Evolución Rota - Capítulo 40
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40: CAPÍTULO 40 40: CAPÍTULO 40 Al despertar, Alejandro se encontró con las dos hermosas mujeres dormidas a su lado, cada una abrazándolo con ternura.
Ambas respiraban con tranquilidad, envueltas en un ambiente de paz.
Tomó su teléfono y miró la hora: eran apenas las seis de la mañana.
Intentó abrir el navegador, pero aunque había señal, no tenía conexión a internet.
Unos segundos después, llegó un mensaje de texto a través del servicio de telefonía: “Queridos usuarios, ayer en horas de la noche el servicio de internet presentó fallas a nivel global.
Según informes del gobierno, las líneas de cable submarino han sido cortadas por animales mutantes en los mares.
Hasta nuevo aviso, conserve su teléfono cerca para recibir comunicaciones oficiales por medio de mensajes de texto gratuitos.” Alejandro soltó un suspiro mientras dejaba el teléfono a un lado.
Desde hace tiempo se venía hablando en foros y noticieros sobre la posibilidad de que esto ocurriera.
En realidad, todos pensaban que el internet mundial había resistido más de lo esperado.
Sin despertar a Laura y Ana, se levantó con cuidado, se vistió con ropa cómoda y dejó la habitación, dejando a las dos mujeres desnudas descansando en la cama.
Observó los suministros que había en casa.
Eran abundantes; con todo lo que habían acumulado, podían sobrevivir fácilmente durante un año, incluso el doble si seguían cazando carne en grandes cantidades.
Sin embargo, la caída del internet le provocaba una sensación de aislamiento y crisis.
Aunque rara vez encontraba buenas noticias, el simple hecho de poder leerlas diariamente le daba una sensación de estabilidad, de que el mundo aún funcionaba de algún modo.
Pero ahora solo había silencio en su pantalla.
Tomó su espada, un par de ojos azul oscuro, y subió a la terraza para su entrenamiento matutino.
Tras calentar y practicar movimientos con su katana, se sentó a meditar y comenzó a absorber el aura contenida en uno de los ojos.
Era la primera vez que extraía maná de un ojo de rango azul oscuro.
La densidad era mucho mayor que la del azul claro, y su cuerpo comenzó a calentarse intensamente.
Antes de terminar de absorber todo el maná del primer ojo, una notificación apareció en su mente acompañada de un dolor punzante.
Percepción Sensorial +1 Una oleada de estímulos lo abrumó.
A diferencia de la primera vez, su mente se adaptó mejor al cambio.
Al abrir los ojos, su visión era impresionante: ahora distinguía detalles a una distancia al menos cuatro veces superior a la normal.
Podía ver aves volando sobre la zona de caza con una nitidez que antes solo tendría con binoculares.
Emocionado, absorbió el segundo ojo.
La concentración de maná era cinco veces mayor que la de un azul claro.
Mientras lo asimilaba, sintió cómo su control del aura mejoraba.
Maná +1 Una nueva ola de calor recorrió su cuerpo.
El sudor se evaporó en segundos y una neblina de vapor lo rodeó.
Concentró el aura en sus brazos: esta vez, en lugar de un tenue blanco transparente, comenzaba a adquirir un tono gris claro.
Cubrió sus brazos hasta los hombros y adoptó una postura de boxeo, lanzando golpes al aire.
Sentía que, si uno de esos golpes conectaba contra alguien, lo haría estallar.
Mientras tanto, Laura despertó lentamente.
Al ver que Alejandro no estaba, se estiró como una gata.
Ana seguía dormida.
Al principio, Laura se había dejado llevar por la emoción del momento, cruzando una línea con Alejandro y Ana que jamás imaginó, pero ahora se sentía tranquila.
Estar en una relación con ambos se había vuelto algo natural.
Ana, quien antes era un poco competitiva y algo odiosa, se ha vuelto dulce y afectuosa con ella.
La luz del sol iluminaba el cabello rubio de Ana, su piel pálida y sus labios rosados.
