Evolución Rota - Capítulo 37
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37: CAPÍTULO 37 37: CAPÍTULO 37 El amanecer trajo consigo buenas noticias.
Mientras los tres seguían acurrucados en la cama, un camión del ejército pasó por la calle con altavoces encendidos, repitiendo un mensaje esperanzador.
—El toque de queda ha finalizado.
La situación con los insectos está controlada.
Es seguro salir de sus hogares.
El anuncio se repitió varias veces mientras el vehículo se alejaba lentamente.
—¿Escucharon eso?
Por fin mataron a todos esos malditos escarabajos —dijo Laura, asomándose por la ventana para ver el camión desaparecer en la distancia.
Aún estaba desnuda, y si alguien la observaba desde otro apartamento, no tendría problema en apreciar su figura al descubierto.
Alejandro se estiró con un bostezo prolongado.
—Sí, por fin es hora de salir.
Como les dije, después del desayuno saldré a ver cómo está la situación afuera.
Ustedes sigan entrenando como ayer.
Volveré en la noche.
Ana, aún acurrucada a su lado, lo abrazó con fuerza y le habló con una voz tierna, casi infantil: —Si puedes…
compra algunos dulces.
Alejandro le pellizcó suavemente las mejillas con una sonrisa antes de besarla en la frente.
—Primero despierta bien antes de pedir golosinas, pequeña mimada.
Si encuentro algo dulce, te lo traeré.
Pero ya es hora de levantarse —le dio una ligera palmada en las ***** y se puso de pie.
Fue directo al baño a ducharse y cuando salió fue directo a preparar el desayuno mientras Laura y Ana se bañaban juntas, aún medio dormidas.
Como todavía quedaba carne, la reservó para el almuerzo y preparó un desayuno sencillo.
Tenían ingredientes de sobra.
Los tres comieron mientras charlaban animadamente.
Una vez terminó, Alejandro se alistó: jeans negros, botas de supervivencia, chaleco de piel de serpiente y una chaqueta de jean azul.
En su cinturón colgaba la vaina con su katana, y sobre un hombro llevaba una mochila con espacio extra por si encontraba más carne durante su recorrido.
Decidió no usar su camioneta.
Aunque tenía combustible guardado, prefería no gastar recursos ni llamar la atención.
Caminó hasta el transporte público.
Las calles estaban tranquilas; la gente salía con cautela, como si aún no confiaran del todo en la calma.
Su primer destino fue el gremio de caza.
Lo recibieron con respeto; Alejandro tenía cierta fama por cargar siempre una katana y haber cazado criaturas peligrosas.
Las noticias no eran alentadoras: los escarabajos habían causado alrededor de cinco mil muertes.
La destrucción era evidente, y el ejército había comenzado el reclutamiento obligatorio de jóvenes y la activación de las reservas.
Sin embargo, el gremio había llegado a un acuerdo con el gobierno.
Gracias a sobornos y una alianza de conveniencia, podían asignar niveles a los cazadores.
Aquellos con un nivel alto quedaban exentos del servicio militar obligatorio.
La razón era simple: el gremio se había convertido en una fuente clave de distribución de partes mutadas.
Sus artesanos producían desde cascos hasta bayonetas y vendían carne mutada a las élites del gobierno.
Las unidades especiales del ejército ya usaban equipo fabricado por el gremio.
Su eficiencia era tanta que el gobierno estaba pensando en cerrar sus departamentos de caza y dejarle todos los recursos al gremio.
Gracias a que Alejandro había cazado una serpiente azul claro, el líder del gremio le tenía reservado un carné de rango C.
Era suficiente para evitar el reclutamiento.
Además, pidió registrar a Ana y Laura.
El encargado, siguiendo instrucciones de tratar bien a los cazadores de alto rango, le prometió a Alejandro que les otorgaría directamente el rango D cuando fueran a registrarse.
Guardó su placa del gremio con alivio.
Era una chapa de estilo militar hecha con materiales de algún animal mutado.
Ahora tenía una excusa legítima para no abandonar a Ana y Laura.
Luego se dirigió a las zonas de caza.
La ciudad seguía muy dañada.
Varios autobuses llegaban con refugiados.
Se acercó a un anciano que descendía de uno de ellos.
Venían del sur.
Sus pueblos habían sido destruidos por animales mutados.
Muchos murieron en el camino.
Aun así, el anciano se mostraba agradecido de recibir un apartamento en la zona devastada de Cali.
