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Evolución Rota - Capítulo 34

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34: CAPÍTULO 34 34: CAPÍTULO 34 Alejandro terminó de meditar y, al abrir los ojos, encontró dos miradas de asombro muy cerca de él.

—Listo, como pueden ver, al acabar el proceso el ojo se torna blanco.

Ahora es su turno de intentarlo —dijo con una sonrisa.

Ambas mujeres obedecieron emocionadas y comenzaron a meditar mientras Alejandro las observaba.

La primera en lograr extraer el maná del ojo fue Ana.

Tenía experiencia meditando y lo logró en menos de un minuto.

Laura tardó unos diez minutos en manifestar el maná azul claro del ojo y cerca de cinco más en absorberlo.

Al ver que todo estaba en orden, Alejandro aprovechó para absorber otro ojo.

Su proceso fue más rápido que el de ambas, y terminó antes.

Finalmente, una mejora llegó.

Has ganado un punto de atributo: Maná +1 Una sensación cálida recorrió su cuerpo como una oleada intensa.

Alejandro sintió cómo el maná en su interior se incrementó hasta desbordarse y luego se compactaba otra vez.

Para mantener el control, meditó más a fondo, intentando comprender lo que ocurría.

Notó que el maná que antes era blanco opaco ahora tenía un tono más puro.

Abrió los ojos e intentó manifestarlo en sus manos.

Vio cómo pequeñas llamas blancas y transparentes salían de su piel.

Intentó concentrar más energía, pero sintió fatiga.

Respiró profundo y enfocó toda su atención en una sola mano.

Poco a poco, una capa de llamas cubrió su palma.

Asombrado por el resultado, quiso probar su resistencia.

Golpeó esa palma recubierta con su otra mano y sintió como si hubiera golpeado una roca: la mano sin maná se resintió del impacto, pero la que estaba cubierta apenas se inmutó.

Entonces, un sonido del sistema lo sorprendió: Has ganado una nueva habilidad: Control de Aura “¿Aura?

Es un concepto distinto al maná.

Aunque al liberar esta aura consumo maná, si la habilidad se llama ‘control de aura’ y no ‘control de maná’, eso significa que existen otras formas de usar el maná.” La primera en terminar de absorber toda la energía fue Ana.

Su práctica previa dio buenos resultados.

Al abrir los ojos, observó el ojo ahora blanco y se lo mostró a Alejandro con una sonrisa triunfante.

Corrió hacia él como si acabara de anotar un gol.

Sin embargo, al llegar a sus brazos, su cabeza comenzó a dar vueltas.

Sintió una fiebre repentina y le empezó a sangrar la nariz.

—Alejo…

Me duele la vista y la cabeza.

Todo se siente extraño…

—dijo adolorida.

—Recuerda lo que te dije.

Sentirás sensibilidad en la vista, el oído y el tacto.

Recuéstate, cierra los ojos y enfócate primero en adaptarte a los sonidos, luego al tacto y finalmente a la vista.

Ten paciencia, te prometo que tu mente se adaptará rápidamente.

Alejandro la acostó con cuidado sobre la alfombra, le colocó un pañuelo en la nariz y fue por un paño húmedo para bajarle la fiebre.

La última en terminar de absorber el maná fue Laura.

Al abrir los ojos, vio el globo ocular completamente blanco y se sorprendió por el resultado.

Sintió una energía extra fluyendo por su cuerpo.

Al mirar a Ana recostada, quiso preguntar cómo estaba, pero Alejandro le hizo una señal para que guardara silencio.

Ella comprendió y simplemente se quedó sentada observándola.

También sintió un poco de fiebre, pero en su caso, no fue grave: solo notó una mejora en su energía general.

Pasó una hora hasta que Ana pudo controlar su audición.

La fiebre desapareció y su cuerpo se adaptó a la nueva sensibilidad.

Abrió los ojos y notó que su visión podía enfocar tanto lo lejano como lo cercano con una claridad sorprendente.

Alejandro la llevó al balcón, le dio una taza de té y le pidió que se acostumbrara a observar diferentes distancias.

Mientras Ana disfrutaba descubriendo detalles que antes no veía, Alejandro y Laura prepararon el almuerzo.

A lo lejos, escucharon un vehículo militar que anunciaba que el toque de queda se extendería por dos días más, hasta que todos los insectos fueran exterminados.

—¿Oíste eso?

Aún no han eliminado a todos los insectos —comentó Laura mientras servían la comida.

—Sí.

El problema es que estos insectos vuelan y no se agrupan como las hormigas.

