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Evolución Rota - Capítulo 1

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1: CAPÍTULO 1 1: CAPÍTULO 1 El sudor le corría por la frente mientras se sacudía la camisa empapada.

— Cada día hace más calor… — murmuró Alejandro, fastidiado, mientras se ajustaba la mochila sobre el hombro.

Cali siempre había sido calurosa, sí, pero lo de ese mes era otra cosa.

y sumado al caos que había tenido en el trabajo, le dejaba los nervios de punta.

Cruzó la calle con paso largo y decidido, abriéndose camino hacia el conjunto residencial donde vivía.

Afortunadamente, el apartamento compartido era su pequeño refugio del calor.

Pagaba apenas la mitad del alquiler gracias a que vivía con una joven pareja.

El lugar no era lujoso, pero tenía lo esencial: dos habitaciones, cocina, sala, baño, un pequeño patio de ropa y un balcón desde donde se veía el atardecer entre los edificios.

A veces, eso bastaba.

Un aroma familiar lo recibió antes de llegar al edificio.

Era el inconfundible olor de la hierba recién cortada.

Alzó la vista, esperando ver la típica cuadrilla de jardineros…

y sí, ahí estaban, cortando como siempre.

Pero algo lo inquietó.

—¿Otra vez?

—frunció el ceño—.

¿No lo hicieron hace dos semanas?

Fue entonces cuando lo notó: el césped no solo había crecido…

lo había hecho de forma desproporcionada.

Alcanzaba ya más de veinte centímetros, como si hubiera sido regado con algún químico extraño.

Los árboles del sector también parecían más densos, sus ramas se extendían con vigor anómalo, casi salvaje.

La sensación de rareza se hizo más densa.

“El invierno está cerca y esto parece un horno”, pensó, sin entender del todo lo que ocurría.

Los medios estaban repletos de teorías: emisiones contaminantes, mutaciones en la atmósfera, incluso la explosión de una supernova cercana.

Cada quien tenía su explicación, y cada teoría venía con su paquete de pruebas y fanáticos.

Empujó la reja metálica del conjunto y subió las escaleras.

Al llegar al apartamento, un aroma distinto lo envolvió: comida casera.

Abrió la puerta y, mientras se quitaba las zapatillas, escuchó pasos salir desde la cocina.

—Ah, eres tú —dijo Sofía, sorprendida por un instante—.

Justo terminé de cocinar.

¡Ven, vamos a cenar juntos!

Preparé una porción extra.

Su voz era tan cálida como siempre.

Se giró de nuevo hacia la cocina, dejando tras ella un leve aroma a especias.

Sofía tenía 23 años, apenas dos más que Alejandro.

Piel clara como porcelana, cabello rojo anaranjado que caía en ondas suaves sobre sus hombros, cuerpo esbelto y curvas sensuales.

Pero más allá de eso, lo que destacaba de verdad era su sonrisa: amplia, dulce, sincera.

Y esos ojos azules que parecían brillar con luz propia Alejandro sonrió.

—Cena gratis…

No me quejo —pensó divertido.

—¿Y Sebastián?

¿No ha llegado aún?

Siempre sale temprano del trabajo —preguntó, dejando su mochila sobre el sofá.

Sebastián, el novio de Sofía, trabajaba en el Ministerio de Medio Ambiente.

Tenía un horario bastante cómodo, de nueve a cuatro.

Nunca fue muy sociable, así que lo habitual era que estuviera en casa a esta hora.

Alejandro fue a su habitación, se cambió la ropa sudada y se metió al baño a darse una ducha rápida.

Luego, se sentó frente al computador a revisar sus inversiones.

No era un experto, pero le estaba tomando gusto al asunto.

El mundo de las criptomonedas lo había atrapado como una partida de ajedrez interminable.

Unos minutos después, Sofía asomó la cabeza por la puerta.

—Alejandro, vamos a cenar.

Ya no hace falta esperar más —dijo con un tono que mezclaba amabilidad y preocupación.

—¿Lo llamaste?