Era mejor que nada.
Alejandro siguió su camino, impactado por la cantidad de desplazados.
Algunos desalojan cadáveres de antiguos residentes para ocupar sus casas.
En los límites de la ciudad, el ejército quemaba los prados.
En apenas cuatro días, la vegetación había vuelto a crecer con fuerza anormal.
Pasó el cerco de seguridad y se adentró entre los pastizales calcinados.
El follaje se volvía más denso y pronto la luz solar desapareció bajo la sombra de los árboles.
Activó sus sentidos.
Algo se movía entre la maleza.
Avanzó sigilosamente.
Encontró un insecto mutado, similar a un grillo, devorando a otra criatura.
Se posicionó en su punto ciego y avanzó con rapidez.
El insecto saltó al detectar su presencia, pero Alejandro cortó su abdomen con un tajo certero.
La criatura, del tamaño de una motocicleta, cayó contra un árbol, aún viva.
Al acercarse, Alejandro tuvo que saltar hacia un costado.
Un chorro de ácido cayó donde estaba, derritiendo suelo y árboles.
Se levantó de inmediato y decapitó al insecto antes de que pudiera atacar de nuevo.
Has asesinado: 1 Saltamontes Mutado Rareza: Azul Claro +200 EXP —De no ser por mis reflejos mejorados, habría muerto.
No puedo confiarme.— Examinó el cuerpo.
Evitó cortar el abdomen por el ácido, pero extrajo los ojos y carne de las patas.
Obtuvo unos 10 kilos, suficiente para tres personas por dos días.
Continuó explorando sin alejarse mucho.
Escuchó aves a lo lejos y las siguió hasta un árbol inmenso.
Trepó con cuidado.
En la copa había un nido enorme.
Dentro, cuatro crías de ave mutada recién nacidas, chillaban.
Eran del tamaño de pollos adultos y aún no podían volar.
Sin dudarlo, Alejandro las decapitó de un solo tajo.
Has asesinado: 4 Aves Mutadas Rareza: Azul Oscuro +1600 EXP —¿Azul oscuro?
—murmuró sorprendido.
Sabía que debía moverse rápido antes de que la madre de las crías regresará al nido.
Amarró los cuerpos, extrajo los ocho ojos y tomó una pluma gigante.
La examinó.
Material: Plumas de Ave Mutada Rareza: Azul Oscuro Cualidades: Aislamiento térmico, resistencia a impactos, impermeabilidad, resistencia aerodinámica —Esto vale oro… Recogió al menos 40 plumas grandes y descendió rápidamente.
De vuelta en la zona segura, desplumó a las aves y enterró las vísceras, conservando hígados y corazones.
Guardó los cuerpos y emprendió el regreso.
Antes de volver al apartamento, decidió visitar a Isabela.
Su edificio estaba intacto.
Subió al último piso y tocó suavemente la puerta.
Isabela lo abrazó en cuanto lo vio.
—¿Cómo has estado?
—preguntó Alejandro mientras la besaba.
—Bien.
Mis padres están trabajando.
Estamos solos… Pasa.
Se desnudaron casi sin pensarlo.
La pasión los envolvió por completo.
Alejandro, aún con su resistencia elevada por las mejoras, tenía la libido por las nubes.
Disfrutó de cada parte del cuerpo de Isabela durante un par de horas.
sus **** y piernas eran más grandes que las de Laura y movía sus caderas aún más desesperada que Ana.
Ella quedó cubierta de sudor y *****, con una expresión de éxtasis total.
Mientras que Alejandro le chupaba los p***s y jugaba con su c****is.
Una notificación apareció: Punto de habilidad obtenido: Afinidad de Pareja +1 Isabela se ha añadido como pareja del usuario.
Recibe los beneficios de la habilidad.
Número de parejas sentimentales actuales: 3 Isabela tembló al recibir la mejora.
Otro o*****o la sacudió dejándola casi inconsciente.
“Esta habilidad crece con la cantidad de parejas.
No es mi estilo tener amantes…
pero los beneficios valen la pena.
Tendré que hablar con las tres sobre esto.
al menos Laura sabe de Isabela, solo tengo que convencer a Ana” Después de ducharse juntos y compartir caricias suaves, Alejandro le dejó cinco kilos de carne de insecto para que empezara a fortalecerse.
No le dejó carne azul oscuro, aún era demasiado para ella.
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