Evolución de los monstruos mascotas - Capítulo 86
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86: Capítulo 86: Ji Hanwu 86: Capítulo 86: Ji Hanwu Editor: Nyoi-Bo Studio En el sector militar de Chang’an, un edificio con características únicas estaba ubicado en la cima de una colina.
Tenía casi 200 metros de alt y se asemejaba a una maqueta.
En las barras horizontales de la orilla estaba parado un Halcón Divino de color dorado, con los ojos cerrados.
Descansaba ahí cuando, de pronto, abrió los ojos y apareció un penacho dorado brillante.
Miró hacia el sur y llamó con un sonido claro que reverberó en el cielo sobre el campo militar.
—¿Cuál es el problema?
¿El mono del Bosque Brasa Oscura?
—No, parece que Dios Dorado ha descubierto algo.
Apresúrate a investigar.
—No es necesario, es esa persona del Grupo Cielo Sureño.
Está aquí en Chang’an —dijo un hombre con cabello blanco y uniforme militar, tosiendo, mientras caminaba por detrás.
—¿Por qué esa persona llegaría a la ciudad tan tarde?
¿No tienen las bases en la Ciudad de Yu?
—No hay de qué preocuparse, sólo prende la alarma como siempre —dijo el anciano.
Parecía ser muy respetado y también el encargado de tomar las decisiones.
… Una figura blanca gigante sobrevoló el cielo antes de bajar en picada.
Bajo el violento aire que producía, todas las plantas permanecían apretadas contra el suelo.
Parecía ser un dragón, pero no era ni eso ni una serpiente.
Tenía una melena blanca en el cuello y no se le veían cuernos.
En la parte baja se le veían un par de patas, cada una con tres afiladas garras.
Por su apariencia, ya no podía catalogarse como serpiente y estaba evolucionando, en camino a convertirse en dragón.
No sería descabellado catalogarlo como un dragón de agua.
Sus enormes patas golpearon el suelo violentamente, aniquilando a la gente que había quedado debajo.
El área incluía la zona del hombre que se había desmayado.
Una amenaza letal les seguía muy de cerca.
El Doctor Jiang se arrodilló y gritó: —¡Tengo al hijo de Gao Peng!
La garra enorme cambió de dirección en medio del aire y cayó de lado, creando zanjas de casi doce pies de largo.
Una ráfaga de viento pasó por el área, palideciendo al instante la cara de todos los presentes.
El Doctor Jiang balbuceaba una y otra vez, diciendo: —Maestro Chairman, no dejé que nadie se enterara sobre Gao Peng.
Sin embargo, he creado un programa; mientras no decodifique ese programa a tiempo, nos va a enviar novedades sobre Gao Peng a los teléfonos móviles de todos los empleados del Grupo.
Puedo borrarlo cuando quiera.
Hablaba con rapidez, como temiendo que, si no se apresuraba, lo matarían.
Un cuerpo musculoso saltó al suelo desde el lomo del dragón acuático.
Esta persona traía un Hanfu blanco holgado, tenía hombros fuertes como montañas y bajo las cejas blancas, como la nieve, había un par de ojos afilados, como los de un águila.
Cada paso que daba no era ni muy rápido ni muy lento.
Caminaba como pisando sus corazones.
El hermano más joven del doctor y el hombre calvo sintieron una tremenda culpa al mirar al recién llegado a los ojos.
Ju Hanwu parecía tranquilo, uno no podía descifrar lo que sentía.
—¿Qué fue lo que dijiste?
—preguntó.
—Maestro Chairman, lo que acabo de decir lo hice por nervios, no sabía lo que hacía.
Ni siquiera conozco a Gao Peng en persona.
Sólo he escuchado que existe —dijo el doctor mientras reía nervioso.
No tenía mucho tiempo para hablar, ya que lo podían matar antes de la siguiente frase.
La orientación sexual de Gao Peng era ciertamente común y lo que había dicho era solo algo que inventó en el momento para preservar su vida.
—Está bien.
Ji Hanwu se sintió aliviado.
Por poco había pensado que su nieto había desarrollado alguna orientación sexual extraña.
Por fortuna, no era el caso.
—¿Quién te dio esa información?
—dijo Ji Hanwu mirando al doctor a los ojos.
El Doctor Jiang dudó un momento, no era correcto ser un soplón.
—Olvídalo si no quieres contarlo.
Todos tienen sus principios, no te voy a obligar.
