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Evolución Rota - Capítulo 17

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17: CAPÍTULO 17 17: CAPÍTULO 17 El vertedero.

Un nombre que apenas comenzaba a describir el infierno sensorial que era.

Un hedor nauseabundo a basura putrefacta y aguas residuales estancadas atacaba la nariz.

Las montañas de desechos se alzaban abrumadoras, un laberinto de miseria y podredumbre.

En la entrada, viejas cabañas destartaladas albergaban a los trabajadores y a los cazadores que, con miradas endurecidas, se preparaban para la jornada.

La zona circundante, antaño un bosque verde, había sido arrasada por el fuego, un paisaje desolado donde los trabajadores quemaban implacablemente cualquier matorral que osara crecer y talaban cada brote de árbol.

Todo esto, para crear una zona de despeje que impidiera la entrada o salida de animales del basurero, aunque el olor de la podredumbre seguía atrayendo incesantemente a las criaturas mutadas.

La gente, por instinto de supervivencia, solía evitar ese lugar.

Sin embargo, poco a poco, la desesperación y la necesidad los habían animado a aventurarse.

Alejandro, tras recorrer las zonas de caza, había decidido que el basurero era su mejor opción para farmear puntos de experiencia.

Era más rápido encontrar presas allí sin correr demasiado riesgo, y la inminente crisis global exigía una preparación constante.

diez días después de que Alejandro regresara a Cali, la condición de la ciudad no había mejorado; de hecho, se había deteriorado aún más.

El ejército y la policía eran una presencia constante en las calles, y los vehículos blindados se podían ver de vez en cuando, un recordatorio sombrío de la nueva realidad.

Los combustibles como el gas y la gasolina se habían convertido en parte de los suministros del ejército y, por lo tanto, habían sido tomados por completo.

Aparte de algunos coches del gobierno o del ejército, apenas había otro vehículo en el camino.

En su lugar, los ciudadanos solo podían usar el transporte público y bicicletas.

Esto hizo que el mercado de vehículos colapsara y el de las bicicletas no diera abasto.

La gente se adaptaba rápido a los cambios: muchos talleres de vehículos empezaron a reparar bicicletas y las calles podían verse abarrotadas de ciclistas yendo al trabajo todos los días, una imagen extraña de una nueva normalidad.

Las quejas y protestas fueron muchas, pero rápidamente se rindieron cuando el gobierno explicó los problemas a nivel mundial con el transporte de suministros.

En la televisión, el gobierno transmitía las batallas navales donde todos los barcos de transporte de contenedores eran custodiados por barcos de guerra que lanzaban constantemente barriles explosivos al mar, una guerra silenciosa contra las bestias oceánicas.

Si África era un infierno en una lucha constante contra los animales terrestres más peligrosos, el mar era simplemente aterrador.

Grandes peces mutados eran vistos por todas partes cazando otros peces y a cualquier barco que se cruzara en su camino, depredadores imparables que amenazaban con aislar continentes enteros.

Muchas empresas estaban cerrando después de verse afectadas por el aumento de las facturas y la falta de materias primas y transporte.

Como los suministros eran limitados, muchas personas comenzaron a ganarse la vida por sí mismas.

Además, la cantidad limitada y el aumento de los precios de la comida procesada era difícil de creer; en sólo medio mes, habían desaparecido todos los productos importados que eran producidos en masa.

Lo más común era sólo comprar carne, verduras y frutas.

La escasez de alimentos y el sobrecosto de todo habían hecho que algunas personas que pensaban que tenían algunas habilidades de lucha comenzaran a unirse a grupos de caza.

Ya sea para obtener algo de carne gratis o para venderla al gobierno o a empresas que estaban empezando a fabricar productos con huesos y pieles de animales mutados, el mercado negro de órganos mutados comenzaba a florecer.

El vertedero, por supuesto, atraía a un montón de gatos, perros, ratas y muchas aves carroñeras.

Sin embargo, después de algunos movimientos del ejército que adoptaba perros callejeros, apenas podían ser vistos en las calles.

Solamente algunas de las ratas evasivas podían ser encontradas.

Los trabajadores del vertedero tenían muchos gatos mutados; ellos ya eran del tamaño de perros grandes pero eran cariñosos con los humanos y ayudaban a los trabajadores cazando ratas, así podían trabajar con tranquilidad.

