nos vamos así como así?
Gao Peng se sorprendió.
Tontín asintió vigorosamente.
—¿No quieres traer de vuelta a tu hija?
No te preocupes, le daré la mejor vida posible —le prometió Gao Peng a Tontín.
Tontín se conmovió, pero al final, volvió a sacudir la cabeza vigorosamente.
—Conmigo, ella no es libre.
Aquí, ella es libre.
Gao Peng repentinamente sintió que su corazón se apretaba.
De repente, no supo qué decir.
La gran mano de Tontín acarició suavemente el hombro de Gao Peng, mientras miraba seriamente a su maestro.
—Pero con el maestro, yo…¡Estoy muy feliz!
Gao Peng sintió un calor en su corazón.
Después de asegurarse de que su hija estaba bien, Tontín ya estaba muy satisfecho.
Se dio la vuelta y se fue con Gao Peng y el resto.
El humor de Rayitas también parecía afectado.
Parecía un poco infeliz, como si recordara algo.
¡Bang!
El sonido de un disparo sonó detrás de ellos.
El disparo se hizo eco a través del bosque, seguido por los aullidos dolorosos de los Simios del Río Rojo.
Tontín, que tenía la cabeza baja, de repente se congeló…
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