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Evolución Rota - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 CAPÍTULO 23
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23: CAPÍTULO 23 23: CAPÍTULO 23 El humo se había disipado, pero el olor a ceniza seguía impregnando la zona.

Los restos carbonizados de lo que antes fuera un barrio entero ahora eran una tierra yerma, salpicada de esqueletos de edificios, cráteres y cadáveres de hormigas mutadas medio calcinadas.

Pese a todo, la vida o al menos, lo que quedaba de ella continuaba.

Cientos de cazadores, esta vez con brillantes armaduras rojas hechas de los restos de las hormigas, caminaban entre los restos.

Sus movimientos eran más seguros, coordinados.

Las cicatrices del último ataque seguían frescas, pero el gremio se estaba adaptando.

y el ejército había regresado a custodiar la zona.

Carretas jaladas por caballos mutados, altos como un camión pequeño, con ojos brillantes, cruzaban por caminos improvisados, transportando cadáveres de monstruos que aún humeaban.

Aunque los caballos tenían una apariencia que te haría retroceder seguían siendo mansos y un reemplazo fiable por la falta de combustible.

Alejandro caminaba entre los restos con paso firme, la armadura ligera de hormiga en su cuerpo con la armadura de piel de serpiente y la espada en su cintura, le daban seguridad.

Su mirada barría el terreno con atención, en busca de movimiento, de presas, de peligros.

El sol, débil y filtrado por una capa de neblina, bañaba todo con un tono grisáceo.

Una sacudida en un charco verde y burbujeante lo alertó.

Dos ranas mutadas emergieron del barro.

Eran enormes, mucho más que la que cazo la última vez.

De un verde oscuro moteado con manchas violetas.

Cada una medía al menos dos metros de alto, con patas traseras que podían romper el concreto de un salto.

Una de ellas infló su garganta, emitiendo un croar ensordecedor antes de lanzarse al ataque.

Alejandro desenfundó la espada sin dudar.

La primera rana saltó con una velocidad asombrosa, pero él giró hacia un costado, deslizando su hoja por la piel viscosa del monstruo.

La criatura chilló, soltando una lengua bífida que intentó atraparlo, pero Alejandro la cortó de un tajo.

La segunda rana se le vino encima; rodó por el suelo, se levantó con una voltereta y lanzó una estocada directa al ojo del animal.

Las criaturas cayeron tras una pelea tensa.

Alejandro jadeaba, cubierto de baba ácida y lodo.

No esperaba una emboscada sin siquiera entrar a la zona más peligrosa.

Pero no había tiempo para celebrar.

Un sonido serpenteante, como una lona arrastrándose sobre la tierra, le heló la sangre.

Desde una grieta entre los escombros emergió una serpiente gigante.

Su piel estaba recubierta por placas cristalinas, como si hubiera mutado con minerales de la zona.

Medía más de veinte metros y su lengua silbaba como si tarareará la muerte.

Misión Nivel E: [Matar serpiente mutada azul claro, tiempo limite 1 hora] (Aceptar / Rechazar) Alejandro se colocó en guardia aunque su piel se hubiera puesto pálida por los aterradores ojos azules de la serpiente.

El animal lo ignoró como si no valiera la pena, pasando por su lado lentamente como si no fuera nada a qué temer.

Quería comerse los cadáveres de las ranas que eran presas de buen tamaño.

Alejandro no desaprovechó la situación, el descuido de la serpiente al ignorarlo por su tamaño sería su último error.

La serpiente abrió la boca y trató de tragarse a la rana gigante, en ese momento era más vulnerable.

—¡Vamos, hija de puta!

—gritó con rabia.

Alejandro con su espada en ambas manos no dudo, de un tajo cortó la mitad del cuello de la serpiente.

Usó toda su fuerza y peso corporal en ese ataque, pero conoce de antemano la reacción violenta de la serpiente.

Inmediatamente se alejó corriendo.

mientras la serpiente se retorcía con violencia.

El terreno cambió por la fuerte sacudida de la serpiente.

