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Evolución de los monstruos mascotas - Capítulo 580

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580: Capítulo 580 – Arma del Pez Gordo 580: Capítulo 580 – Arma del Pez Gordo Editor: Nyoi-Bo Studio —¿Por qué no vienes conmigo y me ayudas a recuperar a mi bebé?

—Gran Mar Gordo intentó persuadir a Tontín.

Tontín no hizo expresión alguna.

Por supuesto, a Tontín le era difícil mostrar cualquier expresión.

—Cuando el Maestro regrese podremos volver a hablar acerca de eso.

—Pero no tenemos idea de cuándo volverá el Maestro, ¿y si ese monstruo se asusta y huye?

No sé cuándo podré encontrarlo nuevamente.

Gran Mar Gordo estaba muy desesperado.

Su cabeza se hinchó mientras pensaba en esto.

—El Maestro ha vuelto.

—dijo Tontín mirando hacia la distancia.

Gran Mar Gordo sacudió la cabeza.

“¿Cómo es posible que no haya sentido la respiración de Gao Peng?” Después de unos segundos, un rastro de incredulidad apareció en los ojos de Gran Mar Gordo.

Había detectado la respiración de Gao Peng mientras se acercaba desde la distancia.

“¿La percepción de Tontín es tan aguda?” Diez minutos después, Gran Mar Gordo vio a Da Zi volando hacia ellos.

Sintió la respiración familiar que estaba en la espalda de Da Zi.

Sus ojos, que eran del tamaño de frijoles mungos, parpadearon.

No le tenía miedo a otros familiares.

Gran Mar Gordo solo se sentía ligeramente intimidado cuando estaba frente a Gao Peng.

Después de todo, este hombre tenía el control de su alma.

Además, dependía de Gao Peng para avanzar de grado.

—Hola, chicos, me están esperando.

Cuando Gao Peng vio a sus dos familiares, uno flotando en el agua y el otro parado frente al palacio, pensó que lo estaban esperando.

Gran Mar Gordo le mostró una sonrisa incómoda mientras Tontín respondía con honestidad: —Maestro, Gran Mar Gordo dijo que encontró el tesoro que había dejado en las profundidades del mar.

“¿Tesoro?” Los ojos de Gao Peng se iluminaron.

“Este Gran Mar Gordo es realmente increíble.

Sí que hizo una jugada astuta.

No dijo nada cuando estuve cerca.

Simplemente esperó hasta que me fui para intentar recuperar su tesoro a mis espaldas”.

—Gran Mar, estoy bastante decepcionado.

Te olvidaste de tu dueño cuando encontraste tu tesoro.

—Gao Peng suspiró.

Gran Mar Gordo se rió, muy incómodo.

—Solo se me acaba de ocurrir.

Además, aún no he tengo el tesoro.

Mientras decía eso, Gran Mar Gordo saltó fuera del agua.

Su cuerpo se encogió en el aire hasta que finalmente se transformó en un pez del tamaño de un codo con una cabeza grande y aterrizó al lado de Gao Peng.

Después de sacudir las gotas de agua que quedaron aferradas a su cuerpo, Gran Mar Gordo dijo: —Maestro, yo soy el único que puede usar ese tesoro… —Como si hubiese detectado la expresión de incredulidad en los ojos de Gao Peng, Gran Mar Gordo saltó apresuradamente y gritó: —¡Es en serio!

Soy el único que puede maximizar el poder de este tesoro.

—Esta es la primera vez que escucho algo así.

Al principio, no me importaba quién obtuviera este tesoro, pero tu actitud me está haciendo cambiar de parecer —dijo Gao Peng riendo.

Gran Mar Gordo intentó ensanchar sus ojos.

Se las arregló para abrir tanto sus pequeños ojos del tamaño de frijoles mungos que ahora parecían granos de soya.

Podían verse lágrimas en esos ojos negros.

Desde hacía mucho tiempo que Gao Peng se había vuelto inmune a la ternura de Gran Mar Gordo.

Sus habilidades de actuación no eran tan buenas como las de Da Zi cuando este último intentaba obtener comida haciendo trampa.

Con solo una mirada, Gao Peng sabía que este pez gordo y cabezón nunca había tenido que preocuparse por nada ni pasar por dificultades en su vida.

—Muy bien, hablemos más tarde si hay algo más.

Mi viaje de regreso volando me abrió el apetito y ahora quiero algo de comer —dijo Gao Peng.

Da Zi se rascó la cabeza.

—Creo que fui yo quien voló todo el tiempo…  Gao Peng agitó su mano y dejó que Tontín lo llevara hacia el palacio.

De vez en cuando, podían verse monstruos salvajes deambulando por la isla.

Sin embargo, cada vez que estos monstruos veían a Gao Peng, a Tontín y al resto, se detenían y en sus ojos podían verse los rastros de timidez y miedo.

Para ellos, Gao Peng era el rey coronado aquí.

