Evolución Rota - Capítulo 16
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: CAPÍTULO 16 16: CAPÍTULO 16 En el camino de regreso vio una ciudad afectada, pero con una extraña semblanza de normalidad.
Las zonas que antes habían sido un infierno infestado de ratas ahora bullían con actividad.
Personas, acompañadas por el ejército, limpiaban la ciudad, moviéndose como hormigas laboriosas en un hormiguero gigante.
La disciplina militar se había impuesto sobre el caos, y aunque los rastros de la devastación eran evidentes, la maquinaria del orden se movía para restaurar la apariencia de la vida cotidiana incluso los autobuses estrellados habían sido retirados.
Durante todo el viaje, no ocurrió nada grave.
Cuando llegó a Cali, Alejandro decidió ir primero de compras.
Esta vez, su objetivo no era solo llenar su despensa, sino transformar el cuarto de Sofía en un almacén.
La cama era el único espacio desocupado en una habitación ahora abarrotada de bultos de arroz, sacos de granos, cientos de latas de comida y numerosos garrafones de agua.
Había acaparado todo tipo de alimentos no perecederos.
Al día siguiente, su frenesí de preparación continuó.
Compró varias pipas de gas, reflexionando sobre la posibilidad de que la línea de gas se cortará en cualquier momento, por lo que almacenó varias en el patio.
Luego, consiguió varios galones de ACPM y gasolina, solo por si acaso.
La sala también se llenó de provisiones, hasta que, por fin, sonó la esperada alerta del sistema.
* Misión Completa: Nivel F: [Almacenar alimentos para la escasez, tiempo límite 4 meses] * Evaluación de la misión: ¡Buena!
+ 50 EXP * Recompensa Básica: + 100 EXP “Por fin terminé la misión”, pensó Alejandro, un suspiro de alivio escapó de sus labios.
“Creía que tendría que alquilar otro apartamento.
Lo único malo es que no sé cuándo tendré más misiones, así que no hay de otra; si quiero subir de nivel, debo empezar a cazar.” Después de meditar sobre cómo fortalecerse, decidió buscar en internet el estado de la situación en el país y el mundo.
Las noticias del mundo eran cada vez más graves.
En África, pueblos pequeños y aldeas enteras estaban simplemente desapareciendo del mapa, engullidos por un caos inimaginable.
Los países africanos empezaron a imponer ley marcial y reclutamiento obligatorio en el ejército, una medida desesperada para contener la amenaza.
Videos de elefantes gigantes y otros animales letales, que ya eran peligrosos sin mutar, estaban rondando por todo internet, pruebas irrefutables del desastre.
Después de todo, no existía un solo animal en África que no fuera letal, y con mutaciones de crecimiento acelerado, el continente se sumía en el caos.
A nivel político, China se estaba alejando de Rusia, que seguía estancada en su conflicto con Ucrania.
La guerra se estancó, y la situación con el crecimiento anormal de animales y plantas replanteó las alianzas de China.
El gigante asiático decidió unirse abiertamente con Estados Unidos, Europa y los países de Asia con los que ya tenía conflictos.
El principal detonante en su decisión fueron los accidentes marítimos que estaban afectando las rutas de comercio globales, un golpe devastador para la economía mundial.
Los países del mundo decidieron duplicar su inversión militar y se lanzaron en la caza masiva de animales alrededor de las ciudades y en el mar.
Varios acuerdos militares se estaban fraguando entre todos los países del mundo.
Los problemas con las rutas aéreas también se estaban empezando a notar.
Al comienzo fueron unos pocos incidentes con aves estrellándose contra las turbinas de los aviones, nada inusual.
Pero la cantidad de accidentes se duplicó y la escala del daño era cada vez mayor por el tamaño de las aves, transformadas en misiles biológicos.
Los gobiernos empezaron a optar por pagar a civiles para cazar aves cerca de aeropuertos, les permitían el porte de armas y les pagaban por cada ave cazada.
“Espera, si el gobierno está pagando por cazar aves, tal vez pueda conseguir permiso en el aeropuerto”, pensó Alejandro, una idea audaz formándose en su mente.
“Por otra parte, tal vez también estén pagando a los que cacen alrededor de la ciudad o incluso en el basurero.
Estoy seguro de que después de la crisis con las ratas, los políticos tomarán medidas rápidas.” Después de pensar en eso, Alejandro buscó información sobre anuncios de la alcaldía local.
Efectivamente, habían publicado avisos de recompensas y permisos de caza para todos los que se registraran en el nuevo Departamento de Caza Nacional.
Aparentemente, el gobierno había creado este departamento, lo cual estaba generando muchas críticas por parte de animalistas y ambientalistas.