Sin embargo, era bastante peligroso allí para los cazadores, muchos de ellos morían en descuidos.

Las ratas eran del tamaño de un gato normal, muy agresivas y bastante inteligentes.

Siempre aparecían en grupos, y una sola mordida de ellas hacía un agujero sangriento en el cuerpo de la víctima.

Además de eso, cuatro o cinco ratas eran suficientes para matar a un adulto fuerte si era atrapado con la guardia baja.

Por lo tanto, los cazadores solían cazar en grupos de tres a cinco o incluso de más de once personas en un equipo.

Era raro ver a un cazador individual como Alejandro.

Llevaba botas del ejército, vaqueros gruesos y una chaqueta delgada para cubrir el chaleco a prueba de balas de piel de serpiente.

Caminaba con su katana en la vaina atada a su cintura.

Alejandro iba allí a menudo, y su capacidad de lucha fue vista por los demás como asombrosa.

Por lo tanto, muchos reconocieron a ese gran hombre y lo rodeaban cuando iba.

No solo su aura era llamativa, el hecho de que era el único cazando con una katana lo hacía destacar, una silueta única en el paisaje desolado.

Todos los días, muchos estaban esperando para unirse con los cazadores exitosos.

A lo largo del vertedero, había solo unas pocas personas o equipos capaces de algo así.

Y en su mayoría eran grandes personas, muchos de ellos con armas.

Ahora era un secreto a voces el cómo comprar una pistola.

Mientras uno tuviera algunas conexiones, fácilmente podría conseguir una.

Sin embargo, la mayoría eran pistolas, y era raro ver armas más potentes.

Alejandro se puso plásticos en las botas y un cubrebocas para evitar el mal olor, una barrera endeble contra la pestilencia.

Se adentró en la jungla de basura en busca de presas, ignoró por completo la solicitud de varios grupos que le pedían unirse a él y siguió su camino hasta la profundidad del basurero, donde las ratas eran más grandes.

Dado que el pago por rata era igual sin importar el tamaño, pocos cazadores se adentraban en las zonas lejanas.

Pero Alejandro no buscaba cazar por dinero o comida; con todo lo que tenía almacenado, podría vivir él solo por tres años sin problema, solo debía conseguir carne y verduras de vez en cuando.

Su verdadero objetivo era conseguir puntos de experiencia fáciles.

Aún no se quería adentrar en las afueras de la ciudad, donde la amenaza era aún mayor.

Así que, aunque el proceso de farmear ratas era lento por los insignificantes 5 EXP que le daban, eran suficientes si mataba grandes cantidades de ratas.

En solo diez días, había conseguido 1920 puntos de experiencia de los 2400 necesarios para el siguiente nivel.

Y gracias a su entrenamiento en el gimnasio y sus cursos de defensa personal, había conseguido 1 punto extra en combate cuerpo a cuerpo.

Ahora se sentía más fuerte que antes y tenía seguridad de pelear contra más ratas él solo.

Un par de ratas saltaron en el camino a la parte más lejana del vertedero, pero las cortó en dos mitades con facilidad, un movimiento fluido y letal.

Tomó las colas y las guardó en su mochila.

Siguió por el laberinto de basura hasta llegar al fondo.

Solo había una parte que no había explorado, y esa estaba detrás de una montaña de basura al final del basurero.

Pero antes de empezar a escalar, una alarma sonora se activó en su cabeza.

Misión Opcional Nivel E: [Cazar la Reina Rata, tiempo límite 24 horas] (Aceptar / Rechazar) “Por fin aparece una misión, pero debo tener cuidado”, pensó Alejandro, su pulso acelerándose.

“Si esta misión es nivel E, ese animal debe ser uno de rareza Azul claro.

El tiempo es poco, así que no puedo regresar por un arma o pedir ayuda.

Si alguien se entera de esto, el gobierno me quitará la carne.” Alejandro miró con seriedad la montaña de basura y empezó a escalar, poco a poco, sin hacer ruido.

Algunas ratas más grandes de lo usual lo atacaron, pero fácilmente las aniquiló a todas.

Cuando llegó a la cima, se asomó al otro lado y vio en el fondo una gran madriguera en el suelo de tierra, a pocos metros del final del basurero.

Era obvio que la Reina Rata estaría allí.

Por un rato, bajó despacio la montaña mientras eliminaba varias ratas.