Las hormigas eran más fáciles de aniquilar porque estaban juntas y la artillería las eliminó en masa.

Pero estos se mueven entre edificios, en solitario, lo que dificulta su exterminio.

—¿Y qué haremos durante estos dos días encerrados?

—Bueno, no tenemos problema con la comida.

Estoy seguro de que para otros la situación será difícil, pero nosotros solo podemos entrenar.

Quiero que las dos se hagan más fuertes.

Cuando esto acabe, volveré a cazar, y quiero estar seguro de que ustedes puedan defenderse sin importar lo que venga.

Laura se sonrojó.

Alejandro no solo le había salvado la vida varias veces, también la había acogido en su hogar y ahora la trataba como alguien valiosa a quien proteger.

“Creo que tendré que seguir el ejemplo de la mocosa y aceptar su propuesta si quiero estar con Alejandro”, pensó.

Después del almuerzo, ambas absorbieron otro ojo.

Esta vez no mejoraron su percepción, pero sí fortalecieron su energía general de forma permanente.

Alejandro las llevó a la terraza para entrenar al aire libre y disfrutar de unos dulces.

Les explicó lo que había descubierto sobre el control del aura, lo que las motivó aún más para seguir meditando.

Ya era tarde en la noche.

habían terminado de cenar y Alejandro se fue a dormir.

El día había sido relajante pero aun así había obtenido mejoras sin necesidad de arriesgar su vida cazando y eso lo puso de buen humor.

Por otra parte Laura y Ana tuvieron una discusión extraña.

Ambas sentían con más intensidad los efectos de la carne azul oscuro que el mismo Alejandro quien ya tenía una inmunidad alta debido a su fuerza mejorada.

Ambas estaban excitadas por el efecto afrodisiaco de la carne.

ya habían consumido muchas porciones durante todo el día lo que las estaba haciendo perder la cordura.

Al principio cada una planeó esperar a que la otra se durmiera para colarse en la alcoba de Alejandro.

Pero el tiempo pasó y ninguna de las dos cedió al sueño.

El reloj marcó la 2 A.M y ambas se miraron despiertas vigilándose la una a la otra sin mediar palabra.

La excitación de Ana no pudo aguantar más y le plantó cara a Laura.

— Porque no te duermes, es malo desvelarse a tu Edad — Ana Ataco primero sin piedad.

— Como adulta responsable debo vigilar a cierta Pervertida que está esperando a que me duerma para colarse en el cuarto de Alejandro.

— Laura no dudó en contraatacar — Creo que la única pervertida aquí eres tú.

estoy segura de que cuando saliste del baño y entraste al cuarto llegaste sin calzones y brasier.

no subestimes mi nueva vista mejorada.

— — Solo seguí tu ejemplo, cuando entré al baño encontré tu ropa interior escondida.

¿Qué te costó mucho quitartelos anoche y querías meterte a la cama de Alejandro sin ropa interior?

Pequeña exisivionista.

—  — ¿yo exivicionista?

te he visto todo el día poniéndote las tetas en las espalda de Alejandro y cada que lo tienes enfrente te agachas para que te las vea.

Si hay una exivicionista pervertida aquí, Eres tú — — La única pervertida aquí eres tú.

¿Cómo crees que te encontré esta mañana?

tenias el dedo de Alejandro metido en tu vagina y te dormiste así.

— Ana recibió un brutal ataque que llegó como una flecha a su corazón.

— yo…

yo…

—  Después de una intensa y acalorada discusión de gatas en celo que duró hasta las 6 de la mañana.

Ambas pasaron de pelear a hablar de lo mucho que les gustaba Alejandro y las cosas que les parecían atractivas de él.

una pequeña hermandad nació de la pelea y terminaron llegaron a un acuerdo inédito.

Se turnaron para seducir a Alejandro en las noches y no intervendrian cuando la otra lo estaba haciendo.

Sería el mismo Alejandro el que decida si les pone o no una mano encima y si lo hacía con ambas no pelearían.

El sol del amanecer se coló por la ventana del cuarto de Alejandro, tiñendo de dorado las sábanas revueltas.

Medio adormilado, extendió la mano hacia el otro lado de la cama, buscando a Ana por costumbre.

Pero no la encontró.

Aunque solía regañarla por colarse en su cama cada noche, la verdad era que se había acostumbrado a su presencia.

Le gustaba sentirla cerca.

Después de un largo y perezoso estiramiento, se levantó y fue a preparar el desayuno.

Ya con la mesa lista, le pareció extraño que las dos mujeres aún no se hubieran levantado.

