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Evolución Rota - Capítulo 31

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31: Capítulo 31 31: Capítulo 31 —¿Quieren algo de beber?

Debería quedar un poco de té, voy a poner la tetera —dijo Laura, haciendo todo lo posible por mantenerse tranquila, pero sus manos temblaban.

Alejandro miró por la ventana rota.

Afuera, varios escarabajos verdes paseaban casualmente, sin ser molestados por ninguna presencia humana.

Era como si el mundo hubiese sido conquistado por alienígenas.

Sin embargo, su verdadera preocupación era el humo que salía de los pisos bajos; cada vez parecía más espeso.

—Escucha, Laura.

Sé que es difícil aceptar esto, pero lo mejor será evacuar el edificio.

Laura, nerviosa, servía un té a medio calentar.

Aún no había procesado todo, pero miró la puerta derribada, el insecto muerto en la sala, y el humo subiendo por la ventana.

—Sí, creo que tienes razón…

pero no tengo a dónde ir.

No quiero ir con mi ex esposo y no creo que el gobierno vuelva a abrir la oficina de registro.

No tengo trabajo, ni dinero — Laura se sentó en el sofá y comenzó a llorar, abrumada al comprender su propia realidad.

Sintiendo en sus hombros todo el cansancio acumulado del día.

Alejandro la vio, y tras un suspiro, se sentó a su lado.

—Escucha, en mi apartamento tengo suficientes provisiones.

No sería problema si te mudas conmigo un tiempo hasta que todo se calme.

Laura vaciló, atrapada en un dilema.

Miró el rostro de Alejandro y, con lágrimas en los ojos, respondió: —¿Está bien si me quedo en tu casa por ahora?

Prometo que no seré una molestia…

—Por supuesto que no serás ninguna molestia.

Al contrario, me sería de ayuda tener a alguien más en casa.

—Muchas gracias…

no sé cómo pagarte por todo lo que has hecho por mí —respondió Laura, abrazándolo entre lágrimas.

Isabela estaba en silencio, completamente desconcertada.

Quería pedir lo mismo, pero no tenía excusa: aún vivía con sus padres y no tenía ningún contacto previo con Alejandro, pero no quería separarse de él.

—Bien, lo mejor será empacar tu ropa y lo que consideres valioso.

No sabemos si el incendio se expandirá rápido.

Bajemos todo en un solo viaje.

Laura rápidamente empacó algunos elementos esenciales con la ayuda de Isabela.

En menos de cinco minutos ya estaba afuera con tres maletas.

Solo había tomado su ropa y zapatos en mejor estado, su maquillaje, objetos de aseo y una foto de su hija.

Los tres bajaron rápidamente.

Como Alejandro sospechaba, el fuego se estaba extendiendo.

Cuando salieron del edificio, todo el sexto piso estaba en llamas y el fuego comenzaba a alcanzar los demás niveles.

Laura miró la escena con desolación: en menos de un día, lo había perdido todo.

Isabela la consoló mientras subían el equipaje a la camioneta.

En el camino hacia la casa de Alejandro, pasaron por el edificio de Isabela.

Había varios retenes militares y parecía que los insectos no habían llegado al lugar.

Aun así, Isabela le pidió a Alejandro que la acompañara hasta su departamento.

Temía que algún insecto se hubiera colado en el edificio; además, vivía en la última planta.

Laura se quedó cuidando el vehículo.

La zona parecía segura respecto a los insectos, pero no respecto a los humanos.

Isabela aprovechó la situación para tomar el brazo de Alejandro de forma coqueta desde que salieron de la vista de Laura.

Ambos subieron por las escaleras, ya que no había energía para el ascensor.

No encontraron insectos ni señales de pelea.

Cuando solo faltaban dos pisos, Isabela aceleró el paso y se mantuvo ocho escalones por delante de Alejandro mientras subían.

Ella no traía nada debajo del saco de trabajo que se había amarrado en la cintura cuando se quitó su falda orinada.

Alejandro vio hacia arriba de las escalera mientras las nalgas blancas de Isabela se meneaban de un lado a otro descaradamente.

