Evolución Rota - Capítulo 33
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33: CAPÍTULO 33 33: CAPÍTULO 33 Durante la noche, Laura y Ana durmieron juntas en su cuarto.
Laura, exhausta por el largo día lleno de combates y tragedias, cayó en un sueño profundo, sin notar que Ana se había escabullido silenciosamente al cuarto de Alejandro.
Él, tan acostumbrado ya a su presencia, tampoco percibió el momento en que ella se metió en su cama y lo abrazó.
Ambos durmieron plácidamente, compartiendo el calor bajo las sábanas.
Alejandro se sintió tranquilo con Ana a su lado.
Instintivamente la abrazó, acomodándose en una postura cómoda para los dos.
Nunca antes había pasado tantas noches abrazado a una mujer como lo hacía con ella.
Su mente encontraba paz.
Por su parte, Ana sentía comodidad y seguridad.
Él le gustaba, y su corazón latía fuerte cada vez que tenía la oportunidad de estar cerca de él.
Cuando lo vio llegar a casa acompañado de una mujer tan atractiva, pensó lo peor.
Sintió celos al instante.
Pero la amenaza, aunque juguetona, de Alejandro sobre enojarse si se peleaba con Laura la tomó en serio.
Temía ser rechazada, así que decidió cambiar de estrategia.
Ana acarició la cara de Alejandro mientras dormía.
Él se movió un poco y por su diferencia de altura la abrazó poniendo sus manos en las nal***s de Ana debajo de su vestido.
ella sintió eso y aunque sabía que estaba inconsciente se exito y se sintió feliz.
quería que la tocará más, que la hiciera sentir lo mismo que le estaba haciendo ese día a su madre detrás de aquella puerta.
aunque sabía que estaba mal pensar así, no podía olvidar esos ruidos y el latido de su corazón.
Ya era una a******e sus pensamientos habían madurado y su conocimiento sobre las relaciones adultas ya las había visto cientos de veces en internet.
Estuvo jugando suavemente con la mano de Alejandro, lenta y suavemente para no despertarlo.
Su corazón latía a mil por hora.
Algo estorbaba.
quería sentir sus grandes dedos directamente.
tardó casi media hora moviéndose lentamente para no despertarlo.
hasta que lo consiguió y se quitó su ropa interior, las bragas cayeron de la cama.
Ella no aguantó más.
Lentamente metió uno de los dedos de Alejandro dentro, mientras se tocaba el c****s, lo hizo tan despacio que apenas si se movía pero su corazón latía a millón hasta terminar.
Un leve pitido de la alarma sonó en el cuarto de Laura.
Su cuerpo, habituado a una rutina estricta tras años como expolicía y funcionaria del gobierno, se despertaba siempre a la misma hora, sin importar el día de la semana.
Abrió los ojos y se estiró como un gato, mirando a su alrededor.
El cuarto le resultaba desconocido, y suspiró.
Giró la cabeza hacia el lugar donde debía estar Ana, con quien compartiría cama desde ese día, pero no la encontró.
—¿Dónde está Ana?
—murmuró, frunciendo el ceño.
Se levantó mientras se estiraba como un gato.
Luego se ajustó la blusa, ya que se le había olvidado ponerse brasier para dormir; uno de sus pechos se asomaba con descaro.
Salió del cuarto y notó que la puerta del cuarto de Alejandro estaba entreabierta.
Se asomó con curiosidad… y se encontró con una escena peculiar: Ana y Alejandro dormían abrazados tiernamente.
Ella pensó que era un acto tierno.
Pero luego su vista se desvió a los calzones infantiles dejados casualmente en el suelo a un lado de la cama.
Su cara se puso roja como un tomate.
Sabía que la niña quería seducir a Alejandro, pero no esperaba que fuera tan audaz de colarse en su cama.
vio a Alejandro dormido con ira aunque fuera un mujeriego tomar la virginidad de ********* era algo demasiado sinvergüenza de su parte y hacerlo incluso dejando la puerta abierta para que ella lo viera era algo que un pervertido haría.
Avanzó lentamente con una vena brotada en su cien.
estaba enojada y quería atrapar a Alejandro con las manos en la masa.
quitó la cobija que los tapaba a ambos para desvelar sus cuerpos desnudos y acusarlo.