Tocó la puerta del cuarto y esperó.

Cuando ambas salieron, Alejandro no pudo ocultar su sorpresa.

Tenían ojeras marcadas, los ojos enrojecidos y el cabello completamente alborotado, como si hubieran librado una batalla nocturna contra un secador de cabello con vida propia.

—¿Están bien?

Se ven… fatal.

¿Acaso no durmieron bien por la mejora en la percepción sensorial?

—preguntó, confundido.

—¿De quién crees que es la culpa?

—respondieron al unísono, con una sincronía que heló la sangre de Alejandro.

Sus miradas frías lo hicieron retroceder instintivamente.

—¿Eh?

¿Yo hice algo malo?

—balbuceó, genuinamente perdido.

Sin decir más, ambas entraron juntas al baño, dejándolo solo en el pasillo.

Alejandro se quedó de pie, frotándose la cabeza, intentando comprender qué demonios acababa de pasar.

Ni con sus doce puntos de Inteligencia podía resolver ese misterio.

La mañana transcurrió en relativa calma.

Cada uno absorbió dos ojos de insecto, repitiendo el proceso de meditación.

Esta vez fue Laura quien logró un avance significativo: su percepción sensorial dio un salto notable.

Alejandro la guió con la misma paciencia que había mostrado con Ana, y esperaron hasta el mediodía para que sus sentidos se adaptarán por completo.

Después de almorzar, los tres subieron a la terraza.

Laura estaba tan emocionada por su nueva habilidad que empezó a hablar con entusiasmo de lo que podía ver: pájaros volando a kilómetros, pequeños detalles en los edificios lejanos… Su precisión visual era impresionante.

—Con esta percepción, podría usar un rifle de francotirador —dijo Laura, sería—.

Nunca fui buena en combate cuerpo a cuerpo, pero si puedo atacar desde lejos, ese sería mi rol ideal.—  Alejandro asintió, impresionado por la claridad de su planteamiento.

—Te conseguiré uno.

Si puedo llevarte al campo de caza mientras yo peleo al frente, y tú me cubres desde atrás, podríamos ser un equipo letal.

— Ambas estaban agotadas por el entrenamiento, así que bajaron a dormir una siesta.

Alejandro, por su parte, se quedó solo en la terraza.

Sacó su espada y comenzó a entrenar, afinando cada movimiento.

Pero no tardó en darse cuenta de una dura verdad: su técnica ya había llegado al rango de “Destreza”, y eso significaba que ya no mejoraría con simple práctica.

Necesitaba usar el sistema si quería avanzar.

Podía perfeccionar su dominio y adaptarse mejor a su estilo, sí, pero sus estadísticas no crecerían con esfuerzo físico común.

Con eso en mente, se sentó a meditar y asignó los puntos de atributo que había ganado tras su último aumento de nivel: uno en Fuerza, uno en Guerrero, y tres en Esgrima.

Un estremecimiento recorrió todo su cuerpo mientras se adaptaba a las mejoras.

Sintió cómo su fuerza se desbordaba, cruzando los límites humanos.

Tomó su espada, la sostuvo con firmeza, y lanzó un corte al aire.

El resultado fue impresionante.

Solo quedó un rastro de luz en el aire, seguido de una fuerte corriente de viento que levantó todo el polvo de la terraza.

Su Fuerza ahora era de 13 puntos, y su Esgrima estaba en 10.

Con esa combinación, podía enfrentarse de igual a igual con cualquier criatura de rango azul claro.

Respiró hondo.

Estaba satisfecho, pero no conforme.

—No debo confiarme —murmuró para sí mismo—.

Necesito cambiar de arma.

Si golpeo con toda mi fuerza una coraza como la de ese escarabajo de rango azul oscuro, podría agrietarse… pero también rompería mi espada.

Necesito ser preciso.

Buscar los puntos débiles.

Cuando el sol comenzó a ocultarse tras el horizonte, bajó a preparar la cena.

Todas las comidas del día habían estado cargadas con carne de nivel azul oscuro.

A esas alturas, su cuerpo ya estaba habituado, pero aún podía sentir los beneficios de cada porción.

Y esta vez, durante la cena, el sistema le notificó una nueva mejora.

Resistencia +1 Una oleada de calor lo recorrió por dentro, como si su sangre hirviera con energía renovada.

Incluso su capacidad pulmonar pareció expandirse.

Respiraba más profundo, más completo.

Sentía que su cuerpo estaba evolucionando paso a paso hacia algo más fuerte… más preparado.

Y eso le gustaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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