Ella se revolvió el cabello con nerviosismo.

— Dijo que iría a revisar una zona forestal en Jamundí con su jefe esta mañana.

Tal vez sigue ocupado… No importa.

Comamos primero.

Alejandro no insistió.

Se sentaron a la mesa del comedor y el espectáculo frente a él le hizo sonreír: cinco platos diferentes y una sopa humeante, todo con un aroma que hacía agua la boca.

—¡¿Sopa de pollo?!

Esta es mi favorita desde el colegio.

A ver, a ver…

— dijo mientras se servía un buen trozo.

—¿Está bien?

¿Le puse mucha sal?

—preguntó Sofía, un poco tensa.

—¿Hablas en serio?

Con esta sazón podrías ser chef.

Es un desperdicio que solo cocines para Sebastián — dijo Alejandro en tono de broma.

Sofía soltó una carcajada y le lanzó una mirada divertida.

— ¡Deja de halagarme!

Son platos normales.

Si te parecen tan deliciosos, sírvete más.

La atmósfera se volvió relajada, las tensiones se disiparon y la cena fluyó entre risas y comentarios espontáneos.

Pero, mientras recogían los platos, la preocupación volvió a asomar en el rostro de Sofía.

Sacó su celular y volvió a marcar.

Nada.

Volvió a intentar.

Nada.

—¿Pasa algo?

—preguntó Alejandro, viendo su expresión sombría.

—Su teléfono está apagado — susurró ella, sin levantar la vista.

—Quizá se quedó sin batería.

Tal vez tuvo que quedarse con sus compañeros después de la inspección.

Conociendo su tolerancia al alcohol…

seguro ya está tirado en algún sofá —intentó bromear Alejandro para aliviar el ambiente.

Sofía sonrió un poco, más al recordar que por cualquier bebida Sebastián quedaba fuera de combate.

—Sí…

con una botella ya es suficiente para tumbarlo —admitió con una risa leve.

Alejandro también sonrió, aunque su mirada se desvió por un instante.

Sintió algo.

Un zumbido suave en su mente, como una vibración lejana.

Instintivamente, invocó el sistema.

Una pantalla flotante apareció frente a él, proyectada en el aire como un holograma de bordes verdes.

Nombre: Alejandro Ocupación: Programador en “Amazonia Ventas Online” / Inversionista independiente Nivel: 5 — Experiencia: 900 / 1200 Atributos: Resistencia: 9 Agilidad: 11 Fuerza: 11 Inteligencia: 12 Percepción Sensorial: 9 Maná: 10 Habilidades: Negociación: 9, Socialización: 7, Cocina: 3, Combate cuerpo a cuerpo: 4 Destrezas: Ciencia: 16, Matemática: 14, Castellano: 15, Inglés: 16, Economía: 17, Programación: 16 Maestrías: Identificación Puntos sin asignar: Atributo: 0 / Habilidad: 4 Misiones: Nivel F: Convertirse en gerente del Departamento de Desarrollo de “Amazonia Ventas Online” en 12 meses (Cancelada) Nivel E: Investigar la razón de la desaparición de Sebastián en 5 días (Aceptar / Rechazar) Alejandro se quedó inmóvil.

“¿Desaparecido…?

¿Sebastián?” Sintió un nudo en el estómago.

No solo compartían casa, también historias, momentos, charlas de madrugada.

Giró levemente la cabeza hacia Sofía, que seguía sonriendo sin saber nada.

—Debo encontrarlo…

—murmuró.

Era su primera misión de Nivel E.

Hasta ahora, todas habían sido triviales: rescatar gatos, ganar competencias escolares, tareas menores.

Pero esta era diferente.

Y aún más inquietante: su misión anterior, convertirse en gerente, aparecía como cancelada.

“¿La empresa cerraría?

¿Algo había cambiado sin que lo supiera?” Recordó la primera vez que el sistema apareció.

Fue durante la universidad, tras perder a sus padres en un accidente y ser abandonado por su novia.

