Evolución de los monstruos mascotas - Capítulo 48
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48: Capítulo 48: Aplicación 48: Capítulo 48: Aplicación Editor: Nyoi-Bo Studio Gao Peng estaba impactado, no tenía idea de qué podría haber enojado tanto a la Semilla de Loto y, de acuerdo a su experiencia, solía ser de temperamento tranquilo.
Los restos del cuerpo de la hiena yacían esparcidos por todos lados y la sangre roja chorreaba a lo largo del suelo de cemento, dejando una mancha entre rosa y gris.
La semilla caminaba ansiosa hacia un lado y otro; podían verse pequeños rasguños en su cara, donde se habían formado cicatrices.
Muchos de los que se habían quedado mirando dieron un paso hacia atrás.
Lo que acababa de suceder era muy amenazante y se habían quedado un poco asustados con toda esa escena.
Nadie quería ser el siguiente.
—Semilla de Loto —dijo Mu Tieying, inquieta.
El instructor, que estaba parado al lado, trató de advertirle, pero Mu Tieying agitó la mano sonriendo, haciéndole saber que no había de qué preocuparse.
Al ver venir a su ama, Semilla de Loto se acercó y la empujó suavemente con la cabeza, gruñendo de forma adorable.
—Está bien, no hay por qué preocuparse —dijo, mientras le daba palmaditas en la cabeza.
Gao Peng se acercó en ese momento.
Al ver a alguien extraño acercarse, Semilla de Loto se puso en estado alerta, observándolo.
Al darse cuenta de que se trataba de Gao Peng, se relajó un poco, arrugó la nariz un par de veces y lo ignoró.
—¿Quieres que contacte al veterinario?
Conozco algunos privados que son muy buenos.
Gao Peng miró al monstruo, sin encontrarle cicatrices y siguió sin entender qué lo había molestado a ese grado.
Gao Peng era bastante sensible, no preguntó a Semilla de Loto dónde estaba herido exactamente.
Debió haber sido una herida terrible, no había otro modo de que un Familiar con tan buen temperamento se hubiera puesto así.
—No, gracias.
Tengo un pariente que es veterinario —dijo, negando con la cabeza.
Su familia era de clase social alta y conocían médicos privados muy buenos.
De otra forma, no podría costear a un monstruo tan glotón como Semilla de Loto.
—Bien —asintió Gao Peng.
Por el estudio había hecho negocio con unos cuantos veterinarios y los veía seguido, por lo que se habían vuelto buenos conocidos.
Había unos cuantos fisgones en la escena, por lo que el instructor exclamó: —¿Qué es lo que están mirando?
¿Ya terminaron el entrenamiento de hoy y el Reto para Familiares?
Dejen de meter las narices donde no los llaman.
Vuelvan al entrenamiento.
Durante la tarde, después de que el entrenamiento se completara, la mayoría de los cadetes de Entrenador de Monstruo volvieron a sus casas.
Sólo un par se quedaron practicando en el campo.
Los Familiares eran llevados por sus dueños, iban saliendo por la puerta del colegio uno detrás de otro.
Era genial ver cómo cada estudiante era seguido de su mascota.
Cada uno era distinto, pero todos caminaban en silencio.
Después de todo, habían estado entrenando toda la tarde y quedaron exhaustos.
El viejo portero estaba acostumbrado a esto.
No importaba cuántos Familiares viera, no se impresionaba.
Eran Familiares que él había visto numerosas veces.
Un Gran Cerdo Blanco que movía el trasero pasó por su lado y, al pasar junto al guardarropa, lamió la mano del viejo con su enorme lengua.
El sonido al lamerlo fue bastante claro: la gran lengua roja cruzó por el rostro del portero, dejándolo lleno de un líquido pegajoso semitransparente.
El cerdo puso la lengua en su lugar y se fue bamboleando las caderas.
El viejo portero regresó al guardarropa sin decir una palabra, se limpió el líquido viscoso, cerró puertas y ventanas y disfrutó del pacífico silencio con una taza de té.
