Evolución Rota - Capítulo 20
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20: CAPÍTULO 20 20: CAPÍTULO 20 Era temprano en la mañana y un nubarrón se había posado sobre la ciudad.
Llovió todo el día.
Sin nada que hacer, Alejandro se concentró en las noticias, tratando de analizar el estado actual del mundo.
El presidente instó a los ciudadanos a mantener la calma durante su discurso tras la inspección de la base militar de Manizales.
Expresó su esperanza de que el pueblo permanezca unido para ayudar a estabilizar la sociedad y su confianza en que el gobierno y el ejército podrán calmar la situación.
Los presidentes del mundo firmaron un acuerdo de paz y cooperación militar en la ONU para combatir las amenazas marítimas y las mutaciones, que no parecen tener fin.
Los países de Latinoamérica lanzaron ataques incendiarios en la selva del Amazonas como medida de combate contra criaturas desconocidas.
Los gobiernos se niegan a dar información sobre los objetivos del ataque.
Rusia continúa atacando Ucrania pese a los desastres causados por criaturas mutadas en su territorio.
La Unión Europea despliega tropas por todo su territorio para defenderse de estos animales, y Rusia declara que se trata de un intento de acumular fuerzas en su contra con una coartada falsa.
Estados Unidos propone permitir el uso autorizado de armas químicas por parte de todos los países como medida de defensa contra los animales mutados.
África se enfrenta al desastre: cientos de ciudades han sido arrasadas por criaturas mutadas.
El ejército no da abasto, y la población se traslada erráticamente entre fronteras.
Colombia insta a los pueblos apartados a reubicarse en las grandes ciudades.
La dificultad para llevar tropas a esos territorios, junto con los escasos recursos, está obligando a millones a refugiarse en los centros urbanos.
Se reportan apagones masivos en todo el mundo por daños causados por animales mutados.
Había muchos cambios en las últimas dos semanas.
Tanto en las noticias como en redes sociales se reportaban los mismos sucesos, generando un gran pánico en la población.
No importaba cuán insistentemente el gobierno pidiera calma, resultaba ineficaz.
De hecho, todo empeoraba día tras día.
Muchos recursos se agotaron, especialmente los alimentos, y los precios se dispararon.
Como resultado, los crímenes eran cosa de todos los días.
El robo y el asesinato se habían convertido en una constante.
Sin embargo, la resiliencia y capacidad de adaptación de las personas era increíble.
El gremio de cazadores fundado en Colombia se estaba replicando por todo el mundo, y muchas industrias comenzaban a experimentar con los nuevos materiales que tenían a su disposición.
Alejandro no se había visto afectado, porque estaba bien preparado para esa situación.
Su apartamento seguía lleno de alimentos.
Tenía paneles solares en el tejado y baterías para almacenar energía durante la noche, así que su refrigerador funcionaba sin problemas.
Cuando se iba la energía, apagaba todas las luces para no llamar la atención.
También tenía gas almacenado en pipas, por si lo cortaban, además de gasolina y diésel, solo por si acaso.
El edificio contaba con almacenamiento de agua, pero él estaba pensando en fabricar un sistema para recoger agua de lluvia.
Además, tenía garrafones de agua para cocinar.
Y si llegaba a tener problemas con sus provisiones, como cazador podía conseguir carne fácilmente y al mismo tiempo subir de nivel.
Cuando terminó de leer las noticias, se asomó por el balcón.
Aún llovía fuertemente.
Sin embargo, los disparos se seguían escuchando a lo lejos.
Las peleas en las afueras de la ciudad no paraban sin importar la hora ni el clima.
Abrió su estado y suspiró.
Aún tenía un punto para asignar y no sabía en qué invertirlo.
Su habilidad con la espada requería agilidad y fuerza.
El combate cuerpo a cuerpo también, pero además necesitaba resistencia.
Después de unos minutos peleando al máximo, comenzaba a cansarse, así que era necesaria.
Además, la resistencia afectaba directamente su defensa.
Después de haber sentido cómo le desgarraban el hombro, no quería volver a pasar por eso.
Entre aumentar su defensa o su ataque, al final optó por equilibrar sus estadísticas y subió la resistencia.
Al asignar el punto, sintió cómo su cuerpo se calentaba otra vez.
Esta vez, notó que era más resistente al daño y que su energía ya supera por mucho la de los atletas de élite.
Si compitiera contra medallistas olímpicos en ejercicios de resistencia, los barrería sin dificultad.
Se quitó la camisa y comenzó a hacer flexiones.
Antes se cansaba después de hacer unas 200 seguidas, pero ahora superó las 400 sin esfuerzo.
Su aguante era bestial.
Se detuvo solo porque empezó a sudar.
Luego, sin camisa, fue a tomar agua, pero escuchó a alguien acercándose a la puerta.
Esta vez los pasos no eran suaves ni tímidos, como los de Ana.
Era una mujer en tacones.
Tocaron la puerta.
—¿Quién es?
—preguntó Alejandro.
—Señor Alejandro, soy su vecina Carolina, la madre de Juliana.
Alejandro abrió la puerta.
