Evolución de los monstruos mascotas - Capítulo 594
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594: Capítulo 594 – El Gigante de la Montaña Fugitivo 594: Capítulo 594 – El Gigante de la Montaña Fugitivo Editor: Nyoi-Bo Studio Tan pronto como Gao Peng asomó la cabeza por detrás de Bebé Cuarto, Medusa lo reconoció inmediatamente.
Habían habían pasado tres años completos pero para alguien que pasaba la mayor parte de su tiempo sola en un laberinto, Gao Peng era alguien que valía la pena recordar.
—¿Quieres que me ocupe de este chico por ti?
—dijo Gao Peng, señalando al Gigante de la Montaña.
El Gigante de la Montaña era un monstruo tipo roca.
Una de sus habilidades pasivas era la inmunidad a ser petrificado.
Su cuerpo ya estaba hecho de piedra, por lo que no podía ser petrificado, esta habilidad tenía poco o ningún efecto en él.
Intentar convertirlo en piedra sería como tratar de ahogar a un pez en el agua.
Medusa asintió apresuradamente.
A estas alturas, no se oponía a recibir alguna ayuda.
Sabía que no era rival para el Gigante de la Montaña, y él también sabía que tenía una ventaja sobre ella.
De lo contrario, no estaría allí tratando de usurpar el título de maestro del laberinto.
El Gigante de la Montaña se encontraba en el lado más débil del espectro nivel Emperador, por lo que probablemente estaba teniendo muchos problemas para tomar el control de cualquier otro laberinto.
Le sobraba fuerza física, su piel era casi impenetrable y era especialmente inmune a los ataques tipo Tierra y Roca.
Sin embargo, gracias a su enorme y engorroso cuerpo tenía una debilidad evidente: su falta de agilidad en general.
Medusa no podía petrificarlo ya que esto no tenía ningún efecto sobre él.
Por ahora solo podía depender de su agilidad innata mientras giraba en círculos alrededor del Gigante de la Montaña, ya que los ataques físicos no eran su especialidad.
Medusa ya estaba considerando dejar que el Gigante de la Montaña se quedara con el laberinto, solo si eso significaba que su corazón podría latir un poco más.
Después de todo, siempre podría buscar otro laberinto y hacerlo su hogar.
Lo único que tenía que hacer era sacar del laberinto la estatua del gorrión de piedra.
—Bebé Cuarto, hazte cargo —dijo Gao Peng.
No había necesidad de invocar a ningún otro familiar derrotar al Gigante de la Montaña.
Bebé Cuarto era esencialmente el familiar el medio de transporte por excelencia de Gao Peng.
A diferencia de sus otros familiares, no tenía una fuerte presencia en el equipo.
La mayor parte del tiempo, no había razón para que Gao Peng lo dejara pelear en las batallas.
Los ojos del Bebé Cuarto se iluminaron.
Su maestro solo dejaba que Da Zi y los demás se encargaran de los enemigos.
Esta iba a ser la primera vez entrando al campo de batalla.
“No puedo decepcionar a Gao Peng ahora”.
Desde las Alas Aurora de Bebé Cuarto explotó una luz plateada, sus alas parecían dos enormes espadas cortando el aire.
¡Bum, bum, bum!
En ese momento, envolvió al Gigante de la Montaña con sus Alas Aurora.
De repente, el monstruo sintió que algo afilado cortaba su cuerpo.
El Gigante de la Montaña dejó escapar un rugido y se apresuró a atacar a Bebé Cuarto.
Sin embargo, este último ya se había ido volando y estaba fuera de su alcance.
Sin importar cuánto lo intentara el Gigante de la Montaña, no podía alcanzar a Bebé Cuarto con sus puños.
Bebé Cuarto siguió atacando a su oponente usando sus Alas Aurora como un par de látigos.
Al final, el Gigante de la Montaña no pudo soportarlo más y salió corriendo con las manos sobre la nuca.
Al ver al Gigante de la Montaña huyendo, Medusa suspiró, aliviada.
Gao Peng le ordenó a Bebé Cuarto que bajara al suelo.
Luego saltó de su espalda y dijo: —Mucho tiempo sin verte.
Estuve un tiempo en el extranjero, pero ya estoy de regreso.
Te ves tan deslumbrante como la última vez que te vi, hace tres años.
Medusa se sonrojó.
Gao Peng para protegerse de la mirada de Medusa, chasqueó los dedos e invocó a Rayitas.
Ahora, Gao Peng y los demás estaban tan cerca de Medusa que básicamente podían hacer contacto visual con ella.
El único que no podía resistir la mirada petrificadora de Medusa era Bebé Cuarto.
Se dio la vuelta apresuradamente, no se atrevía a mirarla a los ojos.
Medusa miró con curiosidad a Rayitas.
Parecía haber crecido mucho desde que la última vez que lo vio.
Luego se volvió hacia Gao Peng y lo invitó a descansar un rato en su laberinto.
Cortésmente, aceptó la invitación.
A lo largo del camino, Gao Peng invocó con otro chasquido de dedos a Gran Mar Gordo para que saliera a la intemperie.
