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Evolución Rota - Capítulo 41

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41: CAPÍTULO 41 41: CAPÍTULO 41 El sol asomaba en el horizonte cuando Alejandro abrió los ojos.

Como cada mañana, tenía a su lado a las dos mujeres más hermosas que el destino le había concedido.

Ambas dormían plácidamente, desnudas entre sus brazos.

El silencio de la ciudad, ahora desprovista del ruido de los automóviles, le otorgaba a las noches una calma inesperada para un mundo en ruinas.

La nevera aún rebosaba de carne y provisiones, y por un momento pensó en quedarse todo el día en la cama con ellas: entrenar un poco, descansar, disfrutar.

Un día tranquilo y relajante.

Pero el destino rara vez se alinea con los deseos de los hombres.

El sonido agudo de una alarma en su teléfono lo sacó de su ensueño.

Desde la caída del internet, solo recibía notificaciones oficiales del gobierno.

Tomó el móvil y leyó con rapidez: “Advertencia de emergencia para la ciudad de Cali: Una colmena de avispas mutantes avanza desde el sur.

Los intentos del ejército por contenerlas han fracasado.

La llegada a la zona urbana es inminente.

Se declara estado de emergencia.

Refuerzos militares llegarán en dos días.

Sellen puertas y ventanas.

Permanezcan bajo resguardo.” —Maldición… Ana, Laura, ¡despierten!

— Ambas se sobresaltaron al escucharlo.

—¿Qué pasa?

—preguntó Laura, aún adormilada pero alerta.

—Una colmena de avispas mutantes viene hacia la ciudad.

Llegarán en medio día, pero el ejército no podrá intervenir sino hasta dentro de dos días.

Tenemos que sellar todas las ventanas y balcones del apartamento.

Si es posible, también el edificio entero.

—¿Cómo lo haremos?

—preguntó Ana mientras se vestía apresuradamente.

—Usaremos las tablas de nuestras camas y las puertas de los cuartos.

Bloquearemos cada punto de acceso.

Luego organizamos al resto del edificio.

Con rapidez, los tres comenzaron a desmontar las camas y arrancar puertas.

En el cuarto de Alejandro, taparon la ventana con tablas; las puertas fueron usadas para sellar el vidrio del balcón.

Alejandro se vistió y cruzó al apartamento vacío donde solía vivir Ana, despojando también las puertas y bloqueando cada ventana.

Ana, aunque invadida por una melancolía tenue al volver a su viejo hogar, trabajó sin vacilar.

Alejandro dividió tareas: él bajaría al lobby a atrancar la entrada con muebles, mientras Ana y Laura recorrerían piso por piso para alertar a los vecinos y asegurar que sellaran sus apartamentos.

La alarma generalizada logró que todos cooperaran rápidamente.

La presencia autoritaria de Laura como expolicía facilitó la organización.

Al llegar el mediodía, un zumbido ensordecedor se extendió por toda la ciudad.

Ya preparados, Alejandro vigilaba desde los huecos del balcón; Ana sostenía su espada con firmeza, y Laura estaba equipada con su rifle y el chaleco de piel de serpiente.

Una nube oscura cubrió el cielo, bloqueando el sol.

Las primeras explosiones resonaron a lo lejos, seguidas del rugido de las ametralladoras antiaéreas.

El cielo ardía, pero las avispas, enormes como motocicletas, devoraban los frentes militares con facilidad.

El fuego cesó rápidamente.

La ciudad cayó en silencio.

Desde su posición, Alejandro observó cómo las criaturas se dispersaban.

Aquellas ventanas sin protección eran reventadas al instante, y desde el interior salían cuerpos destrozados.

En su edificio, sin embargo, todo estaba sellado; no hubo ningún ataque.

Una de las avispas voló hasta la terraza.

Sus ojos, de un tono azul claro, lo delataron como una criatura poderosa.

Alejandro comprendió entonces que esta invasión era mucho más grave que las anteriores.

Las defensas habían caído en menos de media hora ya que al sentirse atacadas las avispas reaccionaban como colmena a diferencia de los escarabajos que tenían acciones individuales y no habían atacado los puestos militares.

—Chicas, subiré a revisar qué hace la avispa de la terraza.

Si se pone feo, bajo de inmediato.

Estén atentas: si alguna intenta entrar, disparen y suban a buscarme.