Cayó en una espiral oscura, refugiado en el alcohol.

Una noche, tambaleándose hacia su apartamento, un rayo cayó a su lado.

No murió… pero despertó con la habilidad de ver esa interfaz, ese sistema que había transformado su vida.

Se había reconstruido desde cero.

Becas, idiomas, programación avanzada, certificados.

Había triturado el destino mediocre que le esperaba y tallado uno nuevo con los dientes.

Pero subir de nivel no era fácil.

Cada uno exigía misiones únicas, y los puntos de atributo eran escasos.

Solo tenía seis: tres en inteligencia, dos en agilidad, uno en fuerza.

Y cada uno representaba una mejora del 20 % en su capacidad real.

Nada mal…

si lo combinaba con entrenamiento, su cuerpo podía rivalizar con un atleta profesional.

—¿En qué piensas?

¿Te aburrí?

—preguntó Sofía, cruzando los brazos en la mesa.

—No, solo… fue un día agotador.

Tuve un cliente que me exprimió toda la energía —respondió Alejandro, sacando una sonrisa improvisada.

—Necesitas una novia, no trabajo extra.

¿Quieres que te ayude a buscar una?

¿Hay alguien que te guste?

—Estoy bien, gracias — rió él.

Conversaron un poco más, luego Sofía se levantó a limpiar.

—Déjame ayudarte.

No puedo dejarte cocinar y limpiar sola.

—Romperías los platos, señor musculo.

Anda, vuelve a tu mundo — bromeó ella.

Alejandro se lo agradeció y volvió a su habitación.

Ya en la cama, observó la notificación de la misión.

—Mañana es viernes… Si me tomo el día libre, tendré tres días para resolver esto.

Además, si la empresa cerraba en seis meses, no valía la pena quemarse más.

Al día siguiente.

Después de solicitar un permiso en el trabajo, decidió ir en persona al Ministerio de Medio Ambiente.

Correr hasta allí le pareció mejor opción que usar transporte.

Desde que tenía el sistema, ejercitarse era parte de su rutina: medía cada progreso, cada mejora.

Aunque solo había subido un poco su fuerza y resistencia, el hábito lo fortalecía.

Al llegar al ministerio, hablo con un hombre con maletín, serio y apurado.

—¿Buscas a Sebastián?

¿Es urgente?

—Soy su cuñado.

Mi hermana me pidió que viniera a ver si está bien.

No volvió anoche y su celular está apagado.

—Él fue a la estación forestal de Jamundí con su supervisor.

Debería volver hoy.

Puedes irte a casa.

El hombre se marchó sin darle oportunidad de preguntar más.

Alejandro se quedó pensativo.

Decidió ir él mismo.

Tomó un taxi.

El conductor, locuaz, hablaba sin parar.

Alejandro solo asentía, hasta que oyó algo que le erizó la piel.

—¡Una rata de diez kilos!

Y serpientes por montones.

Están matando cientos al día allá.

¡Es el clima!

Algo los vuelve locos… El conductor hablaba de gente desaparecida en los bosques.

El gobierno, dijo, ahora cortaba árboles al rededor de la ciudad para evitar plagas y gente perdida.

Alejandro se tensó.

—¿Y si Sebastián también desapareció en el bosque?

El auto se desvió hacia Jamundí.

Los árboles crecían vigorosos, casi formando un túnel sobre la carretera.

Animales muertos aparecían a los costados: serpientes, ratas, zarigüeyas… Todo era demasiado extraño.

Su pecho se apretaba.

—La misión no será tan simple… —murmuró.

Diez minutos después, el taxi se detuvo frente a un edificio de dos pisos.

La estación forestal lo esperaba.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Isaac_JPC No sabia que esta plataforma no permitia subir imagenes.

Actualmente estoy publicando mi novela en varias plataformas, wattpad, TMO y mucho más adelantada a los lectores gratuitos en patron.

por ahora les recomiendo TMO subo imagenes la mayoria sin censura y en patreon completamente sin censura.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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