Pero en su lugar encontró algo extraño.
Alejandro tenía su pantalón y camisa puestas correctamente.
algo andaba mal.
Ana también tenía su vestido de pijama puesta, la única escena indebida era extraña.
Ana estaba abrazando la mano de Alejandro mientras sostenía los dedos de Alejandro con ambas manos acariciando su vagina.
“No me digas que esta pequeña pervertida se coló en la cama de Alejandro y usó su mano para masturbarse…
espera ¿enserio se la pasó tan bien que se quedó dormida con los dedos de él metidos dentro?” Laura miró la cara de ambos y estaban dormidos como rocas.
Su ira inicial se apagó.
“Pedazo de tonto ¿como puede tener un sueño tan pesado?
y esta zorrita ¿que clase de pervertida es?”.
Laura suavemente sacó los dedos de la v*****a de Ana, ni siquiera así se despertaron.
Entendía que Alejandro estuviera noqueado después del combate extremo del día anterior, su pelea había sido inhumana y cualquiera estaría en coma, pero Ana no se despertó incluso cuando le sacó el dedo de su v****a y le dio la vuelta para separarlos.
Los arropo a los dos.
Tomó los calzones de Ana y se los metió al bolsillo.
Cuando Alejandro despertó, encontró a Ana abrazando su almohada mientras dormía plácidamente.
Ya estaba acostumbrado a verla así, y lejos de parecerle extraño, le generaba felicidad.
Su olfato captó entonces un delicioso aroma proveniente de la cocina.
No tardó en imaginar lo que estaba ocurriendo.
Con una sonrisa, pellizcó suavemente las mejillas de Ana hasta que despertó.
Su carita medio dormida, con el cabello revuelto, lo hizo reír.
—Oye, dormilona, despierta.
¿No hueles eso?
Laura preparó el desayuno, vamos a comer.
Levántate.
Alejandro fue el primero en levantarse.
Se estiró y salió del cuarto rumbo a la cocina.
Ana, aún con los ojos medio cerrados, se bajó de la cama y se estiró también.
Caminó casi levitando, atraída por el dulce aroma que la llamaba desde la cocina.
IMAGENES SIN CENSURA Y TEXTO SIN CENSURA SOLO EN PATREON —Buenos días, ¿durmieron bien?
—los saludó Laura con una gran sonrisa, sirviéndoles una porción de carne picada en trocitos pequeños dentro de un pan casero que había horneado con harina de los costales que tenían guardados.
—¿Sabes hacer pan?
¡Está increíble!
Yo compré harina pero no sabía qué hacer con ella… Incluso compré un libro de recetas, pero no me había animado a intentarlo —comentó Alejandro, halagando el desayuno mientras lo disfrutaba con entusiasmo.
—Bueno, ya que voy a vivir aquí gratis, lo mínimo que puedo hacer es atenderte como se debe.
Así que pídeme lo que quieras, lo haré con gusto por ti — respondió Laura con picardía, jugueteando en secreto con sus pies debajo de la mesa, rozando la pierna de Alejandro.
Ana interrumpió con una sonrisa inocente.
—Está muy rico.
Yo también quiero aprender a cocinar así.
¿Alejo, me prestarías el libro de cocina?
—Claro, no hay problema.
Tómalo de la estantería cuando quieras.
Laura puede enseñarte también.
Por ahora, me voy a lavar la cara.
Luego alístense, hoy les voy a enseñar lo que les mencioné ayer —dijo Alejandro mientras dejaba los trastes en la cocina y se dirigía al baño.
Ana se disponía a levantarse de su asiento, pero Laura la detuvo, acercándose a su oído para susurrarle: —Ten… se te olvidaron.
En ese momento le dio en la mano los calzones que se había quitado en la noche.
La cara de Ana se puso roja y no supo qué responder.
Laura la vio con una sonrisa pícara.
se acercó aún más a su oído y le susurro.
— No le diré nada a Alejandro, pero tú tampoco te puedes quejar si yo también me cuelo en su cama sin ropa interior.
— Laura le dio un pequeño soplido en la oreja roja de Ana y recogió los platos para lavarlos.
