Evolución: De Pequeño Demonio a Emperatriz Diabólica - Capítulo 359
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Capítulo 359: Muchacha
Tras comprobar su estado actual y comprender a grandes rasgos su camino futuro, Liora dejó de pensar en sí misma y centró su atención en el otro gran beneficio que había obtenido en este mundo.
O más bien, en el regalo que el Dios Demonio le había dado antes de perecer.
Era un pequeño reloj, el tesoro que convirtió al Dios Demonio en quien era.
Cuando Liora lo sacó de su anillo espacial, el propio tiempo pareció desdibujarse a su alrededor y apareció la visión de un río fluyendo.
Su mente estaba conectada con el Reloj del Tiempo.
Quizá porque el Dios Demonio se lo había obsequiado, este tesoro ya la había reconocido como su dueña, y ya podía hacer uso de él.
Al mismo tiempo, se le revelaron sus funciones.
«Profecía: el Reloj del Tiempo predecirá escenas futuras de forma aleatoria. Dependiendo de la fuerza de su portador, las escenas que se pueden vislumbrar son cada vez más lejanas».
«Distorsión del Tiempo: el Reloj del Tiempo puede formar un Fragmento de Tiempo cada año».
«Imprevisibilidad: el futuro del portador se vuelve más difícil de detectar».
La información sobre sus funciones resurgió en la mente de Liora mientras sus dedos rozaban con suavidad la parte trasera del Reloj del Tiempo.
Cada una de estas funciones era extremadamente poderosa, lo que lo hacía digno de ser un tesoro capaz de utilizar el poder del tiempo.
El Dios Demonio ya había demostrado plenamente el poder de la Profecía. Gracias a la información obtenida, había sido capaz de trazar un plan que se extendía por miles de años.
De forma similar, aunque las otras dos funciones parecían mucho menos significativas, eran igual de valiosas, si no más.
Aparte de estas, lo que despertó el interés de Liora fue el Reloj del Tiempo en sí.
Los materiales usados para forjarlo no eran nada extraordinarios. Aunque le resultaba difícil romperlo, Liora podía ver que distaba mucho de ser indestructible.
Por lo tanto, era obvio que no era un tesoro realmente valioso. La razón por la que el Reloj del Tiempo poseía tales habilidades seguía siendo un enigma.
Liora, sin embargo, no le prestó atención a esto por mucho tiempo.
Tras jugar con el Reloj del Tiempo unos minutos más, lo dejó a un lado con indiferencia.
Entonces, alzó la cabeza y miró hacia el exterior.
Su mirada fue capaz de atravesar los paisajes y alcanzar el Área Central.
Al ver que los pocos Santos Demonios y Soberanos Demonios supervivientes estaban cada vez más ansiosos y listos para «cosechar» el mundo y reponer su Aura Divina, supo que tenía que actuar.
De lo contrario, solo era cuestión de tiempo que acabaran con todos.
Incluso sin las palabras del Dios Demonio, Liora habría calmado el caos, aunque solo fuera porque un entorno caótico no era muy beneficioso para ella.
Con eso en mente, un paraguas plateado apareció en la mano de Liora.
Lo arrojó hacia delante, y el paraguas salió volando de la Secta del Diablo de Sangre, precipitándose hacia el Área Central.
A mitad de camino, esta Arma Demonio se transformó en un dragón plateado.
Tras soltar un poderoso rugido, sus ojos brillaron con una inteligencia sorprendente y voló hacia los Clanes Divinos supervivientes.
Como si pensara que aquello no era suficiente, Liora no se detuvo ahí.
Una luz carmesí parpadeó en su frente antes de que un sable se materializara. Luego, al igual que el Arma Demonio anterior, su Manifestación también se disparó hacia el Área Central.
Tras hacer esto, Liora dejó de prestar atención a aquella gente.
Su atención volvió a centrarse en sí misma y en la Secta del Diablo de Sangre, mientras convocaba a los Ancianos para impartirles varias instrucciones.
–
¡Ah! ¡Ja!
Una joven pelirroja se encontraba en un gran patio trasero, blandiendo una espada para golpear un muñeco de madera de entrenamiento.
La joven no era demasiado fuerte. Aun así, sus movimientos eran bastante refinados y etéreos.
Cada movimiento de su espada iba acompañado de una atmósfera misteriosa, una prueba de su extraordinaria esgrima.
Tras unas horas de entrenamiento, la joven dejó la espada a un lado y respiró hondo mientras se secaba el sudor de la frente.
—Siento que estoy cada vez más cerca del Reino del Despertar de Sangre, pero esto no es ni de lejos suficiente.
—¡Tengo que entrenar más duro!
—¡Tengo que volverme lo bastante poderosa para vengar a mi Maestra! —susurró la joven con los puños apretados y, pensando en su Maestra, entró con paso ligero en el edificio.
Tras deambular por los pasillos, llegó a una habitación silenciosa y en penumbra.
Una mujer de cabello blanco estaba sentada de espaldas a la puerta, contemplando un retrato frente a ella con un odio manifiesto.
La mujer no parecía mayor. De hecho, su rostro y su cuerpo en general parecían ser de alguien de poco más de veinte años.
Sin embargo, su cabello blanco y la opacidad de sus ojos rojos dejaban claro que no le quedaba mucho tiempo de vida.
En el mejor de los casos, unos pocos años más. En el peor, un par de meses.
—¡Maestra!
Al ver a la mujer con la mirada perdida, la joven hizo una respetuosa reverencia y la llamó.
No recibió respuesta de inmediato.
Solo tras varios minutos la mujer de cabello blanco habló.
—¿Has terminado el entrenamiento de hoy? Bien.
—Siento que estás muy cerca del Reino del Despertar de Sangre. Con tu talento, es posible que algún día superes a tu Maestra.
La voz de la mujer era normal al principio, pero se fue volviendo más y más áspera hacia el final. Tosió con fuerza, y unas gotas de sangre resbalaron por sus labios.
Al oír su tono y sentir temblar el cuerpo de su Maestra, a la joven se le llenaron los ojos de lágrimas.
Podía verlo.
A su Maestra, quien la había criado desde pequeña y le había enseñado todo lo que sabía, no le quedaba mucho tiempo de vida.
Aunque era una Guerrera, había sufrido graves heridas a manos de sus enemigos. Como tal, estaba destinada a morir pronto.
—¡Maestra! ¡No se preocupe! ¡Juro que vengaré a su enemigo!
—¡Cuando sea lo bastante fuerte, juro que lo mataré! —dijo la joven apretando los dientes, mientras su mirada se posaba en el retrato que su Maestra sostenía.
Como si sintiera su mirada, la mujer de cabello blanco lo guardó a toda prisa.
No se dio la vuelta, sino que permaneció de espaldas a la joven, agitando la mano.
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