Laura la observó con ternura, acarició su cuerpo suavemente y le dio un beso.
—Buenos días, bella durmiente —susurró con una sonrisa, besando su cuello.
—Buenos días…
—respondió Ana entre bostezos, devolviéndole el abrazo y el beso.
Su relación se estrechaba cada día más.
Después de ducharse juntas con agua caliente, se pusieron ropa cómoda para estar en casa y comenzaron a preparar el desayuno.
Cuando Alejandro bajó, las encontró en el sofá: Laura le peinaba el cabello a Ana mientras leía un libro de recetas.
Esa escena pacífica disipó por completo su preocupación por el internet.
Durante el desayuno, Alejandro les pidió que cada una absorbiera al menos tres ojos azul claro, mientras él saldría a conseguir libros y algunos víveres.
Salió con su inseparable katana, su mochila y un morral extra por si necesitaba cargar más cosas.
Al llegar a la parada de transporte público, se encontró con que había sido cerrada por la escasez de combustible.
Solo los buses eléctricos seguían funcionando.
No le molestó demasiado; comenzó a trotar por las calles vacías de autos, donde solo se veían bicicletas.
Al llegar a la zona comercial, encontró un bazar al aire libre: vendedores en el suelo, libros, ropa usada, zapatos, carnicerías que vendían carne del gremio…
Había de todo.
Encontró un carrito de compras modificado con ruedas grandes y lo compró.
Luego, en la sección de libros, compró novelas para las chicas, y algo de ropa interior nueva para él y para ellas.
Entre la ropa femenina, encontró pijamas eróticas, babydolls y microbikinis con orejas de gato y otros accesorios que nadie compraba.
Las añadió todas sin importar las tallas discretamente al carrito junto a vestidos y faldas para que no pensaran que era un pervertido.
En la carnicería sólo había animales de rango blanco.
En el área de verduras, encontró zanahorias gigantes, frutas deformes y versiones mutadas de frutas comunes.
Una en particular le llamó la atención: el borojó.
Según el sistema, tenía increíbles beneficios: mejoraba la salud, incrementaba el vigor, la estamina y tenía fuertes propiedades afrodisíacas, incluso superiores a la carne azul oscuro.
Alejandro llenó el carrito con paquetes de borojó, frutas variadas y varios litros de leche de vaca mutada azul claro.
se sorprendió al analizarla, la mejora de salud al tomarla era mucha..
Antes de regresar, pasó por el apartamento de Isabela.
Le dejó algo de fruta, y como ya era costumbre, compartió un momento íntimo con ella.
Su deseo parecía inagotable, y siempre que podía, la visitaba.
Cuando llegó a casa ya era de noche.
Cargó el carrito por las escaleras con fuerza sobrehumana.
Ana lo recibió con entusiasmo, abrazándolo y besándolo.
Laura también lo saludó, aunque notó el perfume de Isabela en su ropa.
No dijo nada, pero su expresión cambió ligeramente mientras sacaba la ropa de la mochila.
—Oye, Alejo…
¿Qué es esto?
—preguntó con una ceja alzada, sosteniendo una tanga minúscula.
Ana sacó un vestido transparente y se sonrojó tanto que parecía que iba a explotar.
—¡Escuchen!
No piensen mal.
La verdad es que fui a un bazar de ropa vieja porque ya no hay tiendas de ropa nueva abiertas desde que se cortaron los suministros de otras ciudades.
Esa era la única ropa interior sin usar.
Lo compré por higiene, no por…
otra cosa —se defendió Alejandro, nervioso.
Laura lo fulminó con la mirada y sacó otra cosa de la mochila —¿Y esto?
¿Orejas de gato y una cola de gato con un plug a**l?
— Al ver lo que Laura sostenía Ana se puso completamente roja al punto que se podía ver vapor saliendo de su cabeza.
Alejandro no dijo nada más.
Silbando con inocencia, se escabulló al baño, huyendo de la escena mientras las dos lo miraban boquiabiertas.
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