Al otro lado estaba su vecina.
Era una rubia alta, con hermosos ojos azules y un cuerpo con curvas pronunciadas.
Llevaba un vestido rojo muy corto y un maquillaje con labial rojo que resaltaba su belleza.
—Hola, señora Carolina.
¿Cómo se encuentra?
—Muy bien.
¿Podría pasar un momento para hablar con usted?
—Sí, claro.
Pase.
Alejandro quiso ponerse la camisa, pero ella se sentó justo encima de ella, en el mueble.
Sintió un poco de vergüenza: era la segunda vez que atendía visitas sin camisa.
Definitivamente, la próxima vez se vestiría antes de abrir la puerta.
Ella lo miró de pies a cabeza, como analizando a una presa con coquetería.
Alejandro sintió esa mirada y se puso nervioso.
—¿Cómo siguen su hija y su esposo, señora Carolina?
—Mi esposo falleció hace dos días.
Mi hija aún está de luto —dijo sin que su voz se quebrara.
Alejandro tragó saliva.
Ya lo sospechaba, pero le pareció extraño no notar tristeza en su voz.
Y normalmente, alguien en duelo no iría a visitar a un hombre usando un vestido rojo tan corto.
—Lo lamento mucho.
Realmente, su esposo siempre fue muy cordial conmigo cuando nos cruzábamos.
—No te preocupes, estoy bien.
Nosotros queríamos divorciarnos desde antes de que todo esto empezara.
Yo nací en España y quería volver con mi familia, pero para llevarme a mi hija teníamos que divorciarnos y hacer mucho papeleo.
Seguíamos viviendo juntos, pero nuestra relación estaba fría desde hace mucho.
—Ya veo.
Aun así, debió ser difícil para Ana.
—Sí.
Ella ha llorado por dos días, pero estoy segura de que lo superará.
Hablando de Ana…
Hablé con ella y me dijo que se conocieron el otro día.
—Sí, hablé con ella un poco y la invité a desayunar, ya que me sobró algo de comida.
— “Creí que Ana había prometido no decirle a nadie.
Maldita mocosa, me delató.” —¿La invitaste a desayunar?
Ella no me dijo eso… Aunque veo por qué.
Tienes mucha comida guardada.
—Miró las cajas acumuladas en la sala y las repisas llenas de alimentos en la cocina.
“Maldición, respondí sin pensar.
Soy un idiota.
No sé qué le dijo Ana de mí.” —Sí… Vi muchas noticias antes de que todo esto comenzara y un familiar lejano me recomendó almacenar comida.
—Ya veo.
Eres muy precavido.
Definitivamente, ojalá hubiera tenido un esposo tan listo como tú.
—Lo miró de pies a cabeza con una sonrisa seductora.
Alejandro sonrió con incomodidad y pensó: “Heeeeee, maldición.
Esta señora está manejando la conversación a su antojo.
¿Por qué me puse nervioso?
¿Acaso quiere seducirme?” Antes de que pudiera responder algo, ella lo tomó de las manos y siguió controlando la conversación.
—Verás, mi exmarido fue un inútil desempleado.
Nos dejó muchas deudas.
Solo trabajó unos días como cazador y, por su debilidad, una rata lo mordió y falleció.
Ahora estoy sola con mi querida Ana.
Carolina acercó las manos de Alejandro a su pecho mientras hablaba con voz suave.
—Ya veo… Lo lamento.
Debes estar pasando por una situación difícil —“Maldita mujer, así que eso es lo que quiere.
Es una cazadora de hombres.
No me puedo dejar llevar.
Aaaaaa…
tengo que salir de esta conversación como sea, pero no sé qué le dijo Ana de mí.” —¿Sabes?
Ana me dijo, en medio del llanto: ‘Ojalá papá fuera tan fuerte como Alejandro.’ Cuando le pregunté por qué decía eso, me contó que te había visto caminando con una espada y que debía ser porque eras un cazador fuerte.
—Bueno, así es.
Antes era programador, pero cuando la empresa cerró, empecé a trabajar como cazador.
Me ha ido bien en eso.
—Lo había imaginado.
Tienes un muy buen cuerpo.
Es claro que haces mucho ejercicio y eres alguien muy fuerte.
Carolina lo miró directo a los ojos.
Sus dedos aún rodeaban los de Alejandro, mientras sus palabras parecían deslizarse con suavidad y doble intención.
Él tragó saliva.
No sabía si era la tensión acumulada de los últimos días, el encierro, o simplemente la cercanía de aquella mujer vestida para matar, pero su cuerpo comenzaba a reaccionar de forma involuntaria.
— Me siento tan…
vulnerable últimamente —dijo ella, bajando la mirada—.
Es difícil dormir sola, con tantos monstruos afuera.
— Mientras decía eso con una mano comenzó a tocar los abdominales de Alejandro acercando su mano cada vez más abajo.
Alejandro se mantuvo en silencio, pero no pudo evitar que sus ojos se desviaran hacia el escote de su vestido.
La tela roja se tensaba con cada respiración, y sus senos parecían tener voluntad propia.
Carolina notó su mirada y sonrió levemente.