—¿Estás seguro?

—preguntó Laura, preocupada—.

Si derrotaron al ejército, deben ser muy peligrosas.

—Solo quiero observar y pensar en una estrategia.

No haré locuras.

Subió en silencio, con cautela.

La terraza estaba bañada por una atmósfera sepulcral.

Al abrir la puerta con cuidado, vio a la avispa devorando lo que quedaba de una persona.

Apenas un charco de sangre era prueba del cadáver.

[Misión opcional: Nivel D – Mata 100 avispas mutantes.

Tiempo límite: 5 días.] —¿Cien avispas?

Maldita sea, pero una misión de nivel D vale la pena… Intentó acercarse por un punto ciego, pero los enormes ojos del insecto le daban una visión casi total.

La avispa lo vio, se movió lentamente, como subestimándolo, y avanzó para atacarlo con sus mandíbulas.

Alejandro no dudó.

Con un solo movimiento, decapitó al monstruo.

Su cuerpo siguió avanzando por inercia antes de desplomarse.

[Has asesinado: 1 avispa mutante / Rareza: Azul claro / +200 EXP] Extrajo los ojos, evitando la carne por haber consumido un humano.

Pero antes de seguir examinando, otra avispa aterrizó.

Se ocultó tras la puerta y la observó devorar el cuerpo de su compañera.

Una sonrisa se dibujó en su rostro.

Había encontrado una forma de atraerlas: sus propios cadáveres serían la carnada.

Con la misma estrategia, se acercó lentamente.

El insecto lo ignoró y recibió el golpe letal sin resistencia.

[Has asesinado: 1 avispa mutante / Rareza: Azul claro / +200 EXP] Esta vez extrajo el aguijón y lo analizó.

El veneno era tan potente que podía matar con solo tocar la piel.

Decidió guardar la toxina y estudiar la posibilidad de utilizarla como arma.

Lanzó ambos cadáveres desde lo alto del edificio justo al frente de la puerta del lobby y regresó a su apartamento.

Le pidió a Laura que envasara el veneno y lo etiquetara como peligroso.

Entregó los ojos azul claro a ambas y bajó de nuevo al lobby.

Retiró los muebles de la entrada y abrió una rendija en la puerta principal.

Una avispa ya estaba allí, devorando los cadáveres.

Repitió su táctica.

Un ataque limpio, otra muerte segura.

[Has asesinado: 1 avispa mutante / Rareza: Azul claro / +200 EXP] Así pasó el día.

Uno tras otro, los insectos caían.

Alejandro se volvió una sombra silenciosa en medio de la masacre.

Cuando el sol cayó, llevaba un botín considerable.

[Has asesinado: 15 avispas mutantes / Rareza: Azul claro / +3000 EXP] Con la caída de la noche, las avispas redujeron su actividad.

A lo lejos, aún se escuchaban gritos y disparos aislados.

Alejandro, exhausto pero satisfecho, regresó a casa.

—¿Estás bien?

Me asusté cuando no volvías —preguntó Laura, aún con ansiedad.

—Estoy bien.

Maté dieciocho en total.

Usé sus cuerpos como carnada.

—Vi a muchas entrar al edificio del frente.

Parece un panal.

¿Y si intentan entrar aquí?

—dijo Ana, abrazándolo con fuerza.

—No te preocupes.

Son diurnas, su visión nocturna es muy limitada.

Además, nuestro edificio está completamente sellado y mataré a todas las que intenten entrar.

—Prepárense para la cena.

Después de ducharme, absorberemos cuatro ojos cada uno antes de dormir.

Así lo hicieron.

La cena fue simple pero nutritiva, con carne azul claro y jugo de frutas mutadas.

Tras la ducha, los tres absorbieron los ojos.

Laura y Ana mejoraron su percepción sensorial y su capacidad de maná.

Alejandro absorbió dos extra, pero no obtuvo mejoras visibles.

—Esta noche dormiremos en su cuarto.

Es el único sin ventanas.

Mañana seguiré cazando.

No pienso quedarme esperando un rescate sin hacer nada lo mejor será reducir sus números tanto como pueda.

Con la ciudad sumida en la oscuridad y el peligro aún al acecho, el trío se acurrucó en la única habitación segura, listos para enfrentar un nuevo amanecer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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