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Evolución Rota - Capítulo 39

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39: CAPÍTULO 39 39: CAPÍTULO 39 Ana observaba la escena con la boca abierta.

Aunque no dudaba de la fuerza de Alejandro, verlo avanzar con total seguridad, sin una pizca de vacilación, hacia una criatura tan aterradora, a una velocidad sobrehumana, y derrotarla sin mancharse siquiera con una gota de sangre… fue algo que la dejó sin aliento.

En ese momento, comprendió la magnitud de su poder real y cuán diferente era comparado con los demás.

Laura, por su parte, ya estaba acostumbrada a la temeridad y fuerza de Alejandro.

Solo alguien tan loco como él cargaría de frente contra una bestia de ese tamaño sin pestañear.

Sin embargo, incluso con toda su experiencia, su mano temblaba ligeramente una vez que la adrenalina se disipó.

Ana lo notó y, al verla temblar, entendió algo importante: incluso con miedo, Laura seguía luchando y apoyando a Alejandro sin dudar.

Esa determinación le dio un impulso interno.

Tenía miedo, sí, pero no podía quedarse atrás.

Tenía que fortalecerse lo suficiente para seguirles el ritmo a ambos.

Justo cuando Alejandro estaba por hacerle señas a Laura para que se acercaran, notó una enorme sombra moverse bajo sus pies.

Alzó la vista de inmediato y vio un ave negra de dimensiones colosales volando en círculos sobre él.

La criatura debía medir al menos seis metros de alto, sin contar la envergadura de sus alas.

Antes de mutar, debió haber sido un buitre negro.

Estas aves, originalmente carroñeras y acostumbradas a convivir con los humanos, ahora se habían convertido en oportunistas depredadores que robaban las presas cazadas por otros.

Alejandro apretó con fuerza el mango de su espada, pero se sintió inseguro.

No tenía idea de cómo atacar a una criatura que descendía desde el cielo.

Estaba concentrado, analizando el ángulo de entrada del ave, cuando escuchó una ráfaga de doce disparos provenientes de la posición de Laura.

El buitre, que bajaba en picada con precisión, se desplomó de inmediato.

Su cuerpo cayó como una roca junto al cadáver de la zarigüeya, provocando un estruendo seco que hizo temblar el suelo y levantó el polvo y la ceniza acumulada de las constantes quemas del terreno.

Tu pareja asesinó: 1 Buitre mutante / Rareza: Azul claro / Obtienes EXP: +40 EXP “Esto debe ser por la habilidad de Afinidad de Pareja… debería subirla de nivel.

Si Laura, Ana e Isabela cazan por su cuenta, también me ayudarán a subir.

Cuando tenga la oportunidad, debo convertir esta habilidad en una destreza para obtener más puntos.

aunque solo me dio una parte de los puntos que me daría si lo hubiera matado yo, no importa es una gran ventaja.” Laura estaba contenta.

Lograr acertar desde tan lejos le daba una satisfacción intensa.

Gracias a la mejora de su visión y la nueva mirilla, su puntería había mejorado más de lo que imaginó.

De los doce disparos, seis impactaron en la cabeza y los otros seis en el cuello del ave.

Era un disparo imposible para cualquier humano común.

Cuando Laura y Ana se acercaron a Alejandro, se sorprendieron ante el tamaño de las bestias que acababan de cazar, desde lejos se veían menos imponentes que desde unos pocos metros.

—Laura, creo que esto será suficiente por hoy.

Hazle señas al transporte con la bandera que te dieron —dijo Alejandro.

Ella asintió, ató el trapo rojo al palo que le habían dado y lo agitó en dirección al punto de vigilancia.

—Ustedes dos son realmente increíbles —comentó Ana, maravillada—.

Cuando llegamos, vi a los otros grupos de cazadores, y apenas podían con animales que no llegan ni a la mitad del tamaño de estos… Sus ojos brillaban con admiración mientras observaba a Laura y Alejandro.

—Fue una buena caza para ser la primera.

No te preocupes, Ana.

La próxima vez buscaremos un animal que puedas cazar.

Sé que lo harás bien, por ahora basta con que les pierdas el miedo.

—le dijo Alejandro, acariciándole suavemente la cabeza.

Quería mimarla, pero también entrenarla.

Su objetivo era que pudiera valerse por sí sola y no se quedara congelada por el miedo al ver un monstruo mutado.

Ana asintió con determinación.

Todavía sentía miedo, pero estaba decidida a seguir los pasos de Laura y Alejandro.

Cuando llegó el transporte, los ayudantes y el conductor del gremio se quedaron asombrados.

