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Evolución de los monstruos mascotas - Capítulo 81

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81: Capítulo 81: ¿Qué está buscando?

81: Capítulo 81: ¿Qué está buscando?

Editor: Nyoi-Bo Studio La última vez que había visto Víboras del Árbol Verde estaba también en el Bosque de árboles botella.

Quizás esta clase de víboras tenían preferencia por los arboles botella.

Había al menos una docena de ellas activas en ese lugar, las cuales, usualmente, durante el día, colgaban de las ramas de los árboles, pretendiendo ser musgo verde.

Se quedaban quietas y esperaban a que la presa se acercara; solían cazar pequeños insectos y aves.

Tontín caminaba por el bosque como si nada pudiera interponerse en su camino, para él, no había tal cosa como un animal de sangre fría.

A menos que la criatura tuviera alguna habilidad especial para enmascarar su presencia, con sus flamas del alma, cualquier criatura podía ser detectada tan fácilmente como una antorcha en plena noche.

Una a una, las Víboras del Árbol Verde eran arrancadas de las ramas por Tontín, luego les retorcía la cabeza y sacaba el cristal esencial verde de sus cráneos.

Los cristales tenían el tamaño de frijoles, pero comparados con el tamaño del monstruo que los cazaba, eran como pequeñas semillas de sésamo.

Sacaba el cristal con cuidado y lo limpiaba en la bata antes de dárselo a Gao Peng.

El Entrenador miró a su monstruo, quien abrió la boca como para decir algo.

No pudo, por supuesto, y solo se escuchó el sonido de sus dientes entrechocando.

Trató con fuerza de pasarle el cristal esencial a su dueño, apuntando a él con la otra mano.

Al ver que lo tomaba, Tontín levantó la cabeza y sonrió torpemente.

—Bicho tonto —dijo Gao Peng mientras guardaba los cristales en un bolsito de piel.

Quería decir algo, pero no encontraba la forma de hacerlo.

Al final, volteó como si nada hubiera pasado y dijo: —Tontín, rompe esos Árboles Botella por la mitad.

El Familiar asintió.

El resto de las víboras habían visto lo que estaba sucediendo y sabían cómo protegerse del peligro: se ocultaron en los huecos de los troncos.

Se movieron lentamente, como con miedo de hacer enojar al feroz dios que perturbaba el bosque.

Creían que ahí estaban a salvo, pero de pronto, comenzaron a escuchar ruidos de algo que se rompía.

Sin oportunidad para reaccionar, algunas sintieron que el mundo se les dio vuelta; con un fuerte estruendo, un gran árbol era tirado al piso, arrastrando consigo a las víboras, que rápidamente huyeron a una pila de hojas secas y desaparecieron.

Gao Peng siguió el rastro de árboles caídos para buscar Corazones Espaciales de Madera.

Éstos crecían en las partes más anchas del tronco de los Árboles Botella, justo en la parte que parecía la “panza de la cerveza”, donde tenían un hueco.

Aproximadamente, uno de cada cinco árboles tenía un Corazón Espacial de Madera dentro.

Debajo de cada árbol grande, Tontín parecía como un temible boxeador, golpeando salvajemente el tronco con los puños.

Cada golpe mandaba arrojaba grandes trozos de madera por los aires.

En tan sólo unos cuantos golpes, los árboles se encontraban a punto de caerse.

Los sonidos provocados por los puñetazos reverberaban en la densa jungla y viajaban grandes distancias.

Aproximadamente un kilómetro más adelante, tres cazadores estaban atravesando la zona; estaban protegidos con equipo especial que les cubría el cuerpo y cargaban bolsas enormes que evidenciaban una cacería exitosa.

A los lados los seguía un grupo de Familiares.

En ese momento, comenzaron a sonar chillidos agudos desde el hombro de uno de los cazadores: era un ratón con enormes orejas que se había parado en dos patas, girándose, y estaba chillando sin parar hacia una dirección lateral.

—¿Hm?

Capitán, ¿Tutu ha notado algo?

—preguntó uno de los miembros del grupo.

Era un hombre joven con una cicatriz en el rostro.

—No lo sé, debe haber hecho algún descubrimiento —respondió el más viejo de todos.

Apretó gentilmente las orejas del ratón en su hombro y le dio maní como recompensa.

Los ojos del ratoncillo brillaron de alegría al masticar lo que le habían dado.

—Tutu dice que hay un fuerte sonido viniendo de aquella dirección —afirmó el capitán mientras se humedecía los labios.

—Vamos hacia allá entonces.

—Sí, capitán.

Los miembros del grupo estuvieron de acuerdo.

Esta no era la primera vez que se topaban con algo así.

La última vez, resultó ser una pelea entre dos monstruos nivel líder y, como dice el dicho: “cuando dos perros pelean por el mismo hueso, el tercer es el que se lo lleva”.

Habían dejado escapar a uno de los monstruos, pero pudieron obtener el cuerpo del otro, por el cual les pagaron una buena suma.

El joven con la cicatriz en el rostro se humedeció los labios.

Su Familiar ya era nivel 20, lo único que le faltaba para llegar a Líder era el grado.

Se había acercado a mucho Criadores de Monstruos, pero aumentar el grado de un monstruo lamentablemente no era tarea fácil.

A veces todo se reducía a un número al azar.

Lo había intentado numerosas veces, sin que el grado de su Familiar cambiara.

A veces se sentía totalmente desesperanzado; quizás la suerte nunca le sonreiría.

Desde muy joven parecía estar perseguido por la mala fortuna, la ventaja era que ya estaba acostumbrado a eso.

Se apresuraron para llegar hasta allá, cuando, de pronto, notó que había algo malo en el sonido que escuchaban: no parecían monstruos peleando, era más bien un ruido bajo, sordo.

Hasta parecía tener un ritmo, el cual les resultaba conocido.

El grupo se miró entre sí, perplejo.

El último integrante era un joven flacucho, de tez oscura.

Frunció el ceño y dijo, dudando: —Suena como una práctica de boxeo, como la que yo solía tener.

—¿Boxeo?

Yao Huan, ¿te has quedado tonto con tantos golpes?

¿Cómo se te ocurre que puede haber alguien practicando boxeo en el medio de la jungla?

—dijo, riendo, el hombre con la cicatriz.

—¿Practicar en una jungla llena de monstruos?

Creo que se te zafó un tornillo.

No muy lejos de donde estaban, un árbol se quebró, viniéndose abajo con una serie de chasquidos.

—Muévanse, vamos a acercarnos un poco más para ver qué sucede —dijo el capitán.

Al acercarse, vieron a un humanoide gigante en bata negra, golpeando un árbol frenéticamente, el cual estaba a punto de caer.

De pronto, el árbol hizo un ruido como de ceder a y cayó con un golpe seco.

No lo podían creer.

Para ellos, todos los árboles a su alrededor eran iguales, no les importaba en los más mínimo qué características tenían ni cómo se llamaban.

El capitán enfocó la vista en algo: entre los escombros de la caída, había una figura agachada, como buscando algo en el tronco, ¿qué podría querer de ahí?

El capitán entrecerró los ojos.

Sus sentidos de cazador le decían que ahí había algo raro.

—Capitán, vamos —dijo Yao Huan, moviendo la cabeza.

Pensó que era otro monstruo, pero resultó ser una persona.

El monstruo en bata negra claramente era criado por alguien.

El capitán levantó la mano derecha, en una señal que indicaba que guardaran silencio.

¿Qué buscaba ese sujeto?

De pronto, sintió mucha curiosidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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