—Fue el Secretario Liu —confesó.
—Bien.
Como veo que te has esforzado, te daré una alegría —aseguró Ji Hanwu mientras se daba la vuelta para irse.
El Doctor Jiang se paró en el borde, ¡no era lo que esperaba!
—Maestro Chairman, sólo quería más fondos… El dragón acuático, que esperaba silencioso detrás de su dueño, sonrió salvajemente, mostrando una hilera de dientes blancos.
—¡No!
Lo último que el doctor vio fue una enorme garra abriéndose.
Ji Hanwu levantó la mano izquierda, tenía una banda negra en el brazo que tocó con la punta de los dedos y apareció una luz roja.
De allí brotó un sonido: —¡Chairman!
—Investiga a Jiang Yilong.
Es posible que haya instalado un programa.
Si logras encontrarlo, destrúyelo.
Si no, me avisas —dijo Ji Hanwu con calma.
No mencionó nada sobre lo que hacía ni dijo qué clase de programa era.
Tras escuchar la orden, el del otro lado se puso manos a la obra sin dudar.
Ji Hanwu parecía tranquilo mientras escuchaba los quejidos y llantos que venían de sus espaldas, así como el sonido de un monstruo gigante masticando su comida.
Puso ambas manos detrás de la espalda y miró hacia la infinitud de la galaxia.
Él nunca se sentía amenazado por nada.
¿Y qué pasaba si el programa y las noticias se esparcían?
Gao Peng era su nieto y también el príncipe del Grupo Cielo Sureño.
Esa era una verdad irrefutable.
Nada ni nadie podría cambiarlo.
En el peor de los casos, simplemente se vería obligado a contarlo públicamente antes de tiempo.
—Me gustan los mundos simples como este —dijo con un suspiro.
El pequeño Peng ya tenía dieciocho años de todas formas.
También había hecho contratos con Familiares, lo que le daba la capacidad de autodefensa más fundamental.
Cuando ocurrió el cataclismo, él estaba atrapado en una isla extranjera.
Entre los que estaban con él se encontraban varios de sus más fieles aliados.
La isla ya tenía una atmósfera tropical; estaba rodeada de mar, así que uno se podía imaginar lo difícil de ese comienzo.
Si ya estar en una isla del interior era complicado, entonces, lo que ellos tenían por delante era una tarea titánica.
Después de todo, las islas no tenían fuerzas armadas.
Sin embargo, los cielos jamás lo perdonaron y siempre había una salida.
Ji Hanwu tuvo suerte, pues más adelante se le presentó una oportunidad.
Se apoyó en su increíble fuerza de voluntad mientras entrenaba Familiares.
Después de un año, un nostálgico Ji Hanwu volvió de tierras lejanas con sus aliados.
Lo recibió un muy cambiado Grupo del Cielo Sureño y las tristes noticias sobre la muerte de su hija y su yerno.
Al principio, pensó traer a Gao Peng, pero su vuelta al Grupo había generado un caos.
Como dice el dicho: “uno solo podía permanecer como ladrón por 1000 días”.
Nadie podía defenderse de ladrones por 1001 días.
Establecer un Contrato de Sangre no era para alguien menor a 18 años, pues dañaría su potencial, así que, hasta que llegara a esa edad, Gao Peng no tendría forma de defenderse si se lo enfrentaba con otros entrenadores de monstruos.
Además, las noticias sobre la muerte de su hija habían eclipsado todo lo relacionado a su nieto.
Ji Hanwu siguió la corriente y envió a su gente a que limpiaran todo rastro, para que Gao Peng pudiera crecer en paz.
La mejor forma de mantener oculto un diamante no era encerrarlo en una caja fuerte, sino mezclarlo con un montón de joyería barata.
Ji Hanwu se dio la vuelta.
El suelo estaba limpio como si lo hubieran levantado para asearlo.
No muy lejos del área estaba el centro de la ciudad, donde vivía Gao Peng.
Guardó silencio por un rato., Si bien no visitaba a su nieto, se había enterado de que los logros que había obtenido superaron sus expectativas.
Aunque las fuerzas del grupo se terminaron estabilizando, esta clase de crianza libre entrenaba mejor la fuerza de voluntad de alguien, así que no tenía ninguna prisa.
Le era suficiente aparecer en el momento correcto: un corazón y un alma fuertes como piedra eran mucho más valiosos que cualquier otro objeto mundano.
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