Habían transportado animales grandes antes, pero siempre eran cazados por el ejército o por grupos de diez o más cazadores, que tardaban horas en abatir a una sola bestia y a menudo terminaban con heridos o incluso muertos.

En cambio, este grupo de tres personas había conseguido dos enormes presas en menos de una hora.

Subir los cuerpos fue un proceso lento.

El peso de los animales era considerable, y se necesitó tiempo y precisión para izarlos con la grúa.

Mientras tanto, Alejandro, Ana y Laura viajaron en la plataforma junto a las bestias muertas.

Alejandro aprovechó para extraer un poco de carne y plumas negras.

Evitó tocar los ojos hasta que el tasador del gremio confirmara la rareza de las criaturas.

El precio por cada animal fue de 200 millones, algo más bajo que antes.

Según explicó el tasador, la cantidad de criaturas de rango azul claro había aumentado desde la última vez que Alejandro vendió la serpiente, lo que había bajado su valor en el mercado sin embargo su precio supera por 10 el de un animal de rango blanco.

Alejandro pidió quedarse con los ojos de ambas criaturas.

El gremio accedió sin problemas, ya que no eran ingredientes valiosos ni materiales solicitados.

Aunque algunos los comían, su sabor era desagradable, por lo que generalmente se descartaban.

—Ustedes sí que trabajan duro aquí.

Cada vez que vengo hay algo nuevo… realmente no paran de crecer —comentó Alejandro mientras el encargado contaba el dinero.

—Sí, gracias a la crisis mundial, muchos empresarios ricos decidieron invertir en nosotros.

El gremio se ha expandido mucho.

Si vieras la sede principal en Medellín, te quedarías con la boca abierta —respondió el hombre con orgullo.

—Suena interesante… algún día me gustaría verla.

—Lamentablemente las carreteras están cerradas para civiles.

Solo se puede viajar en caravanas militares o en vuelos del ejército.

Pero incluso yo quisiera ir algún día.

Medellín ahora recibe más dinero y recursos que Silicon Valley antes del colapso.

Salieron del gremio cargando todo lo que habían conseguido.

Laura llevaba una mochila con dinero; Ana cargaba el arco y las plumas; Alejandro traía una maleta enorme con más de 40 kilos de carne.

Cuando llegaron al apartamento, descargaron el equipaje y comenzaron a organizar la comida.

Ana y Laura se encargaron de cortar y empacar la carne, colocándola en bolsas que guardaban en la nevera.

Mientras trabajaban, Ana se detuvo un momento y, con tono serio, le preguntó a Laura: —Oye… cuando regresamos en el transporte público, noté que muchas personas se veían muy delgadas.

¿Es por la falta de comida?

—Sí.

Desde que se interrumpió el transporte de alimentos, todo se encareció.

Hay familias que solo pueden comer una vez al día.

—¿Solo una vez?

Eso debe ser horrible.

¿Por eso nos miraban tanto cuando llevábamos la carne?

—Exacto.

Ahora, solo los cazadores consiguen carne fresca en grandes cantidades.

El gremio vende a las carnicerías carne de baja calidad, y la mayoría cultiva sus propias verduras.

Pero muy pocos tienen tanta comida como nosotros.

El arroz, los condimentos, los granos… todo eso se volvió un lujo.

Ana miró los estantes llenos de alimentos y la nevera repleta de carne, sintiéndose afortunada.

Su familia había comenzado a sufrir escasez desde que su padre se vio obligado a convertirse en cazador, pero incluso entonces, ella seguía comiendo tres veces al día aunque fuera menos cantidad.

Después de guardar todo y preparar la cena — con una de las crías mutadas de rango azul claro—, se sentaron a comer.

Alejandro sacó una botella de vino para celebrar su primera cacería como equipo.

Las risas llenaron la casa, y el ambiente se volvió cálido y alegre.

Terminaron bebiéndose dos botellas entre los tres.

Laura y Alejandro fueron quienes más tomaron.

Ana, que solo bebió tres copas, ya estaba algo borracha.

Su rostro estaba rojo como un tomate y no dejaba de sonreír con torpeza.

En un momento, Laura se levantó, bostezando.

—Bueno… ya es algo tarde.

Voy a limpiar la cocina.

Ustedes pueden ir adelantándose a dormir.

Cuando termine, iré a la cama.

Alejandro, con una sonrisa pícara, tomó a Ana de la mano y la condujo a su habitación.

Ana, aunque algo mareada, estaba consciente.

Se dejó llevar con una sonrisa, sabiendo muy bien lo que venía después.