Sin embargo, el gobierno los ignoró por completo, ya que no se daba abasto con la aparición de animales mutados en todo el territorio.
La única restricción era las zonas de caza y que debía existir un registro de cada cazador.
Aún eran las doce del mediodía, así que decidió salir a comprar su almuerzo e ir a la alcaldía a pedir información.
Cuando salió de su apartamento, tomó el ascensor.
Una vez que las puertas se abrieron, allí se encontró con la hija de sus vecinos.
Alejandro vivía en el último piso de una torre de apartamentos; en ese piso solo había dos apartamentos habitados: el suyo y el de una pareja que tenía una hija de unos 14 o 15 años.
Ella asistía aún al colegio y regresaba a casa todos los días al mediodía.
Era una chica con cabello rubio y ojos azules, idéntica a su madre.
Su rostro era muy hermoso, y siempre que se encontraban, lo saludaba con una expresión tímida en su rostro y huía.
Como era habitual, vio a Alejandro y se ruborizó, lo saludó con un apenas audible “hola” y salió rápidamente del ascensor hacia su apartamento.
Alejandro siempre fue una persona amigable con todos los miembros del conjunto de apartamentos.
Saludaba a todos los residentes, y en concreto la madre de esa chica siempre le pareció una mujer muy hermosa; si no fuera porque estaba casada, ya le habría coqueteado.
Pero no sabía por qué la hija de la pareja siempre huía cada vez que se encontraban.
Quizás tenía una personalidad muy tímida o él la asustaba por su estatura.
Él se metió en el ascensor y bajó a la primera planta, salió de la zona residencial y entró a un restaurante.
Pidió algo sencillo para almorzar, pero notó que los precios estaban subiendo mucho.
Cuando le preguntó al mesero por qué habían subido tanto, él le respondió que una plaga estaba afectando los cultivos y la comida estaba escaseando, por eso subieron los precios de todo.
“Parece que a partir de ahora la comida empezará a faltar…
será mejor que saque también todo el dinero del banco por si acaso”, reflexionó Alejandro.
Después de almorzar, fue directo a la alcaldía.
Allí le indicaron dónde quedaba el nuevo Departamento de Caza.
Estaba a solo unas pocas cuadras de allí, así que fue caminando.
El edificio era viejo pero estaba lleno de personas y camiones.
De los camiones estaban bajando cadáveres de algunas serpientes grandes, pero ninguna como la que había matado él, lo que le dio una sensación de superioridad.
Una vez que entró, tuvo que hacer una larga fila para que lo registraran como cazador.
Después de esperar por más de dos horas, por fin llegó su turno.
Un hombre con una cara amable le pidió todos sus datos de contacto, le hizo firmar un documento donde no se harían responsables de cualquier lesión o muerte y le dio un manual de reglas.
El manual no era muy elaborado, solo unas pocas páginas con las reglas básicas.
Aparte de eso, también le dieron una tarjeta de caza.
El Departamento de Caza tenía dos listas de animales.
En una estaban los animales que no podía cazar sin autorización previa, entre ellos estaban los perros, gatos, vacas, tortugas y caballos; estos estaban protegidos.
Según el folleto, estos animales eran útiles y no eran peligrosos.
Por otra parte, la lista de animales que se podían cazar era grande; casi todos los carnívoros estaban en la lista, también había ranas, lagartos, serpientes y varios insectos.
Si se encontraba con un animal herbívoro que no fuera una amenaza, se debía tomar un video y reportar su localización; estos estaban siendo usados para mantener a raya el crecimiento de plantas cerca de las ciudades y las carreteras, una gestión de plagas a gran escala.
Los pájaros también estaban en la lista de caza, pero había zonas específicas para cazarlos; básicamente, todas las zonas cercanas a los aeropuertos eran libres para cazar.
Cuando se mataba un animal, se debía tomar una parte específica como prueba de caza y solo se pagaba si se llevaba la pieza.
En el caso de los pájaros, el pico; en cuanto a insectos, bastaba con tomar una foto o llevar una parte única.
Solo se pagaba más si se traía animales como serpientes enteras y lagartos; al parecer, su piel se había vuelto algo valioso.
En cuanto al resto de animales, se podía hacer lo que quisiera con el resto del cuerpo.
Como Alejandro pensó, el vertedero de basura era una zona de caza de ratas; en la entrada había una oficina donde se recibían las colas de ratas como muestra de caza.
En cuanto a otras zonas, se recomendaba no salir demasiado lejos de la ciudad o pedir permiso para cazar alrededor de las carreteras.
Del folleto, solo le sorprendió una cosa.