En cada escalón que ella avanzaba su cara se tornaba más roja y no miraba atrás.

Alejandro supo que el acto fue planificado.

había notado su mirada y actos coquetos pero no le había prestado atención por la situación.

Sin embargo, ahora durante 2 pisos de aquel edificio, Isabela le mostró descaradamente que no llevaba ropa interior debajo de aquel blazer.

Antes de llegar al último piso ella subía 2 escalones en cada paso, pero no lo hacía rápido.

Sabía que su entrepierna estaba expuesta aún más.

Alejandro quería mantener la compostura pero su sangre estaba hirviendo.

cada movimiento de ella mostraba sus largas y gordas piernas.

y su enorme y blanco trasero lo había hipnotizado.

cuando llegaron al apartamento todo estaba en orden.

Isabela miro que sus padres no estaban en casa pero no se preocupó, ellos trabajaban cerca e igual que en la invasión de las hormigas se habían quedado encerrados en el trabajo hasta que la policía dijera que era seguro salir.

En lugar de preocuparse en su corazón estaba feliz por estar a solas con Alejandro.

Alejandro vio que no había problema y quiso irse en un intento por mantener la compostura, pero Isabela lo detuvo.

— Espera, yo quiero tener tu numero.

¿podemos seguir hablando?

— pregunto Isabela mientras tomaba la mano de Alejandro y coquetamente la puso contra su escote.

Su cara estaba roja, ella era una mujer joven de 23 años, su piel era blanca y pálida, pese a todo su cabello castaño y largo tenía aún el olor a shampoo.

La sensación de sus manos en los s***s grandes de ella le hicieron perder por completo la razón.

No hubo más palabras, Alejandro la tomó por la cintura y la besó, ella no opuso la más mínima resistencia, por el contrario sus brazos atraparon el cuello de Alejandro en un intento por alcanzar su altura.

El noto eso y rápidamente le quitó la chaqueta que tapaba su cintura, la cargo hundiendo sus manos en esas gigantes na***s.

Solo se escucharon gemidos en el apartamento mientras ambos se apareaban como animales en celo.

Una hora había pasado mientras Laura esperaba en la camioneta.

Ya estaba atardeciendo.

Se preocupó, pero decidió esperar obediente mientras limpiaba la sangre en la munición que quedaba.

Alcanzó a contar quinientas balas.

Cuando por fin vio salir a Alejandro del apartamento, sintió alivio.

Él entró en la camioneta y comenzó a conducir, pero Laura notó algo extraño en su cuello.

Lo fulminó con la mirada mientras una vena se le marcaba en la sien.

—Oye, veo que tardaste mucho…

—Su apartamento estaba en el último piso…

y quiso agradecerme dándome algo de comer —mintió descaradamente Alejandro mientras conducía.

—Sí, ya me imagino qué fue lo que te comiste.

Por cierto…

tienes bastante labial en el cuello.

Alejandro entró en shock.

Se limpió el cuello con la mano y maldijo mentalmente la sonrisa de satisfacción de Isabela al despedirse de él.

—Mujeriego —dijo Laura entre dientes mirando por la ventana de su derecha.

Alejandro no respondió.

Había sido atrapado, y como todo culpable, sabía que cualquier cosa que dijera sería usada en su contra.

En el camino no conversaron.

Tampoco encontraron más insectos, y los disparos de fondo se escuchaban cada vez más lejanos.

Laura comenzó a calmarse.

Ella no era una santa; le había puesto los cuernos a su esposo con Alejandro.

Se sintió culpable y terminó la relación, que ya iba mal, pero se sintió aún peor cuando su ex consiguió una nueva pareja más joven al día siguiente.

Aunque sentía celos de Isabela, no podía reclamarle nada a Alejandro, ya que no eran nada formal.

“Debo ser más madura.

Él no solo me ha protegido todo este tiempo sin ser nada mío, también me ha abierto las puertas de su casa cuando lo perdí todo.

Está bien.

Si tiene otra pareja sexual no tiene nada de malo.

Me gusta, pero no tiene obligación conmigo.