Su manejo con la espada era ahora diferente a su pelea contra las ratas en el autobús; gracias a la práctica diaria, sus golpes requerían menos fuerza y sus movimientos se hicieron más naturales.

Cada día sentía cómo su cuerpo se adaptaba a su habilidad con la espada era una extensión de sí mismo.

Cuando llegó al fondo del basurero, vio varias ratas saliendo del nido y se escondió para no ser visto.

Por un rato, observó cómo salían a buscar comida y regresaban con algo.

Las ratas eran muchas; logró contar más de 30 en menos de 10 minutos.

No tenía de otra; tendría que planear una estrategia para eliminarlas una por una.

Simplemente no podía meterse en un nido sin pensar.

Cuando vio un pasillo por donde cruzaban las ratas, se escabulló.

Cada vez que mataba a una rata, usaba el olor de la sangre como cebo y se escondía detrás de una esquina para emboscar a las ratas, una táctica cruel pero efectiva.

En una hora, logró matar 23 ratas, pero seguían apareciendo, así que decidió quedarse más tiempo en buscándolas.

Cuando habían pasado tres horas, ya tenía una montaña de cadáveres, el olor a sangre era intenso, casi asfixiante.

En solo cuatro horas, ya casi había cazado más que en los últimos diez días.

Estaba cansado y cubierto de sangre, a solo 60 puntos de subir de nivel, pero no parecía que vinieran más ratas, así que decidió acercarse al nido.

El agujero era lo suficientemente grande para bajar de pie, pero tendría problemas para blandir su espada en un sitio tan cerrado, y si era emboscado, no tendría dónde huir.

Definitivamente moriría si se metía en el nido.

Así que decidió usar un método de caza que leyó para atrapar conejos.

Comenzó a buscar todos los agujeros de entrada alrededor.

Después de una hora y media, encontró todas las entradas pequeñas en un radio de 100 metros.

Bloqueó todas las entradas con basura y leña, menos la grande.

Después de que las tuvo todas bloqueadas, prendió fuego a la basura que bloqueaba todas las entradas de aire.

La basura rápidamente creó una humareda negra y espesa, un humo asfixiante que se filtraba hacia el interior del nido.

Él, en la entrada grande, había puesto un obstáculo para retrasar la salida de las ratas y se escondió encima del agujero para emboscar a la Reina Rata.

Un ruido espeluznante se escuchó, la piel de Alejandro se erizó por la anticipación.

Del agujero, empezaron a salir ratas por doquier, pero eran más pequeñas que las que salían antes; parecían ser crías, cientos de ratas salieron en unos minutos, huyendo del humo.

Alejandro no mató ninguna, las dejó huir hacia el vertedero.

Cuando el humo negro empezó a salir por la boca grande, un chillido espeluznante se escuchó, un sonido que helaba la sangre.

Del fondo del nido, una gran rata del tamaño de un hombre adulto salió dando un gran grito de ira, su silueta monstruosa atravesó el humo.

Alejandro se asustó por el tamaño.

En una circunstancia normal, no se enfrentaría a un animal que parecía más un oso que una rata, una bestia de pesadilla hecha carne.

“¡Debo matarla antes de que salga del todo!”, se urgió a sí mismo.

La rata se había atorado con los obstáculos que puso en la entrada, dejando su cabeza visible, pero solo tenía unos segundos antes de que empujara todo y saliera.

Si tuviera que pelear con ella de frente, sin duda lo mataría como si fuera un insecto, había subestimado completamente a su oponente.

Rápidamente, dejó de esconderse, tomó su espada, saltó sobre la rata e intentó cortarle la cabeza de un tajo preciso.

La rata lo vio e intentó esconderse, pero su inmenso cuerpo la ralentizó, un movimiento torpe para una criatura de su tamaño.

La espada de Alejandro creó un destello brillante seguido de un chorro de sangre oscura y espesa que bañó todo el lugar.

Él cayó contra el suelo, se incorporó rápidamente y salió corriendo.

La rata empujó los obstáculos y los arrojó como si fueran juguetes.

Un trozo de escombro golpeó a Alejandro en la cabeza mientras se quitaba del camino de la rata, un golpe brutal que lo aturdió.

La herida no había decapitado la cabeza de la rata; solo había logrado penetrar diez centímetros, pero fue suficiente para que un chorro de sangre saliera, tiñendo el suelo de rojo.