Aún se movía un poco, pero tenía que matarla rápido, gracias a la neblina no había curiosos pero pronto el ruido atraerá a otros cazadores o soldados y ellos le quitarian su presa.

Con un grito de guerra, clavó la espada entre dos escamas.

La estocada fue precisa, atravesando su garganta.

La serpiente se retorció y cayó pesadamente, levantando polvo negro y viscoso.

Una notificación llegó.

* Misión Completa: Misión Nivel E [Matar serpiente mutada azul claro, tiempo límite 1 hora]  * Misión Realizada en: 15 minutos * Evaluación de la misión: ¡Excelente!

+ 300 EXP * Recompensa Básica: + 500 EXP Respirando con dificultad, Alejandro limpió su espada.

inmediatamente le quitó los ojos Azul claro a la serpiente y los guardó en su mochila, luego quitó tantas escamas de su piel como pudo.

alzó la mano y llamó a una carreta que pasaba cerca, tirada por un caballo mutado que tenía dos pares de ojos y una melena ondulada de color gris metálico.

Pero era tan manso como cualquier caballo antes de la evolución.

—¿Tienes espacio?

— preguntó al conductor, un hombre moreno con una gorra vio la gran serpiente y las dos ranas y se sorprendió.

— Es la primera vez que veo una serpiente tan grande si vas a sacar una buena cantidad de dinero.

llamaré a 2 ayudantes para que la subamos a la carreta pero tendrás que darme una buena paga.

— —No hay problema, también le pagaré bien a los ayudantes que traigas, pero quiero llevarla al gremio sin que nadie la vea, podrías conseguir algo para taparla — dijo el Alejandro sonriendo — — Mientras pongas el dinero tu mandas jefe —  Después de que llegaron otros 2 hombres con sogas y una lona negra, entre los cuatro subieron los cuerpos, amarrándolos con ganchos y sogas.

Los cuerpos fueron tapados con lona para disimular las presas que llevaban.

El caballo apenas parpadeó.

Mientras recorrían la ciudad, la carreta chirriaba sobre el concreto roto, pasando por mercados improvisados, otros cazadores que saludaban con gestos de respeto sabían que debían llevar una presa grande allí.

El gremio de caza estaba repleto.

Un hervidero de gente, comercio y sangre fresca.

casi dando la apariencia de que estaba en una carnicería.

Alejandro habló disimuladamente con un funcionario presentó sus presas disimuladamente mientras le decía al tasador que era una serpiente de rareza azul claro el incrédulo revisó el cuerpo, No podía creer cuando Alejandro le mostró los ojos azules ocultos en su mochila.

— Señor, yo sé que debería haber entregado este cuerpo al gobierno, pero supongo que ustedes están interesados en comprarlo, yo me quedaré con los ojos, algunas escamas y 80 kilos de carne de serpiente y 20 kilos de rana.

.

El tasador miró a Alejandro, estaba prohibido no entregarle los animales de rareza azul al gobierno, pero el gremio los compraba en secreto y los hacía pasar fácilmente por animales de rango blanco mientras hacía miles de millones con la venta de la carne en el mercado negro de los ricos.

— creo que hablamos el mismo idioma señor Alejandro.

Acompáñame a la oficina privada, el jefe se encargará de negociar con usted.

Alejandro habló con el gerente del gremio, el hombre era un empresario de Medellín, estaba acostumbrado a contrabandear animales de rango azul claro.

Era un negocio demasiado rentable, ya que los ricos sabían de la posibilidad de mutar.

Las armas y armaduras hechas con materiales de rango azul claro también se vendían por un millonario precio.

Después de una charla amable, el gerente le dio un precio que sorprendió a Alejandro.

Él sabía que solo sería el 20% de lo que le sacarían en ganancias a la serpiente, pero fue suficiente para no poder negarse.

El gerente le dio el pago en dos maletas con efectivo, también le empaco la carne en dos cajas térmica y ofreció transporte en una camioneta para su regresó a casa.