Incluso si termino siendo solo una pareja más, sería culpa mía por no aclarar las cosas.”  reflexionó Laura entre suspiros cuando por fin llegaron al apartamento.

Alejandro nunca había entrado al parqueadero de la zona residencial.

Aparcó la camioneta y bajaron todo el equipaje, la carne, las armas y las piezas de escarabajo.

Lo ocultaron todo en una sábana que traía Laura, y Alejandro lo subió todo como si fuera una mula de carga.

No quería volver por nada.

Dejó los bidones de diesel dentro de la camioneta y cargó todo en un solo viaje.

Cuando Laura vio cómo cargaba sus dos maletas y un bulto gigante que pesaba más que dos personas, se sintió culpable e intentó hablar casualmente, como si no se hubiera enojado con él.

Ambos conversaron y bromearon como si nada hubiera pasado.

Cuando Alejandro abrió la puerta del apartamento, una pequeña sombra salió corriendo del cuarto y se lanzó encima de él, abrazándolo.

—Me preocupé porque no llegabas.

Creí que un bicho te había lastimado —dijo Ana entre lágrimas.

Laura sintió lástima por ella y preguntó: —Eres una chica tan bonita.

¿Qué edad tienes?

¿Eres la hermanita de Alejandro?

Ana dejó de llorar al notar la presencia de una extraña.

Escaneó a Laura de pies a cabeza.

—Estoy en décimo grado.

No soy familiar de Alejandro, pero vivo con él.

¿Qué eres tú de Alejandro?

—preguntó Ana, sin despegarse de él y con una mirada seria, como si alguien hubiera invadido su territorio.

Laura se sintió avergonzada, e inmediatamente se arrepintió de hablar.

—No, solo somos amigos.

Solo me quedaré aquí por unos días, mi casa fue destruida y Alejandro me rescató —respondió ella, sintiéndose como una criminal siendo interrogada.

—Espera, Alejandro, ¿a qué se refiere ella con que no es un familiar tuyo…?

—Laura hizo una mueca sospechosa — No me digas que…

¿ella es tu novia?

—Oye, ¿por quién me tomas?

No digas tonterías.

Ella era la hija de una amiga, perdió a sus padres y la estoy cuidando por ahora — respondió Alejandro — voy a bañarme.

Ana, muéstrale tu habitación.

Ambas compartirán cuarto.

—¿Eh?

¡Yo quiero seguir durmiendo contigo!

— protestó Ana, haciendo un puchero mientras jugaba con el pecho de Alejandro de forma coqueta.

— Oye, en serio…

sabía que eras un mujeriego sin vergüenza, pero no me esperaba esto —interrumpió Laura, fulminándolo con la mirada.

Alejandro suspiró.

—Ustedes dos parece que se llevan bien…

para molestarme.

Ahora en serio, instálate primero.

Luego te duchas.

Ana, deja de molestarla.

Ana hizo un puchero mientras Alejandro la apartaba y se metía al baño.

Ana llevó a Laura al cuarto.

Ella se sorprendió al ver toda la comida apilada a un lado del cuarto.

—¡Wow!

Creí que tenían mucha comida cuando vi la sala y la cocina llena, pero realmente tienen toda la casa repleta.

Esto parece un supermercado.

—Sí.

´Mi Alejo´ es un hombre muy precavido y rico.

Juntó mucha comida desde hace meses, antes de que todo se pusiera caro — dijo Ana, inflando el pecho y marcando territorio.

Laura notó la indirecta, y una chispa de competencia se encendió en ella.

—Bueno…

Alejo es un hombre muy inteligente pero también es fuerte y rudo.

Sus grandes dedos se sienten muy bien cuando te tocan — respondió Laura, desempacando su maleta mientras ocultaba su sonrisa diabólica.

Ana fingió una sonrisa forzada mientras su ceja temblaba.

Tragó saliva, y como si fueran puñaladas traperas, respondió: —Sí, tienes razón…

sus grandes dedos se sienten increíbles.

Se dio media vuelta y dejó sola a Laura, quien se quedó allí, sin palabras, durante un buen rato.

Nota del Autor La historia tiene capítulos avanzados e imágenes sin censura en mi patreon.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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