Ambos fueron a la habitación de Alejandro, donde los tres solían dormir juntos todas las noches.

Su cama era la más grande y, al final del día, también el lugar donde compartían no solo el descanso, sino su vida.

En la intimidad de su cuarto, Alejandro cerró la puerta y comenzó a besar a Ana apasionadamente.

Sus labios se encontraron en un baile de deseo, y sus lenguas se entrelazaron con urgencia.

Ana, excitada, bajó las manos de Alejandro a sus pantalones, desabrochándolos con destreza.

Sacó su m****o e***o y, sin dudar, se arrodilló frente a él, tomando su p**e en su boca.

Alejandro g***ó de placer mientras Ana lo c*****a con entusiasmo, era su primera vez haciendo eso y su pequeña lengua recorriendo cada centímetro como si estuviera lamiendo un helado.

y la sensación era increíblemente placentera.

Alejandro la tomó de las dos coletas y comenzó a mover sus c****s metiendo su m*****o hasta el fondo de la garganta de Ana, incapaz de contenerse por más tiempo se c****ó en su boca cuando él sacó su ****, ella se trago todo y siguió pasando su lengua limpiando el m*****o de Alejandro.

Él la levantó suavemente y la tumbó en la cama.

Se posicionó entre sus p****s y, con una embestida firme, la p****ó.

Ana g***ó de placer, sus uñas clavándose en la espalda de Alejandro mientras él comenzaba a mover sus caderas en un ritmo constante y profundo.

El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación, acompañado por los g*****s de placer de ambos.

Justo cuando estaban en el clímax de su pasión, la puerta del cuarto se abrió lentamente.

Laura, que había estado arreglando la cocina, asomó la cabeza con una sonrisa traviesa.

— Vaya, vaya, parece que la fiesta siguió sin mí — dijo en tono de broma, fingiendo enojo.

— No se preocupen, ya me uno a la diversión.

—  Se desnudó rápidamente, dejando caer su ropa al suelo, y se unió a ellos en la cama.

Laura se inclinó y comenzó a besar a Ana apasionadamente, sus manos explorando el cuerpo de la joven.

Ana, ya excitada por el s***o con Alejandro, respondió con igual fervor.

Laura bajó su mano entre las p****s de Ana, acariciando su c****s con movimientos circulares mientras Alejandro continuaba p********a.

La combinación de estímulos hizo que Ana perdiera el control, sus g******s se volvieran más intensos y desesperados.

Laura, experta en el arte del placer, chupó el c*****s de Ana, llevándola al borde del o******o.

Ana explotó en un clímax intenso, su cuerpo temblando y sus músculos internos apretando el **** de Alejandro.

Con Ana medio inconsciente por el o*****o y el alcohol, Alejandro se retiró lentamente y se volvió hacia Laura.

Era su turno.

Laura, con una sonrisa seductora, se posicionó a c****o sobre la inconsciente Ana, ofreciéndose.

Alejandro, sin perder tiempo, la p****ó desde atrás, sus embestidas fuertes y profundas.

Laura g****ó de placer, su cuerpo respondiendo inmediatamente al ritmo de Alejandro.

Ana, recuperándose lentamente, observaba la escena con ojos soñolientos, su cuerpo aún vibrando por el reciente or*****o.

Alejandro continuó f*****o a Laura con fuerza, sus manos agarrando sus caderas y n****s con firmeza.

Laura, excitada y desesperada, comenzó a mover sus caderas al encuentro de las de Alejandro, creando un ritmo perfecto.

Ana, recuperando algo de energía abrió los ojos y vio el rostro en éxtasis de Laura sobre ella, se unió a ellos, besando a Laura mientras Alejandro la p******a.

La combinación de sensaciones era abrumadora para Laura, quien pronto alcanzó su propio clímax, gritando de p****r mientras su cuerpo temblaba de éxtasis.

La faena continuó por un par de rounds más, el vino combinado con el efecto afrodisiaco de la carne azul oscuro los hizo darlo todo por varias horas.

Exhaustos pero satisfechos, los tres cayeron en la cama, sus cuerpos entrelazados en un abrazo de satisfacción.

Alejandro besó a ambas mujeres, sus manos acariciando sus cuerpos d*******s mientras se quedaban dormidos juntos, satisfechos y agotados por la intensidad de su encuentro.

La noche había sido perfecta, y sabían que recordarán ese momento para siempre.

CAPÍTULO SIN CENSURA EN CON IMAGENES EXTRA EN PATREON Tambien tiene imagenes en tmo

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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