Ana estaba en la sala leyendo uno de los libros que él le había comprado.

Levantó la vista en cuanto lo vio entrar con dos hombres cargando 2 cajas térmicas.

las dejaron en el departamento y se fueron.

—¡Volviste!

Pensé que te ibas a convertir en el almuerzo de algún bicho feo —dijo con voz juguetona.

—Estuve cerca.

Pero los feos eran ellos.

Yo soy muy guapo para morir —respondió Alejandro mientras dejaba las maletas en la sala.

—¿Qué trajiste?

¿Más carne de rana?

y ¿Qué traes en esos maletines?

— serpiente mutada, carne de rana y en cuanto a las maletas.

— Alejandro las abrió.

mostrando los 400 millones brillaron en los ojos de Ana.

— Tu… Tu… ¿Robaste un banco?

— dijo Ana mientras lo miraba con ojos llorosos.

— ¿Eres tonta?

claro que no, la serpiente que maté era de rango azul claro, como la carne de rata que te dí.

la vendí en el gremio y ellos me dieron esto.

Ana se arrodilló tomó 2 fajos de billetes, sus ojos brillaban, nunca había visto tanto dinero junto.

Volteo a mirar a Alejandro con ojos brillantes y dijo.

— !Somos Ricos!

— — Claro que no tonta, ese dinero no es mucho, la serpiente valía 20 veces eso, pero es ilegal vender los animales de rango azul así que es un buen precio.

Suficiente para que vivamos cómodos por un tiempo.

— Ana miró a Alejandro con admiración, para él tanto dinero no era gran cosa y cazar un animal así de aterrador y llegar solo con un poco de barro en la ropa era increíble.

— Vamos a probar qué tan buena cocinera eres.

Dijo alejandro con una sonrisa.

Ella se levantó y lo ayudó a guardar la carne en la nevera, que zumbaba suavemente, conectada a las baterías que se alimentaban de energía solar.

—Vas a necesitar una ducha — bromeó Ana, frunciendo la nariz.

—Si tengo que quitarme el barro de encima.

—respondió él, dirigiéndose al baño.

Cuando salió, más limpio y con el cabello goteando, Ana ya estaba cocinando la carne de serpiente.

El olor era sorprendentemente agradable, especiado y ahumado.

Se sentaron juntos a comer.

—Sabe… —Ana mordió un trozo, pensativa— como si un cocodrilo y un pollo se hubieran enamorado y tuvieran un hijo delicioso.

Alejandro rió por la seriedad con la que ella dijo eso.

—Eso es lo más extraño que has dicho hoy.

—¡Aún no he terminado!

También huele a victoria.

Porque ganaste, ¿no?

—Sí.

Aunque no fue fácil.

—¿Tú crees que algún día yo pueda pelear así?

—preguntó ella en tono serio.

—Claro.

Solo tienes que entrenar duro.

Y no dejarte intimidar por monstruos grandes.

—¿Y por hombres guapos, tampoco?

—le dijo con una sonrisa traviesa.

Alejandro levantó una ceja, sorprendido por el tono.

—¿Eso fue una indirecta?

—¿Indirecta?

¡Qué va!

Si te digo que me gustan los hombres mayores, fuertes y con espadas largas, ¿también sería indirecta?

— Sonrió con una malicia en su mirada.

Él rió, nervioso mientras vio la versión joven de Carolina sonriendo con su misma malicia.

—Tú y tu humor extraño… —Solo estoy bromeando… un poquito —dijo Ana, apoyando la cabeza en su hombro y sacando la lengua—.

Pero en serio, gracias.

Sé que lo haces porque te lo pidió mamá… pero también sé que lo haces porque te importa.

Alejandro la rodeó con un brazo.

—Lo hago porque me caes bien, enana.

Ana cerró los ojos.

Se sintió segura ahí, en ese momento.

La ciudad seguía siendo peligrosa.

Pero por ahora, dentro de esas paredes, bajo esa luz tenue y con el calor de la comida recién hecha, la vida parecía menos despiadada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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