Del otro lado del colegio, Gao Peng llevó a su ciempiés hasta el edificio académico y lo ató a un árbol cercano.
Todavía había clase a esa hora, había silencio en el pasillo, salvo por algunos murmullos que venían de los salones.
—¿Cuántas veces he explicado esto?
¿Cuántas?
¡¿Por qué siguen cometiendo errores?!
¿Qué tienes en la cabeza, tofu?
Cierren los libros y saquen sus cuadernos de dictado, no se les ocurra hacer trampa.
Recuerden que no me engañan a mí, ¡sino a ustedes mismos!
En las pruebas para entrar a la universidad, ahí si que no pueden engañar a los supervisores.
Esos sonidos resultaban conocidos.
Knock, knock, knock.
—Adelante.
Murong Qiuye estaba revisando la tarea de los alumnos.
Levantó la cabeza y quedó un poco sorprendida de ver a Gao Peng ahí.
—Ya terminaste el entrenamiento de la tarde, ¿no?
—Sí.
Acabo de terminarlo y vine directo para acá—dijo sonriendo.
—Ok, ¿qué estás haciendo aquí?
Murong conocía bastante bien a Peng.
No vendría si no fuera algo importante.
—Profesora Murong, me gustaría aplicar al examen de ingreso a la universidad este año —expresó, sin rodeos.
Murong Qiuye frunció el entrecejo.
—¡Tienes que estar bromeando!
De verdad creía que era una broma, o al menos eso fue lo primero que pensó.
Gao Peng mostró cara de arrepentimiento y dijo: —Profesora, apenas estoy en segundo año, pero tomaré el examen a modo de práctica.
Si saco una buena nota, podré graduarme este año.
Si no, me quedaré un año más, no es gran cosa.
Murong Qiuye lo pensó en silencio.
No era una vieja anticuada, pero, de acuerdo a su experiencia como docente, pocos estudiantes tomaban ese examen en segundo año y generalmente eran los que se saltaban a tercer año.
Pero Gao Peng era una excepción, realmente era muy buen alumno.
Lo único por lo que se tenía que preocupar este año era por la Evaluación de Entrenador de Monstruo Cadete.
Después, recordó que esa evaluación era una nueva norma, por lo que no habría mucho diferencia entre los cadetes de segundo y los de tercer año.
Y, como había dicho Gao Peng, lo peor que podía pasar era que se tuviera que quedar un año más.
El adolescente jamás se hubiera imaginado todo lo que cruzaba por la mente de su directora en tan solo unos segundos.
Para él, sólo había estado sentada en silencio del otro lado del escritorio.
—¿Estás seguro?
—preguntó, levantando la cabeza.
—Sí, bastante seguro.
No había nada que realmente valiera la pena aprender en la preparatoria.
Además, tenía muy pocos amigos ahí, por lo que le costaría mucho quedarse otro año.
Desde que había perdido a sus padres, Gao Peng se había vuelto más maduro que sus pares.
Eso tenía ventajas y desventajas.
Quizás la situación en la universidad no cambiaría demasiado, pero, como solo habían pasado tres años del cataclismo, la gente aún buscaba una salida.
No se había establecido aún ningún sistema perfecto: podían encontrar Familiares de estudiantes más fuertes que los de los mismos profesores.
Pero lo que realmente atraía a Gao Peng, era el ambiente descontracturado y abierto.
Después de todo, desde la perspectiva de un estudiante de preparatoria, la vida universitaria era pura felicidad.
Murong no respondió enseguida, lo reflexionó por un buen rato, hasta que asintió y dijo: —Voy a informar sobre esto al director de grado.
Necesitamos avisar al colegio sobre implementaciones especiales, pero supongo que no habrá problema.
—Muchísimas gracias, profesora Murong.
—Bueno, ¿qué te parece si vuelves a clase?
Está por terminar, así que trata de no molestar a los otros alumnos, aún tienen que estudiar durante la noche.
La profesora agitó la mano para despedirlo y dejó que se fuera lo más rápido posible.
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