Se encontraba en su versión reducida.
—Estamos en un laberinto, aunque es uno bastante ordinario.
Verifica si eres capaz de sentir algo aquí.
Gran Mar Gordo percibió un olor extraño en el aire inmediatamente después de ser invocado al laberinto.
Frunciendo el ceño, le dijo a Gao Peng: —Ese elefante pasó por este lugar.
No es de extrañar que me parezca tan familiar.
Gao Peng observó a Gran Mar Gordo pegarse a la pared del laberinto y comenzó a chuparla como una sanguijuela.
—¿Qué está… —comenzó a decir Medusa, mirando a Gao Peng, preocupada.
Nunca había visto un espectáculo tan extraño en toda su vida.
—No te preocupes, no pasa nada —dijo Gao Peng muy tranquilo.
Luego se acercó a Gran Mar Gordo para arrancarlo de la pared y le dijo.
—Vamos a adentrarnos más en el laberinto.
El olor es más fuerte allí.
—Al escuchar esto, Gran Mar Gordo dejó de resistirse y simplemente dejó que Gao Peng lo arrastrara por la cola.
—Desde hace mucho tiempo que ningún otro monstruo pasa por estos corredores —dijo Medusa, quien los guiaba por el camino.
El laberinto estaba en silencio.
Medusa prefería vivir allí sola, a diferencia de otros maestros de laberintos, que se encargaban de preparar a sus propios sirvientes.
Aún si quisiera que otro monstruo fuera su sirviente, tendría que encontrar uno que pudiera resistir su mirada.
La mayoría de los monstruos simplemente se transformarían en adornos de piedra para el laberinto.
Al cabo de un rato, finalmente llegaron a las parte más profunda del laberinto.
Gao Peng notó que había un bosque de bambú allí.
La luz del sol atravesaba las hojas de bambú, haciendo que el suelo se viera moteado.
En el centro del lugar se reunían estatuas de piedra de varias formas y tamaños.
—Estas son las estatuas de piedra que he coleccionado hasta ahora —dijo Medusa, alegre.
—Este es un jabalí dorado.
Fue el primer monstruo que encontré después de abandonar el laberinto de mi madre y también el primer monstruo que petrifiqué —explicó, acariciando nostálgicamente la estatua de un jabalí real.
Gao Peng asintió mientras miraba las estatuas a su alrededor, las cuales parecían haber sido talladas por un escultor experto.
Ya sabía que no eran estatuas talladas a mano, sino monstruos que quedaron petrificados por toda la eternidad.
—Y esto de aquí es… —Medusa le mostró el lugar a Gao Peng haciendo un gran recorrido.
Gao Peng asentía y escuchaba atentamente cada una de sus palabras, incluso, en ocasiones, compartía su propia opinión sobre algo.
Por otra parte, cuando entraron al lugar Gran Mar Gordo fue a hacer un recorrido por su cuenta.
—Al entrar aquí se hizo más débil el olor de ese maldito elefante.
Es claro que este lugar tiene marcada su huella arquitectónica por todas partes, pero es seguro que nunca ha estado aquí.
No creo que él haya construido este lugar —murmuró Gran Mar Gordo.
—Pero aún está el asunto de su olor… ¿Puede ser posible que su artefacto divino haya construido este lugar?
—dijo, visiblemente emocionado.
Gran Mar Gordo le emocionaba mucho la idea de profanar la tumba de su enemigo jurado y robar su artefacto divino.
—¿Alguna vez has pensado en abandonar este lugar?
Podrías venir conmigo si quisieras.
En este laberinto no hay nada interesante que hacer.
Sabes que ahí afuera hay lugares más hermosos esperándote —dijo Gao Peng.
Medusa sacudió la cabeza.
—El mundo exterior es demasiado ruidoso.
—Pero el Gigante de la Montaña sigue ahí afuera.
No fuiste capaz de defenderte cuando estaban luchando allá afuera —dijo Gao Peng, suspirando.
—Una vez note que me he ido, definitivamente regresará para desafiarte nuevamente.
Es evidente que estás en desventaja —explicó.
Medusa cerró los ojos y reflexionó sobre esto por un buen rato.
Al abrir los ojos, dijo: —Si eso sucede, dejaré que se quede con mi laberinto y saldré a buscar un nuevo lugar para vivir.
—¿No crees que es demasiado problemático?
¿Podrás llevar contigo todas tus posesiones?
—dijo Gao Peng, señalando la pila de tesoros y baratijas en medio del laberinto.
Nuevamente, Medusa hizo silencio.
—Tú y yo sabemos que, cuando el Gigante de la Montaña vuelva, no dejará que te tomes el tiempo que necesites para empacar.
—Incluso aunque decida irme contigo, no es posible que puedas llevar todo esto contigo, —dijo Medusa, detectando el defecto obvio en la sugerencia de Gao Peng.
Gao Peng sonrió.
—No me subestimes.
Chasqueó los dedos y el increíblemente conveniente espacio de almacenamiento que era Boba apareció frente a ellos.
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