Ana se quedó pensando en la mesa por un rato.
su cara estaba roja como un tomate y su corazón latía demasiado rápido.
los efectos afrodisíacos de la carne de nivel azul oscuro solo empeoraba su vergüenza.
Ana se levantó y se puso detrás de Laura en la cocina.
Laura la vio y volteo esperando su respuesta.
Ana respiró profundo, la tomó de las manos y con vergüenza le dijo.
— Puedo compartirlo contigo todas las veces que quieras, pero no me lo quites.
— Ana salió corriendo a su cuarto para cambiarse sin esperar respuesta.
Laura se quedó en shock no esperaba que ella fuera tan seria y nunca espero una respuesta así.
“Ahora me siento como si yo fuera la mala aquí.
Es una n**** pero su determinación no es un chiste.
¿Que clase de madre tuvo que la crió tan descarada?” Más tarde, Alejandro las hizo sentarse sobre la alfombra de la sala y colocó frente a ellas los 30 ojos de color azul claro que había recolectado el día anterior.
—Bien, como les dije ayer, existe una forma que descubrí para volvernos más fuertes.
El método es usando estos ojos.
Tienen que ser de criaturas de rango azul claro o superior; los de rango blanco no sirven.
—Por eso los recogías cada vez que tenías oportunidad… Creí que los venderías al gremio como ingredientes exóticos —comentó Laura mientras tomaba uno de los ojos entre sus manos.
—Lo que vamos a hacer es un secreto que solo yo conozco.
Estos ojos contienen un tipo de aura, o maná, que se puede absorber.
Esto incrementa tu propia reserva de maná y también mejora la percepción sensorial.
—¿Maná?
¿Eso es algo relacionado con la magia?
—preguntó Laura, algo confundida.
—Aún no estoy del todo seguro de cómo usarlo, o tal vez tengo muy poco como para descubrirlo… Pero, ¿recuerdas cuando peleamos contra el tipo que amenazó a Isabela y luego intimidé al grupo que quedó?
—Sí, te veías aterrador… incluso de espaldas —respondió Laura con un escalofrío.
—Bueno, esa es la única forma que he descubierto para usar ese maná.
Si me concentro en expulsar el aura de mi cuerpo y pienso en atacar a alguien mientras lo miro directamente, la presión puede intimidar si la otra persona es más débil que yo.
Prepárense, les daré una demostración.
Alejandro respiró profundo y expulsó su aura, acompañándola de una intensa intención asesina.
Ana y Laura se congelaron de miedo y retrocedieron un poco.
Él dispersó inmediatamente el aura y la intención hostil.
—Eso fue aterrador… se sintió como mirar a los ojos de una serpiente mutante —dijo Laura, sudando por el nerviosismo.
—Fue increíble… realmente me asustaste —agregó Ana, mirándolo con una mezcla de admiración y emoción, como si el miedo se hubiera esfumado en segundos.
—Eso fue una parte.
La otra es la percepción sensorial.
Debo advertirles que, si incrementan esa percepción de golpe, pueden experimentar dolor de cabeza, sensibilidad extrema a la luz, los sonidos y la temperatura.
Si eso pasa, solo acuéstese, cierren los ojos y esperen a que sus cuerpos se adapten.
—¿Eso significa que podremos ver más lejos y escuchar mejor?
—preguntó Laura con curiosidad.
—Sí.
Primero deben sentarse, enderezar la espalda, controlar su respiración y cerrar los ojos.
Coloquen el ojo en ambas manos e imaginen que el aura azul sale de él y entra en sus palmas.
Luego, lleven esa energía hasta sus vientres; una vez allí, se disipará sola, fortaleciendo su propia aura.
Háganlo con los ojos cerrados hasta que sientan que la energía del ojo se ha agotado.
Les mostraré cómo hacerlo.
Alejandro siguió sus propias instrucciones al pie de la letra.
Esta vez le tomó solo media hora vaciar completamente el ojo.
Durante todo el proceso, podía verse claramente cómo una llama azul salía del ojo y entraba lentamente en sus manos.
Ambas se acercaron con curiosidad y asombro.
Laura, que al principio dudaba de todo lo que Alejandro decía, quedó completamente convencida al ver la manifestación de esa aura con sus propios ojos.
Se sentó determinada a intentarlo.
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