Existía una advertencia de precaución con todos los animales, pero si se encontraba con uno con ojos azules, se debía huir e informar de inmediato al Departamento de Caza.
Se pagaría una tarifa por informar, pero si era inevitable matar al animal, se debía informar para que todo el cuerpo fuera comprado por el gobierno.
No había mayor información, pero se advertía del peligro de los animales de ojos azules.
Cuando leyó eso, recordó a Luna, la perrita mutada de Sofía.
Era obvio que la rareza de la mutación desde la rareza azul se reflejaba en el color de ojos del animal.
“Si encuentro uno, debería huir, pero sí logró cazarlo, podría usar su cuerpo como material para armas y su carne debería tener alguna cualidad especial.
Si puedo, debo matar a alguno; definitivamente, sería mejor no reportarlo”, pensó Alejandro.
En cuanto a las reglas de caza, se podía matar de cualquier forma.
El gobierno no suministraba armas de fuego, pero si se obtenía una de forma legal, se podía utilizar.
En cuanto a lo demás, se permitía usar todos los tipos de armas que se pudieran conseguir; solo tener la licencia de caza ya te permitía llevar armas blancas, arcos, lanzas o cualquier arma casera, dentro y fuera de la ciudad.
También se recomendaba usar trampas para cazar y el uso de veneno estaba permitido; sin embargo, no se permitía usar fuego, por cualquier incendio no controlado.
Cuando salió del Departamento de Caza, ya era tarde, así que decidió ir al gimnasio a entrenar y luego regresar a dormir.
Al día siguiente, estaba emocionado.
Ya podía andar por la calle con su katana, sin embargo, prefirió seguir llevándola oculta en el estuche atada a su mochila, la discreción siendo una ventaja.
Se equipó con su armadura de piel de serpiente oculta debajo de su ropa, también se ató un cuchillo de caza al cinturón de su pantalón, que llamaría menos la atención que la katana.
Empacó algo de agua y comida dentro de la mochila y un recipiente para guardar partes de animales, junto con algunas bolsas por si encontraba algo bueno.
Antes de salir del apartamento, se detuvo en la puerta, sin abrirla.
Al otro lado, la pareja de vecinos estaba gritando.
—¡Todo lo que haces es dormir!
¡Nos van a echar pronto si no puedes conseguir dinero este mes!
—Gritó la mujer.
Alejandro reconoció su voz, ella le gustaba y siempre que se encontraba con ella en el ascensor, aprovechaba para darle un vistazo a sus curvas.
—¿Qué se supone que haga?
Mi empresa cerró por falta de suministros, lo mismo le está pasando a todo el mundo, por eso no encuentro trabajo — Cuando Alejandro lo escuchó, recordó la larga fila de personas en el Departamento de Caza.
“Así que por eso había tantas personas registrándose”, pensó.
—Lo intentaré de nuevo, ¿de acuerdo?
—El hombre respondió con un suspiro, su voz cansada.
—¡Todo lo que hago es esperar!
¿Cuánto tiempo tenemos que esperar?
¡Nos estamos quedando sin comida ni dinero!
Te dije muchas veces que fueses a comprar bastante comida cuando tenías trabajo, pero te negaste a escuchar.
Me dijiste que no podías obtener un permiso para faltar.
¿Y ahora qué?
¡Tu compañía ha cerrado!
—La voz de la mujer era aguda, penetrante, capaz de atravesar las paredes.
—¿Por qué no fuiste tú al supermercado?
¿Por qué siempre te quedas en casa?
— El hombre también estaba levantando su voz, la frustración escalando.
—¿Crees que me gusta quedarme en casa?
¿Quién demonios va a cuidar a Ana?
¿Sabes lo peligroso que es ahí afuera?
¡Hay crímenes sucediendo todos los días!
¡SMASH!
El sonido del vidrio rompiéndose llegó hasta sus oídos, un eco de la ira acumulada que explotaba contra el suelo.
—Bien, voy a conseguir algo de mis amigos mañana.
Las cosas van a estar bien tarde o temprano.
El gobierno está ofreciendo trabajos de construcción y como cazador —Bajó la voz, tratando de consolar a su esposa, un hilo de esperanza en su tono.
—¡Me estás volviendo loca!
¿Por qué me casé contigo en primer lugar?
¡Nos estamos quedando sin comida y ni siquiera pareces preocupado!
¿Cómo vamos a sobrevivir los próximos días?
¡El encargado del edificio amenazó con echarnos el próximo mes!
—La mujer lloraba mientras seguía gritando, la angustia palpable.
Alejandro decidió quedarse en casa hasta que se fueran del pasillo, prefirió evitar una situación incómoda, el drama de sus vecinos le dio un recordatorio de la fragilidad del mundo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com