Evolución: De Pequeño Demonio a Emperatriz Diabólica - Capítulo 335
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Capítulo 335: Comercio
Al ver la expresión severa de Liora y recordar la sensación de amenaza que el poder de La Nada le había provocado antes, el Dios Demonio se inclinó a creer sus palabras.
Por desgracia, la propuesta de Liora era simplemente inaceptable para él.
¿Cien Jirones de Tiempo? Llegado a ese punto, más le valía venderse a sí mismo.
—No tengo más materiales. Además, solo poseo dos Jirones de Tiempo…
—Cincuenta como mínimo. Menos de eso no merece mi esfuerzo —negó Liora con la cabeza y lo interrumpió.
—Tres. Es lo mejor que puedo ofrecer.
La conversación entre los dos seres todopoderosos de repente se tornó extraña.
Liora y el Dios Demonio estuvieron regateando sin cesar sobre el número de Jirones de Tiempo y los materiales que este último tenía que desembolsar.
La escena resultaba estrafalaria teniendo en cuenta su estatus y su fuerza.
Pero, en realidad, los seres de su nivel valoraban de verdad sus propios intereses.
Nadie daría un paso atrás sin motivo.
Lucharían por el más mínimo atisbo de beneficio, y mucho menos por un tesoro tan preciado y raro como un Fragmento de Tiempo.
Al final, los dos llegaron a un acuerdo al cabo de un rato.
La cantidad de materiales seguía siendo la misma, la justa para ayudar a Liora a convertirse en un Soberano Demonio, pero los Jirones de Tiempo se habían convertido ahora en diez.
En el momento en que los dos se pusieron de acuerdo, el espacio fluctuó.
Un anillo espacial salió volando del sello y aterrizó limpiamente en la mano extendida de Liora.
Cuando su conciencia entró en él, descubrió que estaba lleno de materiales útiles para las Armas Demoníacas.
Al mismo tiempo, en el borde se veía un pequeño charco de líquido translúcido. Ascendía exactamente a diez gotas.
Al ver esto, Liora tuvo que admitir que el Dios Demonio era realmente honesto.
¿No temía que ella tomara estas cosas y huyera sin ayudarlo?
La idea de hacerlo, en efecto, pasó por su mente. Sin embargo, lo descartó tras pensarlo mejor.
«Para tener la confianza de darme esto, esta persona debe de tener un as en la manga».
«Quizá pueda sortear el sello y ejercer su fuerza durante un tiempo. O quizá pueda controlar el Cementerio del Dios Demonio para atacarme…», pensó en secreto mientras guardaba el anillo espacial.
Entonces, miró hacia el sello y dijo:
—¿Cómo puedo ayudarte a romper el sello? Si hay algún peligro, no me involucraré.
Al oír sus palabras, el Dios Demonio no pudo evitar quejarse para sus adentros. ¡Debería haber dicho eso antes de guardarse los objetos en lugar de esperar hasta ahora!
Aun así, teniendo en cuenta su situación actual, no le importó discutir con Liora.
—No hay peligro. Solo necesito que viertas un poco de ese poder en el sello.
—No se necesita mucho. Solo lo suficiente para corromper el sello y ayudarme a salir —dijo, y guio a Liora sobre cómo lograrlo.
Liora siguió sus instrucciones. El poder de La Nada emergió y se vertió en el sello.
La espeluznante sustancia gris sorteó la capa exterior y fluyó más adentro, pareciendo apuntar al núcleo del sello.
Un débil crujido resonó en los oídos de Liora, como si un trozo de cristal empezara a hacerse añicos.
Pasaron los segundos mientras el poder de La Nada seguía fluyendo hacia el sello.
El rostro de Liora fue perdiendo gradualmente el color mientras su aura fluctuaba violentamente, como una vela a punto de extinguirse.
Justo cuando parecía que iba a desplomarse en el suelo, el Dios Demonio finalmente habló:
—De acuerdo. Es suficiente.
—La capa interior del sello se ha roto. Solo necesito pasar un tiempo corrompiendo el resto del sello antes de poder liberarme —dijo.
Al oír esto, Liora dejó de suministrar al sello el poder de La Nada.
Su cuerpo tembló mientras retrocedía a toda prisa, abriendo distancia entre ella y el sello.
—El trato está cerrado y ambos hemos obtenido lo que deseábamos. No lo entretendré más.
—Espero que Su Excelencia emerja pronto del sello y regrese al mundo real —dijo Liora, y luego se elevó hacia el cielo sin dudarlo.
No miró hacia atrás ni observó el estado del sello; optó por marcharse lo más rápido que pudo.
Dentro del sello, el Dios Demonio se quedó sin palabras.
Miró la espalda de Liora con una leve duda, calculando en secreto el alto precio que la pérdida del poder de La Nada le había costado.
Aunque sabía que no se había usado mucho, era normal que un poder de tan alto nivel exigiera pagar un alto precio.
«Aunque no es mucho, debería ser más que suficiente. Merece la pena intercambiarlo por esas cosas», reverberaron las palabras del Dios Demonio a través del sello.
De hecho, si Liora hubiera tomado la iniciativa de entrar en el sello, habría descubierto que el Dios Demonio no estaba por ninguna parte.
Solo una pequeña luz estaba confinada en el oscuro espacio, brillando con un fulgor colorido.
Parte de la luz era dorada, mientras que la otra parte estaba dividida en un carmesí sangriento y un negro turbio.
Con el paso del tiempo, los dos últimos colores se extendieron lentamente. Parecía que su objetivo era aniquilar la parte dorada.
«Por suerte, la persona destinada llegó justo a tiempo. De lo contrario, no habría podido reprimir su influencia por más tiempo», susurró el Dios Demonio, y un torrente de sustancias grises apareció ante la luz.
Si Liora estuviera aquí, reconocería que estas sustancias grises eran el poder de La Nada que acababa de verter en el sello.
El Dios Demonio luchó por controlarlas y dejó que bañaran la luz colorida.
Al instante, los colores carmesí y negro comenzaron a retroceder.
La luz fluctuó y pareció a punto de extinguirse, pero su aura se hizo más fuerte en lugar de debilitarse.
«Ya casi es la hora. Debería poder abandonar este maldito lugar muy pronto», habló el Dios Demomio mientras los dos colores se borraban lentamente bajo su mirada.
Continuó manipulando el poder de La Nada, mientras parte de su atención se posaba en el borde del oscuro espacio.
Donde el ojo común no podía ver, existían tres grandes charcos de sangre.
Un cadáver gigante flotaba en cada uno de ellos, mientras la sangre se filtraba lentamente en los cuerpos y actuaba para nutrirlos.
«Tres Soberanos Demonios. Junto con mi propio poder, todo debería salir bien».
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