Además, esta isla era la base que había establecido Gao Peng durante sus tres años en el Mundo de la Niebla Negra.

Gao Peng había capturado o ayudado a evolucionar a todos los monstruos en esta isla.

En la periferia de esta isla había un mar sin fin.

En el mar acechaban los restos esqueléticos de muchos monstruos tipo maligno que Tontín había revivido, salir de la isla sin que nadie lo notara era una hazaña imposible.

Si alguien intentaba salir de la isla sigilosamente, lo que le esperaría sería el destino de ser destrozado por los monstruos malignos acechando en las profundidades.

Después de la cena, Gao Peng se limpió la boca y habló.

—Hace un rato estabas hablando de un tesoro ¿A qué tesoro te referías?

Gran Mar Gordo estaba molesto.

No esperaba que el diablo, Gao Peng, eventualmente se enterara de esto.

Sentía que Gao Peng era muy perspicaz.

Con solo un vistazo ya sabía qué estaba pasando.

Gran Mar Gordo siempre había pensado que Gao Peng era un detector de tesoros envuelto con piel humana.

—Es un arma —dijo Gran Mar Gordo con honestidad.

—¿Un arma?

¿También hay armas para los monstruos?

—preguntó Gao Peng, asombrado.

—Por supuesto que hay armas.

—Desoleón, que estaba tumbado a su lado, lo interrumpió.

—Sin embargo, por naturaleza somos fuertes y la mayoría de las armas no son tan buenas como nuestros cuerpos, por lo que muy pocos monstruos las usan.

“Muy pocos… No es igual a ninguno”.

Gao Peng recordó a Cabeza de Buey y Cara de Caballo.

En general, para los monstruos antropomorfos era más conveniente usar armas.

“Gran Mar Gordo, ¿Qué tipo de arma usas si solo eres un pez cabezón que no tiene ni una garra?

¿Un casco?

Una cabeza tan grande debería estar equipada con un casco enorme”.

Gao Peng se rió sin querer.

—Muy bien, entonces dime dónde está ese casco.

Gran Mar Gordo murmuró en respuesta: —No es un casco.

¿De verdad crees que usaría un tesoro de tan bajo nivel?

A pesar de eso, Gao Peng seguía algo interesado en el tesoro del que Gran Mar Gordo estaba hablando.

Más allá de cualquier otra cosa, los gustos de Gran Mar Gordo eran muy únicos y su habilidad para apreciar tesoros había superado con creces la de Fuente de Dinero.

Gran Mar Gordo realmente no le prestaba atención a tesoros ordinarios.

Además, esta era la primera vez que Gao Peng lo veía tan serio.

—No tienes el valor para atacar a pesar de que ya estás en el nivel 79.

En cambio, tienes que convencer a Tontín para que lo haga… ¿Tu arma la tiene un monstruo de nivel Santo?

—preguntó Gao Peng.

Gran Mar Gordo parpadeó y con toda tranquilidad dijo: —No es un monstruo nivel Santo… Es un Cuasi Dios.

Gao Peng escupió las hojas de té que acababa de tragar.

—¡Oye!

—Con el dorso de su mano le dio un golpe a Gran Mar Gordo en su suave frente.

—Si lo que quieres es morir, no nos arrastres.

Incluso si nos enfrentáramos a un monstruo nivel Santo te pediría que te olvides de eso, pero un Cuasi Dios, ¿sabes algo sobre los Cuasi Dioses?

Gran Mar Gordo no cambió su expresión de seriedad.

—¿Y si supiera cuál es la debilidad del Cuasi Dios?

—Esto no funcionará ni siquiera aunque tenga una debilidad.

Un camello desnutrido sigue siendo más grande que un caballo.

Además, aunque des el primer golpe, te esperaría una muerte inminente.

Si nos enfocamos en la debilidad del Cuasi Dios, seguiríamos luchando hasta nuestro último aliento.

Gao Peng aún no sabía cuál era la debilidad, pero las debilidades solo podían usarse cuando no había una gran brecha en la habilidad.

Era igual a decir que todas las personas sabían que la debilidad de Aquiles, el héroe de guerra, era su talón… ¿Pero aún así alguien intentó atacarlo?

Gran Mar Gordo reflexionó sobre eso y dijo: —Por supuesto que sé lo fuerte que es un Cuasi Dios, pero yo tampoco soy completamente débil.

—No sigas defendiendo tu caso.

—Doradito golpeó su mano sobre la mesa, haciendo que, con un ruido sordo, se rompiera en pedazos.

Gran Mar Gordo entrecerró los ojos.

—Esa arma me perteneció y dejé algo en ella; en un momento crucial, puedo hacer que ataque en sentido contrario.

—Eres un pez gordo y cabezón.

Deberías usar un martillo.

—dijo Doradito lleno de desprecio.

No era normal que Gran Mar Gordo no discutiera con Doradito.

Simplemente dijo con calma: —Es un artefacto divino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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