— No tienes por qué estar solo tampoco, ¿sabes?
—dijo en voz baja, mientras se acercaba más.
Él dudó, pero su nueva mejora en percepción sensorial hacía que la cercanía de su cuerpo sintiera el calor que ella emitía, el perfume tenue que llevaba se intensificó aún más por su olfato mejorado haciendo que perdiera su autocontrol.
Carolina lo besó sin pedir permiso, con una suavidad que se volvió fuego en segundos.
Ella metió su lengua en la boca de Alejandro jugando con él como si fuera un niño.
Todo seguía el ritmo que ella marcó desde el primer segundo en que se encontraron.
Alejandro no dudó más, quería venganza, nunca fue alguien sumiso que se dejará controlar.
Si las cosas se tornaban como ella quería, él le demostraría con su cuerpo quien tiene el control.
Respondió con fuerza contenida, rodeando su cintura mientras ella se acomodaba sobre él, justo en el sofá.
Las luces estaban apagadas, solo el sonido de la lluvia golpeando las ventanas acompañaba la respiración entrecortada de ambos.
Su vestido cayó sin resistencia.
Las manos de Alejandro recorrieron su piel como si la estuviera descubriendo por primera vez.
Sus manos apretaron fuertemente sus pechos mientras ella gemía con una dulce voz, Alejandro atacó rápidamente sin darle tregua.
cuando ambos estaban desnudos gimiendo como animales en celo, el la puso en cuatro y la nalgueo mientras seguía empujando sus caderas sin parar.
Las grandes y blancas nalgas de Carolina se enrojecieron, pero ella en lugar de enojarse, gritaba pidiendo más.
El sonido de ambos cuerpos chocando se escuchaba más fuerte que la lluvia que caía afuera, Ella se retorció sujetando fuertemente el mueble mientras se corría inmersa en el placer.
Alejandro no tuvo piedad, quería enseñarle quien mandaba y ahora su resistencia mejorada le daba una estamina sobrehumana.
Siguió moviendo sus caderas a la par que atacaba sus senos con las manos y chupaba su cuello dejándole marcas de placer.
como queriendo dejarle a todos que ella tenía un nuevo dueño.
La expresión de éxtasis en Carolina era indescriptible, incluso de la saliva que escurría de su boca.
Alejandro se corrió dentro de ella sin avisar.
El útero de carolina se llenó de un fluido ardiente que la hizo entrar en éxtasis.
su cerebro se derretia por completo en placer.
La tomó de las piernas, las puso sobre sus hombros y la levantó.
en una posición donde ella estaba completamente expuesta a todo el que los viera por la ventana, sin parar la siguió castigando mientras ella rogaba por más con palabras casi inentendibles.
Alejandro estaba inmerso en la situación, pero su percepción mejorada le hizo detectar una dulce voz que gemía proveniente del pasillo del edificio.
Ana al otro lado de la puerta se estaba tocando, mientras los escuchaba a escondidas sus manos se deslizaban en su entrepierna.
Su oído estaba pegado a la puerta y su mente adolecente no pudo controlar sus impulsos de curiosidad por el placer.
Una llama se encendió en Alejandro cuando entendió la situación afuera del apartamento.
el poco control de sus emociones desapareció, tomó a carolina la puso contra la puerta mientras seguía moviendo su cadera como si no existiera un mañana, la hizo gemir y rogar más fuerte mientras su hija la escuchaba a escondidas.
Las caderas de Alejandro no le dieron ni un segundo de tregua a Carolina.
Siguió golpeando las nalgas de Carolina hasta que estuvieran roja.
la voz de ella se desfiguraba mientras sus tetas rebotaban contra la puerta.
al otro lado Ana se estaba corriendo a la par que su madre lo hacía.
En cada orgasmo de Alejandro descaradamente se corría dentro de ella llenando su útero, pero no quería parar, usó toda su fuerza para cargarla contra la puerta, esta vez la puso de espalda contra la puerta y empujó sus cadera para que las nalgas de carolina golpearan la puerta haciendo retumbar el sonido del placer desmedido en el pasillo donde Ana ya no podía mover sus piernas por el placer.
todo lo que podía hacer era imaginar lo que estaba pasando dentro del apartamento.
El acto de desenfreno y placer no paró por varias horas, su venganza estaba completa.
Carolina estaba desmayada sobre la alfombra con las piernas abiertas escurriendo jugos de amor, mientras su cuerpo estaba bañado en sudor.
completamente exhausto Alejandro se recostó usando las tetas de carolina como almohadas, aún podía ver la silueta de Ana detrás de la puerta.
pero no le importo, perdió el conocimiento y se quedó dormido.
Cuando la tormenta paró y el amanecer pintó de azul las ventanas, Alejandro se despertó desnudo sobre la alfombra.
Carolina no estaba, pero le había puesto una manta.
Solo había una nota con un beso marcado con su labial.
Alejandro miró el papel y suspiró.
— Maldita mujer, tiene el control de la situación hasta el final.
no importa que tan fuerte me haga no podré derrotar a un monstruo así.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Isaac_JPC Hay imagenes pero solo en TMO y patreon
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