La rata estaba agonizando mientras perdía sangre, pero como un animal herido, seguía siendo peligroso.

Los ojos azules claros de la rata se enfocaron en Alejandro, destilando una furia primigenia.

Corrió en una embestida rápida, sus pisadas eran tan pesadas como las de un oso.

Alejandro la vio e intentó escapar de su mordida; por pocos centímetros no perdió la cabeza, pero la rata usó sus garras y con un movimiento brutal, arañó a Alejandro desde el hombro hasta el pecho.

Su chaleco de piel de serpiente evitó que lo destrozaran, pero su hombro tenía una cortada gigantesca, se podía ver el hueso del brazo derecho de Alejandro.

La herida casi le arrancó el brazo y desgarró vasos sanguíneos, dejando una nube roja que envolvía su figura.

Alejandro dio un grito de dolor, un rugido de agonía.

Cambió su espada de mano y logró cortarle una garra a la rata, un golpe desesperado.

Ambos retrocedieron en agonía para evitar que el otro les hiciera más daño.

Un sonido sordo se escuchó, y ambos cayeron al suelo, la rata con un bramido moribundo, Alejandro con un gemido de dolor.

Alejandro estaba perdiendo mucha sangre y la rata también.

No se podía mover del dolor y su vista estaba empezando a ser borrosa, el final parecía inminente.

* Asesinaste: 1 Rata mutante / Rareza: Azul claro / + 400 EXP * Misión Completa: Nivel E [Cazar la Reina Rata, tiempo límite 24 horas] * Misión Realizada en: 7 horas 3 minutos * Evaluación de la misión: ¡Excelente!

+ 200 EXP * Recompensa Básica: + 800 EXP * ¡Has subido 1 nivel!

[Nivel actual: 7] * Recompensa: 1 Punto de Atributo / 4 Puntos de Habilidad * Habilidad: Fuerza de voluntad +1 * [Su energía y lesiones serán recuperadas] Una neblina roja se extendió de su hombro herido con una luz curativa blanca.

Su cuerpo empezó a regenerarse.

Los huesos se sanaron, los músculos se reconstruyeron, los vasos sanguíneos regresaron a la normalidad y la piel cubrió las heridas.

Todo desapareció en un abrir y cerrar de ojos, la magia del sistema en acción.

Alejandro recuperó el aliento mientras respiraba pesadamente, por pocos segundos se salvó de morir.

Miró su hombro que estaba como nuevo y no lo podía creer; siempre pensó que el sistema lo sanaría de moretones y dolores musculares, nunca creyó que pudiera traerlo a la vida como si nada, la palabra milagro se quedaba corta.

“Realmente no puedo subestimar el sistema.

Esto fue aterrador, pensé que sería fácil matar a un nivel azul claro si estaba preparado y tenía una estrategia, pero no puedo subestimar a ningún animal Azul.

De no ser porque estaba a punto de subir de nivel, hubiera muerto.” Alejandro volteó a ver a la rata gigante.

No podía cargarla solo, pero tampoco quería dársela al gremio de cazadores o lo interrogarían y no le dejarían tener nada.

Así que tomó su cuchillo y comenzó a sacar carne, llenando su maletín con más de 30 kilos de carne.

Luego tomó un par de bolsas y las llenó con las garras de la rata; quería sacarle los huesos e intentar fabricar algo con ello.

También arrancó los dientes y los guardó.

Después, pensó en qué más llevar; no quería desperdiciar nada, porque no tenía ni idea de cuándo podría tener una oportunidad así otra vez.

Mientras dudaba de qué parte de la rata tomar, una rata saltó para comerse a la rata gigante.

Alejandro la vio y tomó su espada, pero antes de matarla, se dio cuenta del comportamiento extraño: en lugar de querer comer carne de una herida abierta que estaba oliendo a sangre, la rata intentó comerse uno de los ojos de la Reina Rata.

Rápidamente, Alejandro la cortó con la katana, un movimiento instintivo.

Miró los ojos azules de la Reina Rata y los tomó, eran perlas cristalinas de color azul claro.

Lo empacó todo en una bolsa y la colgó encima de su morral militar lleno de carne.

Después, buscó basura y quemó el cuerpo para que ninguna rata se aprovechara del festín gratuito, dejando atrás solo cenizas y el hedor a victoria.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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